miércoles, 15 de noviembre de 2006

textos noventa 01

EL FIN DE LA INFANCIA (11/11/94)

Mira a una multitud de gente a través de un cristal humedecido por el vaho que desprende su boca. Uno, seis, diez, giran en su mente. Piensa en todo y en nada a la vez: carteles de viejas estrellas pop; el diario que alguna vez leíste; los principios del budismo; las clases de acento francés; la lámpara esa que lo deja alucinado con una C de neón; la comida chatarra y su música favorita; la pasta de dientes roja con sabor amargo; la nueva imagen que quiere construir.

Y realmente no sé que sucede. ¿Pat Bateman es o no un buen modelo a seguir? Gente llamando al radio en busca de ayuda: hambrientos, friolentos, personas perdidas; lodo, piedras y lluvia. Videos porno y cine artsy, religión que no dice nada, nada. Música heavy ¿de veras el rock ha muerto? Uno y otro más, días que pasan. Inseguridad, odio al trabajo y a la hipocresía de la gente. Dinero, gloria y poder en los ojos de todos y cada uno de nosotros. Alguien le ha dicho: "Córtate esa barba, pareces fracasado" y lo, hizo una mueca en silencio. Un cuchillo filoso, una copa de vino, un corazón sangrante como el de Frida. Teléfonos, discos nuevos, noticias, cartas, poemas, héroes y gritos. Frío, histeria, amigos y una estúpida traición.

No hay elección ni conciertos, los dramas diarios no consiguen encajar en un rompecabezas sin sentido. Sueños raros que dan vuelta una y otra vez, caras conocidas con gestos desconocidas. Ansia y muerte en la cama de un niño.

Y vi también ahí, el corto de su vida; la pena y la alegría, el llanto adolescente con mil preguntas sin respuesta y la sonrisa cínica de quien ya lo ha vivido todo. Why me? -se pregunta sin darse cuenta de que esta solo. Rostros y manos, besos y cuerpos, libros y palabras al viento, deseos e intentos apáticos de huída, amarga locura. ¿Será parte de una generación de fracasados que no tiene nada que decir o sólo es un tormento pagándole factura al destino? Algo indica que la única salida es la agonía del espejo de la gente común: tener una familia, una casa, un auto y una cuenta en el banco. No importa, nunca ha sido parte de ellos ¿o si?

Los errores cometidos ya sea víctima de la depresión y los anhelos no cubren el vacío ni quitan la sensación de muerte, de ser menos que cero y de malvivir una vida. En la búsqueda de sensaciones siempre obtiene lo contrario a lo que realmente quiere. Al final solo queda una música fuerte, muy fuerte, un bar lleno de gente, amigos con sonrisas y un vaso en la mano... y al llegar a casa, una cama para soñar un escape a todo esto.

No pierde oportunidad para olvidar lo que fue, sin embargo hay algo en el pasado que le impide enterrarlo por completo; persiguiéndolo como si fuera su peor enemigo, como una sombra que vivirá ligada con él por siempre y para siempre. Lleno de ilusiones quiso ser decisión y fue sólo un pasatiempo de Dios, poseedor de nada en especial, disfrutando un mito erótico que condena cualquier frase que vuelque los sentidos. La vida casi consumida, la fe perdida en horas inciertas y una visión tangible de la muerte y el mismo infierno.

Como decirte, como explicarte que lo que vivió marco la ruta y que ya no hay marcha atrás. Apareciste en el momento preciso en que las dudas y el temor lo hundían en una depresión tras otra; en un tiempo tan bello como terrible, que sabía a desesperación, a dolor y droga. Abandono todo y ya nada le importo: estabas tú a su lado. Y te dijo: "gracias por dejarme ser parte de tus sueños y por vivir en los míos, por ser luz y guía, por ser amor y compañía, por ser plática en noches frías y, sobre todo, por creer en mis palabras". Ahora podemos aprender de lo que hicimos ayer, sentarnos y empezar a escribir la historia, volver a nacer y no errar de nuevo. No hay otra manera mejor de terminar con el ingenuo sueño de un eterno adolescente.

_ Eduardo RíOS