domingo, 1 de abril de 2007

reviews: lejos del noise

Presentación de Lejos del noise,
Libro de relatos de Rafa Saavedra (Moho Editores, 2003).

Texto leído en:
* Parroquia de Santa Clara, Colonia de Maipú, Chile. Mayo 29.
* Galería Adolph Gottlieb, Estocolmo, Suecia. Junio 2.
* Centro Cultural, Tijuana, México. Junio 12.

Es cosa de volteretas. He contado, hasta el día de ayer, ventiséis reseñas de Lejos del noise publicadas en Internet, además de por lo menos cien comentarios, aproximaciones, escupitajos y urras de todos colores. Desde la malsoñada fan que pregunta al autor “¿Por qué permites que una editorial afee tanto tu trabajo?”, hasta el lector incondicional de América del Sur que se ofrece para traducirlo a cuatro idiomas —aunque sabemos que Lejos del noise está escrito en cuatro idiomas— y compara al narrador de “Got. No. Time” con los himnos breves pero musculosos de Fugazi y Minor Threat.
El tercer libro de Rafa también llamó la atención a un grupo de médicos de Nuevo León que aprovechó los recesos del XVI Congreso Nacional de Hospitales y Clínicas contra la Osteoporosis para comentar Lejos del noise, bajo seudónimos hechos con ampoyeta y gasa, como era de esperarse. Black Diafragma alega que el relato “The problem with us” es un chantaje a las autoridades a raíz de la línea “¿Cómo retomar el timón de una vida so fucked up?”
Último Bisturí opina que Rafa escribió su libro en un procesador de palabras con alto nivel de triglicéridos, y asegura haber sufrido tal estremecimiento en la lectura que envió sus condolencias a Moho Editores y mantuvo a su familia en cuarentena. El úlitmo de los doctores, Mitocondria, que escribe con el tono grisáceo de los jubilados, habló desde el naturalismo y no dudo en clasificar a Rafa Saavedra como miembro de una especie en extinción.
Y aquí detuve la búsqueda. Qué cosa más light. Lo que sabemos de la extinción de las especies ha sido suavizado hasta el melodrama. Por un lado tenemos al eslabón perdido, que por décadas confundimos con el Sasquatch que luchaba contra Lee Majors, un salvaje de peluche comportándose como niño chiquito, y hoy se nos dice, por el contrario, que el eslabón perdido era una horda con tortícolis que fue abriéndose paso por las costas europeas mediante genocidios, mutilaciones y limpiezas étnicas que hacen ver Servia-Herzegovina como un clip del Discovery Kids. Mientras tanto el panda gigante, acosado por la piedad institucional de los civilizados, es indiferente al esfuerzo de tantos zoólogos que se queman las pestañas buscándole el punto G mientras el buen oso, que ve pasar los años mascando bambú con tal pachorra, no tiene ganas de reproducirse.
Envié al doctor Mitocondria un mail con estos argumentos, obviamente sin respuesta. La vara de los principios narrativos ve con malos ojos la escritura de Rafa, a pesar del feeling intoxicante y radioactivo que se contagia. Si tomamos como ciencia exacta la obra de escritores formados y formadores como Daniel Sada o Luis Humberto Crosthwaite, lo de Rafa es pura especulación. Una especulación que deja respirando las páginas de cada uno de sus libros y que lo mantiene fiel a tres o cuatro certezas de vida que no conozco, pero que intuyo aproximadamente.
Por hablar de calificación, doy a Lejos del noise un 7 en frescura, un 6 en ósmosis inversa, un 8 en siniestralidad y un 9 en la prueba del Carbono 14, la más ruda, que va en relación a su fecha de caducidad, que no se ve muy próxima. Es un libro irregular, pero esto es lo de menos. Lejos del noise reafirma el deseo de ver un volumen antológico con los mejores textos de Rafa, entre los cuales estarán sin duda “Ultrapop”, “Rollercoaster”, “Got. No. Time” y “Pánico en Iketa”, además de anteriores como “@” y “Vómito en el freeway”. Será una bomba.
Y luego esta lo otro. La definición del género, que implica una discusión aburridísima y fuera de caso, y el rol generacional, sea que se tome en serio o no a Rafa como micrófono ambulante de los afectos colectivos. “Rollercoaster” es de una integridad apabullante, no sé qué tan conciente, de una generación fiestera pero desangelada por la que el narrador siente una cariñosa antipatía y cuyo soundtrack natural es obra de los Happy Mondays. Con una advertencia: estoy seguro que Rafa no busca suscribirse en una generación determinada, pero esa tendencia genial a mixear imágenes, siempre en plural de primera persona, hace de cada texto un manifiesto. Mitad credo, mitad fobia, mitad ganas de seguir bailando.
Sólo en “Rollercoaster” hay 93 referencias al No. Entre caídas, arrepentimientos, soledades, retornos, retadrdos, sombras, negativas, contraórdenes, cegueras y arrebatos. Rafa, cuál es la frecuencia. No estás poniendo atención: no estoy aquí. No estás poniendo atención: esto no está sucediendo. No estás poniendo atención: mátame Sara. Rafa, cuál es el método. Uno muy divertido y fértil es que no te consideras escritor sino una especie de impostor mediático con el cerebro en shuffle.
A la literatura se le quiere, pero puede ir a chingar a su madre. Alguien pide a Rafa su colaboración para equis revista cultural, de sociales o fanzine de pasillo, y él despacha en minutos como se despachan tacos (él mismo lo define así). Todo nace con un detonador, que suele ser una pregunta:
a) Y tú qué prefieres, ¿una pluma húmeda o una lengua líquida?
b) ¿Qué harías con un metro cuadrado de velcro?
c) ¿Cuál es tu serial-killer favorito?
d) ¿Cómo metes dos hipócritas en un gabinete chino?
La respuesta se concatena bien o mal, pero llega después de un recorrido a toda velocidad, un zig-zag que te invita a bajar en la primera estación o a sostenerte con fuerza para esos espirales y esos loops. En el mejor de los casos. Porque en vez del paseo, puede venir una confrontación acerca de tu posición ante la vida, la fiesa y la ciudad, sus tres grandes carabelas.
La escritura de Rafa Saavedra fija los parámetros de latitud y longitud para muchos que estamos ahí, como satélites. Puede que sus textos estén (cómo decirlo) subproducidos, con ruido intencional pero también ruido que debilita y confunde, pero al escribir Rafa dirige su lámpara alrededor y entonces ve a los demás, en uno u otro cuadrante, mirándolo de reojo como referencia, y en algunos casos, como verdadero eje. Rafa es el Ecuador. Si deja de escribir, nos descoloca a todos.
Como sucede a Rafa con “Hearth of glass” de Blondie, Lejos del noise me hace sentir feliz. Aunque al llegar al final del libro haya olvidado la mitad de las imágenes y una hora después el 90%. Aunque de 16 relatos sólo 2 sean inmortales, 2 sustanciosos, 3 interesantes, 3 mejorables y 6 en la semana yo te marco. Pero aún en los relatos más débiles como “You can´t win” y “Fade in, Fade out”, hay una línea que inquieta.
Porque hay mucho de actitud en esto. Un buen cuento debe lograr ser leído y un mal cuento debe ser vigorosamente malo. A Rafa no le importa demasiado si Lejos del noise gustó, pero le emociona ver cómo reunió a esta gente. Lo cual es importante para él aunque no mucho más que un abrazo, una postal llegada de la Antártida o una pieza de pan dulce del AM/PM a las 3:40 de la madrugada, cosa tan común.


*Mr Phuy (aka Javier Fernandez Acevez)
posteado en: http://mr_phuy.blogspot.com/2003_06_01_mr_phuy_archive.html junio 2003