domingo, 3 de diciembre de 2006

INSTANTANEAS DEL DESCONCIERTO no. 3

La city se droga publicada en Bitácora el 30/01/95

Unos años atrás, el conocido dibujante tapatío Jis (¿o fue Trino?) causo furor en el círculo posmo local declarando en la sala de lecturas del Cecut aquello de que no recomendaría a nadie el uso de drogas pero si alguno decidía hacerlo, sólo aconsejaba "Prudencia y adelante". El comentario salió a colación cuando Carmen -una chica universitaria con la que me encuentro ocasionalmente en alguna expo fotográfica o lectura- me dijo: "Es tan estúpido, es una moda" cuando le señale por la ventana del restaurante a un grupo de chicos, drogatas inexpertos tambaleándose en Prozac. Le dio un sorbo a su café para después recitar irónica "Uy sí, no que the groove is in the heart".
Le comento que hay quien afirma que esta generación es el fracaso de cualquier campaña antidroga, que gracias a nuestra cercanía con San Diego el consumo entre los jóvenes tijuaneros se ha disparado a cifras alarmantes y que para muchos de ellos es como una constancia o la prueba irrebatible de que tal alternativos o modernos son. Se ve en la calle, es el espíritu de los tiempos manifestándose en chicos y chicas que pasan de todo; nuevos nihilistas que se adscriben a una particular fiesta hedonista en tiempo de crisis. La lista de invitados es larga: por un lado están los pachecos (partidarios de la mariguana y anfetas de diverso calibre), los groovies (afectos a cosas como Ecstasy, LSD, Cloud 9 o Soma), los pericos (favorecedores de la cocaína o cristal) y los pirados (enganchados en la heroína, crack y tal). Es como un circo en el que caben los payasos pendencieros o risueños, malabaristas de las apariencias, curiosos en búsqueda incesante de emociones, domadores de la bestia interior, el glamour decadente y el olor tan característico de la mierda. No, esto no es alternativo.
Pero el asunto es serio, el usuario no es únicamente ese joven de barrio que vemos en la tele diciendo que lo hace para "sentirse machín" o para que lo aceptaran sus cuates; el estereotipo sirve de burla en fiestas y se ha recreado sarcásticamente en videopelículas y ahora, cuando alguien tiene un comportamiento extraño ya no se pregunta ¿qué tienes? sino ¿qué drogas usas? y se advierte: "Las drogas destruyen pero también instruyen. Cuídate, tu vales mucho y mereces respeto". Desafortunamente, el aspirante a machín del barrio nunca ha hecho el viaje solo, lo han acompañado siempre desde la joven maquiladora hasta el corredor de bolsa pasando por las diversas tribus urbanas (ricas y pobres, religiosas y ateas, educadas y analfabetas, etc. y etc. La droga, pues, se ha convertido en la interfase entre el ambiente y el momento y bueno, tal parece que nadie tiene la intención de permanecer al margen.
"Y es que si Bill Clinton, de joven, fumo "hierba" y filósofos destacados como Fernando Savater proponen la legalización de la droga, yo no entiendo porque no se le da a la gente el poder de decidir si hacerlo o no", nos interrumpe su amiga Alicia, que continua eufórica: "ya no se busca en el trip descubrir la trascendencia de la vida como aspiraban los hippies y demás acólitos de la drug culture ni tampoco el aburrido escapismo de los suicidas de closet y demás crías existencialistas. Para nosotros, me incluyo, esto toma la forma de un largo camino de sueños interminables y el desvergonzado refrán de: aquí estamos, diviértenos".
Termina y yo creo que ha de esperar que le aplaudamos por su speech pero mejor retomo su comentario para indicarles a las dos que ya se puede hablar de un "drogadicto social" como aquel que consume equis sustancia en una determinada situación (fiesta, concierto, baile, etc.) pero que no tiene el hábito ni la necesidad apremiante de volver a hacerlo y que, por otra parte, no presenta los síntomas característicos de la adicción por lo que no le da mucha importancia al asunto. Vamos, no le quita el sueño ni le ocasiona remordimientos.
Carmen insiste: "Tienes que escribir algo al respecto, da la voz de alarma o el grito de ayuda", le digo que si pero que me diga cual es su conclusión y bueno, se tarda en ello unos cuantos minutos. Al momento de despedirnos me entrega una hoja de papel que tenía escrito lo siguiente: "Tijuana no se da cuenta que pierde a su juventud narcotizada en constantes subidas y bajadas, sedada y temerosa; he ahí el resultado de la crisis de valores que padecemos, de la pésima educación que recibimos, de la falta de esperanza en el futuro, de la desconfianza en todo, de la glorificación en los medios de la lujosa vida de los narcos (ah! pero querían ratings y tiraje)". No te traumes Carmen, let it be.