lunes, 20 de septiembre de 2004

15. Paraké

Lejos de todo, sin impulsos hardcore, recreamos el presente al ritmo minimal que dicta una drum machine. Atesorando el ahora, subiéndonos al tren de la autoindulgencia, imaginando paisajes, un puzzle perfecto. Cansados de preferir la (in)seguridad del ensueño, de atestiguar esa compra-venta que no termina por efectuarse, apostando por un golpe de calor que borre nuestra estupidez al no reclamar una esperanza abandonada, eso que marca nuestra esencia. Pensar que hasta hace poco la felicidad era una pastilla, grandes líneas, marcas de agua prodigiosa que celebraban el (des)encuentro de las cosas que dejamos atrás.
Para vivir el engaño hay que creerlo.
Tenemos la sospecha que el momento actual es un cúmulo de problemas que nos atosigan, vestigios de adolescentricidad sin concesiones, la incapacidad de aceptar la falta de un diálogo interno, el catalizador revolucionario de lo que debiera ser y nunca es, un atajo para perderse en algo que se parece cada día más a nuestra vida y que finalmente nos cambia. No hay que subestimar el poder de la negación.
Los deseos del cuerpo son lágrimas.
Nadie es lo que dice ser, suceden tantas cosas a la vez. Es sólo un inútil esbozo por la búsqueda y conexión del fracaso como algo positivo. Punk rock implosion. La soledad es una asignatura que hay que aprender pronto a enfrentar; sin embargo, no se puede alejar lo que nunca estuvo cerca, ni querer volver a tener lo que nunca fue nuestro. Hay situaciones en las que es mejor –eso que aconseja el manual del usuario- meter el alma hasta el fondo para convertirla en un ejemplo de estoicismo que cruza ilusiones y paga tarifa fija. Fuck this and that.
Nuestra muerta juventud.
Una cursi historia telegénica para ser vista en grandes pantallas y sonido digital. El final de la broma que se escribe al revés, el reflejo de una maldita época que nos destruye en charlas confusas y sesiones de repeat & repeat. Hechos polvo, todas las señales que hay en el camino nos llevarán a la misma conclusión: Conocer es (des)amor. Demasiado obvio, un paso necesario pero no redituable, lo que se debe hacer y ya. Dejar de anhelar todas esas cosas que hacen mentir a Dios en contra de sí mismo, renegade fuck. En perspectiva, todo se ve mal cuando se recuerda bien, cuando hay opiniones contrarias que trascienden, cuando las personas tienen el mismo valor de las noticias.
Ey! Hay gente que nadie espera.
Sin saber a donde ir, nuestra mente es un frágil edificio cuya estructura está a punto de ceder. Un idiot savant que ve pasar los días sabiendo que todo es (ir)real y que da igual. Atrapados en una especie de confinamiento dócil y aburrido, perdidos ante el close-up de papel tradicional. Sedados, esperando que alguien comparta la caída y extienda la mano al pobre asesino que llevamos dentro o que nos proporcione un poco de valor para enfrentar sueños y hallazgos antes del desastre.
Somos muñecos de cuerda, complejos de diversión, electroseducción, ansiedad on-line. Podemos cambiar de ideas sin un asomo de asco o pudor, pero el feeling desesperanzador permanece. ¿Tú temor es el mismo que el nuestro? Lo imposible es lo que se reclama, captar más cosas y hacer algo con ellas. Subversión, confort, velocidad, confusión, tics de burguesía, sexo, necesidades construidas, influencias y diferencias, seguridad, invención de juegos y sonrisas, ¿qué más da? Nuestro pequeño argumento, dudas cíclicas y angulares, nula posibilidad de recuperar el tiempo que se pierde odiando aquello que no siempre dura lo pertinente. Objetivo y significado, teorías sobre el desencanto, lo que importa. Sin aviso, llega la verdad.
La vida es así: un disparo y punto final.
¿Qué va a cambiar entre el día de hoy y mañana? Algo, todo, nada. Nevermind, las cosas pasan por una razón. A veces no pasan por la misma razón. Estamos hartos de ser razonables. Si no te haces preguntas, no te decepcionas. La mayoría de las veces todo nos decepciona. ¿Darnos cuenta! Fuck, ni siquiera lo entendemos.
Whatever.
Para qué queremos preguntas, para qué queremos respuestas, si ya sabemos que de lo que pasa no tenemos ni puta idea.
Game over!
Game over!
Game over!


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revisión 2004: Mi acercamiento al campo de batalla. Too many samples para anotarlos (desde Luis Arcaraz a Baudrillard, de los tv shows a Houllebecq)