martes, 3 de abril de 2007

reviews: lejos del noise 03

Lejos del noise: manual de procedimientos
Gabriel Trujillo Muñoz

1.- Enfocar el yo, desenfocarlo, imprimir.
2.- Todo es noise, pero cada quien lo filtra a su manera. En el caso de Rafa Saavedra, es un “incendio de luces en una bodega sin salida”. La prosa retumba sobre la “puta realidad periférica” y es una prosa que no confía ni en sí misma porque carece de toda certidumbre para tomar partido, para delinear una verdad reconocible. Los que están inmersos en el ruido, la disfrutan. Los que están afuera de esa realidad, se quejan del escándalo. El escritor-dee-jay sólo hace su trabajo: hilvanar sonidos, traslapar ritmos, dar su toque de indiferencia al mundo que gira una y otra vez.
3.- Sólo la hibridez tiene algo que decir, sólo la impureza magnifica los sentidos. El lenguaje se mueve llenando el vacío, los vacíos. Esa gran pantalla en estática donde los mensajes de Saavedra van del pánico al éxtasis, de lo minimalista a lo barroco-pop. El inglés como frases revelatorias, como contragolpes: “Gerardo abandonó la city pensando que eso lo haría mejor; Diana regresó sin hope sintiéndose peor... todos mis amigos se preguntan: ¿Qué hacemos aquí? ¿Cuál es el sentido de todo esto?”.
4.- Y aquí llega la duda trascendentalista del hueco fin de semana a la J.D. Salinger, a la Douglas Coupland: “nuestra muerta juventud”, los días dorados. Saavedra es nuestro Great Gatsby: un soñador de una época dorada que se esfumó hace 15 segundos. Su alter-ego y su propio ego se sumergían en un “idiot savant que ve pasar los días sabiendo que todo es (ir) real y que da igual. Atrapados en una especie de confinamiento dócil y aburrido, pendido ante el close up de papel tradicional. Sedados, esperando que alguien comparta la caída”.
5.- Lejos del noise es un disco de doce pulgadas para oír de noche, una experiencia que se reduce a dos conceptos: confusión y fragmentación.
6.- Si Baudelaire estableció del dandi como figura clásica del paisaje urbano, Saavedra apuesta por el escritor como un dealer para el que la escritura es la droga del momento. Una miseria compartida. Un producto a vender.
7.- Ciertas frases, ciertos fraseos. La prosa de Rafa también tiene sus inconscientes repeticiones: What a fuck. Antything. Wathever. Another Round of beers. Pelea o finge. The living end. La química del alucine. Soy inocente I know. What a stupid life. Confío buten en mí. ¿ok?
8.- La ciudad es una carga, un escaparate, una transfiguración. La visión de Rafa Saavedra es la de un videoasta: paneos y acercamientos, corte de edición y flashbacks. “Una banda sonora para un pésimo film juvenil”. Prosa inquieta, que no para de moverse. Imágenes abigarradas. Conceptos-misiles. Primeros planos. Siempre primeros planos.
9.-Rafa, el poeta, a veces toma el mando y se apodera de su prosa:
“Sin una canción, el día no termina”./
Sin speed, el camino no tiene fin ni filosofía. /
todo se desploma, se dispersa, se difumina./
No importa lo que se diga o se practique./
Ocurre.
“Y lejos del noise practica exactamente eso: lo que ocurre en un momento, lo que sucede en un instante: “una luz que ilumina la inútil apuesta de un cerdo cerca del matadero. Una luz y ya”. 10.- Lo extremo, lo bizarro lo marginal en gustos y en sustos. Pero sin cortarte las venas, sin dejarte ir del todo. Prosa de voyeur obsesivo. Mundo sin convicciones ni creencias, donde el autor recorre “las calles con la ligera sospecha de que algo sucede bajo esa superficie de normalidad.” En deriva, sin anclajes. Flujo y trivialidad. Break up y diversión.
11.- Prosa adictiva que puedes leer sin continuación, sin sincronía, donde el “alegre pesimismo” es testigo de la realidad que se desvanece, dejando en su lugar un “malestar difuso”, unas “respuestas evasivas a una pregunta cerrada”.
12.- Lejos del noise es el tercer libro de textos (cóctel de relatos-ensayos-crónicas-bitácora-snapshots) de Rafa Saavedra. Un escritor que tiene el valor de afirmar lo que otros autores de su misma generación no admiten (desde Heriberto Yépez hasta Laura Jáuregui, desde Regina Swain hasta Jorge Ortega): “que ya sabemos que de lo que pasa no tenemos ni puta idea”. Valor de aceptarlo y lucidez reveladora frente a su propia generación literaria que todavía cree en prestigios, jerarquías y ganancias. Rafa, en cambio, sólo juega desde la indiferencia, desde la levedad, desde la melancolía cool.
13.- Y al final sólo queda una cuestión básica en la escritura de Saavedra, una interrogante rabiosa: ¿Cómo hacer para ser feliz? Mi respuesta es obvia: leyendo las ficciones ajenas, las sinceridades tribales, las frivolidades intrusas de Lejos del noise (Moho, 2002).
14.- Y, después de todo, hay esperanza, porque Rafa Saavedra ha reunido en su obra “old stories, sustancias nuevas, beat crazy, arte y vida perdiendo la cordura. La música era lo de menos, las intenciones, el rozar a los cuerpos, el poder de jugar ese game, la posibilidad de anotar”.
15.- Entre el “no hay nada por hacer” de Samuel Beckett y el “yo rara vez me pierdo de vista a mí mismo” de Paul Valery, Rafa Saavedra escribe su ruido, ensordece su prosa, sigue su camino: un pasito para adelante y otro pasito para atrás. Quizás ese es el peligro mayor: los temas repetidos, la idéntica perspectiva, el fraseo similar de una prosa que ya no da para más, que ya no aporta novedades al leerse. La fórmula de Saavedra denota un peligroso agotamiento estilístico, comienza a convertirse en una parodia de sí misma, en un engolosinamiento que deja imperturbable a su autor pero que cansa a muchos de sus lectores que le han seguido la pista desde sus Postcards, en 1995. La evolución escritural ha dado paso al pastiche. La gracia empieza a perderse. Los chistes y situaciones descritas no alcanzan a tornarse en una visión real, en una realidad autónoma, independiente de su creador.
16.- Al final sólo queda un escritor que ha hecho su propio camino hasta convertirlo en un callejón sin salida, en una tour para voyeuristas. Epica del aburrimiento como una forma de existencia comunitaria, de comuna donde el ego flota en libertad, ajeno a todos los aplausos y a todas las críticas. Utopía de la anestesia y la ataraxia.


texto aparecido en Bitácora y aquí