miércoles, 30 de junio de 2004

10. TRIGGER HAPPY POLICE

En la tele, la hora del Reality Show.

Fulgor de Sangre. Su cara en televisión. ¡¡MULtiASEsino!! Pánico en restaurante fronterizo. Imágenes exclusivas. Todos los detalles. Ahora volvemos, después de estos comerciales.

Voces ocultas, sonidos chocantes, white noise radial y helicópteros en la sala son los disparadores primarios de su intento depredador. En su mente no hay una salida que no sea ésta. "I've to do the right thing", se dice a él mismo frente al espejo. "For my race, for my country, for myself". Del trailer park a la calle con la firme intención de convertirse en SOMEBODY más famoso que el loser ese de McDonalds. Al llegar al sitio elegido, los motivos del lobo urbano se manifiestan en su rostro: fan 187 del Club Metzger, intoxicado x los olores de los perfumes de imitación + la grasa recalentada + los prejuicios.

Decidido a romper la inercia clasemediera, inicia el party con múltiples disparos. Los que se van y los que se quedan, todos juntos están ahí mezclados entre rastros de hamburguesas con doble queso y malteadas de fresa, entre chillidos histéricos y oraciones mal dichas. El ahora se vuelve relativo y la locura, instantánea. Pánico neutro en sentido multidireccional, una tormenta de plomo que no reconoce justicia.

Correr. Disparar. Saltar. Disparar.
Gritar. Disparar. Empujar. Disparar.
Arrastrar. Disparar. Ocultar. Disparar.

Disparar [again]. Todo bajo control. Niño gritando a 120 decibeles por sus padres alejados tan sólo a dos metros. No molestes a tus padres [Repite]. Todos tiemblan y no saben lo que pasa. ¿Un sueño, una pesadilla, una sobredosis de morfina? Adiós amigos, han sido seleccionados para irse a un mundo mejor. Kabom, they're dead. Un sorpresivo cambio de mira e irónico pregunta "¿Connais, connais ton Diue?" a una pareja de ancianos con principios del mal de Parkinson. No escucha sus lágrimas, no ve sus lamentos. Kabom, muito prazer. El siguiente target es una yuppie atrapada en la ocasión gracias a su debilidad por la junk food, ¡Oye woman, te voy a poner a brincar! Kabom, sayonara. Todo bajo control. Allá atrás, macho mexicano moja pantalón Levis 550. Kabom, bye bye manteca. Acá enfrente, señora vieja suplica misericordia aferrada a una cruz. Kabom, ciao estúpida. Aquí mismo, joven pareja reza abrazada. ¿Are you married? pregunta. Sus nervios son de cristal; las caras, cemento seco. No contestan, sin micrófono no escuchan. Kabom, kabom. ¿El resto? (asustados, muertos de miedo, heridos de impotencia). Olor a orina... y la sangre corriendo like a bunch of niggers in a fuckin' riot.

Esto parece un performance que no se verá dos veces. El día de mañana todos serán letras y fotos en periódicos, polvo de estrellas. ¡Hey guys, no puedo continuar si no se callan! Allá, acá y aquí. El caos divino, el anhelo de "que no me mate, que no me mate" se convierte en un angustiante mantra cuando siguen los gritos y los disparos. ¡Opérate el alma, cabrón psicópata!, es la voz de una valiente suicida. Go to hell, bitch. Kabom, kabom, kabom. Ropita de happy face ensangrentada, otra abuela que ya no verá correr a sus nietos ni ellos podrán correr y ver a su abuela. Kabom [again] y risas de poder, muchas risas.

Sintiéndose dueño de un puñado de vidas, el protagonista come papas fritas mientras patea con sus botas negras al mal siervo. No ketchup, no sal y la quijada rota del empleado del mes. Un trago de Coca Cola y esa imagen sin rostro erupta, brazos tatuados que contienen una ira parcialmente humana. La memoria se convierte en una noria de vértigo y electricidad. Diez se convierten en veinte, sonidos de patrullas y magnofón, ya son treinta y siete. Lento close-up. Escucha otros disparos que no son suyos. Cerca del récord, decide ir a por más. Nueva perfección entre Air Jordans y vipers regados en el suelo, blackids que ya nunca más venderán crack. Kabom [twice]. Paneo con voz en off. El recuento de los daños será mayor pero no habrá quien pague la factura. Alejamiento frenético y corte a comercial. Yeah, habrá quien diga el porqué pero no quien diga un "yo lo sé". Kabom, Tous sont morts.

Casi.

Too close del fin, cambia de opinión y decide dejar libre a una chica feucha que seguramente es estudiante de administración en una universidad pública; esas hembritas se distinguen fácil por la ropa comprada en Sears o en almacenes de ese tipo. Sonríe mientras piensa que alguien podrá contar su historia y vuelve a sonreír al pensar en voz alta: "El mundo necesita más oficinistas con carga de culpa". Le grita a la chica feucha: "Go girl! run for your fucking life. You'll be a fucking tv-tabloid megastar, thank you very much". Divertido, la exhorta a cobrar mucho por las interviews y decir que esto es lo peor, lo peor de su vida.

Muerta de miedo, la chica voltea indecisa y se incorpora temblando, corre como loca y sale con el alma en vilo por la puerta principal. Cuando la multitud, arremolinada frente al lugar, la divisa se echan a gritar hurras y convertida en un sólo ente, aplauden con estruendo que molesta un poco por lo festivo que resulta dentro de la tragedia. Y ella piensa: "Oh my gawd, oh my gawd, I hit the jackpot" y ya sueña ilusa con ciento cincuenta mil dólares por su historia y un papelito de extra en la próxima movie of the week.

Afuera, la mamá de una de las víctimas llora ataviada en traje dominical y un peinado de salón; los avispados vándalos de siempre, primos de uno de los chicos negros muertos, intentan saquear una tienda vecina al grito de "QPS Rulz" pero la policía municipal frustra su acción en cuestión de segundos; la cámara enfoca a una persona con una pancarta hechiza que dice "Saludos a Texas" mientras que la reportera del canal estrella se deleita al recitar la biografía del asesino, una primicia de impacto. Ya sé sabe, le gustaba torturar animales, golpeaba a sus amiguitos, problemas de adaptación, delincuente juvenil, un año de probation, estudios incompletos, pérdida constante de empleos por mala conducta y holgazanería, welfare y confeso pothead en relaciones maritales conflictivas. El protagonista es, efectivamente, todo un caso de impacto.

Adentro, el silencio es ya mortal y empieza a resultar aburrido por lo que, sudoroso, el también decide salir empuñando su arma. Al fin es el protagonista de su propio show: tele en directo con sonido dolby a nivel costa. "It's so great! 15 rating points and growing", confiesa entusiasmada la simpática reportera del canal estrella. El protagonista llegó a la meta en primer lugar y sabe que su última amante no cabrá en sí del orgullo, "I'm a big, big man" parece decir al momento de sonreír con una mueca de explícita superioridad.

La atención del público le provoca un orgasmo bestial como ninguna de esas putas del Bulevar Principal se lo han hecho sentir jamás. Para el protagonista salir en tele es más divertido que polvearse la nariz y leer historias sucias para luego colgarse un letrero de "Out of service", más emocionante que masturbarse en los camiones con la mano izquierda mientras se lleva a la boca un Twinkie con la derecha, más intenso que alucinar toda su maldita vida corriendo en fast forward como si fuera un film sin aplausos ni risas grabadas por respeto a los patrocinadores.

Bad news, los chicos de la ley sólo quieren divertirse con el protagonista. Ya no hay réhenes y al ver su puño en alto, el final del protagonista es simple aperitivo para unos trigger happy police amantes de la justicia. Una lluvia de balas, una voz de pólvora y metal que suena a oración...

Padrenuestroqueestasbang
enloscielos,santificadoseabang
tunombre,benditoeresbang...


Antes de caer, bañado en un pastoso líquido rojo, el protagonista sólo alcanzo a gritar: ¡Respeten a la Madre Tierra!

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revisión 2004: Serial killer meets talk show scene. Un lenguaje de cómic, mucha marcha hip hop, giños a asaltabancos from the 70s con conciencia social, a la sintaxis de los futuristas, al discurso de los neofascistas californianos, ironí­a polí­glota. Ese final de rezo y balas lo soñe. El despertar del sueño americano.