domingo, 17 de junio de 2007

ensayos: el enredoso asunto de los fanzines

MALOS TIEMPOS PARA LA LIRICA: EL ENREDOSO ASUNTO DE LOS FANZINES

Para algunos acólitos del ritmo y la vida metamoderna, son el paisaje intelectual de lo que no vemos reflejado en unos anquilosados mass-media; la voz, a veces naive y otras furiosa, de aquellos personajes con intereses marginales o, por lo menos, no convencionales; el lado desconocido de nuestras aficiones más absurdas, divertidas y peligrosas. Otros, como el nunca bien ponderado Carlos Monsiváis los supone airados, enardecidos contra la chafería de lo establecido, avasallados por la lírica súbita, reacios a celebrar imposiciones y muy seguros de su catálogo de animadversiones: la brutalidad policiaca, la prepotencia estatal, la estupidez de la sociedad de consumo, la intolerancia, la desinformación en materia musical. ¿No sabes a que nos referimos? Welcome to the Zine Revolution.

¿QUE ONDA CON LOS FANZINES?
Fue en la década de los treinta, durante el auge de la literatura de ciencia ficción, cuando se acuño el termino "fanzine" ("fan" viene de fanático y "zine" de magazine), para describir aquellas publicaciones caseras editadas por y para los fieles seguidores de "algo" en particular. En sus inicios, el movimiento fanzinero estaba confinado a elites exclusivas de individuos con un interés afín (artístico, político, religioso y etc.), que no se sentían representados en la prensa formal (cosa de estrechez editorial, desinterés y censura) por lo que algunos de ellos realizaban estas publicaciones, generalmente fotocopiadas y de distribución limitada, como una manera de expresar su opinión al respecto y contactar, de paso, a gente interesada en el mismo tema.
Y ese ha sido el leit motiv de esta historia.
Antes de que arribaran los sesenta, un inquieto estudiante from Boston llamado Paul Williams descubrió que la libertad de prensa pertenece a cualquiera que posea una máquina de escribir, pudiera hacer un esténcil y tuviera acceso a un mimeógrafo. Su historia es ejemplar: a los 9 años editada ya un periódico independiente en su escuela, a los 15 tenía una publicación sobre ciencia ficción y a los 17 editaba Crawdaddy, la primera fanzine sobre rock en 1966. ¿Por qué lo hizo? la razón es simple: porque antes no se había hecho algo así.
En un artículo reciente del American Journalism Review se cita a un experto en fanzines -no se da el nombre- que clama que los editores de estas pequeñas revistas están motivados probablemente "por una necesidad patológica de esparcir su opinión personal sobre el mundo que los rodea". Quizás este en lo cierto, si tomamos como ejemplo a Paul Williams y el mencionado "Crawdaddy", a Forrest Ackerman y su "Famous Monsters of Filmland (una proto-zine profesional que se edito de 1958 a 1984, cuyo tópico era la cultura sci-fi y el horror) ó, más cercano a nosotros todavía el recientemente fallecido Vladimir Hernández y "La Zanahoría", fanzine naturista editado en los primeros setentas. Este último personaje se convertiría, con el suceso de la "Banda Rockera", en uno de los principales y más celebrados propagadores del virus al reseñar y difundir la labor de las hordas fanzineras "Made in México".
Como mencionamos anteriormente, el fenómeno de los fanzines no es nuevo; no obstante, se puede remarcar de manera notable el boom de a finales de los 70's, el de mediados de los 80's y el de principios de los 90's. En los setentas tuvo mucho que ver la explosión socio-musical que desencadeno el punk, que nos heredo la famosa consigna "Do-it-yourself" o "Hazlo por ti mismo", que serviría como el engrane exacto y necesario para echar a andar otra vez el pandemónium de publicaciones en off-set.

Considerado por muchos como el "padrino del Zine moderno", Greg Shaw tuvo esa idea unos años antes, en 1970 para ser preciso, cuando edito el fanzine "Bomp" reconocido como la mayor influencia en los fanzines musicales de los 80s; al respecto declaro hace unos años: "Esta tendencia [de los fanzines] refleja el deseo de verse inmiscuido en la escena por mogollón de gente que no tiene la habilidad para ser músicos".

En los ochenta, uno de los protagonistas fue Mike Gunderloy que edito Fact Sheet Five, una publicación que enlistaba y reseñaba fanzines provenientes de todo el mundo y explicaba las posibilidades del "DIY". FS5 llego a tener una circulación de 10,000 ejemplares pero finalmente, tras 44 números, Gunderloy se vio sobrepasado por la cantidad de cartas, pedidos y fanzines al grado de verse obligado a vender la publicación. Tras pasar por varias manos, finalmente FS5 ha ganado en constancia y funcionalidad, por lo que sigue siendo la fuente de consulta más extensa, detallada y confiable.

Tan sólo en Estados Unidos se calcula que actualmente existen unas 10,000 publicaciones caseras que cubren frentes tan diversos como la música independiente, el cine B, la literatura avantpop, arte posmo, movimientos políticos (neo nazi, feminista, ecológicos, gay, de liberación animal, anarquismo, etc.), cultos religiosos weirdos, artistas específicos (REM, Morrisey, Prince, James Dean, etc), las comedias setenteras, marcas de jabón, graffiti, comics y un largo como entretenido etc. Igualmente, estas publicaciones existen en casi todos los países, incluyendo los que están bajo régimen militar y cosas así; también hay fanzines como Punk Planet, Megablast o Verbal Abuse que se encuentran, junto con mogollón más, en la Internet.

Ahora, el termino acortado a ZINE agrupa a una gran diversidad de publicaciones en el formato y tópicos imposibles de imaginar y contar; su manufactura, gracias al advenimiento de computadora personal y los paquetes informáticos de diseño a precio asequible, ha pasado de ser casera para convertirse en fuerte rival en cuanto a calidad de impresión e imagen de la prensa establecida; y en cuanto a la distribución, el punto flaco del movimiento, se ha logrado conquistar espacios tan preciados como lo son librerías, cafés y discotecas cool aunque todavía la mayor parte del manejo de las 'zines se realiza por medio del correo o de las recién formadas "Distro", una especie de cadena-catálogo de interesados (editores-tiendas-agencias-público) en todo este rollo.

Para los recién iniciados vayan algunos nombres de publicaciones interesantes: MRR, Flipside, Taladro, Apology Magazine, Moho, Grand Royale, Mondo 2000, I Hate Brenda, Renegados, Lounge, Angry Thoreaun, Hemofilia, Bust, Pagan's Head, We are the Weird, Can Control, Picahielo, PPR, Mister Density, Subkomix, Virus, Juxtapox, Oxido de Violetas, Boing!, Número Tres, Ben is dead.


TIJUANA UNDERGROUND PRESS.

La situación en nuestro país todavía no tiene una punta de iceberg visible pero eso no quiere decir que el flujo de información que se maneja por los canales subterráneos no sea de cuidado y sobre esto escribían JJ. Ríos y Jorge Monroy en la Banda Rockera #38: "Estas revistas, folletos y órganos de difusión y propagandización son autogestados, independientes, autosuficientes, impresos con rebeldía e inconformidad, que marcan una oportunidad de concientizar y motivar inquietudes personales que sirvan para la comunicación, exposición, encuentro, confrontación, organización, que abordan una urgencia de transformación de la apatía, soñolienta, conformista, nebulosa y pasiva realidad actual." Eso fue en 1988 cuando el listado de fanzines a nivel nacional no llegaba al medio centenar y ocho años después un recuento informal nos lleva a la cifra de casi mil ediciones independientes. Huele a espíritu adolescente ¿no?

Y en Tijuana ¿qué pasa? A mediados de los ochentas surgen las primeras fanzines (en el sentido estricto de la palabra) con ejemplos tan diversos como Púas, Lo Punk no es Moda, Feos y Curiosos, Psycho Candy, etc; lo suyo iba del punk arcaico de arenga anarquista con dibujos terribles y actitudes antisistema al pop tecnificado y insólitos llamamientos al desarrollo industrial.

Luego vinieron ejercicios espirituales de denso significado como El Centro de la Rabia, Entr'acte y Aiznetzicer, que cultivaban la crítica despiadada, el candor del fan combativo y la ingenuidad electro/pop/punk; por esos años, finales de los ochenta creo, la pelea en los terrenos "oficiales" se libraba entre revistas que la crítica especializada no sabía si definir como "egregias" o "populares": Communicare, Esquina Baja, Ranura del Ojo, Agit-prop y Tercera Llamada. Who cares, anyway.

Si en otra época y en otros lugares fue la generación beat, el rock, el punk o la vida aburrida lo que lanzó a nuestros héroes a realizar su fanzine, en nuestra ciudad fueron varias cosas las que sirvieron como detonador del boom fanzinero de los primeros noventas: la creación de la Licenciatura en Comunicaciones, el auge inusitado en la formación de grupos de música moderna, la indiferencia absoluta a una extraña asociación de escritores y claro, la desolación/emoción de vivir en una city como Tijuana.

Y así como otra gente se lanza a la calle, a los bares, a los cines para disfrutar de la vida; otros arrancaron hojas a sus libretas Universitarias, teclearon en máquinas o computers sus pensamientos, se fotocopiaron el alma y la mente para atestiguar y reclamar precisamente eso que Rimbaud y otros llaman la vida. El resultado fue variopinto y hubo de todo, tanto en calidad como en cantidad: de las propuestas neo literarias y la poesía adolescente (725, Requiem, Lunario, El Hocicón Nocturno) a las dedicadas a los vicios y desvaríos de la cultura noventera (El Acordeón, Al Tiro, El Sueño de la Gallina, Voltage, Propaganda Barata de Contra-Cultura Menor). Hey! hasta un intento de "Distro" hubo. Do you remember Amalgama que agrupaba a los fanzines Cent-Garde, El Centro de la Rabia, Expresión Deforme y Taladro; don't you? pues nosotros si aunque, desafortunadamente, ninguno de los implicados sabe quien archivo ese proyecto.

La prensa seria, en su mayoría, se hizo ciega y sorda ante los embates de información subte: a unos les hacia gracia y otros se sentían incómodos ante tanta pose e ingenuidad. Yo digo: "Todo mundo puede hacer un Zine, no todo mundo compra un Zine", Luis Rojo (de El Olor del Silencio) dice: "Tu tienes que hacer tus cosas como puedas, no hay suficientes medios oficiales para que todos escriban" y Daniel Rivera (de La Tribu Tharia) agrega: "Hay una necesidad de que la gente sepa que hay otra música y otras cosas muy aparte de lo que siempre escucha y ve". Reality bites, my friends y mientras unos se esfuerzan en editar lo mejor posible un zine, otros usan esa facilidad como pretexto para presentar alternativas que iran a parar justo en el cesto de basura. This sucks!, my friends.

Ahora, después de que algunos aseguran que nada nunca valió la pena, esto es lo que sacamos en conclusión: los chicos del Cent-garde "aprendieron a amar el odio que le tenían al aburrimiento" y a reclamar que "eso no fuera un gran problema si la gente no fuera tan apática y no le valiera madre todo el asunto" cuando su alter-ego, El Gran Show Secreto instaba a no mantener el viejo adagio de "si no vende, no sirve" para invitar a descubrir una cultura que suponían extremadamente honesta. La Lagartija servía para lanzar denuncias, ataques, diatribas, arte y hasta poesía a los ojos de sus lectores; por su parte, El Kolibry hace una y otra vez recuento del acontecer rockero de la city, Punto de Vista difunde insistentemente sus teorías humanistas y Cinematik informa que "sabemos hacer el amor gracias al cine y bombas molotov por culpa de las noticias" antes de alistarse para cubrir el próximo rave. El Sub-consiente (colectivo) escribe en su primer número: "Somos un potaje de nómadas urbanos, mascotas del mundo capitalista con ideas de sobra para ustedes" y en cambio, a los de Swenga Lele (a very personal emo-zine) les importa más detallar la vida y obra de un grupo de amigos (el suyo) que nadie conoce bajo una estética que puede pecar de infantiloide pero que, en suma, resulta muy divertida. El Olor del Silencio, mi zine local favorito, poco a poco se ha ido convirtiendo en una institución alternativa no sin antes mostrar su discrepancia con un "y no nos gusta y son mentiras y a quien le importa". Pero no todo es reclamo y protesta, La Tribu Tharia lucha por la rave-indicación de la música y cultura de baile; por su parte, Velocet reúne a la crema y nata del under local en su páginas y confiesa su atracción morbosa por la agitación y el revival pero también por el humor, lo weirdo y el avant pop que destila sin reserva y sin etiqueta

¿Poetitas malditos, decadentes, posers, prozac childrens, outsiders, Ultranautas de lo mega cool o solamente slackers con demasiado tiempo libre? I don't know prefiero cerrar con un certero comentario del crítico Leobardo Sarabia a El Centro de la Rabia que, creo, se puede hacer extensivo al contingente fanzinero local: "En fin da la impresión de que se trata de una juventud que tiene un concepto inmejorable de sí misma". Yeah, whatever.

PD. Compra un zine local o, mejor aún, edita uno.


*Texto publicado en la publicación El Puente, early 90s