lunes, 20 de julio de 2009

un ensayo para Picnic

Escritura, redes sociales, Michael Jackson y otras cosas del montón


Eres una máquina, eres una piedra, eres una planta, eres un animalito-máquina…”
Disfraz de tigre, Hidrogenesse

1.
Gertrude Stein dijo que cuando uno está empezando a escribir, siempre está bajo la sombra de lo que acaba de pasar y que, en la lucha contra ello, los otros –que ya escribían o seguían haciéndolo bajo una vieja plataforma- siempre percibían una fealdad y algo de resistencia. Me gusta esa sensación de la belleza escondida, de una revolución en ciernes, de secreto guardado que termina en el cubo de basura o en una nota periodística.
Cuando empecé a escribir on-line lo hice primero de forma pausada y después, casi arrebatada y súper eufórica: del copy-paste al live stream-writting queriendo documentar el “ahora”, sin importarme mucho si, como me comentaron muchos amigos escritores, estaba abaratando mi trabajo al ofertarlo de forma gratuita en la red. El tiempo me daría la razón cuando hasta los más escépticos y renuentes abrieron su bitácora.
Blog on, decía sin chistar hace algunos años. En ello se me iba, es un decir, parte de la vida. Era un reflejo de lo que hacia, de lo que vivía, de los lugares que visitaba; un eco de las charlas con los amigos y los recién conocidos.
El blog como interacción, como ruta, como archivo de historias (las fiestas, los proyectos en conjunto, aquella tesis que abandone justo a tiempo).
Crossfader Network nació como mera extensión de mi persona y mis gustos. Pronto se convirtió en mi memoria virtual, en una plataforma en cadena (lo profesional + lo personal + lo público). CN ha sido ese fluir por la vida, sin problemas ni angustia, algo que muta cada cierto tiempo.
Crossfader Network como yo, es.

2.
Andy Warhol siempre insistió en querer ser un robot para no sentir, yo no puedo hacerlo. Quisiera poder conservar mi naturaleza humana con algunas ventajas de la nanotecnología de punta y con la interactividad cercana al download cerebral instantáneo (una memoria RAM upgradable, wi fi de banda ancha y etc.)
Sobra decir que estas alturas no podría vivir sin el P2P (de Soulseek a The Pirate Bay pasando por los mp3 blogs), las redes sociales, youtube, etc. Por eso, es interesante la idea de “inteligencia colectiva” enunciada con cierto humor pendenciero por Taringa! y sitios similares. La búsqueda, selección y ordenamiento de contenidos para compartirlos sin discriminar vía Internet me parece loable en tiempos de un individualismo exacerbado. Yeah, el conocimiento es algo que todos podemos usar al mismo tiempo (Romer dixit); sólo queda esperar el día en que “eso” hits the mainstream.

3.
Lipovetsky, en el prefacio de La era del vacío, externa que cuanto mayores son los medios de expresión, menos cosas se tienen que decir, que el impulso de lo narcisista del acto de comunicación prima sobre el valor de lo comunicado, que no hay nada como el placer de expresarse para nada frente a unos medios (casi) totales.
Para algunos, el asunto de los blogs y las redes sociales se reduce a ser significante para una multitud de pocos (ese contrapunto contra el avasallamiento categórico predominante). Sí, es posible pero tampoco es una verdad incuestionable. Tal vez Paul Auster no se refería a ello en La Habitación Cerrada pero si recordamos que la cuestión no es que Fanshawe se convierta en el centro de la atención, sino que logra encajar, encontrar su sitio. La verdadera prueba, después de todo, es ser como todos los demás. Fanshawe puede ser cualquier bloguero que, después de ser excluido o marginado por un sistema cultural que haya considerado encontrar su posible hogar-plataforma en los intersticios de la red.
Suena brillante, no? Sin embargo, si hacemos caso a un estudio realizado en el 2008, sólo 7.4 de los 133 millones de blogs indexados por Technorati, uno de los principales blog search engines, habrían sido actualizados los últimos 120 días. El dato es abrumador: el 95 por cierto de ellos han sido abandonados, permaneciendo comominucias digitales de un sueño abortado de la New Media.

4.
Es divertido ver como esos conceptos duros y académicos revientan en momentos específicos, haciéndose transparentes incluso para el neófito. Internet es clave para la cultura intersticial que tanto me interesa, aquella en la que alguien como Michael Jackson puede ejemplificar la teoría del caos.
El Rey del Pop crasheó la red (él, solito). Los rumores de su paro cardíaco y la confirmación posterior de su muerte provocaron un furor nunca antes visto en cualquier medio. En internet se vivió live and direct sus efectos: desde Google, intimidado por la demanda repentina de búsqueda de información y acceso a determinados sitios, imaginando un ataque programado por esos hackers sin oficio ni beneficio al shutdown and massive fail de Twitter, Live Journal, Yahoo News, Wikipedia et al.
Se habla ya, en términos de la persona de pie, de una nueva real-time web, de sinergia entre las redes sociales, de una difusión y propagación de información a velocidades no reconocidas por la Media tradicional, de la validez de las fuentes de escasa credibilidad anterior (los portales de cotilleos) y del colapso de nuestro humanidad ante unos sitios que escupen información (ir)relevante de manera exponencial y a quemarropa.
Por eso no es extraño que a escasos minutos del anuncio del fallecimiento de Jackson, se tuiteara un “Con López Obrador, Michael Jackson estaría vivo” y que los RT, los reenvíos contenido acreditados a su autor, empezaran a fluir. Un mash up mediático que une la apropiación irónica y desprejuiciada de la vida política nacional con un negrísimo humor que ya festejaba André Breton.

5.
El lado oscuro del asunto: si hace años, se aprovechaba el anonimato para decir lo indecible, para hacer del cyber-bullyng un deporte extremo… ahora eso ya no es suficiente. Cobijados en ciertas plataformas, han encontrado a sus pares: la red los refleja ya sin máscara. Eso, supongo, es bueno: al enemigo de nuestras libertades hay que (re)conocerlo).
Y así se hacen presentes con todos sus prejuicios a la alza, con la pobreza de su lenguaje, lo reiterativo de sus falacias y la furia del resentimiento mal aplicado. El trato dado en las redes sociales a la niña cocinera del PRD es sólo un botón de muestra.

6.
Anais Nin says: “We don’t see things as they are, we see them as we are.” Siempre me ha gustado escribir y conversar, Twitter, que algunos ven como un multiplayer sms, me permite ambas cosas. No en forma de chat, sino en la de aquellos salones de conversación típicos de la sociedad inglesa o francesa más sibarita. La elegancia en Tuiter tiene que ver con tu capacidad para decir lo que quieres decir del modo más sencillo, conciso y preciso (¿el comeback estelar del aforismo?)
Twitter para los sin-amigos, para los líderes, para geeks ´n freaks, para roba-lonches, para autistas y asociales, para neófitos y expertos; para personas a las que le pesa el gentilicio o el apellido, para clasistas desarraigados y esos que establecen peroratas no sense. Twitter como laboratorio de la quintaesencia de lo real: la subjetividad (rainoverlima dixit).
Sí, seamos claros: Twitter no es terapia, tampoco nubla nuestro sentido de lo moral y nos hace indiferentes al sufrimiento humano como sugiere un estudio científico que fue retomado por la old skool Media. Nuestro cerebro distingue, ha empezado a seleccionar y diseccionar con mayor rapidez, a interactuar con los contenidos y las nuevas formas en que le llegan estos.
Twitter permite y extiende la escritura colaborativa, orgánica, referencial e inmediata originada en el blog. Sin embargo, la metáfora del bar tipo Cheers no explica lo que pasa en Twitter (es obvio que quienes la usan NUNCA han visitado más de un bar). Talleres de micro-ficción, la crónica cotidiana de esa vida minúsculas que llenan cualquier city, relatos escritos en vivo y con público activo, el reporte in situ de una revolución o la exorcización de los miedos ciudadanos son sólo algunos de los usos prácticos vistos los últimos meses. Con ello, llega una manera de agilizar y actualizar los lazos vía software que ayudan a la acumulación de capital social. It´s, Bourdieu goes pop 2.0 (again), ¿el campo de batalla? Nuestro tiempo.

7.
Momus, el peculiar cantante escocés, advierte: “Don’t go straight! Get weirder and more experimental!” Pues eso, the cyberspace is our place (yet-also).

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Este texto apareció en la revista Picnic.

sábado, 20 de junio de 2009

space invaders

Alguna vez esto fue todo para mí. Sin ser nostálgico, dejo atrás la culpabilidad sin ritmo y los ensayos de una vida acomodaticia que no recuperará la intensidad interactiva de nuestra euforia inicial.
Sí, la primera vez. ¿Recuerdas? Tú y yo sentados en el sofá. La curiosa habitación roja que ahora mismo intentas olvidar. Yo recuerdo bien ese día: Tus polaroids de chica (in)feliz sobre el buró, mis trece años en un puño y una canción de Blondie que nos uniría en una mala copia de los pasitos new wave que veíamos juntos cada sábado en American Bandstand.
Your hair is beautiful tonight, dije.
Memories can´t wait, contestaste.
No hay secretos en este juego. Todo es tan sencillo, decías. Disparar a quemarropa y desplegarse hacia otra dirección con el orgullo adolescente intacto. Cuestión de apuntar el cañón y acertar. Espera, ya casi lo tengo. Tú y tu abrazo calamar. Los errores de novato y tu risa pequeñita. Sí, esto no era Lemon Popsicle.
Dos vidas, otro intento cangrejo.
Tú eres quien falla, no yo.
Amar lo extraño que parece cercano, la tensión sexual que provoca esa conexión de chico y chica en los suburbios de una city cualquiera. Woo-hah! Got them all in check! Soy un héroe, el botón que dispara tus insultos mata-marcianos. Tras un golpe de suerte, la posibilidad del hi-score por la caída exponencial de esos enemigos alienígenas que, en su concepción original, eran tan parecidos a nosotros. Matar o morir, aprender a esquivar y engañar como si viviéramos en Shibuya 1980.
Una vida, last chance to score (again).
Estéreos y alarmas, pulso infame en el sector inferior de nuestra relación. Nuestra vida monocromática ya no daba para más, yo intuía la próxima derrota, sin escudos cósmicos que nos defendieran de la rutina que arruina y que nos convierte en polvo en medio del ruido. Maldita monotonía de 8 bits y bleeps.
Adiós a la partida perfecta. Ya no éramos los mismos, en nuestras manos se podían observar los estigmas de la diversión y nuestra mente pugnaba a destiempo más concentración, horas de dedicación, algo de empeño para lograr establecer un nombre y un puntaje en el top de un corazón manipulador.
¿Transfiguración o madurez? No lo sé, si quería salvar lo nuestro tendría que cambiar de estrategia, entender la lógica de tu evolución, creer en cualquier otra cosa. No lo logré, eras tan absorbente como un pulpo que ni desmaterializar el ovni rojo me salvaría de años de depresión. Desconsolado, tras tu partida, tiré la consola.
Ahora, muchos años después, vuelvo a jugar en línea Space Invaders e intento disfrutar la experiencia con cierto abandono. Ni modo, la vída sigue siendo injusta: casi siempre obtengo como resultado un “Game over. Insert another coin”.

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Este relato apareció en la revista El Perro

jueves, 21 de agosto de 2008

MORRISSEY CIERRA LOS OJOS

MORRISSEY CIERRA LOS OJOS

En tiempo real, recuerda el temblor y lo inusual del trayecto, el quedarse solo después de hacerle el amor a una multitud que imagina que no hay nadie en el mundo como él. Una taza de té, algo tan inglés, sobre la mesilla del último hotel intenta, sin conseguirlo, describir una escena habitual
Hay un faltante de carácter emocional en este estado de situación. Sí, lo sabe: la contabilidad nunca ha sido su fuerte; ahora mismo, sufre al darse cuenta que hay cosas que desconoce y que pervierten la sensación de ser “así”.
Otra gala más, el furor de las primeras filas, la adolescentricidad como imperativo social y su postura de viejoven atractivo y seductor carcomida; hay menos I love you que antaño, más peleas y comentarios maliciosos que intentan penetrar la piel de cocodrilo de un actor en fuga. La fiesta de hoy se convierte en un eslabón perdido entre los hooligans pendencieros y las poses sudorosas imperceptibles en aquellas películas de los 50s que veía en la televisión. Su vida como eterno re-run, un strip-tease emocional que ya, en estos tiempos cínicos, da igual. Él sabe que la sinceridad actual es como el estribillo de una canción pop: un distractor que emociona y confunde.
Confirma que sigue siendo un héroe para exiliados del mainstream, algo que ayuda a romper la anestesia y el control, la punta de lanza para lo que vino detrás. Sí, algo ha cambiado en estos años, el futuro le dio la razón (a medias). Algo preocupado, Morrisey mira a su alrededor, todo lujo y, sin embargo, sigue sintiendo la misma miseria imantada por quemar. Su tan alabada y reconocida ambigüedad intenta sacarlo de quicio. Años marcados por la diferencia entre el traje de diseñador japonés que ahora cuelga en el closet y aquel cardigan roído que llevaba sobre los tejanos deslavados. Un detalle peculiar: permanecen las gladiolas como souvenir de otra época, tan festiva como lejana, entre el destello del fan tradicional y la falsa tranquilidad que viene después de una risa fingida y el enojo por citas mal referenciadas. Apariencias.
No puede respirar, sale al balcón. Esta ciudad, cualquier ciudad, es hermosa vista desde arriba. Es tan difícil sobrevivir la distancia y el gusto refinado que lo trastoca todo. Lo merece, piensa. Ha pasado por tantas cosas: escuelas sin creatividad y una infancia sin más amigos que los libros; tiempos de arrebatos y obsesiones de adolescente tardío; las tardes sabatinas elaborando chart semanales alternativos a los reales y los paseos con chicas raras que lo único que poseían eran weirdreams para compartir; la habilidad de escribir a puntillas una suerte de manual de auto-ayuda que no respeta las leyes no escritas en los suburbios. La debilidad es, para otros, la fortaleza del espíritu.
Si pudiera salir, si quisiera salir. Si tuviera un poco de voluntad ahora que tiene una tarjeta bancaria con el crédito suficiente para pagar la borrachera a todo un contingente de chicos y chicas que asisten a sus conciertos. Pero, por alguna razón que no conviene escarbar, queda la misma patología, el asco social, el temor de que descubran aquello que marca la diferencia y volver a escuchar las burlas y los cotilleos de giallo magazine. A destiempo, las oportunidades caen y revientan.
Intelectualizar cualquier situación, a veces, está de más.
Entra al enorme baño, se desnuda poco a poco. Necesita algo más que agua caliente para mitigar el cansancio, para desconectarse de todo. De reojo, se ve en el espejo. Se detiene un poco en ello. Esto es lo que hay. Desnudo y sin antorchas que defender, reflexiona en el enorme daño que hicieron los Ochenta. La fugacidad de la amistad, el golpe bajo de una traición, el tipo de escarnio público que mermó la auto-estima de Wilde, eso que resquebraja cualquier posibilidad futura de reunión. Entre la inquietante promesa de aquel “Marry me” y el “Fake” resentido hay mucho camino recorrido.
Lo que había se quemó por ambos lados y por en medio. En estos tiempos-crucifijo, el dinero no importa nada y “nunca” se convierte en algo más que una palabra que se dice en un momento de ofuscación, cuando se convierte más en una señal de que uno ya ha perdido ese loving feeling.
Justo antes de meterse a la tina, Morrisey piensa en su barrio, en aquellas noches cuando apagaba las luces antes de que los gatos bailaran el twist habitual y sus maullidos partieran de tajo una tranquilidad de clase obrera; recuerda la mañana colegial siguiente y el double decker bus en pendiente elevada, su vida de chico pobre, opacado y mira-zapatos; su posterior refugio en el envío de cartas-reclamo a los music weeklies y un fanatismo exacerbado por las muñecas de Nueva York. Piensa en por qué nunca escribió un tema como “Holding hands & fall in love again.
Cansado, Morrissey cierra los ojos e intenta soñar con un millón de posibilidades.

domingo, 13 de julio de 2008

Twitter relato


–SEE YOU LATER–

Hay algo que se transforma en decisiones de corto alcance, desmañanado, sin mañas ni dueño. Eso que soltamos sin perder el toque. Sweet emoción. Lo que sigue es evitar esa falsedad que nos obliga a hablar de ciertas cosas en esas reuniones que todo mundo olvida en cuanto las abandona.  La espiral de melodramas y citas de buen cuño de las que nadie (re)conoce el origen. Así, medio drunkies, sentimos el spotlight sobre nuestras conciencias.
Decir esto y no aquello, el brindar y no aclarar aquellos pequeños disgustos, el juego hipodérmico de nuestros pecados ligeros. El driblar de experto por confines de la memoria: El chico cobarde de las gafas de pasta; la chica de las bromas gordas. Y ése? el marica que terminó feliz con el mejor puesto en el gobierno. 
Las risas acostumbradas, la palmada hipócrita en la espalda, el murmullo sin cuidado que merecen los ausentes. Otro brindis, algunas fotos, muchas poses. Dar un paseíto por la fiesta. Escuchar de aventuras en horas peligrosas, triunfos de cirquero finisecular y derrotas mal explicadas. Muchas diatribas, cotilleo y carrilla. 
Náusea. El sentimiento de fuga puesto en primera. Presa de una generación que se come a sí misma. Con la vista fija puesta en la gran puerta.  Sin entender el porqué estamos aquí. Tú y yo, juntos, de nuevo. Algo tenemos que hacer, algo tiene que pasar (un referendo, la síntesis, una pelea final). 
Ambos, perdidos y desinfectados por la ocasión, terminamos juntos en una pista inexistente. Nuestro baile repasa en cinco minutos toda esa historia a la que nunca pudimos darle un buen final. Los demás desaparecen al instante. Ninguno de los dos le hace justicia a nuestra canción favorita. Ya cansados y un poco hastiados pasamos de todo. 
Estamos solos en la zona de desesperados. 
Esto está a punto de convertirse en otra cosa. Agonizamos. El vino derramado, los traumas a la vista de todos, la difícil cercanía; lo que nunca nos unió ahora nos separa aún más.  Crecer duele, dicen. Sin embargo, superar situaciones así es tan fácil (si uno se aplica, afirman).
Recuerdo tantas cosas: mis planes de verano, los emails sin contestar, la muerte que nos sacudió en aquellos años, el exilio por ese gesto considerado, en ese entonces, tan poco sensible y contrario a lo políticamente incorrecto. Con una ligera sonrisa popsike, sin despedirme de nadie, camino rápidamente hacia la salida. Tú no te decides (again).
C-U later, friends. 

domingo, 6 de julio de 2008

twitter relato


AUTOMATIC KIDS

Chicos automáticos recorren la ciudad. El ruido los pone a cien. Bailan en las aceras con sus tenis Lemon Vocoder. Ríen eufóricos en Adelt!
Caminan en grupos de cinco o seis. No bajan la mirada cuando los policías se acercan. Vuelven a reír. Su autoestima es una caja de sorpresas.
Sobre la avenida principal, su lugar preferido. Coast to Coast, el mejor juke-box de la city. No necesitan beber, no necesitan nada. Bailan.
Alzan los brazos, hacen el ´Unit´y el ´Microwave´ (pasos aprendidos en la fuga a L.A.) Las chicas FAC se mueve más. Un deleite espídico, sí.
Un crew extraño e inquieto mueve la fiesta. La cabina del DJ está justo en el centro. Atrás, la pequeña barra y sus broches. Relaxin´ night.
El DJ suelta ´Erde 80´ y el Coast to Coast estalla. En China esto causaría grandes problemas, pero aquí es sólo motivo de euforia y sudores.
Con la pista descentralizada desde el siglo pasado, el no-lugar es lo habitual para el baile de hoy. Los chicos automáticos en pleno colocón.
La música es líquida; las emociones, algo que dejo de ser religioso; la neo-noche, un refugio o un artilugio a consumir en miles micro-ritmos.  La única posibilidad es bailar como estrategia.
No hay ligue, no es necesario. Con sus tarjetas asignadas, el amor ya no es revolucionario.
Sin embargo, el sonido del metal urbano los desquicia, borra bits de información, violando esa seguridad tan protegida en bleeps de contacto.
Sí, los chicos automáticos se han convertido en un problema social. Lo verá aquí, después de nuestros compromisos comerciales. No le cambie.

jueves, 5 de junio de 2008

del quinto aniversario de Laberinto

LA NOCHE SOY

I.

Articulamos la noche como una fiesta a partir de algo tan sencillo como nuestras ganas de salir, la representación del juego de atracciones opuestas y la mera resistencia a finalizar el día con algo tan conservador como el sueño. A veces buscamos significado a ese devenir gozoso que nos sitúa en las coordenadas de la evasión y la euforia (la fiesta nocturna como resistencia, como primer asomo de actitudes y posturas que más tarde llegarán al mainstream, como un ejercicio ético de sensibilización que conlleva el cuestionamiento de la estructura social y sus dinámicas permisivas/restrictivas). Otras, simplemente nos dejamos llevar por el frenesí o la presión que hacen de este asunto algo tangencial en la vida contemporánea (sí, ese mal entendido “quitar el freno” nihilista que tanto les preocupa a los nuevos puritanos). 

En la noche brillamos (casi) todos. No hay dioses, sino caóticas relaciones casi familiares que nos revelan lo incestuoso de su origen. Interactuamos bajo normas no establecidas, seguimos ciertas jerarquías y políticas de la convivencia no siempre (pre)visibles, participamos sin ser, a veces, sujetos activos. Nos enredamos en ella y tratamos de sobrevivir con el menor daño posible. La noche es, entonces, un peligro.

Sin embargo, la noche también es posibilidad (otra vez, las matemáticas no mienten).  Dónde algunos sólo ven displicencia y la oferta tentadora del neón de los anuncios luminosos o el embate de los paraísos artificiales, otros vemos algo más que un ejercicio etnográfico o material para escribir esa crónica que nadie leerá.  La noche nos llama y, como aquel feligrés de antaño, acudimos sabiendo de antemano que en ella no hay sermones, ni saludos forzados en la mitad de un ritual ya rebasado, ni siquiera el feliz alivio de marcharse con la bendición en el rostro. Transfiguración poética. 

II.

Aún en este momento de homogenización disimulada como opciones a la carta para complacer el imperativo individualista o ante la irrupción de la violencia e impunidad y el miedo infundido por los mass-media, elaboramos nuestra vida más allá de los 10 kms mencionados en la última encuesta leída. Tan sólo por eso, salir sigue siendo una experiencia única.  La noche abre sus piernas y penetramos en ella. Suave y directo como una estrella porno experimental, haciendo rodeos mientras somos empujados por nuestros instintos más básicos, poniendo pretextos de lo cansado que estamos y de que hoy no tenemos ganas. La noche nos seduce y (casi) siempre caemos ante sus encantos.

¿Por qué vivirla a tope? ¿Por qué dejarse llevar, entrar en su espiral, perderse en ella? La rutina, el trabajo y las fricciones familiares son la excusa perfecta pero no es la nuestra. La noche es, lo subrayamos, algo más que un alegre festejo o una salida de emergencia, el scratch societal que funciona como el panegírico para nuestro estado de bienestar en estos años tan violentos.  Sí, la diferencia es sólo la lealtad que no mira al espejo de la incertidumbre.  

III. 

Nuestra noche puede iniciar ahora mismo o dentro de 23 minutos. No importa, todo llega sin prisa, sin reparos. ¿Un trago que se bebe a solas, el revuelo por entrar a los clubes con pretensiones híper modernas, el cara a cara pendenciero en una atestada cantina del centro histórico de todos y cada uno de nuestros pueblos? Lo que importa es empezar, lo que sigue es el teje-teje de nuestra historia cotidiana.

Soy un corredor de fondo. He visto caer a verdaderos ídolos y figuras de la noche, he atestiguado como el fulgor y la miseria de la city se mezclan en un momento en el que todo concepto de diferencia y distinción, en apariencia, se difumina. Con nosotros, Bourdieu fracasó irremediablemente.

Me gustan lo expansivo y confuso de algunas noches, esas en las que no sabe si uno está malsoñando o vive sin darse cuenta el trip de su vida. Me entusiasman los sitios imposibles de clasificar, la revocación momentánea de los desniveles sociales, las charlas intelectuales atípicas, el desfile de fashion victims que nunca se enteran que esto no es NYC o Mocorito, la gente con cierto retardo feliz o el paseo inmoral que asusta tanto a turistas como a los de casa.

Si el enemigo potencial es el aburrimiento, ante eso soy uno más que gira en la noche y es consumido por el fuego (Debord dixit). 

IV.

En mi club ideal,  Rodney Bingenheimer Juan de Pablos ponen la música. Hay buten amigos y chicas delirantes con olor a vodka y licor de mandarina, una terraza con sillones-diván para ver las estrellas, la tecnología disponible para actualizar al momento nuestra red social favorita (estar interconectado es una necesidad, soy parte de una generación que sabe que la fiesta está en cualquier parte y que ésta se mueve.)

Ahí encuentro la fiebre yiyiyi que contaminó la obra de La Lupe, veo en directo las heridas emocionales del Cristo que todos cargamos, pruebo la nueva sensación que capturará nuestro interés los próximos tres meses; bailo crunk desaforado, establezco la conexión con líneas de euforia legales, intento seguir disfrutando la misma libertad que siento al recorrer las calles a las 3 am.

A pesar de la calidez de los estímulos percibidos, sigo atento a la realidad que me rodea: un chasquido prepotente, el sonido de la naifa acercándose peligrosamente al rostro, las voces que celebran un cumpleaños o el aumento conseguido, el pum pum que indica una inevitable pelea.  Sé, de antemano, que cuando escriba de ello, todo se mirará mejor: la nostalgia es un arma que embellece nuestros recuerdos.  

V.

Si me divierto más es porque vivo/viajo por la noche sin miedo y sin tener una ruta predeterminada (el azar es mi amigo), porque tengo una mejor banda sonora (en mi mente), porque la gente que conozco es interesante (en todos los sentidos). Si otros buscan la noche por su oscuridad y presunta decadencia, prefiero el lado radiante y vitalista como respuesta afirmativa de vida. Mi noche se disloca como aquel verso de Pizarnik. Sí, la noche soy. 

jueves, 7 de febrero de 2008

es una derrota

—ES UNA DERROTA—

Try to be the best —es una derrota—
try to be a mess —es una derrota—
tratar de jugar el juego —es una derrota—
the american way of life —es una derrota—
la gran familia mexicana —es una derrota—
el álbum de fotografías familiar —es una derrota—
los cómics de nuestra infancia—es una derrota—
el último cumpleaños —es una derrota—
defender a los amigos ante lo inevitable —es una derrota—
el título y los diplomas —es una derrota—
buscar el reconocimiento —es una derrota—
el nunca obtenerlo —es una derrota—
el deseo —es una derrota—
si te tiras al vicio —es una derrota—
si nunca te equivocas —es una derrota—
la literatura y sus protagonistas —es una derrota—
el cine de culto y sus actores secundarios —es una derrota—
los discos importados—es una derrota—
el amor —es una derrota—
el buscar un significado en ello —es una derrota—
el no encontrarlo —es una derrota—
el pasearse por la zona roja —es una derrota—
la fiesta de hoy —es una derrota—
lo cool —es una derrota—
lo global y lo glocal —es una derrota—
el perder y no saber —es una derrota—
el hecho de intuir que en efecto no ocurre nada —es una derrota—
emprender el viaje —es una derrota—
quedarse inmóvil —es una derrota—
el permanecer en stand-by —es una derrota—
la necesidad de explicar —es una derrota—
el escribir esto —es una derrota—
el que lo leas —es una derrota—