martes, 22 de junio de 2004

2. FELICES COMO ALICIA

Desde la barra del club observo este descontrol y no me explico qué hacemos aquí tú y yo. Perry grita ¡Stop! pero todos hacen caso omiso al momento en que la pista arde con los violentos roces de cuerpos sudorosos. Miras y miras bien; este es tu cielo, nuestro cielo en el que no caben prejuicios ni inhibiciones.

Una vez asesinado al futuro (¿recuerdas? lo asesinamos en litros de licor y noches sin viento llenas de velocidad) la cruz ríe contigo, y el sinsabor que desespera al odio se entremezcla con el ruido que mata al tiempo inmediato, en una encrucijada que nos une a todos.

Y te preguntas, nos preguntamos ¿es el destino polvo y azúcar o tan sólo es un escupitajo en la cara de Dios? Bailamos y el rito moderno se hace antiguo, es el fuego eterno que no debimos iniciar. Aquel que acabó siendo el golpe mortal que fulminó a tu madre.

El rostro hecho pedazos, ningún lamento en tu voz, en nuestras voces. Pedías, perdíamos tantas batallas cuando la música y los golpes nos martillaban el cuerpo entero en su apático intento de huida, algo que nunca llego a ser más que un puñado de momentos efímeros que dejaron un dolor caliente en el rostro. Yo no siento nada pero mira mis manos, están húmedas por el temor.

Perdida la meta que siempre quisimos alcanzar, solamente nos queda arrancarle imágenes al pasado, robar sonidos, cenizas y cervezas en horas infinitas. Jamás quisimos ser héroes y nunca lo fuimos: nos paseamos por los sitios más peligrosos y fue, justo ahí, en donde probaste, probamos tantas cosas que la imaginación murió en una noche de estrellas y los amigos, nuestros amigos, los perdimos en un trueque de monedas y frases políticas. Y tú, sonriente, querías poner fin a la tormenta interior pero aún no era el tiempo adecuado, nuestra epidermis grisácea no cobraba todavía su cuota de lágrimas y servicios.

Pasaron los días, los meses.... y los años nos sorprendieron viendo como cambian las caras y nuestros sueños se desvanecieron para terminar en amargas pesadillas. A pesar de todo, nunca aprendimos a llorar. Nos divertíamos besando rostros extraños en horas muertas por objetos y ruidos filosos, quemando etapas y mal soñando con disfrutar al máximo nuestra estúpida vida. Ahora, sentados en la línea que cruza el desencanto, bebemos con fe esperando una palabra que nos sirva de consuelo, de refugio.

Y ellos te dirán, nos dirán: "Son sólo basura", cerrando sus puertas no sin antes destruir los indicios que inciten al recuerdo. Nos matarán y su olvido nos hará dioses porque nunca encontrarán una señal de arrepentimiento que nos obligue a decir, a mentir, a sentir o, por lo menos, a explicar nuestros motivos.

Hoy no importan los ayeres que vivimos cubiertos de hastío. No, ya no importan, ahora ahogaremos los delirios de una manera diferente: nos los esnifaremos y seremos felices como Alicia.

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revisión 2004: El diario í­ntimo de un adicto a la esperanza? Pues eso. Citas a la alternative generation en boga, al realismo sucio, a los libros antidroga setenteros, a la despedida religiosa. Escrito de corridito una madrugada después de llegar del mítico club llamado The Last Temptation. Irónico, no?El texto fue publicado en Velocet bajo el seudónimo de Eduardo Rí­os.