Lejos del noise: manual de procedimientos
Gabriel Trujillo Muñoz
1.- Enfocar el yo, desenfocarlo, imprimir.
2.- Todo es noise, pero cada quien lo filtra a su manera. En el caso de Rafa Saavedra, es un “incendio de luces en una bodega sin salida”. La prosa retumba sobre la “puta realidad periférica” y es una prosa que no confía ni en sí misma porque carece de toda certidumbre para tomar partido, para delinear una verdad reconocible. Los que están inmersos en el ruido, la disfrutan. Los que están afuera de esa realidad, se quejan del escándalo. El escritor-dee-jay sólo hace su trabajo: hilvanar sonidos, traslapar ritmos, dar su toque de indiferencia al mundo que gira una y otra vez.
3.- Sólo la hibridez tiene algo que decir, sólo la impureza magnifica los sentidos. El lenguaje se mueve llenando el vacío, los vacíos. Esa gran pantalla en estática donde los mensajes de Saavedra van del pánico al éxtasis, de lo minimalista a lo barroco-pop. El inglés como frases revelatorias, como contragolpes: “Gerardo abandonó la city pensando que eso lo haría mejor; Diana regresó sin hope sintiéndose peor... todos mis amigos se preguntan: ¿Qué hacemos aquí? ¿Cuál es el sentido de todo esto?”.
4.- Y aquí llega la duda trascendentalista del hueco fin de semana a la J.D. Salinger, a la Douglas Coupland: “nuestra muerta juventud”, los días dorados. Saavedra es nuestro Great Gatsby: un soñador de una época dorada que se esfumó hace 15 segundos. Su alter-ego y su propio ego se sumergían en un “idiot savant que ve pasar los días sabiendo que todo es (ir) real y que da igual. Atrapados en una especie de confinamiento dócil y aburrido, pendido ante el close up de papel tradicional. Sedados, esperando que alguien comparta la caída”.
5.- Lejos del noise es un disco de doce pulgadas para oír de noche, una experiencia que se reduce a dos conceptos: confusión y fragmentación.
6.- Si Baudelaire estableció del dandi como figura clásica del paisaje urbano, Saavedra apuesta por el escritor como un dealer para el que la escritura es la droga del momento. Una miseria compartida. Un producto a vender.
7.- Ciertas frases, ciertos fraseos. La prosa de Rafa también tiene sus inconscientes repeticiones: What a fuck. Antything. Wathever. Another Round of beers. Pelea o finge. The living end. La química del alucine. Soy inocente I know. What a stupid life. Confío buten en mí. ¿ok?
8.- La ciudad es una carga, un escaparate, una transfiguración. La visión de Rafa Saavedra es la de un videoasta: paneos y acercamientos, corte de edición y flashbacks. “Una banda sonora para un pésimo film juvenil”. Prosa inquieta, que no para de moverse. Imágenes abigarradas. Conceptos-misiles. Primeros planos. Siempre primeros planos.
9.-Rafa, el poeta, a veces toma el mando y se apodera de su prosa:
“Sin una canción, el día no termina”./
Sin speed, el camino no tiene fin ni filosofía. /
todo se desploma, se dispersa, se difumina./
No importa lo que se diga o se practique./
Ocurre.
“Y lejos del noise practica exactamente eso: lo que ocurre en un momento, lo que sucede en un instante: “una luz que ilumina la inútil apuesta de un cerdo cerca del matadero. Una luz y ya”. 10.- Lo extremo, lo bizarro lo marginal en gustos y en sustos. Pero sin cortarte las venas, sin dejarte ir del todo. Prosa de voyeur obsesivo. Mundo sin convicciones ni creencias, donde el autor recorre “las calles con la ligera sospecha de que algo sucede bajo esa superficie de normalidad.” En deriva, sin anclajes. Flujo y trivialidad. Break up y diversión.
11.- Prosa adictiva que puedes leer sin continuación, sin sincronía, donde el “alegre pesimismo” es testigo de la realidad que se desvanece, dejando en su lugar un “malestar difuso”, unas “respuestas evasivas a una pregunta cerrada”.
12.- Lejos del noise es el tercer libro de textos (cóctel de relatos-ensayos-crónicas-bitácora-snapshots) de Rafa Saavedra. Un escritor que tiene el valor de afirmar lo que otros autores de su misma generación no admiten (desde Heriberto Yépez hasta Laura Jáuregui, desde Regina Swain hasta Jorge Ortega): “que ya sabemos que de lo que pasa no tenemos ni puta idea”. Valor de aceptarlo y lucidez reveladora frente a su propia generación literaria que todavía cree en prestigios, jerarquías y ganancias. Rafa, en cambio, sólo juega desde la indiferencia, desde la levedad, desde la melancolía cool.
13.- Y al final sólo queda una cuestión básica en la escritura de Saavedra, una interrogante rabiosa: ¿Cómo hacer para ser feliz? Mi respuesta es obvia: leyendo las ficciones ajenas, las sinceridades tribales, las frivolidades intrusas de Lejos del noise (Moho, 2002).
14.- Y, después de todo, hay esperanza, porque Rafa Saavedra ha reunido en su obra “old stories, sustancias nuevas, beat crazy, arte y vida perdiendo la cordura. La música era lo de menos, las intenciones, el rozar a los cuerpos, el poder de jugar ese game, la posibilidad de anotar”.
15.- Entre el “no hay nada por hacer” de Samuel Beckett y el “yo rara vez me pierdo de vista a mí mismo” de Paul Valery, Rafa Saavedra escribe su ruido, ensordece su prosa, sigue su camino: un pasito para adelante y otro pasito para atrás. Quizás ese es el peligro mayor: los temas repetidos, la idéntica perspectiva, el fraseo similar de una prosa que ya no da para más, que ya no aporta novedades al leerse. La fórmula de Saavedra denota un peligroso agotamiento estilístico, comienza a convertirse en una parodia de sí misma, en un engolosinamiento que deja imperturbable a su autor pero que cansa a muchos de sus lectores que le han seguido la pista desde sus Postcards, en 1995. La evolución escritural ha dado paso al pastiche. La gracia empieza a perderse. Los chistes y situaciones descritas no alcanzan a tornarse en una visión real, en una realidad autónoma, independiente de su creador.
16.- Al final sólo queda un escritor que ha hecho su propio camino hasta convertirlo en un callejón sin salida, en una tour para voyeuristas. Epica del aburrimiento como una forma de existencia comunitaria, de comuna donde el ego flota en libertad, ajeno a todos los aplausos y a todas las críticas. Utopía de la anestesia y la ataraxia.
texto aparecido en Bitácora y aquí
Mostrando entradas con la etiqueta Lejos del Noise. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lejos del Noise. Mostrar todas las entradas
martes, 3 de abril de 2007
domingo, 1 de abril de 2007
reviews: lejos del noise
Presentación de Lejos del noise,
Libro de relatos de Rafa Saavedra (Moho Editores, 2003).
Texto leído en:
* Parroquia de Santa Clara, Colonia de Maipú, Chile. Mayo 29.
* Galería Adolph Gottlieb, Estocolmo, Suecia. Junio 2.
* Centro Cultural, Tijuana, México. Junio 12.
Es cosa de volteretas. He contado, hasta el día de ayer, ventiséis reseñas de Lejos del noise publicadas en Internet, además de por lo menos cien comentarios, aproximaciones, escupitajos y urras de todos colores. Desde la malsoñada fan que pregunta al autor “¿Por qué permites que una editorial afee tanto tu trabajo?”, hasta el lector incondicional de América del Sur que se ofrece para traducirlo a cuatro idiomas —aunque sabemos que Lejos del noise está escrito en cuatro idiomas— y compara al narrador de “Got. No. Time” con los himnos breves pero musculosos de Fugazi y Minor Threat.
El tercer libro de Rafa también llamó la atención a un grupo de médicos de Nuevo León que aprovechó los recesos del XVI Congreso Nacional de Hospitales y Clínicas contra la Osteoporosis para comentar Lejos del noise, bajo seudónimos hechos con ampoyeta y gasa, como era de esperarse. Black Diafragma alega que el relato “The problem with us” es un chantaje a las autoridades a raíz de la línea “¿Cómo retomar el timón de una vida so fucked up?”
Último Bisturí opina que Rafa escribió su libro en un procesador de palabras con alto nivel de triglicéridos, y asegura haber sufrido tal estremecimiento en la lectura que envió sus condolencias a Moho Editores y mantuvo a su familia en cuarentena. El úlitmo de los doctores, Mitocondria, que escribe con el tono grisáceo de los jubilados, habló desde el naturalismo y no dudo en clasificar a Rafa Saavedra como miembro de una especie en extinción.
Y aquí detuve la búsqueda. Qué cosa más light. Lo que sabemos de la extinción de las especies ha sido suavizado hasta el melodrama. Por un lado tenemos al eslabón perdido, que por décadas confundimos con el Sasquatch que luchaba contra Lee Majors, un salvaje de peluche comportándose como niño chiquito, y hoy se nos dice, por el contrario, que el eslabón perdido era una horda con tortícolis que fue abriéndose paso por las costas europeas mediante genocidios, mutilaciones y limpiezas étnicas que hacen ver Servia-Herzegovina como un clip del Discovery Kids. Mientras tanto el panda gigante, acosado por la piedad institucional de los civilizados, es indiferente al esfuerzo de tantos zoólogos que se queman las pestañas buscándole el punto G mientras el buen oso, que ve pasar los años mascando bambú con tal pachorra, no tiene ganas de reproducirse.
Envié al doctor Mitocondria un mail con estos argumentos, obviamente sin respuesta. La vara de los principios narrativos ve con malos ojos la escritura de Rafa, a pesar del feeling intoxicante y radioactivo que se contagia. Si tomamos como ciencia exacta la obra de escritores formados y formadores como Daniel Sada o Luis Humberto Crosthwaite, lo de Rafa es pura especulación. Una especulación que deja respirando las páginas de cada uno de sus libros y que lo mantiene fiel a tres o cuatro certezas de vida que no conozco, pero que intuyo aproximadamente.
Por hablar de calificación, doy a Lejos del noise un 7 en frescura, un 6 en ósmosis inversa, un 8 en siniestralidad y un 9 en la prueba del Carbono 14, la más ruda, que va en relación a su fecha de caducidad, que no se ve muy próxima. Es un libro irregular, pero esto es lo de menos. Lejos del noise reafirma el deseo de ver un volumen antológico con los mejores textos de Rafa, entre los cuales estarán sin duda “Ultrapop”, “Rollercoaster”, “Got. No. Time” y “Pánico en Iketa”, además de anteriores como “@” y “Vómito en el freeway”. Será una bomba.
Y luego esta lo otro. La definición del género, que implica una discusión aburridísima y fuera de caso, y el rol generacional, sea que se tome en serio o no a Rafa como micrófono ambulante de los afectos colectivos. “Rollercoaster” es de una integridad apabullante, no sé qué tan conciente, de una generación fiestera pero desangelada por la que el narrador siente una cariñosa antipatía y cuyo soundtrack natural es obra de los Happy Mondays. Con una advertencia: estoy seguro que Rafa no busca suscribirse en una generación determinada, pero esa tendencia genial a mixear imágenes, siempre en plural de primera persona, hace de cada texto un manifiesto. Mitad credo, mitad fobia, mitad ganas de seguir bailando.
Sólo en “Rollercoaster” hay 93 referencias al No. Entre caídas, arrepentimientos, soledades, retornos, retadrdos, sombras, negativas, contraórdenes, cegueras y arrebatos. Rafa, cuál es la frecuencia. No estás poniendo atención: no estoy aquí. No estás poniendo atención: esto no está sucediendo. No estás poniendo atención: mátame Sara. Rafa, cuál es el método. Uno muy divertido y fértil es que no te consideras escritor sino una especie de impostor mediático con el cerebro en shuffle.
A la literatura se le quiere, pero puede ir a chingar a su madre. Alguien pide a Rafa su colaboración para equis revista cultural, de sociales o fanzine de pasillo, y él despacha en minutos como se despachan tacos (él mismo lo define así). Todo nace con un detonador, que suele ser una pregunta:
a) Y tú qué prefieres, ¿una pluma húmeda o una lengua líquida?
b) ¿Qué harías con un metro cuadrado de velcro?
c) ¿Cuál es tu serial-killer favorito?
d) ¿Cómo metes dos hipócritas en un gabinete chino?
La respuesta se concatena bien o mal, pero llega después de un recorrido a toda velocidad, un zig-zag que te invita a bajar en la primera estación o a sostenerte con fuerza para esos espirales y esos loops. En el mejor de los casos. Porque en vez del paseo, puede venir una confrontación acerca de tu posición ante la vida, la fiesa y la ciudad, sus tres grandes carabelas.
La escritura de Rafa Saavedra fija los parámetros de latitud y longitud para muchos que estamos ahí, como satélites. Puede que sus textos estén (cómo decirlo) subproducidos, con ruido intencional pero también ruido que debilita y confunde, pero al escribir Rafa dirige su lámpara alrededor y entonces ve a los demás, en uno u otro cuadrante, mirándolo de reojo como referencia, y en algunos casos, como verdadero eje. Rafa es el Ecuador. Si deja de escribir, nos descoloca a todos.
Como sucede a Rafa con “Hearth of glass” de Blondie, Lejos del noise me hace sentir feliz. Aunque al llegar al final del libro haya olvidado la mitad de las imágenes y una hora después el 90%. Aunque de 16 relatos sólo 2 sean inmortales, 2 sustanciosos, 3 interesantes, 3 mejorables y 6 en la semana yo te marco. Pero aún en los relatos más débiles como “You can´t win” y “Fade in, Fade out”, hay una línea que inquieta.
Porque hay mucho de actitud en esto. Un buen cuento debe lograr ser leído y un mal cuento debe ser vigorosamente malo. A Rafa no le importa demasiado si Lejos del noise gustó, pero le emociona ver cómo reunió a esta gente. Lo cual es importante para él aunque no mucho más que un abrazo, una postal llegada de la Antártida o una pieza de pan dulce del AM/PM a las 3:40 de la madrugada, cosa tan común.
*Mr Phuy (aka Javier Fernandez Acevez)
posteado en: http://mr_phuy.blogspot.com/2003_06_01_mr_phuy_archive.html junio 2003
Libro de relatos de Rafa Saavedra (Moho Editores, 2003).
Texto leído en:
* Parroquia de Santa Clara, Colonia de Maipú, Chile. Mayo 29.
* Galería Adolph Gottlieb, Estocolmo, Suecia. Junio 2.
* Centro Cultural, Tijuana, México. Junio 12.
Es cosa de volteretas. He contado, hasta el día de ayer, ventiséis reseñas de Lejos del noise publicadas en Internet, además de por lo menos cien comentarios, aproximaciones, escupitajos y urras de todos colores. Desde la malsoñada fan que pregunta al autor “¿Por qué permites que una editorial afee tanto tu trabajo?”, hasta el lector incondicional de América del Sur que se ofrece para traducirlo a cuatro idiomas —aunque sabemos que Lejos del noise está escrito en cuatro idiomas— y compara al narrador de “Got. No. Time” con los himnos breves pero musculosos de Fugazi y Minor Threat.
El tercer libro de Rafa también llamó la atención a un grupo de médicos de Nuevo León que aprovechó los recesos del XVI Congreso Nacional de Hospitales y Clínicas contra la Osteoporosis para comentar Lejos del noise, bajo seudónimos hechos con ampoyeta y gasa, como era de esperarse. Black Diafragma alega que el relato “The problem with us” es un chantaje a las autoridades a raíz de la línea “¿Cómo retomar el timón de una vida so fucked up?”
Último Bisturí opina que Rafa escribió su libro en un procesador de palabras con alto nivel de triglicéridos, y asegura haber sufrido tal estremecimiento en la lectura que envió sus condolencias a Moho Editores y mantuvo a su familia en cuarentena. El úlitmo de los doctores, Mitocondria, que escribe con el tono grisáceo de los jubilados, habló desde el naturalismo y no dudo en clasificar a Rafa Saavedra como miembro de una especie en extinción.
Y aquí detuve la búsqueda. Qué cosa más light. Lo que sabemos de la extinción de las especies ha sido suavizado hasta el melodrama. Por un lado tenemos al eslabón perdido, que por décadas confundimos con el Sasquatch que luchaba contra Lee Majors, un salvaje de peluche comportándose como niño chiquito, y hoy se nos dice, por el contrario, que el eslabón perdido era una horda con tortícolis que fue abriéndose paso por las costas europeas mediante genocidios, mutilaciones y limpiezas étnicas que hacen ver Servia-Herzegovina como un clip del Discovery Kids. Mientras tanto el panda gigante, acosado por la piedad institucional de los civilizados, es indiferente al esfuerzo de tantos zoólogos que se queman las pestañas buscándole el punto G mientras el buen oso, que ve pasar los años mascando bambú con tal pachorra, no tiene ganas de reproducirse.
Envié al doctor Mitocondria un mail con estos argumentos, obviamente sin respuesta. La vara de los principios narrativos ve con malos ojos la escritura de Rafa, a pesar del feeling intoxicante y radioactivo que se contagia. Si tomamos como ciencia exacta la obra de escritores formados y formadores como Daniel Sada o Luis Humberto Crosthwaite, lo de Rafa es pura especulación. Una especulación que deja respirando las páginas de cada uno de sus libros y que lo mantiene fiel a tres o cuatro certezas de vida que no conozco, pero que intuyo aproximadamente.
Por hablar de calificación, doy a Lejos del noise un 7 en frescura, un 6 en ósmosis inversa, un 8 en siniestralidad y un 9 en la prueba del Carbono 14, la más ruda, que va en relación a su fecha de caducidad, que no se ve muy próxima. Es un libro irregular, pero esto es lo de menos. Lejos del noise reafirma el deseo de ver un volumen antológico con los mejores textos de Rafa, entre los cuales estarán sin duda “Ultrapop”, “Rollercoaster”, “Got. No. Time” y “Pánico en Iketa”, además de anteriores como “@” y “Vómito en el freeway”. Será una bomba.
Y luego esta lo otro. La definición del género, que implica una discusión aburridísima y fuera de caso, y el rol generacional, sea que se tome en serio o no a Rafa como micrófono ambulante de los afectos colectivos. “Rollercoaster” es de una integridad apabullante, no sé qué tan conciente, de una generación fiestera pero desangelada por la que el narrador siente una cariñosa antipatía y cuyo soundtrack natural es obra de los Happy Mondays. Con una advertencia: estoy seguro que Rafa no busca suscribirse en una generación determinada, pero esa tendencia genial a mixear imágenes, siempre en plural de primera persona, hace de cada texto un manifiesto. Mitad credo, mitad fobia, mitad ganas de seguir bailando.
Sólo en “Rollercoaster” hay 93 referencias al No. Entre caídas, arrepentimientos, soledades, retornos, retadrdos, sombras, negativas, contraórdenes, cegueras y arrebatos. Rafa, cuál es la frecuencia. No estás poniendo atención: no estoy aquí. No estás poniendo atención: esto no está sucediendo. No estás poniendo atención: mátame Sara. Rafa, cuál es el método. Uno muy divertido y fértil es que no te consideras escritor sino una especie de impostor mediático con el cerebro en shuffle.
A la literatura se le quiere, pero puede ir a chingar a su madre. Alguien pide a Rafa su colaboración para equis revista cultural, de sociales o fanzine de pasillo, y él despacha en minutos como se despachan tacos (él mismo lo define así). Todo nace con un detonador, que suele ser una pregunta:
a) Y tú qué prefieres, ¿una pluma húmeda o una lengua líquida?
b) ¿Qué harías con un metro cuadrado de velcro?
c) ¿Cuál es tu serial-killer favorito?
d) ¿Cómo metes dos hipócritas en un gabinete chino?
La respuesta se concatena bien o mal, pero llega después de un recorrido a toda velocidad, un zig-zag que te invita a bajar en la primera estación o a sostenerte con fuerza para esos espirales y esos loops. En el mejor de los casos. Porque en vez del paseo, puede venir una confrontación acerca de tu posición ante la vida, la fiesa y la ciudad, sus tres grandes carabelas.
La escritura de Rafa Saavedra fija los parámetros de latitud y longitud para muchos que estamos ahí, como satélites. Puede que sus textos estén (cómo decirlo) subproducidos, con ruido intencional pero también ruido que debilita y confunde, pero al escribir Rafa dirige su lámpara alrededor y entonces ve a los demás, en uno u otro cuadrante, mirándolo de reojo como referencia, y en algunos casos, como verdadero eje. Rafa es el Ecuador. Si deja de escribir, nos descoloca a todos.
Como sucede a Rafa con “Hearth of glass” de Blondie, Lejos del noise me hace sentir feliz. Aunque al llegar al final del libro haya olvidado la mitad de las imágenes y una hora después el 90%. Aunque de 16 relatos sólo 2 sean inmortales, 2 sustanciosos, 3 interesantes, 3 mejorables y 6 en la semana yo te marco. Pero aún en los relatos más débiles como “You can´t win” y “Fade in, Fade out”, hay una línea que inquieta.
Porque hay mucho de actitud en esto. Un buen cuento debe lograr ser leído y un mal cuento debe ser vigorosamente malo. A Rafa no le importa demasiado si Lejos del noise gustó, pero le emociona ver cómo reunió a esta gente. Lo cual es importante para él aunque no mucho más que un abrazo, una postal llegada de la Antártida o una pieza de pan dulce del AM/PM a las 3:40 de la madrugada, cosa tan común.
*Mr Phuy (aka Javier Fernandez Acevez)
posteado en: http://mr_phuy.blogspot.com/2003_06_01_mr_phuy_archive.html junio 2003
Suscribirse a:
Entradas (Atom)