sábado, 7 de agosto de 2004

01. WHERE'S THE DONKEY SHOW, MR. MARIACHI?



"Tijuana fue la causa por la que James Dean tuvo unos cuernos de toro en su departamento neoyorquino." Details Magazine.


Les confirmaron que era el lugar más feliz del mundo. Les hablaron de chicas caminando semi desnudas por la eterna e interminable acera principal. Les contaron sobre el surfing pendenciero en los clubes y cantinas, de borracheras míticas con sabor a blue hawaiians, margaritas, long islands, tequila y cerveza. Les susurraron en los oídos aquella vieja leyenda atrapa-stupid-gringos del donkey show y ellos como buenos hijos de la Middle America —jar heads, navy guys, white trash in cutoffs—, se creyeron todo y emocionados llegaron a la city tras haber ensayado cómo pedir "one cerveza".

Al cruzar la línea, Robert y Danny —un par de marines con el weekend libre— sienten, como muchos otros turistas, que les restriegan en la cara ese olor de tan característico de las fritangas. Welcome to Mécsico. "Don't let the cabbies sucker you. Downtown it's too easy to reach, walk and follow the other turists", les informaron unos veteranos de la Guerra Tijuana y ellos siguieron el consejo. Caminaron, subieron y bajaron el puente México, caminaron unos cuantos pasos más y arriban a su destino. Justo al llegar al downtown, un taxista le preguntó a Robert, "Hey gringo, ¿Quieres puta?" Danny suelta un inmediato "Huh?" y Robert intenta pronunciar bien "No graciash". Aunque sus padres son mexicanos, Robert casi no habla español. El taxista insiste en ello, "I know where is the best mexican pussy". "Yeah, show us some" suena casi a reclamo. Es la voz de Danny, todo hormonas a los veinte años. "Chill, maaan!" le dice Robert y lo jala en dirección al semáforo. Cruzan la calle y otro taxista menciona algo del Donkey Show, pero pasan de ello.

En la terraza de una disco beben las primeras cervezas al ritmo del imperativo coro de "We will rock you" y Robert se fija que esto parece Norteamérica: todos los clientes son gringos y los únicos mexicanos que hay son los meseros que quieren propina de a dólar cada vez que sirven otra ronda de cerveza dos equis lager. Danny está mirando fijamente a ese dream team en el Club de Aerobics "California": esculturales gringas de busto firme y traseros de acero apenas cubiertos por una minifalda o un short de mezclilla. Chicas envueltas en licra que ya borrachas se dejan meter mano y que bailan sensuales el "me so horny, me so horny" mientras las acarician lascivamente negros gigantescos en medio de la pista; todas ellas son bitchs blanquitas a las que les encanta levantarse al legendario macho negrito. Danny, el chico de Ohio todo acné y compulsión, sabe que no puede competir con la fuerza de los mitos y angry le da otro trago a su cerveza.

Lager, lager, lager. Es el grito eufórico en todos los bares que visitan. Lager, lager, lager. Siempre igual mientras suena "Born, born to be alive". Lager, lager, lager. I wanna fuck!, I told you that, Robert. Lager, lager, lager. "Yes, I wanna lick some hot pussy too", contesta eufórico aquél. Lager, lager, lager. Sonidos de sirena, ¡qué alguien pague las cervezas! Lager, lager, lager. Do you speak english? le inquiere Danny a una chica bonita en una disco repleta de gente mexicana. No obtiene respuesta y hace otro intento. Uno de los veteranos de la Guerra Tijuana le dijo que esta frase no fallaba y el tonto cayó. ¿Chupas verga? pregunta con juvenil candor y la chica indignada le dice ¡No, get lost cabrón! El tono y los ademanes son harto efusivos, el desprecio traspasa la frontera de idioma y Danny vuelve angry a su cerveza. Por su parte, Robert si logra bailar y, por unos cuantos minutos, se adueña de una cintura breve al ritmo de un rock en español y él trata de besarla furtivamente y le compra una bebida y la zorrita local, después de tomar un especial de tres cincuenta de dólar y darle baje con los cigarros, le dice que tiene que buscar a una amiga y no vuelve más.

Ya borrachos, Robert y Danny se meten a un antro de putas y el mesero trácala los hace pagar dos veces las minicervezas. Cuatro dólares por cada botellita. No protestan, saben de antemano que no tiene sentido hacerlo. Se sientan cerca de la plataforma y, a esa distancia, le ven las múltiples estrías a la stripper en turno y al sacar Robert un billete de diez dólares, la puta se acerca; Robert quiere agarrarle las tetas, la puta le hace un guiño familiar aceptando el dinero y Roberto le toca ligeramente las tetas. La puta se retira sonriendo y Danny, otra vez horny, se acuerda del Donkey Show, Robert no le hace caso. Danny insiste: "Holy shit!, I saw it in a movie". "Yeah, I remember that one", le contesta Robert fingiendo interés, "Bachelor Party with Tom Hanks". Danny deja su botella en la mesa para decirle all drunkie: "Wrong mofo, the movie was Losing it with that fucking faggot...". Una pelea entre marines pochos y trolos mexicanos detiene la discusión, los veteranos de la Guerra Tijuana les advirtieron sobre los peligros de esto y salen de inmediato. Es obvio, a los gringos son a los primeros que se madrean los de seguridad y también los meseros; además, para ambos la cárcel de Tijuana no tiene gracia aunque sí un poco de leyenda que no llega a ser mayor que la del donkey show, aquel acto increíble que une a una bailarina exótica con un burro en una jornada de bestialismo pre-war.

Recorren una y otra vez la avenida, otros bares y otras cervezas. Los Village People y "Here we are now, entertain us...", AC-DC y "0ne, two, three, four... sumpin' new", Grandmaster Flash y "Oh, oh, tainted love". En la madrugada, no sex no score, totalmente borrachos paran a comer unos hot-dogs que Danny vomitará dos cuadras después. La boca de Danny es un grifo que no para y Robert asustado le avisa "Fuck you! the Tijuana Hit Squad!" pero, ¡qué suerte!, los del Grupo Táctico no se fijan en ellos. Hora de emprender el camino a casa, otra vez el lidiar con los taxistas que insisten en llevarlos hasta la línea fronteriza y ellos, borrachos, empeñados en caminar y caminar.

En la esquina de la Plaza Santa Cecilia, decenas de charros negros esperan desesperados a un hombre enamorado que quiera llevar serenata a esa astuta mujer que no quiere dar el sí o a ese borracho loser que quiere olvidar sus penas en plan nacionalista cantando "pero sigo siendo el rey". Robert se anima, se acerca a uno de ellos, el tipo sonríe pensando en dólares. Ante la sonrisa, Robert se relaja y por fin, confiado, pregunta: "Where's the donkey show, Mr. Mariachi?"
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revision 2004: Uno de mis textos mas citados en los estudios sobre la literatura fronteriza. Por un tiempo fue material de lectura obligatoria en algunas universidades. Casi nadie ha entendido la ironía atrapada en este relato y por ello, sobran las acusaciones de xenófobo, misógino y etc. Una mirada a los que vienen a mirar a lo exótico. O algo asi.