sábado, 12 de junio de 2004

10. HAN ATRAPADO A DIOS

Yo venía de una fiesta y caminaba rumbo a casa. Me detuve un poco a mirar borracho el cielo gris de las tres de la mañana cuando vi a un chico que, instalado en lo más alto del puente de la Cinco y Diez, quería dejar atrás el sueño.

“Otro pinche loco que intenta huir”, dije y sin embargo, me quede ahí, esperando morbosamente el momento del aterrizaje. Luego pensé en correr, correr sin parar hasta perder el sentido y olvidarme de ello pero no pude..., el impulso venció a la habitual indiferencia. Subí las escaleras diciéndome a mí mismo: "Tengo que evitarlo".

“No saltes”, dije, “no vale la pena. Acabas hecho una mierda o terminas siendo una grotesca manera de arruinarle el día a esos estúpidos que desayunan huevos y bacon leyendo la nota roja. El dolor no termina aquí ¿entiendes? Ésta es tu única vida”. I can't believe that: yo, el idiota del barrio, dando consejos.

No me contestó, seguía de pie en una de las esquinas, desafiando al equilibrio en un riesgoso juego que me ponía en fase alerta. Claro, soy un 100% pro-suicidio pero vamos, matarse a esas horas no es nada chic ni radical y me preguntaba si habría leído el Manual de Tsurumi Wataru y qué puntaje le habría dado el nisai a este intento de suicidio tan chafa.

—Anda, bájate de ahí que si te tuerce un chota va a pensar que eres tagger y hasta madreado vas a salir.
—Tú no entiendes nada. Es tan difícil ser Cristo, el hijo de Dios...
—A ver, compruébamelo —dije irónico—, haz algo.
—Soy Cristo, no un superhéroe.

Finalmente lo convencí. Bajo muy friquiado e inesperadamente rompió a llorar. No tenía sitio a donde llegarle ni conocía a nadie en la city. Se vino en un long ride desde La Paz y bueno, decidí llevarlo al squat que compartía con unas cuantas almas en desgracia, junkies y vírgenes adolescentes bajo un decorado de discos revueltos y un buten de artefactos pop. Él parecía ser un loser más but who cares, anyway.

Al conocer el sitio en donde vivía señalo que era un ambiente sórdido para un chico tan nice como yo. “Vivir en el peligro es mi fin. Además ¿sabes?”, le dije, “a mí no me aguanta ni mi madre”. Ya no pudo preguntar otra cosa, se quedó jetón en uno de los viejos catres. “¡Bingo!”, pensé cuando lo vi rolado. “¿En cuánto podré vender la exclusiva a Primer Impacto? Live in person, el representante de Dios en la Tierra en su primera visita en 2000 años.”

Eran las 10 a.m. cuando se levanto y mientras desayunábamos unos Fruti Lupis, me contó que estaba harto de vagar alone por segunda vez en el mundo, que todos lo mencionan y le piden cosas pero ¿qué recibía él? Pendientes, letras de agradecimiento y flores.

—¿Para qué fregados me sirve eso si no aguanto esta vida miserable que llevo? No tengo amigos, no tengo en quien confiar, a quien querer —dijo con una voz llena de rencor y angustia.
—Ay no mames —le contesté riéndome—, si aguantaste una crucifixión que no soportes un poquito a la puta soledad.

Unas horas más tarde le presente a los integrantes de la tribu: Tina, una runaway de Detroit que habla poquito español; Tavo, un chilango que nadie sabe como le hace pero todos los días nos trae algo que comer y paga nuestras cuentas; Isabel, la novia social del Tavo que un fin de semana se la pasa aquí y otro en la casa de sus padres; Rubén, un neopunkie que lo único que hace es leer comics, fumar weed o escuchar a Rancid todo el día a tope y Geraldine, una francesita pacheca que recorre el mundo como mochilera y que lleva tres meses en la city.

¡Ah, faltaba Jorge!, que se gana la vida como peluquero y que, cuando llegó del work, le cortó el cabello. Cristo quería mantener el viejo look, you know, cabello largo y barba como la de los fuckin' hippies. “No, no eso ya no se lleva”, le dijimos todos, “que te haga unos baby dread locks, déjate una piocha y ya está”. Como traía el cabello todo enmarañado no fue difícil hacerle las trencitas y como olía a madres, peor que la Charrita Espacial del downtown, lo mandamos derechito al baño. Su ropa vieja fue a parar al cubo de la basura, le presté mi camiseta favorita de Primal Scream y un jeans negro que le quedó, por lo escuálido que estaba, como baggy. Al verlo bañado y cambiado, una emocionada Geraldine le empezó a chiflar.

Las siguientes semanas me la pasé instruyendo a Cristo sobre política, deportes, moda, sexualidad, cultura, sueños, carteles, videos, guerras y deberes. Por un mes, le tocó lavar el baño y sacar la basura en bolsas del súper, una especie de ritual de iniciación a nuestra tribu. Jorge, que era el Mr. Clean de la casa, se encargó de decirle cómo y cuándo tenía que hacerlo y hasta eso, Cristo no era huevón.

Al convivir con él todos los días pude apreciar que sus gustos eran muy especiales. Por un lado, le gustaban las comedias americanas del tipo Seinfeld o Friends (aunque no tenía muy en claro el humor gringo) y por el otro, evitaba cualquier show de cops, investigadores privados o películas violentas de artes marciales. ¿Alguna particularidad? Lloró con ET, era una bestia para jugar Nintendo y decía picsa en vez de pizza; le fascinaba el mole dulce, las galletas de animalitos y la cerveza dos equis. ¿Qué más? Oh sí, se agüitaba cada vez que me ponía mi T-shirt del tour europeo del Hitler, no entendía los albures de Tavo e insistía en darnos un sermón cada domingo.

Yo, en cambio, insistí en ponerlo al tanto de lo que había pasado desde su última visita, el pobre no se había enterado de nada. Le hable de la bomba atómica, la guerra fría, el divorcio, los Jesus Freaks, la parabólica y el fax machine, la crisis de civilización, la leucemia y QVC, la caída del comunismo, el ecocidio y la clave lada para hablar gratis, la corrupción generalizada y las smarts drugs, del punk y los raves, de películas de arte y el lado fringe de las revistas, de la democracia bipartidista y la narcocultura, de los modem molesters y los psycho killers americanos... En fin, él era muy listo y aprendía tan rápido que al mes ya se sabía de memoria los eventos más importantes del siglo XX y hasta diseñaba nuestra página en Internet. Ah, Tavo le consiguió quién sabe cómo una fake id y paso a llamarse Jesús Alvarez; Chuyín, de cariño.

En cuanto a la música no le gustaba el techno o el house y para mi horror, le apetecía más el folk primerizo de Dylan y el soul norteño inglés que escuchaba con Geraldine cada vez que Rubén salía o descuidaba el estéreo. Para remediar su incipiente mal gusto, le grabé una cinta con algo de Consolidated, Le Mans, El Aviador Dro, Pavement, Galaxie 500, France Gall, Mouse on Mars, Luis Arcaraz y Pulp, entre otras cosas que yo no paraba de escuchar en mi walk man Sony. Le cayó en gracia el ‘Dear God’ de los XTC y dijo: "Le comentaré a mi padre".

En las tardes, sentados en el suelo nos poníamos a charlar sobre diferentes asuntos. Que si los malosos son ellos y no nosotros; que si ya no había casi nada decente que ver en la tele salvo los cartoons; que si ahora bastaba con tener una buena colección de discos para querer ser DJ y a veces, ni eso; que si las drogas sintéticas ya no ejercían el mismo poder de atracción que antes; que si Kostabi era un pintor sobrevalorado y por qué ya nadie recordaba al genial Basquiat; que no era cierto que el hip hop fuera sólo para malandros que van a las malls y otras cosas más o menos estúpidas. Otras tardes jugábamos Escrúpulos, Monopolio, cartas o al Mortal Kombat. Yo siempre ganaba y Cristo, insisto, era una bestia para los juegos, inclusive, peor que la mongola de Tina.

En un momento de confusión le hicimos confesar que era virgen. Sure, the last american virgin. Yo tenía mis dudas respecto a sus preferencias sexuales, pero cuando lo vi con Geraldine liado en un heavy match, deseché la idea de que fuese homo. Y aunque Geraldine era de fiar, por si las dudas, le regalé al Chuyín un paquetito de condoms.

En otras ocasiones, cuando estaba stoned, se ponía melancólico y nos recetaba su discurso. Ya saben, la ideología pacifista, el compartir tus bienes con la gente pobre y ese rollo del amor al prójimo. Y nos decía: "Ustedes vinieron a este mundo a sufrir por los pecados que no han cometido. Yo soy el bálsamo para sus lágrimas y la cura a sus lamentos." Yeah, el skunk que conseguía Tavo siempre era de lo mejor.

Para hacerlo encabronar le decía: "Chuyín, Chuyito, ¿por qué no me haces un milagrito?" mientras Isabel y Rubén lo abrumaban con preguntas del tipo: “¿Tienen TV cable en el cielo? ¿Es cierto que los Testigos de Jehová ya tienen reservado todo el cupo allá arriba? ¿Los ángeles son de Charlie, de California o de todo el mundo? ¿Está ahí Andy Warhol? ¿Qué pedo con Ian Curtis?”

Una desafortunada tarde de verano le dije: "Te invito a la noche más killer que hay en la city. Imagínate, cinco dólares y barra libre. All you can fuckin' drink, man." Se apuntó de inmediato. Llegamos temprano, casi no había gente y aprovechamos para empezar el conteo. Chuy pidió un tequila, al principio se sintió un poco raro pero le gustó el sabor; con el segundo tequila encima se puso horny, echándole el ojo a una gringa buenona que lo miraba insistentemente. Se fue a platicar con ella a la terraza y, desde mi lugar, apenas si alcanzaba a escuchar lo que la chica le contaba: "Tantas veces te he buscado, he sentido la necesidad de encontrarte pero siempre escucho una voz interior que me dice ‘¡NO!’ y vuelvo a mi infierno. Esta bien, soy una bitch que le encanta polear pero tengo sentimientos y hasta un poquito de fe". Y él contestó: "It's okey, baby", mientras le agarraba los scharros.

Cuando regrese con otra ronda de tequilas, se tomó de un sólo trago el suyo y me gritó al oído: "¡Es tan divertido. I want to dance!". Gritaba tan eufórico que parecía que se le había metido el pinche chamuco y apenas era el tercer tequila. Entró corriendo a la pista cuando pusieron una de los Offspring.

—¿Cómo se llama esto?
—S-L-A-M. Y cálmate, que eso ya paso de moda.

No supe cómo ni quién armó la bronca pero cuando salimos del club lo estaban esperando unos niggers del tipo dimensional 4x4. Ni chance le dieron de poner la otra mejilla o de defenderse, se lo surtieron de volada. Él sólo decía: "Padre, perdónalos no saben lo que hacen". Pensé en hacerle el paro pero luego dije: "Ni madres" al ver llegar a los piratas del Grupo Táctico; no más me acercaba tantito y ya estaban con la macana lista para soltar los madrazos. Los negros corrieron como si fueran Ben Johnson pero Chuyín no pudo. Uno del Táctico lo alcanzó a agarrar de las trenzitas y vas pa'rriba del pick up en viaje sin escala a la Cárcel Municipal.

De un teléfono público le hablé a Tavo pidiéndole que consiguiera el money suficiente para pagar la multa. Me senté a esperarlo y a las dos horas llegaron Tavo, Geraldine y otro tipo que no conocía; el tipo habló con el que atendía el changarro y pago la multa por faltas al bando de policía y buen gobierno. Nos lo entregaron madreadísimo y descalzo; al pendejo le habían volado las Dr. Martens de Rubén pero eso, por las circunstancias, no lo consideramos importante.

Pasamos primero a la Cruz Roja para que le hicieran algunas curaciones. Tenía el rostro lleno de moretones y cortadas; ahí lo vi, por primera vez, como lo vemos representado en la iglesia: una silueta deplorable y magullada de un hombre sangrante con el rostro apagado y los ojos cerrados.

En el camino a casa, sólo abrió la boca para decir: “¿Por qué Teléfonos no tiene una línea directa para hablar al cielo?”

próximo capítulo: Christo Phone Home


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revisión 2004: ¿Un clásico en el repertorio? Yeah, kind of. Gracias a que buten amigos dan clases en prepas y universidades es uno de mis relatos más leí­dos. Esta es una versión corregida del texto que apareció en el libro (hay otra, más extensa y actualizada que no encuentro por ninguna parte). ¿De qué se trata? Mmm, bueno, si tomamos en cuenta que Bukowski tiene un relato llamado «Cristo en patines» pensé ¿por qué no puedo imaginarme a Cristo de joven confundido y suicida en TJ? Indie pop + tv shows + revistas underground + noches de farra + violencia + citas de la Biblia + a twisted sense of humour + referencias from de 70´s a los primeros 90´s + la city. A pesar del anuncio, nunco hubo la idea de continuar el relato (era una broma, geddit?).