(Tales from the Generation TJ) publicada en Bitácora el 13/03/95
No hay nada peor que no saber lo que le ocurrió uno el día anterior en el party o el fin de semana. A veces la resaca es brutal pero la situación empeora cuando intentas recordar que la provoco y dices, "Chin, ¿qué diablos paso ayer? Empiezan los remordimientos y las penurias ¿habré dicho eso o aquello, qué hice?. La incertidumbre es voraz.
A Miki le habían dicho que el ecstasy, esa pastilla blanca que compró en 15 dólares, era el pasaporte ansiado para conocer la euforia rave de la que tanto le habían hablado Fidel y Javi.
Los tres bajaron del auto justo a las diez pm tras haber bebido un par de cervezas King Cobra y apenas habían entrado al club, un bodegón abandonado en pleno downtown sandieguino, cuando se le acercó un chico con gorrito estrafalario y vestuario posmo a ofrecerles un hit de E bajo la cantaleta "Happy, you know what I mean?". Esa fue la contraseña, Miki pagó y por vez primera, tuvo en sus manos la dichosa pastilla.
"Es afrodisíaca, los cursis la llaman la droga del amor", le dijo Fidel, veterano en esas lides mientras que tragaba «rueditas azules» para entrar en trance. Miki hizó lo propio. De momento no sintió nada. "No te preocupes, tarda unos veinte minutos en hacer efecto", escuchó decir a Javi a punto de tragarse la pastilla. El tiempo transcurrió lentamente mientras bailaba dosis de house demencialmente progresivo, ondas rítmicas enviadas por el discjockey de turno. Sin darse cuenta, Miki empezó a agitar los brazos, estirando el cuerpo como intentando atrapar alguna sensación; cuando creía que lo había logrado, caminaba de un lado a otro con aquellos pies que a cada momento le pertenecían menos. ¿Can you feel it?, repetía en voz alta y los gringos, veloces players en roles anfetaminicos, solo reían y se volvían a reír.
Javi se entretenía mirando las transparencias, imágenes líquidas de sueños difusos, cuando lo vió trastabillar en la escaler y aunque batallo un poco, logró asirlo por el brazo y detener la inminente caída. ¿Are you ok?, retumbó en su cabeza, penetro los sentidos e hizo eco ahí, en el epicentro neuroemocional de Miki a los diecinueve años. Casi cargándolo, Javi lo sentó en un sillón, -las ventajas del chill out room, pensó-, fue por una botella de Evian que Miki se bebió en cuestión de segundos. Y empezó a divagar bajo los efectos: "No necesito una decisión lógica para crear pánico de manera rápida, distraerse en tiempo es fuera de lugar. ¿Verdad que Dios es un sueño privado de esperanza?". Nadie podía contestar, el instante de escapismo les pertenecía a todos.
Fidel seguía bailando con la conciencia expandida y el furor interno manifestado en unos movimientos hipnóticos, minimales y repetitivos que seguían hábilmente la secuencia sónico-ambiental impuesta por el chamán de las tornamesas. Javi, olvidándose del pasón de Miki por un momento, se puso a ligar con una chica japonesa que bailaba como poseída el insinuante fraseo de una cálida voz extranjera. Es un bootleg de Portishead, le dijo ella. Dáme tu número de fax I want a date with you, proponía Javi en acción. Claro, a fuck is a fuck, so what? Cuando volvió al sillón, Miki estaba tan pálido que sólo alcanzaba a decir un "me siento mal, me siento mal" hasta que se quedó dormido en medio de aquel bullicio. Javi en pleno bajón también se quedo dormido, sentado en aquel sillón, hasta que Fidel les echó agua en la cara y les dijo: "Órale, son las seis am. Ya nos vamos". Ni Miki ni Javi supieron como llegaron a su casa.
Suena el teléfono. Es Javi quien pregunta: Oye Fidel, ¿fuimos anoche a un rave o quién diablos paro mi reloj a las diez?
jueves, 7 de diciembre de 2006
miércoles, 6 de diciembre de 2006
INSTANTANEAS DEL DESCONCIERTO no. 6
(Tales from the Generation TJ) publicada en Bitácoa el 27/02/95
I.
Cruce la calle. La luz verde del semáforo se mezclaba con el olor de la alcantarilla, el puesto de hot-dogs y el uniforme negro del Grupo Táctico descontrolándome sin saber porque; estoy más que ebrio, pasmado en una nube de juegos peligrosos. La voz de Gladys, "Hey Javi ¿qué haces?", provoca la vuelta momentánea a la realidad. La veo, sentada en una banca de madera en la calle Constitución, vestida de blanco y negro y me veo, con mis ojos de bujías, dándole un beso en la mejilla. Voy a..., le digo, no sé ¿tú que haces? que frío tengo, me voy a sentar.
Ella me mira con aquellos ojos repletos de curiosidad como pensando ¿qué le pasa a este? Es muy extraño, le comento, hace unos diez años vine por primera vez a esta..., me rió ¿sabes a qué? Queríamos autógrafos de David Haro, el que cantaba ¿cómo se llamaba la canción? No me acuerdo. Gladys inquiere de manera casual ¿no era ese el esposo de una conductora de tele bien fea? Oh no, le digo, ese es Álvaro Dávila y su esposa Paty Chapoy. Es tan estúpido que sepamos esas cosas Gladys pero ella no atiende, está escuchando la conversación telefónica de un maricón vestido completamente de rojo. "Te odio, Toña, te odio. Ve por tus cosas cuando yo no este, cabrona", dice el susodicho y cuelga furibundo el auricular, se da una media vuelta y vemos por fin su cara, trinando de coraje.
Ah, la vida de la otra gente es siempre más divertida que la propia o, al menos, eso parece. Unos cuantos minutos después pasa por ahí Gerapunk, amigazo de prepa y prototipo '89 del look pre-grunge; recuerdo que él me invito mi primera cerveza -una Coors- que nos tomamos afuera del Iguanas antes de entrar a un concierto. Las preguntas de rigor: ¿Cómo te ha ido? Bien. ¿Qué haces? Nada ¿Estás trabajando? No.
Esta última respuesta nos liga en la plática a Gerapunk, Gladys y a mí: ninguno trabaja y ninguno tiene la mínima intención de hacerlo. ¿Cómo le haces?, pregunta interesado Gerapunk y yo, le digo desvergonzadamente, I’m a profesional blagger. Nos enfrascamos en una discusión sobre lo que se necesita para ser uno de ellos: primero, les digo, no juntarse con gente de menos recursos económicos que uno;"Si", asienta Gladys con una sonrisa casi matutina; "pedir dinero prestado pero nunca prestar y conseguirse alguien con coche para eso de los rides", agrega Gerapunk. Claro, digo, tener buena apariencia personal, una que otra vez pagar algo (lo más barato), contar con amigos que te presten la ropa adecuada y no dar el mínimo indicio de tu ausencia de fondos.
La risa nos gana y atrae el interés de una señora regordeta en sus sixties, que me mira tratando de reconocerme. Desde la banca, jugando al payaso, alzó el brazo derecho y con los dedos le lanzo un peace & love. Ella lo toma como contraseña, se acerca a saludarnos presentándose como Gloria e interviene un poco en la conversación. Después me enteraría que es un big personaje en el submundo de la Zona Norte.
Empieza a llover, Gerapunk se marcha a su casa y yo camino con Gladys casi a la una y media de la madrugada por el callejón, contándole mi último desatino amoroso. ¿Gloria? se aleja risueña esperando otra ocasión para conocerme mejor.
I.
Cruce la calle. La luz verde del semáforo se mezclaba con el olor de la alcantarilla, el puesto de hot-dogs y el uniforme negro del Grupo Táctico descontrolándome sin saber porque; estoy más que ebrio, pasmado en una nube de juegos peligrosos. La voz de Gladys, "Hey Javi ¿qué haces?", provoca la vuelta momentánea a la realidad. La veo, sentada en una banca de madera en la calle Constitución, vestida de blanco y negro y me veo, con mis ojos de bujías, dándole un beso en la mejilla. Voy a..., le digo, no sé ¿tú que haces? que frío tengo, me voy a sentar.
Ella me mira con aquellos ojos repletos de curiosidad como pensando ¿qué le pasa a este? Es muy extraño, le comento, hace unos diez años vine por primera vez a esta..., me rió ¿sabes a qué? Queríamos autógrafos de David Haro, el que cantaba ¿cómo se llamaba la canción? No me acuerdo. Gladys inquiere de manera casual ¿no era ese el esposo de una conductora de tele bien fea? Oh no, le digo, ese es Álvaro Dávila y su esposa Paty Chapoy. Es tan estúpido que sepamos esas cosas Gladys pero ella no atiende, está escuchando la conversación telefónica de un maricón vestido completamente de rojo. "Te odio, Toña, te odio. Ve por tus cosas cuando yo no este, cabrona", dice el susodicho y cuelga furibundo el auricular, se da una media vuelta y vemos por fin su cara, trinando de coraje.
Ah, la vida de la otra gente es siempre más divertida que la propia o, al menos, eso parece. Unos cuantos minutos después pasa por ahí Gerapunk, amigazo de prepa y prototipo '89 del look pre-grunge; recuerdo que él me invito mi primera cerveza -una Coors- que nos tomamos afuera del Iguanas antes de entrar a un concierto. Las preguntas de rigor: ¿Cómo te ha ido? Bien. ¿Qué haces? Nada ¿Estás trabajando? No.
Esta última respuesta nos liga en la plática a Gerapunk, Gladys y a mí: ninguno trabaja y ninguno tiene la mínima intención de hacerlo. ¿Cómo le haces?, pregunta interesado Gerapunk y yo, le digo desvergonzadamente, I’m a profesional blagger. Nos enfrascamos en una discusión sobre lo que se necesita para ser uno de ellos: primero, les digo, no juntarse con gente de menos recursos económicos que uno;"Si", asienta Gladys con una sonrisa casi matutina; "pedir dinero prestado pero nunca prestar y conseguirse alguien con coche para eso de los rides", agrega Gerapunk. Claro, digo, tener buena apariencia personal, una que otra vez pagar algo (lo más barato), contar con amigos que te presten la ropa adecuada y no dar el mínimo indicio de tu ausencia de fondos.
La risa nos gana y atrae el interés de una señora regordeta en sus sixties, que me mira tratando de reconocerme. Desde la banca, jugando al payaso, alzó el brazo derecho y con los dedos le lanzo un peace & love. Ella lo toma como contraseña, se acerca a saludarnos presentándose como Gloria e interviene un poco en la conversación. Después me enteraría que es un big personaje en el submundo de la Zona Norte.
Empieza a llover, Gerapunk se marcha a su casa y yo camino con Gladys casi a la una y media de la madrugada por el callejón, contándole mi último desatino amoroso. ¿Gloria? se aleja risueña esperando otra ocasión para conocerme mejor.
martes, 5 de diciembre de 2006
INSTANTANEAS DEL DESCONCIERTO no. 5
¿qué sabes tú de la vida si nunca haz besado a un burro?
(publicada en Bitácora el 20/02/95)
Mayté es una incrédula, todo lo que digo le parece exagerado o una mentira virtual. Los fines de semana delirantes, cargados de sucesos inexplicables y gente weird le parecían invenciones del típico chico clase media, g-exer's para ser exacto, con mucha imaginación y poco seso en el cajón cerebral. Ay Mayté, le dije una noche por teléfono, ¿qué sabes tú de la vida si nunca haz besado a un burro? Ok!, lo admito, esa es una de las frases malditas que cualquiera de mis amigos evita que diga; realmente no sé porque si mal no recuerdo la leí en La Regla Rota, una revista chilanga entre el porno soft y la literatura pacheca, muy divertida.
Voy por ti y me explicas ese rollo, dijo y colgó el phone. Chin, yo ya había quedado de salir con Fidel & Co. a un werehouse rave en San Diego. Llamo a Fidel a su buzón de voz para escuchar el mensaje que dejo: "Agarrénse de Dios que el mundo se acaba, Cristo viene...". Qué mamón, pienso, otra vez grabó a ese radioevangelista que me cae tan mal. Espero el tono y digo: "Ya cambia de mensaje stupid, le cancelaron su pasaje a Cristo y siempre no viene. A'i me cuentas que tal el rave, salgo con...., bueno que te importa a ti con quien salga. ¿Vale? adiós".
Asunto solucionado, entre el baño, unos videos y una copita me dan la hora y cuando me asomo por la ventana, veo a una Mayte con cabellos húmedos y una sonrisa de oreja a oreja gritando mi nombre. Salgo de inmediato, primero pasamos a los tacos ("es que no he tragado nada", explica mientras se estaciona frente a un puesto callejero) y luego a la plaza.
I don't care, le digo sin saber a que me refiero, mientras bebo una sangría en el Huesitos, uno de los últimos refugios de la tribu alterna tijuanera. Garcon, combien vous dois-je?, empieza a decir Mayte y le tengo que recordar en donde estamos. Diablos, esa sangría es una mezcla killer o si no hay que preguntarle a esa chica regordeta que le confiesa a su amiga, flaquita ella, "ay, me siento bien pendeja" que se toma para andar en el mismo tren. Mayte habla y habla, me dice "Te cotizas caro" cuando le paga al mesero y agrega un "Tenez et gardez le reste".
Salimos del bar, recorremos la plaza buscando a alguien conocido y bueno, nos encontramos a El Greñas, un amigo nuestro rockero heavy aferrado como pocos, y decidimos entrar al Sótano. Uy, comento, hace un año que no venía desde que Fidel y yo hicimos un pisa y corre. Los Cranberries son coreados en todas las mesas, todos padecemos del mismo mal "in your head". No me siento a gusto ahí y salimos a buscar otro sitio, a las dos de la mañana parece que nuestra única opción es ese lugar a donde dije que nunca más volvería a entrar, ya saben una pelea con los changos que tienen como seguridad.
Entro como bólido al baño. Hola Javier ¿qué onda contigo, sigues igual?. Por Dios, por eso odio este lugar. Esquivo cuerpos y caras hasta llegar a la barra, en donde está Mayte y El Greñas pidiendo unas caguas. Me sirvo y escucho sorprendido a Love and Rockets, una chica al lado pregunta estúpidamente ¿te gustan?. No, mis favoritos son Willie Nelson, Grace Jones, Parchís y los Beach Boys, Idon'tcarecomotellamas. A El Greñas le ofrecen cristal pero creo que un mesero escucha la proposición porque se fue tras el dealer y entre medio de toda la gente veo como un par de policías ponen al chico contra la pared y lo empiezan a registrar bien canijo. Mayté me presenta a una amiga suya, bonitilla y de lentes, diciéndome que sabe que ella y yo nos vamos a llevar muy bien y yo, en plan mamón, le pregunto a la chica: "Eres chismosa" y ella contesta que si, "te gusta criticar a la gente" y un sí, "eres mentirosa" y otro sí. Ah, creo que sí nos vamos a llevar muy bien, adoro a la gente superficial.
A lo lejos diviso a Cosme, el de Café Tacuba y lo saludo con la mano en alto; viene con otros dos Tacubos, un amigo mío y con el dueño del changarro. Llega y ya borracho, yo no él, le digo que el disco nuevo me gusto mogollón y etece y etece mientras firma autógrafos. Un chico insiste en entrevistarlo para el Zeta. Lo veo y le digo "Tú no trabajas ahí"; para colmo, unos mega trolos que iban conmigo en la prepa se acercan y me saludan efusivamente pensando que vengo con los Tacubos. Ay Dios, esa gente es de pena ajena, estaba pensando decirle a Mayté cuando la veo pidiendo autógrafos. ¡Qué grupi!, le digo y voy otra cerveza.
Cosme estaba cante y cante esa de "I like to moving, moving" así que cuando me entero que quieren ir a la Baby Rock de nuevo, me ofrezco a llevarlos. ¿Tienes nave?, pregunta Cosme y en ese momento me acorde que era chilango, él no yo. Y allá vamos, Mayte, su amiga, Cosme, dos secres suyos y yo; Cosme dice que a la mejor no puede meter a todos cuando yo le digo que no tengo la intención de pagar por entrar a esa cosa. Tocamos una de las puertas laterales y esperamos un momento a que nos abran. Cuando lo hacen, Cosme dice: "Ellos dos vienen conmigo y él también" y yo agregó, "y ellas vienen conmigo" jalando a Mayte y a su amiga. Bien, ya estamos adentro pero ¿ dónde está la gente? Uta, pero si son las cuatro AM ya. Otra vez al baño, salimos para llevarlos al hotel pero no se salvaron que Mayté empezará con su ronda de preguntas tontas: ¿Quién te pinta el pelo? Mi novia. ¿Con qué te lo pinta? No recuerdo la marca. ¿Tus faldas son plisadas o lisas?
Yo no aguanto la risa y cuando se bajan le digo a Mayte, "Quelle honte! vous aves mal agi" y ella con sus cabellos secos y una sonrisa de oreja a oreja grita en un estacionamiento de Pueblo Amigo su tradicional "Pas de quoi, my friend", enciende el motor del auto y enfila hacia el highway. Otro viernes queda atrás.
(publicada en Bitácora el 20/02/95)
Mayté es una incrédula, todo lo que digo le parece exagerado o una mentira virtual. Los fines de semana delirantes, cargados de sucesos inexplicables y gente weird le parecían invenciones del típico chico clase media, g-exer's para ser exacto, con mucha imaginación y poco seso en el cajón cerebral. Ay Mayté, le dije una noche por teléfono, ¿qué sabes tú de la vida si nunca haz besado a un burro? Ok!, lo admito, esa es una de las frases malditas que cualquiera de mis amigos evita que diga; realmente no sé porque si mal no recuerdo la leí en La Regla Rota, una revista chilanga entre el porno soft y la literatura pacheca, muy divertida.
Voy por ti y me explicas ese rollo, dijo y colgó el phone. Chin, yo ya había quedado de salir con Fidel & Co. a un werehouse rave en San Diego. Llamo a Fidel a su buzón de voz para escuchar el mensaje que dejo: "Agarrénse de Dios que el mundo se acaba, Cristo viene...". Qué mamón, pienso, otra vez grabó a ese radioevangelista que me cae tan mal. Espero el tono y digo: "Ya cambia de mensaje stupid, le cancelaron su pasaje a Cristo y siempre no viene. A'i me cuentas que tal el rave, salgo con...., bueno que te importa a ti con quien salga. ¿Vale? adiós".
Asunto solucionado, entre el baño, unos videos y una copita me dan la hora y cuando me asomo por la ventana, veo a una Mayte con cabellos húmedos y una sonrisa de oreja a oreja gritando mi nombre. Salgo de inmediato, primero pasamos a los tacos ("es que no he tragado nada", explica mientras se estaciona frente a un puesto callejero) y luego a la plaza.
I don't care, le digo sin saber a que me refiero, mientras bebo una sangría en el Huesitos, uno de los últimos refugios de la tribu alterna tijuanera. Garcon, combien vous dois-je?, empieza a decir Mayte y le tengo que recordar en donde estamos. Diablos, esa sangría es una mezcla killer o si no hay que preguntarle a esa chica regordeta que le confiesa a su amiga, flaquita ella, "ay, me siento bien pendeja" que se toma para andar en el mismo tren. Mayte habla y habla, me dice "Te cotizas caro" cuando le paga al mesero y agrega un "Tenez et gardez le reste".
Salimos del bar, recorremos la plaza buscando a alguien conocido y bueno, nos encontramos a El Greñas, un amigo nuestro rockero heavy aferrado como pocos, y decidimos entrar al Sótano. Uy, comento, hace un año que no venía desde que Fidel y yo hicimos un pisa y corre. Los Cranberries son coreados en todas las mesas, todos padecemos del mismo mal "in your head". No me siento a gusto ahí y salimos a buscar otro sitio, a las dos de la mañana parece que nuestra única opción es ese lugar a donde dije que nunca más volvería a entrar, ya saben una pelea con los changos que tienen como seguridad.
Entro como bólido al baño. Hola Javier ¿qué onda contigo, sigues igual?. Por Dios, por eso odio este lugar. Esquivo cuerpos y caras hasta llegar a la barra, en donde está Mayte y El Greñas pidiendo unas caguas. Me sirvo y escucho sorprendido a Love and Rockets, una chica al lado pregunta estúpidamente ¿te gustan?. No, mis favoritos son Willie Nelson, Grace Jones, Parchís y los Beach Boys, Idon'tcarecomotellamas. A El Greñas le ofrecen cristal pero creo que un mesero escucha la proposición porque se fue tras el dealer y entre medio de toda la gente veo como un par de policías ponen al chico contra la pared y lo empiezan a registrar bien canijo. Mayté me presenta a una amiga suya, bonitilla y de lentes, diciéndome que sabe que ella y yo nos vamos a llevar muy bien y yo, en plan mamón, le pregunto a la chica: "Eres chismosa" y ella contesta que si, "te gusta criticar a la gente" y un sí, "eres mentirosa" y otro sí. Ah, creo que sí nos vamos a llevar muy bien, adoro a la gente superficial.
A lo lejos diviso a Cosme, el de Café Tacuba y lo saludo con la mano en alto; viene con otros dos Tacubos, un amigo mío y con el dueño del changarro. Llega y ya borracho, yo no él, le digo que el disco nuevo me gusto mogollón y etece y etece mientras firma autógrafos. Un chico insiste en entrevistarlo para el Zeta. Lo veo y le digo "Tú no trabajas ahí"; para colmo, unos mega trolos que iban conmigo en la prepa se acercan y me saludan efusivamente pensando que vengo con los Tacubos. Ay Dios, esa gente es de pena ajena, estaba pensando decirle a Mayté cuando la veo pidiendo autógrafos. ¡Qué grupi!, le digo y voy otra cerveza.
Cosme estaba cante y cante esa de "I like to moving, moving" así que cuando me entero que quieren ir a la Baby Rock de nuevo, me ofrezco a llevarlos. ¿Tienes nave?, pregunta Cosme y en ese momento me acorde que era chilango, él no yo. Y allá vamos, Mayte, su amiga, Cosme, dos secres suyos y yo; Cosme dice que a la mejor no puede meter a todos cuando yo le digo que no tengo la intención de pagar por entrar a esa cosa. Tocamos una de las puertas laterales y esperamos un momento a que nos abran. Cuando lo hacen, Cosme dice: "Ellos dos vienen conmigo y él también" y yo agregó, "y ellas vienen conmigo" jalando a Mayte y a su amiga. Bien, ya estamos adentro pero ¿ dónde está la gente? Uta, pero si son las cuatro AM ya. Otra vez al baño, salimos para llevarlos al hotel pero no se salvaron que Mayté empezará con su ronda de preguntas tontas: ¿Quién te pinta el pelo? Mi novia. ¿Con qué te lo pinta? No recuerdo la marca. ¿Tus faldas son plisadas o lisas?
Yo no aguanto la risa y cuando se bajan le digo a Mayte, "Quelle honte! vous aves mal agi" y ella con sus cabellos secos y una sonrisa de oreja a oreja grita en un estacionamiento de Pueblo Amigo su tradicional "Pas de quoi, my friend", enciende el motor del auto y enfila hacia el highway. Otro viernes queda atrás.
lunes, 4 de diciembre de 2006
INSTANTANEAS DEL DESCONCIERTO no.4
(tales from the Generation TJ) publicada en Bitácora el 06/02/95
¿Cómo puedes sobrevivir detrás de esas gafas negras?, me pregunta Javi, economista bilingüe sin trabajo y uno de mis mejores amigos, mientras caminamos por el centro de la ciudad en una búsqueda inútil por el último ejemplar de Fangoria en español. Despreocupadamente suelto un "Junto botes de aluminio y los vendo" al detenernos en el puesto que está a la salida del ex Palacio Municipal en donde observo las portadas de otras revistas (Insólito, Eres, Proceso, Conecte). Ninguna me interesa lo suficiente para comprarla así que le digo: "Por qué no vamos a las donas que están en la acera de enfrente para discutir con café y pan, ese y otros asuntos".
TODOS TIENEN MIEDO CUANDO LLEGA ESTE MOMENTO
Acepta. Lo conozco desde hace más de siete años y es la primera vez que lo veo tan abatido. No es la típica "depre" tipo revista juvenil que habitualmente carga para epatar a Suzi, su novia o a las bestias que tiene como padres. No sabe como empezar, da vueltas al problema hasta que yo menciono la palabra depresión. "Si, asienta, hablemos de depresión" y deja caer como torrente frases sentidas a las que la emoción les gana en coherencia: "Siento que mi vida es una bolsa sin fondo que nunca se llena. Trate de hacerlo con trabajo, amigos, vino, novia, sexo, religión, fiestas y nada. De verdad, traté y ahora me doy cuenta que sigue vacía como al inicio o peor. ¿En dónde están mis sueños? Creo que los perdí en una noche full de alcohol o en el fracaso de una carrera chatarra, en esa oficina llena de estúpidos complacientes o en la búsqueda frenética por mi salvación eterna, en una pasión que no me lleva a ningún lado o en esos lamentos convertidos en obsesiones, Tantos amigos y nadie tiene tiempo para escucharme. ¿Mi familia?, por Dios, para ellos sería mejor que estuviera lejos. No sé, Suzi siempre con la pretensión de ser lo que no es, me arrastra en su juego de poses e imagen. Cómo odio mi vida."
-Oye Javi, estas donas están re'malas... No me escucha, sigue con su rollo: "Quizá sea mejor así; pasar de todo, tomar un valium y luego otro y otro. Caer dormido y no levantarme más, que la mañana me sorprenda inmóvil, frío y ya lejano..." Lo interrumpó con un "Claro, pero me dejas tus compactos y ese libro de Manuel Maples que tanto me gusta". Le doy un sorbo al café y luego pienso "Uta, ya ni chingo" pero como ya la regué le digo que no comente con nadie que se quiere suicidar porque perderá el elemento sorpresa y todos dirán "Ay, que trsite. Siempre sí lo hizo" y que es mejor que digan "¿Cómo? no lo creo". Es más glamoroso ¿no?,
NO PUEDES VOLVER ATRAS, ERES EL HEROE DE LA HISTORIA
Para animarlo me pongo a cantar "Problems" en el más puro estilo sex pistoliano: Fuck you all my problems. Problem, got a problem. The problem is you, what you gonna do? El señor de la mesa de al lado, receloso me enseña los dientes. Yo, en plan superstar, me quito los lentes para decirle "Hola, buenas noches". Me hago el chistoso un rato más pero luego le hablo a Javi en serio. Le comento que Oscar Wilde (el Morrisey del siglo pasado) denominaba "enamorados de la melancolía" a sujetos como él y que, bueno, también yo paso por un momento similar y que lo mismo le sucede a Ana, Miki, Fidel y demás. A todos nos ocurre a esta edad, un maestro la llamaba crisis en contra de la madurez y nos recomendaba ver "Dinner" con Mickey Rourke. Es muy duro enfrentarse a la vida cuando no se tienen ya ganas de hacerlo ni se tiene algo por que hacerlo pero la cosa es no dejarse vencer.
-No te preocupes tanto y cómete tu dona ya ves, le digo, lo que sufrió Reni, la afligida protagonista de la novela de moda: tuvo todo, lo perdió todo y está volviendo a empezar. Si ella pud,o ¿por qué tú no?
¿Cómo puedes sobrevivir detrás de esas gafas negras?, me pregunta Javi, economista bilingüe sin trabajo y uno de mis mejores amigos, mientras caminamos por el centro de la ciudad en una búsqueda inútil por el último ejemplar de Fangoria en español. Despreocupadamente suelto un "Junto botes de aluminio y los vendo" al detenernos en el puesto que está a la salida del ex Palacio Municipal en donde observo las portadas de otras revistas (Insólito, Eres, Proceso, Conecte). Ninguna me interesa lo suficiente para comprarla así que le digo: "Por qué no vamos a las donas que están en la acera de enfrente para discutir con café y pan, ese y otros asuntos".
TODOS TIENEN MIEDO CUANDO LLEGA ESTE MOMENTO
Acepta. Lo conozco desde hace más de siete años y es la primera vez que lo veo tan abatido. No es la típica "depre" tipo revista juvenil que habitualmente carga para epatar a Suzi, su novia o a las bestias que tiene como padres. No sabe como empezar, da vueltas al problema hasta que yo menciono la palabra depresión. "Si, asienta, hablemos de depresión" y deja caer como torrente frases sentidas a las que la emoción les gana en coherencia: "Siento que mi vida es una bolsa sin fondo que nunca se llena. Trate de hacerlo con trabajo, amigos, vino, novia, sexo, religión, fiestas y nada. De verdad, traté y ahora me doy cuenta que sigue vacía como al inicio o peor. ¿En dónde están mis sueños? Creo que los perdí en una noche full de alcohol o en el fracaso de una carrera chatarra, en esa oficina llena de estúpidos complacientes o en la búsqueda frenética por mi salvación eterna, en una pasión que no me lleva a ningún lado o en esos lamentos convertidos en obsesiones, Tantos amigos y nadie tiene tiempo para escucharme. ¿Mi familia?, por Dios, para ellos sería mejor que estuviera lejos. No sé, Suzi siempre con la pretensión de ser lo que no es, me arrastra en su juego de poses e imagen. Cómo odio mi vida."
-Oye Javi, estas donas están re'malas... No me escucha, sigue con su rollo: "Quizá sea mejor así; pasar de todo, tomar un valium y luego otro y otro. Caer dormido y no levantarme más, que la mañana me sorprenda inmóvil, frío y ya lejano..." Lo interrumpó con un "Claro, pero me dejas tus compactos y ese libro de Manuel Maples que tanto me gusta". Le doy un sorbo al café y luego pienso "Uta, ya ni chingo" pero como ya la regué le digo que no comente con nadie que se quiere suicidar porque perderá el elemento sorpresa y todos dirán "Ay, que trsite. Siempre sí lo hizo" y que es mejor que digan "¿Cómo? no lo creo". Es más glamoroso ¿no?,
NO PUEDES VOLVER ATRAS, ERES EL HEROE DE LA HISTORIA
Para animarlo me pongo a cantar "Problems" en el más puro estilo sex pistoliano: Fuck you all my problems. Problem, got a problem. The problem is you, what you gonna do? El señor de la mesa de al lado, receloso me enseña los dientes. Yo, en plan superstar, me quito los lentes para decirle "Hola, buenas noches". Me hago el chistoso un rato más pero luego le hablo a Javi en serio. Le comento que Oscar Wilde (el Morrisey del siglo pasado) denominaba "enamorados de la melancolía" a sujetos como él y que, bueno, también yo paso por un momento similar y que lo mismo le sucede a Ana, Miki, Fidel y demás. A todos nos ocurre a esta edad, un maestro la llamaba crisis en contra de la madurez y nos recomendaba ver "Dinner" con Mickey Rourke. Es muy duro enfrentarse a la vida cuando no se tienen ya ganas de hacerlo ni se tiene algo por que hacerlo pero la cosa es no dejarse vencer.
-No te preocupes tanto y cómete tu dona ya ves, le digo, lo que sufrió Reni, la afligida protagonista de la novela de moda: tuvo todo, lo perdió todo y está volviendo a empezar. Si ella pud,o ¿por qué tú no?
domingo, 3 de diciembre de 2006
INSTANTANEAS DEL DESCONCIERTO no. 3
La city se droga publicada en Bitácora el 30/01/95
Unos años atrás, el conocido dibujante tapatío Jis (¿o fue Trino?) causo furor en el círculo posmo local declarando en la sala de lecturas del Cecut aquello de que no recomendaría a nadie el uso de drogas pero si alguno decidía hacerlo, sólo aconsejaba "Prudencia y adelante". El comentario salió a colación cuando Carmen -una chica universitaria con la que me encuentro ocasionalmente en alguna expo fotográfica o lectura- me dijo: "Es tan estúpido, es una moda" cuando le señale por la ventana del restaurante a un grupo de chicos, drogatas inexpertos tambaleándose en Prozac. Le dio un sorbo a su café para después recitar irónica "Uy sí, no que the groove is in the heart".
Le comento que hay quien afirma que esta generación es el fracaso de cualquier campaña antidroga, que gracias a nuestra cercanía con San Diego el consumo entre los jóvenes tijuaneros se ha disparado a cifras alarmantes y que para muchos de ellos es como una constancia o la prueba irrebatible de que tal alternativos o modernos son. Se ve en la calle, es el espíritu de los tiempos manifestándose en chicos y chicas que pasan de todo; nuevos nihilistas que se adscriben a una particular fiesta hedonista en tiempo de crisis. La lista de invitados es larga: por un lado están los pachecos (partidarios de la mariguana y anfetas de diverso calibre), los groovies (afectos a cosas como Ecstasy, LSD, Cloud 9 o Soma), los pericos (favorecedores de la cocaína o cristal) y los pirados (enganchados en la heroína, crack y tal). Es como un circo en el que caben los payasos pendencieros o risueños, malabaristas de las apariencias, curiosos en búsqueda incesante de emociones, domadores de la bestia interior, el glamour decadente y el olor tan característico de la mierda. No, esto no es alternativo.
Pero el asunto es serio, el usuario no es únicamente ese joven de barrio que vemos en la tele diciendo que lo hace para "sentirse machín" o para que lo aceptaran sus cuates; el estereotipo sirve de burla en fiestas y se ha recreado sarcásticamente en videopelículas y ahora, cuando alguien tiene un comportamiento extraño ya no se pregunta ¿qué tienes? sino ¿qué drogas usas? y se advierte: "Las drogas destruyen pero también instruyen. Cuídate, tu vales mucho y mereces respeto". Desafortunamente, el aspirante a machín del barrio nunca ha hecho el viaje solo, lo han acompañado siempre desde la joven maquiladora hasta el corredor de bolsa pasando por las diversas tribus urbanas (ricas y pobres, religiosas y ateas, educadas y analfabetas, etc. y etc. La droga, pues, se ha convertido en la interfase entre el ambiente y el momento y bueno, tal parece que nadie tiene la intención de permanecer al margen.
"Y es que si Bill Clinton, de joven, fumo "hierba" y filósofos destacados como Fernando Savater proponen la legalización de la droga, yo no entiendo porque no se le da a la gente el poder de decidir si hacerlo o no", nos interrumpe su amiga Alicia, que continua eufórica: "ya no se busca en el trip descubrir la trascendencia de la vida como aspiraban los hippies y demás acólitos de la drug culture ni tampoco el aburrido escapismo de los suicidas de closet y demás crías existencialistas. Para nosotros, me incluyo, esto toma la forma de un largo camino de sueños interminables y el desvergonzado refrán de: aquí estamos, diviértenos".
Termina y yo creo que ha de esperar que le aplaudamos por su speech pero mejor retomo su comentario para indicarles a las dos que ya se puede hablar de un "drogadicto social" como aquel que consume equis sustancia en una determinada situación (fiesta, concierto, baile, etc.) pero que no tiene el hábito ni la necesidad apremiante de volver a hacerlo y que, por otra parte, no presenta los síntomas característicos de la adicción por lo que no le da mucha importancia al asunto. Vamos, no le quita el sueño ni le ocasiona remordimientos.
Carmen insiste: "Tienes que escribir algo al respecto, da la voz de alarma o el grito de ayuda", le digo que si pero que me diga cual es su conclusión y bueno, se tarda en ello unos cuantos minutos. Al momento de despedirnos me entrega una hoja de papel que tenía escrito lo siguiente: "Tijuana no se da cuenta que pierde a su juventud narcotizada en constantes subidas y bajadas, sedada y temerosa; he ahí el resultado de la crisis de valores que padecemos, de la pésima educación que recibimos, de la falta de esperanza en el futuro, de la desconfianza en todo, de la glorificación en los medios de la lujosa vida de los narcos (ah! pero querían ratings y tiraje)". No te traumes Carmen, let it be.
Unos años atrás, el conocido dibujante tapatío Jis (¿o fue Trino?) causo furor en el círculo posmo local declarando en la sala de lecturas del Cecut aquello de que no recomendaría a nadie el uso de drogas pero si alguno decidía hacerlo, sólo aconsejaba "Prudencia y adelante". El comentario salió a colación cuando Carmen -una chica universitaria con la que me encuentro ocasionalmente en alguna expo fotográfica o lectura- me dijo: "Es tan estúpido, es una moda" cuando le señale por la ventana del restaurante a un grupo de chicos, drogatas inexpertos tambaleándose en Prozac. Le dio un sorbo a su café para después recitar irónica "Uy sí, no que the groove is in the heart".
Le comento que hay quien afirma que esta generación es el fracaso de cualquier campaña antidroga, que gracias a nuestra cercanía con San Diego el consumo entre los jóvenes tijuaneros se ha disparado a cifras alarmantes y que para muchos de ellos es como una constancia o la prueba irrebatible de que tal alternativos o modernos son. Se ve en la calle, es el espíritu de los tiempos manifestándose en chicos y chicas que pasan de todo; nuevos nihilistas que se adscriben a una particular fiesta hedonista en tiempo de crisis. La lista de invitados es larga: por un lado están los pachecos (partidarios de la mariguana y anfetas de diverso calibre), los groovies (afectos a cosas como Ecstasy, LSD, Cloud 9 o Soma), los pericos (favorecedores de la cocaína o cristal) y los pirados (enganchados en la heroína, crack y tal). Es como un circo en el que caben los payasos pendencieros o risueños, malabaristas de las apariencias, curiosos en búsqueda incesante de emociones, domadores de la bestia interior, el glamour decadente y el olor tan característico de la mierda. No, esto no es alternativo.
Pero el asunto es serio, el usuario no es únicamente ese joven de barrio que vemos en la tele diciendo que lo hace para "sentirse machín" o para que lo aceptaran sus cuates; el estereotipo sirve de burla en fiestas y se ha recreado sarcásticamente en videopelículas y ahora, cuando alguien tiene un comportamiento extraño ya no se pregunta ¿qué tienes? sino ¿qué drogas usas? y se advierte: "Las drogas destruyen pero también instruyen. Cuídate, tu vales mucho y mereces respeto". Desafortunamente, el aspirante a machín del barrio nunca ha hecho el viaje solo, lo han acompañado siempre desde la joven maquiladora hasta el corredor de bolsa pasando por las diversas tribus urbanas (ricas y pobres, religiosas y ateas, educadas y analfabetas, etc. y etc. La droga, pues, se ha convertido en la interfase entre el ambiente y el momento y bueno, tal parece que nadie tiene la intención de permanecer al margen.
"Y es que si Bill Clinton, de joven, fumo "hierba" y filósofos destacados como Fernando Savater proponen la legalización de la droga, yo no entiendo porque no se le da a la gente el poder de decidir si hacerlo o no", nos interrumpe su amiga Alicia, que continua eufórica: "ya no se busca en el trip descubrir la trascendencia de la vida como aspiraban los hippies y demás acólitos de la drug culture ni tampoco el aburrido escapismo de los suicidas de closet y demás crías existencialistas. Para nosotros, me incluyo, esto toma la forma de un largo camino de sueños interminables y el desvergonzado refrán de: aquí estamos, diviértenos".
Termina y yo creo que ha de esperar que le aplaudamos por su speech pero mejor retomo su comentario para indicarles a las dos que ya se puede hablar de un "drogadicto social" como aquel que consume equis sustancia en una determinada situación (fiesta, concierto, baile, etc.) pero que no tiene el hábito ni la necesidad apremiante de volver a hacerlo y que, por otra parte, no presenta los síntomas característicos de la adicción por lo que no le da mucha importancia al asunto. Vamos, no le quita el sueño ni le ocasiona remordimientos.
Carmen insiste: "Tienes que escribir algo al respecto, da la voz de alarma o el grito de ayuda", le digo que si pero que me diga cual es su conclusión y bueno, se tarda en ello unos cuantos minutos. Al momento de despedirnos me entrega una hoja de papel que tenía escrito lo siguiente: "Tijuana no se da cuenta que pierde a su juventud narcotizada en constantes subidas y bajadas, sedada y temerosa; he ahí el resultado de la crisis de valores que padecemos, de la pésima educación que recibimos, de la falta de esperanza en el futuro, de la desconfianza en todo, de la glorificación en los medios de la lujosa vida de los narcos (ah! pero querían ratings y tiraje)". No te traumes Carmen, let it be.
sábado, 2 de diciembre de 2006
INSTANTANEAS DEL DESCONCIERTO no. 2
(tales from the Generation TJ) publicada en Bitácora el 23/01/95
¿Crisis? ¿Cuál crisis? - le digo a Cynthia, cuando veo que paga la ronda de cervezas con un micro billete de cincuenta nuevos pesos. Ella sólo atina a decir un ¿verdad que sí? al ver a otros tantos hacer lo mismo. Eso sí, en el Huesitos nadie paga en dólar, no conviene y además esos se guardan para ir a turistear el downtown sandieguino un viernes o sábado al mes. A todos nos ha afectado la devaluación pero ninguno de nosotros escapa del vértigo actual y así, en loca carrera nos lanzamos a los cines, los restaurantes, los bares y terrazas tijuaneras con el fin de esquivar la sombría realidad. Si en los viejos todo es cautela, en los jóvenes la consigna actual parece ser la de "Diviértete ahora, tal vez mañana no puedas (o ya no te alcance ni el dinero ni el tiempo para hacerlo)".
Cosa rara, todo mundo opina al respecto: Roger muestra una carta, que esta por mandar a Proceso, en la que reflexiona sobre la situación sociopolítica en México, sus causas y las posibles soluciones; yo no la leo, siempre he dicho que esas cuestiones me aburren. Cathy dice que Salinas, nuestro ex-presi, nos hizo creer con su liberalismo económico que nos iríamos derecho al primer mundo y yo replico con un ¡pues vaya primer mundo que nos heredó! Hay quien ríe pero Ana, la seriedad hecha persona, aclara que no es cosa de chiste y me explica que, de un día para otro, vio su liquidez afectada en un cuarenta por ciento y acota con un dejo de tristeza: "Ganó bien pero en pesos; todo subió y yo estoy tan acostumbrada a ir al otro lado". Ya no me rió e intento seguir escuchándola pero la música es demasiado fuerte para lograr capturar su voz convertida ahora en murmullo: "Es la primera vez que veo a la gente con la que convivo tan temerosa y desprotegida....".
Alguien me ofrece unos M&M y al momento de agradecer el gesto, pierdo totalmente el hilo de la conversación. No importa, platico de comics con el Monkey, un experto en esos asuntos, que me informa que mis ejemplares de Diabólico y de Los Cuatro Fantásticos no se cotizan bien entre los coleccionistas excepto el primer número de El Hombre Araña que conservo intacto, por el que me darían unos cuarenta dólares. Termino hablando de mi última ida a la nieve (no, no sé esquiar pero unos amigos me comentaron que habían visto ahí a los Beastie Boys y pues...) y de las películas de Pili y Mili (¿se acuerdan de ellas? las transmitía el canal 12 en su Cine Juvenil); y bueno, ya me había olvidado de la crisis cuando, camino al baño, escucho a un trolo decirle a su tribu wannabe: "Ni modo, como está la situación este año nos hacemos todos narcos".
revisión: El Bar Huesitos no duró mucho (luego estuvo La Caja, un bar de reggae. Ahora es un Chez club). Cynthia emigró al sur del país y cuando regresa a TJ la encuentra cada vez más extraña; Roger trabajo un tiempo de guardia de seguridad y lo último que supe es que se caso; no sé que ha sido de Cathy ni me importa gran cosa; Ana vive en USA, ganando y gastando en dólares. El Monkey murió de una sobredosis de heroína.
¿Crisis? ¿Cuál crisis? - le digo a Cynthia, cuando veo que paga la ronda de cervezas con un micro billete de cincuenta nuevos pesos. Ella sólo atina a decir un ¿verdad que sí? al ver a otros tantos hacer lo mismo. Eso sí, en el Huesitos nadie paga en dólar, no conviene y además esos se guardan para ir a turistear el downtown sandieguino un viernes o sábado al mes. A todos nos ha afectado la devaluación pero ninguno de nosotros escapa del vértigo actual y así, en loca carrera nos lanzamos a los cines, los restaurantes, los bares y terrazas tijuaneras con el fin de esquivar la sombría realidad. Si en los viejos todo es cautela, en los jóvenes la consigna actual parece ser la de "Diviértete ahora, tal vez mañana no puedas (o ya no te alcance ni el dinero ni el tiempo para hacerlo)".
Cosa rara, todo mundo opina al respecto: Roger muestra una carta, que esta por mandar a Proceso, en la que reflexiona sobre la situación sociopolítica en México, sus causas y las posibles soluciones; yo no la leo, siempre he dicho que esas cuestiones me aburren. Cathy dice que Salinas, nuestro ex-presi, nos hizo creer con su liberalismo económico que nos iríamos derecho al primer mundo y yo replico con un ¡pues vaya primer mundo que nos heredó! Hay quien ríe pero Ana, la seriedad hecha persona, aclara que no es cosa de chiste y me explica que, de un día para otro, vio su liquidez afectada en un cuarenta por ciento y acota con un dejo de tristeza: "Ganó bien pero en pesos; todo subió y yo estoy tan acostumbrada a ir al otro lado". Ya no me rió e intento seguir escuchándola pero la música es demasiado fuerte para lograr capturar su voz convertida ahora en murmullo: "Es la primera vez que veo a la gente con la que convivo tan temerosa y desprotegida....".
Alguien me ofrece unos M&M y al momento de agradecer el gesto, pierdo totalmente el hilo de la conversación. No importa, platico de comics con el Monkey, un experto en esos asuntos, que me informa que mis ejemplares de Diabólico y de Los Cuatro Fantásticos no se cotizan bien entre los coleccionistas excepto el primer número de El Hombre Araña que conservo intacto, por el que me darían unos cuarenta dólares. Termino hablando de mi última ida a la nieve (no, no sé esquiar pero unos amigos me comentaron que habían visto ahí a los Beastie Boys y pues...) y de las películas de Pili y Mili (¿se acuerdan de ellas? las transmitía el canal 12 en su Cine Juvenil); y bueno, ya me había olvidado de la crisis cuando, camino al baño, escucho a un trolo decirle a su tribu wannabe: "Ni modo, como está la situación este año nos hacemos todos narcos".
revisión: El Bar Huesitos no duró mucho (luego estuvo La Caja, un bar de reggae. Ahora es un Chez club). Cynthia emigró al sur del país y cuando regresa a TJ la encuentra cada vez más extraña; Roger trabajo un tiempo de guardia de seguridad y lo último que supe es que se caso; no sé que ha sido de Cathy ni me importa gran cosa; Ana vive en USA, ganando y gastando en dólares. El Monkey murió de una sobredosis de heroína.
viernes, 1 de diciembre de 2006
instantáneas del desconcierto no. 01
GENERATION TJ (publicada en Bitácora el 16/01/95)
Tijuana huele a espíritu post-adolescente en plena ebullición: en cualquier sitio se palpa una euforia finisecular que trasciende cualquier intento de análisis. De veras, yo no lo entiendo ¿por qué los lugares de esparcimiento están repletos si estamos viviendo una de nuestras peores crisis económicas? Entre tanto, ocupamos una mesa en el bar de moda desde la que podemos ver a la gente moviéndose espasmódicamente bajo el influjo especulativo del miedo, sin saber si quedarse en un sitio, tomar algo, saludar a los amigos o seguir una ruta indefinida con efecto de pinball.
Mario bebe agua mineral mientras voy a la barra por mi tercera Modelo. Cuando regreso a la mesa, vemos entrar a un grupo de chicas en plan desmadre; por sus gritos nos enteramos que vienen del concierto de una banda hardcore. Una de ellas lleva el pelo rojo eléctrico, que hace una semana era rubio oxigenado; con un desparpajo increíble llega a nuestra mesa, esboza una sonrisa borracha y no pide, exige un cigarrillo. A mí me dan ganas de decirle "fuck you" pero Mario, más educado que yo, le extiende el Marlboro y la chica se marcha tan campante como llego sin decir un "gracias".
Suena por las bocinas aquello de "...en la estética llevamos nuestra etiqueta Buru Garbiketa" pero claro, la voz en vasco dificulta que este personal se entere de que va el rollo que pregona Negu Gorriak. Intentamos seguir nuestra charla sobre los artículos del nuevo Topodrilo (realidad virtual, la apertura democrática en nuestro país, el lenguaje marginal) cuando llega otra drunkie a montar una escena peor. La observo en lo que cuenta su historia: veinteañera, obrera en una maquiladora y punk de findesemana; está pasando por su tercera resaca del día e insiste en que el besar a otra persona no significa compromiso alguno mientras que, ladinamente, se toma mi cerveza. "Un trago, chiquito" me dice confianzudamente, le miro los dientes amarillos y despectivamente digo "Tómatela, es tuya"; ella no se hace de rogar, le da otro trago para continuar con su letanía de incoherencias pero yo no estoy de humor para aguantar idiotas, con un "we're leaving" nos despedimos.
Ni siquiera estaba buena la estúpida- le digo a Mario, para después preguntarle si vamos por un café y él, riéndose, me comenta que hace un par de semanas invito a unos amigos al café de la Plaza y le dijeron "¿qué? ese lugar es de maricones". Oh sí, Rubencito y su clica homofóbica.
En el camino nos encontramos a Pepe y a un amigo suyo, que no sé de donde salió, pero que nos invitó a los tacos. Al notar que nos sorprende la cantidad de tacos que se come, el tipo aclara "Cuando tomo esa fregadera me da un hambre bien cabrona".
Pedimos nuestros tacos y estaba atorándoles el diente cuando volteó y veo a un perico mordiéndole el hombro al amigo de Pepe. Le digo "Oye, tienes un perico..". pero no me deja terminar y dice "Ya me lo eche". Los tres se ríen y yo, un poco confundido, insisto: "Tienes un perico en el hombro". En ese instante, lo veo voltear lentamente la cabeza, ver al dichoso pájaro tan cerca de su cara y pegar un grito; con la mano izquierda embarrada de guacamole, golpea al perico que se revuelca como loquito en el piso. La dueña del animal se nos queda viendo muy feo; para nuestra suerte, él paga lo de todos.
Aprovechando sus palancas, entramos a otro bar, lleno a reventar, sin hacer cola, bebo una Tecate y escucho por enésima vez el "in your head, in your head.". La noche -como la crisis- todavía no termina.
Tijuana huele a espíritu post-adolescente en plena ebullición: en cualquier sitio se palpa una euforia finisecular que trasciende cualquier intento de análisis. De veras, yo no lo entiendo ¿por qué los lugares de esparcimiento están repletos si estamos viviendo una de nuestras peores crisis económicas? Entre tanto, ocupamos una mesa en el bar de moda desde la que podemos ver a la gente moviéndose espasmódicamente bajo el influjo especulativo del miedo, sin saber si quedarse en un sitio, tomar algo, saludar a los amigos o seguir una ruta indefinida con efecto de pinball.
Mario bebe agua mineral mientras voy a la barra por mi tercera Modelo. Cuando regreso a la mesa, vemos entrar a un grupo de chicas en plan desmadre; por sus gritos nos enteramos que vienen del concierto de una banda hardcore. Una de ellas lleva el pelo rojo eléctrico, que hace una semana era rubio oxigenado; con un desparpajo increíble llega a nuestra mesa, esboza una sonrisa borracha y no pide, exige un cigarrillo. A mí me dan ganas de decirle "fuck you" pero Mario, más educado que yo, le extiende el Marlboro y la chica se marcha tan campante como llego sin decir un "gracias".
Suena por las bocinas aquello de "...en la estética llevamos nuestra etiqueta Buru Garbiketa" pero claro, la voz en vasco dificulta que este personal se entere de que va el rollo que pregona Negu Gorriak. Intentamos seguir nuestra charla sobre los artículos del nuevo Topodrilo (realidad virtual, la apertura democrática en nuestro país, el lenguaje marginal) cuando llega otra drunkie a montar una escena peor. La observo en lo que cuenta su historia: veinteañera, obrera en una maquiladora y punk de findesemana; está pasando por su tercera resaca del día e insiste en que el besar a otra persona no significa compromiso alguno mientras que, ladinamente, se toma mi cerveza. "Un trago, chiquito" me dice confianzudamente, le miro los dientes amarillos y despectivamente digo "Tómatela, es tuya"; ella no se hace de rogar, le da otro trago para continuar con su letanía de incoherencias pero yo no estoy de humor para aguantar idiotas, con un "we're leaving" nos despedimos.
Ni siquiera estaba buena la estúpida- le digo a Mario, para después preguntarle si vamos por un café y él, riéndose, me comenta que hace un par de semanas invito a unos amigos al café de la Plaza y le dijeron "¿qué? ese lugar es de maricones". Oh sí, Rubencito y su clica homofóbica.
En el camino nos encontramos a Pepe y a un amigo suyo, que no sé de donde salió, pero que nos invitó a los tacos. Al notar que nos sorprende la cantidad de tacos que se come, el tipo aclara "Cuando tomo esa fregadera me da un hambre bien cabrona".
Pedimos nuestros tacos y estaba atorándoles el diente cuando volteó y veo a un perico mordiéndole el hombro al amigo de Pepe. Le digo "Oye, tienes un perico..". pero no me deja terminar y dice "Ya me lo eche". Los tres se ríen y yo, un poco confundido, insisto: "Tienes un perico en el hombro". En ese instante, lo veo voltear lentamente la cabeza, ver al dichoso pájaro tan cerca de su cara y pegar un grito; con la mano izquierda embarrada de guacamole, golpea al perico que se revuelca como loquito en el piso. La dueña del animal se nos queda viendo muy feo; para nuestra suerte, él paga lo de todos.
Aprovechando sus palancas, entramos a otro bar, lleno a reventar, sin hacer cola, bebo una Tecate y escucho por enésima vez el "in your head, in your head.". La noche -como la crisis- todavía no termina.
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