lunes, 13 de noviembre de 2006

aeim

aeim

Soy la paranoia de que la verdad exista y no sea nuestra; el que siempre reprime a todos los demás, aquel que no cuestiona nada, el ídolo del momento que canta about nothing in particular; la happy face en la camiseta de un hippie gordo; la histeria, los hornos crematorios, la ironía punk de Belsen was a gas, el olvido.
Soy el último emperador chino, Atahualpa Yupanqui, Nestor el cyborg; el bully que te perseguía en la escuela, una porrista con el trasero de acero que resume todos tus wet dreams; el policía que sostiene la señal de Stop justo al filo del vacío; un judío que quiere ser negro; el que mató a Buda cuando lo encontró en su camino.Soy un re-run que ves por tercera ocasión, una tarde de Ticket to ride, el lugar reservado que nunca se ocupa, a long Manchester overcoat, a sweet and tender hooligan, la universidad de autonomía vencida por la oferta de un banco, un ejercicio de estilo que no se decide a estirar la pata, el remanente de una relación que se desdibujo una madrugada, algo que nunca paso la etapa platónica, un plagiador en ciernes, a blind date from hell, la ira de Maradona, ese talk show que sigue y sigue y sigue, la escolástica que acompaña a la tristeza.
Soy la felicitud, una casa abierta, un espíritu ad-free, la oferta de hoy, el sonido del farfisa, la línea de jueces que no tiene ni puta idea de que es lo que ocurre aquí, la última canción que se escuchó en The Hacienda, la noche en que Franco murió, la devaluación del 82, el grito de Lager! Lager! Lager! el rostro precioso, algo que nunca tendrás, el protagonista de tus pesadillas, una voz en off que cuenta la historia oficial, el bello verano, a walking Hallelujah, un disidente que bebe champagne a deshoras, lo más casposo, una situación urgente que no atienden los partidos políticos.
Soy la anarquía, el libro de Gramsci que nunca entendiste pero que citas a cada rato para explicar el rollo de la hegemonía cultural; un ejecutivo de cuenta, alguien que se roba el servicio de Cable, un circuito cerrado que graba todas tus acciones; Osama Bin Laden, el exiliado que todo mundo hace «fuchi fuchi», el que dice I hate all the dikes & fags mientras sostiene una pancarta que dice ¨Ban the marriage"; el que te hace daño, el que habla por teléfono para ver si caes en una extorsión originada en el miedo; uno de los cortados en la lista de prioridades de un país al punto del meltdown.
Soy Joey Ramone, mantis religiosa del punk; el fascismo dulce y la izquierda trasnochada que ha vuelto ha estar en boga, un par de novios que se besan mientras piensan en otra persona; un creyente, la prudencia, la buena onda, un Raúl Velasco cualquiera impulsando la energía del universo; el murmullo de la city, un dictador sudaca que persigue el ideal bolivariano mientras se enfunda en un traje de diseñador; un junkie con las venas abiertas; the bad cop & the good cop; the minutemen, el último kiliwa, la cucaracha que sobrevivirá la explosión nuclear.
Soy alguien que te salvará de todo problema, el placebo, la panacea. Una raya de cristal, un aumento de sueldo, el golpe de suerte en la lotería nacional; un sujeto que pasa desapercibido en el bar de las caras tristes, una g-string diva que no escucha tu maldita opinión; el libre albedrío que puede hacer distinto lo que vemos por televisión.Soy la verdad esquiva, el más terrible de los huracanes, el terapeuta que ya dejo atrás el nihilismo; 1968, 1987, 1976, los 5 segundos antes de que explote el «cóctel molotov»; la sífilis de Nietzsche, Elvis dispuesto a vencer a la báscula, Russ Meyer haciendo casting de doble pechuga, Ray Loriga en una entrevista; el vómito del que perdió la pelea, , un conector casual e intermitente, el arrebato de rareza finisicular, un video de Coil, los beats de DFA, el estado de sitio a nuestra conciencia.
Soy un hipócrita, las declaraciones del obispo, el mesianismo de un político que lucra con la esperanza, el que no puede esperar más para denunciar un abuso sufrido años atrás; un hardcore kid, una caja de ritmos, el grito silente de las mujeres mutiladas, el testigo presencial de nuestra derrota.
Soy un producto más en el catálogo de Ikea, el árbitro en el partido, la chica buenona en el diario de la tarde, el "Sieg Heil Hitler" que te cabrea; una página en Vogue, la conciencia de Julio Scherer, los discos de Sonic Youth, la modernidad, los cojones de Deleuze, un incompetente gurú; el new negro que nunca dice «mande», la madre patria, una piñata escarlata, el ecstasy de Holanda, la caída de Oxidente, la gran tragicomedia humana.
Soy Bukowski rascándose los sobacos, la sonrisa de una curadora, el mash up de la historia; la desidia y la afasia típica de los críticos seniles; un mensaje SMS que no vale la pena leer, el que roba nicknames en Internet, un poeta de nivel intermedio, algo tan japonés; lo que sigue, la pandrogenia que se aproxima, un crucigrama para recién casados, el héroe de Mocorito, un billboard que dice ¨SOS Queremos seguridad".
Soy una fiesta de XV años para una chica embarazada por un familiar cercano, un actor que es bueno para fingir acentos, cincuenta opciones en el mercado, someone looking for the number one spot, una batucada que celebra la nada; un promosexual que juega a ganar, el llanto coreografiado de actriz televisiva, el que reta al peligro, un ente que piensa distinto, el que sólo hace las cosas cuando van por buen camino; un homeless empujando un carrito en Sunset Blvd, alguien que ha perdido la cabeza por esa cosa llamada amor, una dosis de Prozac antes de ir a trabajar; un shakedown, el trastabilleo, ese trip pacheco que recordarás por siempre; a small talk, un cuento de sicarios, the revolting stuff; el serial killer que de niño salió en la tapa de un cereal, una falla en el sistema, el que olvida las llaves en un afterhours, el hijo ilegitimo de Jesuscristo, la puta ostia.
Soy un outcast, el que juega bonito, un tatuado en la fila del paro, una pelea de perros; El Mañana después de la granada, el que trajo un arma a la escuela secundaria, , alguien que baila y resiste, the reckless youth; el desasociego adolescente, un epígono de la clase trabajadora, el rock angular; un concepto por probar, el jubileo de algo pomposo y aburrido, un regimen que artícula el cambio en concertacesiones; el hombre que cae de la Torre 2, a german joke, el ama de llaves de la decencia clasemediaera, el último expulsado en el reality show llamado LIFE.
Soy Homero Simpson rascándose el trasero, el futuro de la cocina gourmet, un chilletas; la rubia tonta en las películas de los años 50, el letrero de neón que Barry Gifford compró en Tijuana; el pronóstico de lluvia y apagones, la categoría «super freak», la fuerza armada; un grupo de voluntarios americanos haciendo labor social lejos de casa, un ex drogadicto que ofrece lollipops en los cruceros, the final score.
Soy un archipiélago de fiestas, un mito generacional, el grito de Oi Oi Oi; una campaña de publicidad, uno de los desaparecidos en la Guerra Sucia, un arma de destrucción masiva; an ageing pop star, the breaks, el primero que hizo pogo; la silla eléctrica, una iniciativa de ley, un panfleto, un parche de Crass; un ringtone que llega al tope de los charts, una argumentación repetitiva, la canción del verano.
Soy las voces que escuchas en tu mente, la noción de velocidad según Virilio, una guía azarosa, la teoría del caos, un dolor más o menos musical; Terry persiguiendo a Candy Candy, una manifestación a favor de Pinochet (y otra más numerosa, en contra); el trasero de una adicta al funk carioca, la falsa ceguera de Borges, todos los ísmos que enlista la encliclopedia Británica; una etiqueta, un logotipo, el que saqueo al país, un heredero de la crisis de valores que proclama el mismo grupo de fundamentalistas, alguien tan normal que da risa.
Soy lo que sea, lo que se me antoje hoy, mañana, el próximo weekend.
Todo menos la imagen que ves reflejada ante tu espejo.