Where's the beef?
"La vida realmente se repite en sí misma" se puede leer en una pared llena de graffiti al momento de emprender el ride de la nostalgia. "Nadie es inocente" gritaba, veinte años atrás, el tal Johnny Rotten pero eso no importa ahora; mejor baila, baila with the designer's music del disco-club o juega maquinitas mientras dure la fiebre, el jodido mañana no tardará en llegar.
Aquí se habla everything pero ¿para qué? Nuestro Cristo Pop es skinhead, lleva piercings y un par de tatuajes too cool que, si se fijan bien, se puede leer en ellos un anticipo del dogma de los noventas: "Yo no fui, nadie me vio".
Nevermind, X-E-TU.
¿Cómo puedes describir el odio? Ya sé que todo es un proceso gradual de desgaste, un aprovechamiento ilógico del mínimo error para construir ruidos de pálidas mentiras. No quiero ni deseo confort o dar falsas esperanzas, por años el recorrido ha permanecido inmóvil. La búsqueda es inútil y la emergencia es una droga que fractura nuestra rutina pero ¿para que intentar cambiar lo que siempre ha sido lo mismo?
Fuck your dreams.
He visto una guerra, una hambruna, una barbarie con distancia televisiva. Apartheid, limpieza étnica, cultural rape, narcopolitiks, ruido industrial, crisis económica, depresión, el hoyo en la capa de ozono, niños de la calle y otros ejemplos son sólo frases y palabras que van y vienen, se reciclan y convergen. El mal futuro es un loop que se repite y repite. Nuestros muros no caen, permanecen inertes aniquilando cualquier rastro de glasnot como un impasible "Suicide on board", como un Happy Meal para traumas modernos. Vivíamos un engañoso progreso: la ciudad en pleno movimiento, la canción número uno, multitud de carros y las tiendas más bellas.
Eso fue antes, ahora el desempleo nos condena fría y cínicamente a la miseria but people are people; en la Internet me entero que los karmas colectivos hacen aerobics en Central Park, yo no paro de llorar. Can you hear me? Alguien levanta un cartel con una leyenda en rojo: "Free T.J. Kostabi". Punk never died, my surfing brother.
Caer no es perder.
Me canse de existir, aburrido por no saber que es lo correcto en un mundo que no deja de dar vueltas. Si el verdadero pecador es el débil por estúpido, prefiero matarme ahora mismo; eso es mejor que permanecer inmerso en un sueño ácido que me heredaron sin factura.
¿Quién podrá ayudarme? Carajo, la vida no es una chapa de Smile y, sin embargo, con Funky Cold Medina aprendí a mover los pies. ¿Cómo hacer eso? ¿Ebrio de felicidad? Cabe mencionar que casi siempre me aterro en un día sin tele.
Yeah, whatever.
Aún hay más... los mass-media editan fríos mensajes en dosis de cordero, dulces psíquicos para la perfecta sodomización del sueño que un día Warhol nos prometió. ¿Qué nos queda por hacer? Reinventar los códigos, la familia, la política, la tolerancia y borrar a aquellos mal drogados por el poder de los signos, fieles a un supuesto ideal, a ese pedestal tan high: Trump, shopping malls, BMW, crack, lead or die.
Ah, the awesome 80's y esa adolescencia tan alta en consumo: Calvin Klein, Trix, The Face, Rolex, videocámaras, MTV, computers. ¿Y qué quieren? we're from the Atari generation, plastic babys sin ilusión que, por inercia, escuchaban a The Clash, techno y mucho indie rock. Yes, Corporate Rock Sucks.
Don't believe the hype.
Hoy somos menos idealistas, más Velvet Underground. No tenemos moral, tenemos conveniencias de felicidad. ¿Ellos? Ellos están muriendo de SIDA y decidia. Recuerda, esta broma ya dejo de ser divertida pero antes cómo nos divertía. ¿O no?
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revisión 2004: Una serie de citas, referencias y guiños a lo mejor y lo peor de los ochenta. La década prodigiosa y lo que recuerdo de ella. Sueños perdidos entre el punk y el hip hop, entre tv shows y la radio en inglés, de los shopping malls y primitivos videojuegos, del rollo indie a lo mega trendy. Y, what a shame, la patada alternativa con que nos recibieron los noventa. ¿Más? Cioran, Fugazi, The Smiths, Gallery Plaza, Joy Division, SST, el inicio del Acid House, un cartel pegado en la puerta del departamento de Sonic Youth, las primeras palabras de Kevin The Dead Dog al presentar una canción en Listen to this en 91X, Bernando Bonezzi, CNN. Este texto apareció primero en Velocet en 1993 o 95 (I don´t remember well). Luego, lo publicaron en el fanzine Número (del DF).
miércoles, 23 de junio de 2004
martes, 22 de junio de 2004
2. FELICES COMO ALICIA
Desde la barra del club observo este descontrol y no me explico qué hacemos aquí tú y yo. Perry grita ¡Stop! pero todos hacen caso omiso al momento en que la pista arde con los violentos roces de cuerpos sudorosos. Miras y miras bien; este es tu cielo, nuestro cielo en el que no caben prejuicios ni inhibiciones.
Una vez asesinado al futuro (¿recuerdas? lo asesinamos en litros de licor y noches sin viento llenas de velocidad) la cruz ríe contigo, y el sinsabor que desespera al odio se entremezcla con el ruido que mata al tiempo inmediato, en una encrucijada que nos une a todos.
Y te preguntas, nos preguntamos ¿es el destino polvo y azúcar o tan sólo es un escupitajo en la cara de Dios? Bailamos y el rito moderno se hace antiguo, es el fuego eterno que no debimos iniciar. Aquel que acabó siendo el golpe mortal que fulminó a tu madre.
El rostro hecho pedazos, ningún lamento en tu voz, en nuestras voces. Pedías, perdíamos tantas batallas cuando la música y los golpes nos martillaban el cuerpo entero en su apático intento de huida, algo que nunca llego a ser más que un puñado de momentos efímeros que dejaron un dolor caliente en el rostro. Yo no siento nada pero mira mis manos, están húmedas por el temor.
Perdida la meta que siempre quisimos alcanzar, solamente nos queda arrancarle imágenes al pasado, robar sonidos, cenizas y cervezas en horas infinitas. Jamás quisimos ser héroes y nunca lo fuimos: nos paseamos por los sitios más peligrosos y fue, justo ahí, en donde probaste, probamos tantas cosas que la imaginación murió en una noche de estrellas y los amigos, nuestros amigos, los perdimos en un trueque de monedas y frases políticas. Y tú, sonriente, querías poner fin a la tormenta interior pero aún no era el tiempo adecuado, nuestra epidermis grisácea no cobraba todavía su cuota de lágrimas y servicios.
Pasaron los días, los meses.... y los años nos sorprendieron viendo como cambian las caras y nuestros sueños se desvanecieron para terminar en amargas pesadillas. A pesar de todo, nunca aprendimos a llorar. Nos divertíamos besando rostros extraños en horas muertas por objetos y ruidos filosos, quemando etapas y mal soñando con disfrutar al máximo nuestra estúpida vida. Ahora, sentados en la línea que cruza el desencanto, bebemos con fe esperando una palabra que nos sirva de consuelo, de refugio.
Y ellos te dirán, nos dirán: "Son sólo basura", cerrando sus puertas no sin antes destruir los indicios que inciten al recuerdo. Nos matarán y su olvido nos hará dioses porque nunca encontrarán una señal de arrepentimiento que nos obligue a decir, a mentir, a sentir o, por lo menos, a explicar nuestros motivos.
Hoy no importan los ayeres que vivimos cubiertos de hastío. No, ya no importan, ahora ahogaremos los delirios de una manera diferente: nos los esnifaremos y seremos felices como Alicia.
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revisión 2004: El diario íntimo de un adicto a la esperanza? Pues eso. Citas a la alternative generation en boga, al realismo sucio, a los libros antidroga setenteros, a la despedida religiosa. Escrito de corridito una madrugada después de llegar del mítico club llamado The Last Temptation. Irónico, no?El texto fue publicado en Velocet bajo el seudónimo de Eduardo Ríos.
Una vez asesinado al futuro (¿recuerdas? lo asesinamos en litros de licor y noches sin viento llenas de velocidad) la cruz ríe contigo, y el sinsabor que desespera al odio se entremezcla con el ruido que mata al tiempo inmediato, en una encrucijada que nos une a todos.
Y te preguntas, nos preguntamos ¿es el destino polvo y azúcar o tan sólo es un escupitajo en la cara de Dios? Bailamos y el rito moderno se hace antiguo, es el fuego eterno que no debimos iniciar. Aquel que acabó siendo el golpe mortal que fulminó a tu madre.
El rostro hecho pedazos, ningún lamento en tu voz, en nuestras voces. Pedías, perdíamos tantas batallas cuando la música y los golpes nos martillaban el cuerpo entero en su apático intento de huida, algo que nunca llego a ser más que un puñado de momentos efímeros que dejaron un dolor caliente en el rostro. Yo no siento nada pero mira mis manos, están húmedas por el temor.
Perdida la meta que siempre quisimos alcanzar, solamente nos queda arrancarle imágenes al pasado, robar sonidos, cenizas y cervezas en horas infinitas. Jamás quisimos ser héroes y nunca lo fuimos: nos paseamos por los sitios más peligrosos y fue, justo ahí, en donde probaste, probamos tantas cosas que la imaginación murió en una noche de estrellas y los amigos, nuestros amigos, los perdimos en un trueque de monedas y frases políticas. Y tú, sonriente, querías poner fin a la tormenta interior pero aún no era el tiempo adecuado, nuestra epidermis grisácea no cobraba todavía su cuota de lágrimas y servicios.
Pasaron los días, los meses.... y los años nos sorprendieron viendo como cambian las caras y nuestros sueños se desvanecieron para terminar en amargas pesadillas. A pesar de todo, nunca aprendimos a llorar. Nos divertíamos besando rostros extraños en horas muertas por objetos y ruidos filosos, quemando etapas y mal soñando con disfrutar al máximo nuestra estúpida vida. Ahora, sentados en la línea que cruza el desencanto, bebemos con fe esperando una palabra que nos sirva de consuelo, de refugio.
Y ellos te dirán, nos dirán: "Son sólo basura", cerrando sus puertas no sin antes destruir los indicios que inciten al recuerdo. Nos matarán y su olvido nos hará dioses porque nunca encontrarán una señal de arrepentimiento que nos obligue a decir, a mentir, a sentir o, por lo menos, a explicar nuestros motivos.
Hoy no importan los ayeres que vivimos cubiertos de hastío. No, ya no importan, ahora ahogaremos los delirios de una manera diferente: nos los esnifaremos y seremos felices como Alicia.
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revisión 2004: El diario íntimo de un adicto a la esperanza? Pues eso. Citas a la alternative generation en boga, al realismo sucio, a los libros antidroga setenteros, a la despedida religiosa. Escrito de corridito una madrugada después de llegar del mítico club llamado The Last Temptation. Irónico, no?El texto fue publicado en Velocet bajo el seudónimo de Eduardo Ríos.
lunes, 21 de junio de 2004
3. WARHOLA
Yep! Eso fue muy weird. Lo conocí en Nueva York, él se encontraba pasando revistas en la calle, me ofreció una (enero). La puso en mis manos, yo sólo acerté a pronunciar un seco "Gracias". Me aleje rápidamente, asustado camine varias calles abajo sin tener determinado el rumbo a seguir. Un resplandeciente aparador llamo mi atención, me detuve a contemplarlo: maniquíes de estilizada figura, cabezas de cerdo y ropa muy extraña conformaban el decorado. Estaba molesto y no sabía porque.... Al sentir que me observaban, voltee y ahí estaba él; sonriendo vino hacia mi, me tomó del brazo diciendo que iba a ser mi guía por la urbe de acero. Ostia, no quiero admitirlo pero tuve miedo; sin embargo, no resistí y acepte la oferta. Abordamos un taxi ($7 with a tip) y con una enigmática mueca dijo "Conocerás el corazón de América".
Lo cumplió. En este eterno rodaje fuimos extras por unos cuantos dólares. Las luces brillantes de los anuncios de neón como fondo engañoso para una trampa tan divertida como mortal, una tentación con sabor a tantas cosas que es imposible tratar de describirla. New York City.
—Los ghettos y el metro son para respirar miedo— murmuró monótamente mientras observaba a una vieja negra escarbando en los botes de la basura. Agregó asombrado un "...but she's only a negro bag lady!" cuando me vio darle un billete de cinco dólares a la negra que se fue feliz, tarareando un old blues. Titubeante me confeso que la pobreza era una de las cosas que más temía en la vida para luego pasar a explicarme el rito americano de comprar y comprar. Lo que sea, por innecesario que sea. Termine con dos bolsas llenas de ropa, discos, chocolates, libros de moda y pornografía dura ($815). Más tarde, comimos un par de hot dogs en el puesto de Nathan ($5.50) mientras repasaba en el listín rojo los partys de esa noche.
NYC o el éxtasis del desenfreno nocturno. Recorrimos tantos bares que no supe en cual terminamos. Lo vi abrazado de un aspirante a pop star, fornido guaperas en alguna softcore movie de esas que se anuncian en el Village Voice. Are you gay? le pregunte momentos después y para mi sorpresa, tiró mi bebida y se quito la peluca mostrándome sus lágrimas de Halston (¿o eran de YSL?). Paso al servicio de señoras, trago un Obetrol y regreso más tranquilo. Me contó su vida y sus secretos: "I'm Marylin after a sex change" (Marruecos, $20.000). You're crazy, dije, y como respuesta obtuve un "Maybe". Volvió al baño en donde tomo fotos de un drag queen orinando y, al salir, comento que aquel poseía los yarboclos más bolches que había visto en su vida. Potassa, creo, dijo que se llamaba. Por unos minutos, me dejo solo para ir a grabar los jadeos de equis pareja del jet set, que se besaba furiosamente en una de las esquinas del club. Oh gee, really, lo suyo siempre fue el morbo.
Más tarde se gasto otro rollo en una socialité noqueada por la droga y el alcohol. "Even stoned...", dijo con profunda admiración, "...she look so great". Aquello era el pandemonium, un caos en ropa de diseñador y una envolvente coreografía hedonista que nos hacía partícipes a todos. Risas y vueltas frenéticas de personal agitando poppers y bailando disco music mientras yo graffiteaba mi nombre en todos los espacios posibles. En el VIP Room, un puertorriqueño llamado David ofrecía combustible a los junkies de postín. Alguien me dice al oído: "Ese chico nunca fue un artista" y aprovecha el instante para lamer in a very sensual way mi oreja izquierda. Una tía entrada en años paga mis bebidas con su golden card, yo beso a una starlette que fracaso en su intento por llevarse a la cama al galán de moda. En las bocinas suena "I will Survive", ya de mañana, y mogollón de frío.
Domingo, estoy sentado en la última fila de la Catedral. Como siempre, al lado mío esta Adolfo. Fije mi vista en el altar y lo vi ahí, en la cruz. Desperté en ese momento y me escuche decir "Andy Warhol que estás en los cielos..."
---------------------------
revisión 2004: Los diarios de Andy Warhol fueron por un par de años mi libro de cabecera. De su influencia salió este Warhola que cuando apareció publicado por primera vez bajo el nombre de Obsesión en EL CENTRO DE LA RABIA alguna gente -mi amiga Haydé Zavala, entre ellasâ-” pensó que era una trascripción (bueno, ¡qué decir!, la primera versión estaba escrita como si fuera una traducción española tipo Anagrama). Umm, los setenta terminales y primeros ochenta nunca han sido tan añorados.
Lo cumplió. En este eterno rodaje fuimos extras por unos cuantos dólares. Las luces brillantes de los anuncios de neón como fondo engañoso para una trampa tan divertida como mortal, una tentación con sabor a tantas cosas que es imposible tratar de describirla. New York City.
—Los ghettos y el metro son para respirar miedo— murmuró monótamente mientras observaba a una vieja negra escarbando en los botes de la basura. Agregó asombrado un "...but she's only a negro bag lady!" cuando me vio darle un billete de cinco dólares a la negra que se fue feliz, tarareando un old blues. Titubeante me confeso que la pobreza era una de las cosas que más temía en la vida para luego pasar a explicarme el rito americano de comprar y comprar. Lo que sea, por innecesario que sea. Termine con dos bolsas llenas de ropa, discos, chocolates, libros de moda y pornografía dura ($815). Más tarde, comimos un par de hot dogs en el puesto de Nathan ($5.50) mientras repasaba en el listín rojo los partys de esa noche.
NYC o el éxtasis del desenfreno nocturno. Recorrimos tantos bares que no supe en cual terminamos. Lo vi abrazado de un aspirante a pop star, fornido guaperas en alguna softcore movie de esas que se anuncian en el Village Voice. Are you gay? le pregunte momentos después y para mi sorpresa, tiró mi bebida y se quito la peluca mostrándome sus lágrimas de Halston (¿o eran de YSL?). Paso al servicio de señoras, trago un Obetrol y regreso más tranquilo. Me contó su vida y sus secretos: "I'm Marylin after a sex change" (Marruecos, $20.000). You're crazy, dije, y como respuesta obtuve un "Maybe". Volvió al baño en donde tomo fotos de un drag queen orinando y, al salir, comento que aquel poseía los yarboclos más bolches que había visto en su vida. Potassa, creo, dijo que se llamaba. Por unos minutos, me dejo solo para ir a grabar los jadeos de equis pareja del jet set, que se besaba furiosamente en una de las esquinas del club. Oh gee, really, lo suyo siempre fue el morbo.
Más tarde se gasto otro rollo en una socialité noqueada por la droga y el alcohol. "Even stoned...", dijo con profunda admiración, "...she look so great". Aquello era el pandemonium, un caos en ropa de diseñador y una envolvente coreografía hedonista que nos hacía partícipes a todos. Risas y vueltas frenéticas de personal agitando poppers y bailando disco music mientras yo graffiteaba mi nombre en todos los espacios posibles. En el VIP Room, un puertorriqueño llamado David ofrecía combustible a los junkies de postín. Alguien me dice al oído: "Ese chico nunca fue un artista" y aprovecha el instante para lamer in a very sensual way mi oreja izquierda. Una tía entrada en años paga mis bebidas con su golden card, yo beso a una starlette que fracaso en su intento por llevarse a la cama al galán de moda. En las bocinas suena "I will Survive", ya de mañana, y mogollón de frío.
Domingo, estoy sentado en la última fila de la Catedral. Como siempre, al lado mío esta Adolfo. Fije mi vista en el altar y lo vi ahí, en la cruz. Desperté en ese momento y me escuche decir "Andy Warhol que estás en los cielos..."
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revisión 2004: Los diarios de Andy Warhol fueron por un par de años mi libro de cabecera. De su influencia salió este Warhola que cuando apareció publicado por primera vez bajo el nombre de Obsesión en EL CENTRO DE LA RABIA alguna gente -mi amiga Haydé Zavala, entre ellasâ-” pensó que era una trascripción (bueno, ¡qué decir!, la primera versión estaba escrita como si fuera una traducción española tipo Anagrama). Umm, los setenta terminales y primeros ochenta nunca han sido tan añorados.
domingo, 20 de junio de 2004
4. EN LOS SUPERMARKETS (SE ROBA A MOGOLLON)
¡Ah canijo!, ya cayó otro— digo cuando escucho por el interfón aquello de "Sr. Castañeda, pase a Servicios". Cuando llegue al dichoso cubículo me encontré a Daniel, uno de los guardias de seguridad del mercado, quien me informo sobre lo acontecido; la señora que estaba sentada en una de las sillas de la oficina había sido sorprendida robándose unos calcetines. Esta es una de las cosas que me cagan de la gente: que intente robarse, sin tener necesidad, chingaderitas como esas.
La señora tiene unos sesenta años y por sus ropas, se ve de clase media alta. Cuando me acerco a ella, se suelta a llorar y entre sollozos me dice: "Se los voy a pagar pero por favor, no llame a mi hija" agarrándome el saco. "No sé ni me importa quien diablos es su hija, cleptómana" pienso decirle, pero no lo hago, mientras trato de que me suelte.
“Dígame señora, ¿por qué roba?”, le inquiero en un tono seco. Ella intenta contestarme con un "Es que...". Yo no la dejo terminar y, tras verle sendo crucifijo de oro al cuello, le pregunto ¿Es usted católica? Sí, contesta débilmente. “Entonces, ¿No sabe que robar es un pecado y además un delito muy grave?” Rompe a llorar otra vez. “No, con lagrimitas no resuelve nada señora y vamos, ¿unos mugrosos calcetines? ¿Qué no le da vergüenza?” Asustada ofrece pagar el doble del precio de los calcetines si la dejamos ir.
Disfrutando, al verla sufrir, repito la pregunta: “A ver señora, ¿Cuál es el número telefónico de su hija para que venga por usted?” Teatrera como todos los ladrones compulsivos me dice llorando que esta será la última vez que lo hará, que ya aprendió la lección pero que, por favor, no la vaya a consignar. Finalmente, hago que pague el doble del valor de los calcetines (que no le entrego) y que pase la vergüenza de que los demás clientes la vean salir de la tienda escoltada por el guardia de seguridad.
En mi hora de descanso, salgo a comer y al regresar ya había otro detenido. Cara lavada, pelo encrespado, pantalón baggy de mezclilla marca desconocida, blusa roja y zapatillas blancas. Sr. Castañeda, me dice muy serio Daniel, yo no reviso a ese puto. ¡Cómo que no! Ese es su trabajo, le contesto y le obligo a que lo haga. Resignado, empieza a revisarlo: el maricón, medio entusiasmado, se mueve como sirena y suelta una risita coqueta que pone nervioso al guardia, quien apura la tarea para encontrarle en una de las bolsas del pantalón, un barniz para las uñas y unos sobrecitos de Kool Aid de fresa. El total del gran robo no llega a los treinta pesos.
Cuando lo interrogo, insiste en decirme, con una voz tan chillona como la de la Chilindrina, que se los robo por que tenía hambre. “What? A ver, explícame”, le digo, “¿qué carajos ibas a hacer con un barniz y unos Kool Aid? ¿Un licuado? No me quieras ver la cara de estúpido”. “No señor, no es eso, es que...” “Se te antojaron y dijiste ‘Nadie me esta viendo, me los puedo chingar’, ¿no? Eso esta claro, si de verdad tuvieras hambre hubieras agarrado una fruta o un pan”. Ya no dijo nada.
Cuando le pregunto a Daniel si lo reviso bien, el puto se asusta y dice que trae dinero para pagar, que no quiere ir a la cárcel y que... Tampoco lo dejo terminar. Le suelto el habitual discurso de bienestar empresarial: “Eso debiste pensar antes de robar, nosotros confiamos en los clientes y contigo ya es el segundo en el día que agarramos robando; al paso que voy, llenare un camión”. Le ordeno a Daniel que lo lleve a pagar a una caja y que lo saque del mercado; abochornado, el tipo lanza un cantarín y quejumbroso "Gracias señor, le juro que no lo volveré a hacer". Ya me imagino lo que hubiera salido en el periódico si lo mandamos al bote: "Maricón quería pintarse las uñas sin pagar, ahora esta preso" o algo así.
Regularmente me llaman de Servicios una o dos veces al día para solucionar casos como estos pero hoy, creo que los ratas están desatados. El tercer tipo es un individuo joven, de unos 25 años, con finta de cholo malillón que no quería dejarse revisar. "Pinches weyes, ¡yo no me robé nada!", lo escuche decir mientras se ponía en posición de pelea. Cuando por fin lo sometieron Daniel y Orlando -el otro guardia de seguridad-, lo esculcaron y le encontraron unos peines, un paquete de rastrillos, unos chicles, un encendedor sin seguro para niños y una botellita de tequila. ¡Ah! también traía una navajota pero esa si era de él. El tipo se puso roñoso, amenazando a los guardias que los iba a esperar a la salida con su raza para madrearlos. "Se les va a caer el cantón, culeros". Yo no tenía humor para aguantar a cholos pendejos y le dije a Daniel: "Háblale a la patrulla y que se lleven a este cabrón".
La última del día fue una chica punk que se quiso robar una botella de Brandy Presidente. Entro con una bola sin darse cuenta que los guardias estaban vigilándolos muy de cerca; uno de los punkies le metió la botella en la mochila que cargaba en la espalda y ya iban presurosos hacia la puerta de salida cuando Orlando la tomo del brazo y le dijo: "Ya pagaste la botella". Lo chistoso es que yo la conocía de vista porque, bueno, a veces voy a conciertos de rock en el Auditorio, y creo que ahí nos hemos topado. Ella también me reconoció y me pidió que le hiciera un paro porque, según ella, era la primera vez que lo hacía, que sus compas le habían dicho que era muy fácil robar en este mercado. “¿Son tus amigos esos que están afuera? No seas idiota, tus amigos están cagándose de la risa porque te agarraron. ¿Quién se quemó? Tú, no ellos”.
No sé quien dijo que los punkies no lloran porque la tenía enfrente, con todo y su pelito azul, no paraba de llorar. Generalmente cuando alguna persona intenta robar botellas de licor la mando directo a la cárcel pero con esta chica hice una excepción. Era menor de edad y bueno, caer ahí no es una buena experiencia aun para una rebeldita así que la deje llamar a su casa para que vinieran por ella. Su mamá, una señora muy nice, avergonzadísima pago el costo de la botella y de los cabellos la saco del mercado diciéndole: "Ya verás cuando lleguemos a la casa, estúpida". Por mi parte, con tanto ajetreo, estaba cansadísimo.
Afortunadamente diez minutos después, finalizo mi turno.
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revisión 2004: Casos de la vida real. Indeep. Basado en una historia que me conto mi hermano Isaac. Humor caústico que se burla a todo lo posible y un punto de vista casi fascista about the subcultures. ¿Los nombres? El Sr. Castañeda es Robert (de Ford Proco), uno de los guardias es DJ Tolo (un chiste privado, btw) y el otro, un amigo de Los Angeles que venía muy seguido a Tijuana a conciertos de rock en español. Mmm, de este relato hay una versión en audio que hicieron los de UABCool para la materia de Radio II. Ah, y también hay una versión corregida y aumentada para una fallida reedición del Esto no es una salida en Nitro Press.
La señora tiene unos sesenta años y por sus ropas, se ve de clase media alta. Cuando me acerco a ella, se suelta a llorar y entre sollozos me dice: "Se los voy a pagar pero por favor, no llame a mi hija" agarrándome el saco. "No sé ni me importa quien diablos es su hija, cleptómana" pienso decirle, pero no lo hago, mientras trato de que me suelte.
“Dígame señora, ¿por qué roba?”, le inquiero en un tono seco. Ella intenta contestarme con un "Es que...". Yo no la dejo terminar y, tras verle sendo crucifijo de oro al cuello, le pregunto ¿Es usted católica? Sí, contesta débilmente. “Entonces, ¿No sabe que robar es un pecado y además un delito muy grave?” Rompe a llorar otra vez. “No, con lagrimitas no resuelve nada señora y vamos, ¿unos mugrosos calcetines? ¿Qué no le da vergüenza?” Asustada ofrece pagar el doble del precio de los calcetines si la dejamos ir.
Disfrutando, al verla sufrir, repito la pregunta: “A ver señora, ¿Cuál es el número telefónico de su hija para que venga por usted?” Teatrera como todos los ladrones compulsivos me dice llorando que esta será la última vez que lo hará, que ya aprendió la lección pero que, por favor, no la vaya a consignar. Finalmente, hago que pague el doble del valor de los calcetines (que no le entrego) y que pase la vergüenza de que los demás clientes la vean salir de la tienda escoltada por el guardia de seguridad.
En mi hora de descanso, salgo a comer y al regresar ya había otro detenido. Cara lavada, pelo encrespado, pantalón baggy de mezclilla marca desconocida, blusa roja y zapatillas blancas. Sr. Castañeda, me dice muy serio Daniel, yo no reviso a ese puto. ¡Cómo que no! Ese es su trabajo, le contesto y le obligo a que lo haga. Resignado, empieza a revisarlo: el maricón, medio entusiasmado, se mueve como sirena y suelta una risita coqueta que pone nervioso al guardia, quien apura la tarea para encontrarle en una de las bolsas del pantalón, un barniz para las uñas y unos sobrecitos de Kool Aid de fresa. El total del gran robo no llega a los treinta pesos.
Cuando lo interrogo, insiste en decirme, con una voz tan chillona como la de la Chilindrina, que se los robo por que tenía hambre. “What? A ver, explícame”, le digo, “¿qué carajos ibas a hacer con un barniz y unos Kool Aid? ¿Un licuado? No me quieras ver la cara de estúpido”. “No señor, no es eso, es que...” “Se te antojaron y dijiste ‘Nadie me esta viendo, me los puedo chingar’, ¿no? Eso esta claro, si de verdad tuvieras hambre hubieras agarrado una fruta o un pan”. Ya no dijo nada.
Cuando le pregunto a Daniel si lo reviso bien, el puto se asusta y dice que trae dinero para pagar, que no quiere ir a la cárcel y que... Tampoco lo dejo terminar. Le suelto el habitual discurso de bienestar empresarial: “Eso debiste pensar antes de robar, nosotros confiamos en los clientes y contigo ya es el segundo en el día que agarramos robando; al paso que voy, llenare un camión”. Le ordeno a Daniel que lo lleve a pagar a una caja y que lo saque del mercado; abochornado, el tipo lanza un cantarín y quejumbroso "Gracias señor, le juro que no lo volveré a hacer". Ya me imagino lo que hubiera salido en el periódico si lo mandamos al bote: "Maricón quería pintarse las uñas sin pagar, ahora esta preso" o algo así.
Regularmente me llaman de Servicios una o dos veces al día para solucionar casos como estos pero hoy, creo que los ratas están desatados. El tercer tipo es un individuo joven, de unos 25 años, con finta de cholo malillón que no quería dejarse revisar. "Pinches weyes, ¡yo no me robé nada!", lo escuche decir mientras se ponía en posición de pelea. Cuando por fin lo sometieron Daniel y Orlando -el otro guardia de seguridad-, lo esculcaron y le encontraron unos peines, un paquete de rastrillos, unos chicles, un encendedor sin seguro para niños y una botellita de tequila. ¡Ah! también traía una navajota pero esa si era de él. El tipo se puso roñoso, amenazando a los guardias que los iba a esperar a la salida con su raza para madrearlos. "Se les va a caer el cantón, culeros". Yo no tenía humor para aguantar a cholos pendejos y le dije a Daniel: "Háblale a la patrulla y que se lleven a este cabrón".
La última del día fue una chica punk que se quiso robar una botella de Brandy Presidente. Entro con una bola sin darse cuenta que los guardias estaban vigilándolos muy de cerca; uno de los punkies le metió la botella en la mochila que cargaba en la espalda y ya iban presurosos hacia la puerta de salida cuando Orlando la tomo del brazo y le dijo: "Ya pagaste la botella". Lo chistoso es que yo la conocía de vista porque, bueno, a veces voy a conciertos de rock en el Auditorio, y creo que ahí nos hemos topado. Ella también me reconoció y me pidió que le hiciera un paro porque, según ella, era la primera vez que lo hacía, que sus compas le habían dicho que era muy fácil robar en este mercado. “¿Son tus amigos esos que están afuera? No seas idiota, tus amigos están cagándose de la risa porque te agarraron. ¿Quién se quemó? Tú, no ellos”.
No sé quien dijo que los punkies no lloran porque la tenía enfrente, con todo y su pelito azul, no paraba de llorar. Generalmente cuando alguna persona intenta robar botellas de licor la mando directo a la cárcel pero con esta chica hice una excepción. Era menor de edad y bueno, caer ahí no es una buena experiencia aun para una rebeldita así que la deje llamar a su casa para que vinieran por ella. Su mamá, una señora muy nice, avergonzadísima pago el costo de la botella y de los cabellos la saco del mercado diciéndole: "Ya verás cuando lleguemos a la casa, estúpida". Por mi parte, con tanto ajetreo, estaba cansadísimo.
Afortunadamente diez minutos después, finalizo mi turno.
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revisión 2004: Casos de la vida real. Indeep. Basado en una historia que me conto mi hermano Isaac. Humor caústico que se burla a todo lo posible y un punto de vista casi fascista about the subcultures. ¿Los nombres? El Sr. Castañeda es Robert (de Ford Proco), uno de los guardias es DJ Tolo (un chiste privado, btw) y el otro, un amigo de Los Angeles que venía muy seguido a Tijuana a conciertos de rock en español. Mmm, de este relato hay una versión en audio que hicieron los de UABCool para la materia de Radio II. Ah, y también hay una versión corregida y aumentada para una fallida reedición del Esto no es una salida en Nitro Press.
sábado, 19 de junio de 2004
5. NO HAY NADA QUE HACER
Abro la puerta de la despensa para encontrar en ella solamente sopas MARUCHÁN y latas de atún marca STAR KIST. Nevermind, no tengo mucha hambre y quizá sea mejor. Enciendo la tele, GERALDO RIVERA tiene como invitados en su show a gente que, cansada de guardar sus secretos sexuales, está dispuesta a confesarlos frente a las cámaras en red nacional.
Así, desfilan por la pantalla: una chica negra que informa a su familia de la violación que sufrió a manos de un pariente cercano y que además, ahum, es lesbiana; una mujer embarazada le dice a su esposo que el hijo que espera no es suyo y que el padre del mismo es un nigger que se pudre en la cárcel por culpa de un frustrado asalto a mano armada; una pretty white girl confirma a su futuro esposo que ella se ha acostado con varias mujeres pero que she's not a fucking dyke; y, por último, dos parnas onceañeras le confiesan a sus madres que en vez de jugar a las BARBIES pasan las tardes rolando el cuerpo a una ganga de chicos pero que no tienen de que preocuparse, ellas siempre cargan TROJANS lubricados con NONOXYMOL-9.
Boring, no me imagino a Jorge confesando to his old fashioned family que en una ocasión he try to rape that fuckin' chicken, o a my friend Úrsula que pasó por las armas de media prepa, diciendo al pendejo de su esposo gringo que ella se sometió a una operación de reconstrucción del himen antes de casarse para pasar, en la noche de bodas, como toda una mexican señorita.
Creo que GERALDO debería tener a gente como la que consigue JERRY SPRINGER, que hace que te botes de la risa, como cuando un travesti muy parecido a LATOYA JACKSON no bajo de whore & bitch a su own mother y la doña tuvo un shock tremendo que tuvieron que llevarla de inmediato del estudio al hospital y todavía aquél diciendo que era puro cuento, que a su mamá le encantaba llamar la atención. O cómo el caso del chico que quería andar en continua juerga pero insistía en que las bitches (como los negros llaman de cariño a sus viejas) fueran de estreno hasta el momento afortunado de conocerlo a él. Estuvo divertido cuando una chica gorda del público le preguntó: "Do you want a virgin? Here's my bitch" y, je je, le mostró a la casta y pura de su perra dobermán de la cual, por cierto, nunca se supo el nombre.
Veo el inicio del show de RICKI LAKE pero hoy no promete estar curado por lo que juego con el control remoto y cambio una y otra vez de canal. En el channel surfing me encuentro videos (el último de BUSH), noticias (otro atentado anti judío), comerciales (mmm, PIZZA HUT), deportes (rugby australiano), películas (una con la hortera de LIZ TAYLOR) y series (THE MOD SQUAD) que no me interesan en lo absoluto, por lo que decido conectar el ATARI que compré de segunda mano hace casi un mes.
Pongo el cartucho del PAC MAN, este juego ha sido por años uno de mis favoritos aunque, a decir verdad, nunca he podido vencer a los fantasmas y pasar del segundo nivel. Ya saben, cancan wata wata wata ¡pum! estoy acabado. Mi score final es menor de 3000 puntos; mi hermano hace 90000 sin esfuerzo y siempre se está riendo de mí. Juego una media hora y, aburrido, apago el aparato.
Hace medio año compré "caliente" una pistola BERETA .380 en $350 dólares. La tengo guardada en una caja junto a mogollón de revistas STAR y SUCESOS que me presto hace años Raúl y que nunca he leído. ¿Para qué quiere un arma alguien como yo? Sorry, aún no he tenido el tiempo suficiente para hacerme esa pregunta.
A veces pienso que sería divertido estrenarla disparándole a una gente como, por ejemplo: LIONEL RITCHIE. No sé si se acuerden de él, un negro yuppie que se la pasaba DANCING ON THE CEILING o algo así. Fue muy famoso en los ochentas y era el máximo representante del pop aséptico, vulgarmente meloso y... “That really sucks” como atinadamente dirían BEAVIS AND BUTTHEAD. Imagínense, ponerle una pistola en la sien y decirle, “¿Con qué HELLO, nigger?” Desconozco del motivo exacto pero realmente lo odiaba aunque no, lo admito, por el simple hecho de ser negro; si fuera racista entonces me iría a desmaterializar a TOMITA.
A veces caigo en que esas son falsas ilusiones así que, bueno, reviso el periódico buscando un trabajo con una miserable apatía mientras devoro mi sopa MARUCHÁN de camarones. En eso estaba cuando recordé que justo ayer me habló Pepe para proponerme un negocio. En AMWAY, el es "diamond" y claro, ya conduce un CHEVY del año. Tuvimos la misma plática de siempre, again.
—Dame un dólar –le dije– para matar el dolor de un Dios sin hogar que patina mejor que yo.
—Ay Miki, corta tu esperanza con una nueva GILLETE. Nada es como ayer.
Tiene razón, hoy no hay nada que hacer. Me cepillo los dientes, despeino mi cabello y salgo a la calle con la misma ropa que he usado las últimas dos semanas, un LEVI STRAUSS y camisa a cuadros de PERRY ELLIS. Hoy nadie va a detenerme, éste será el día de «Sonríe y Dispara».
Voy a ganar la apuesta de su juego, ya lo verán...
--------------
revisión 2004: Escrito mucho antes de que hablar mal de los talks shows fuera cosa de todos los días. Antes de que explotara el Show de Jerry Springer in the media circus. Un cruce entre la ideología pro-sucess de ciertos grupos y la miseria reflejada en los tv shows. Una bofetada de humor proto slacker y racista, con guiños a Bukowski, Bret Easton Ellis, a Menudo, a Charles Manson, a los amigos de antaño y revistas como Details, Interview o The Face.
Así, desfilan por la pantalla: una chica negra que informa a su familia de la violación que sufrió a manos de un pariente cercano y que además, ahum, es lesbiana; una mujer embarazada le dice a su esposo que el hijo que espera no es suyo y que el padre del mismo es un nigger que se pudre en la cárcel por culpa de un frustrado asalto a mano armada; una pretty white girl confirma a su futuro esposo que ella se ha acostado con varias mujeres pero que she's not a fucking dyke; y, por último, dos parnas onceañeras le confiesan a sus madres que en vez de jugar a las BARBIES pasan las tardes rolando el cuerpo a una ganga de chicos pero que no tienen de que preocuparse, ellas siempre cargan TROJANS lubricados con NONOXYMOL-9.
Boring, no me imagino a Jorge confesando to his old fashioned family que en una ocasión he try to rape that fuckin' chicken, o a my friend Úrsula que pasó por las armas de media prepa, diciendo al pendejo de su esposo gringo que ella se sometió a una operación de reconstrucción del himen antes de casarse para pasar, en la noche de bodas, como toda una mexican señorita.
Creo que GERALDO debería tener a gente como la que consigue JERRY SPRINGER, que hace que te botes de la risa, como cuando un travesti muy parecido a LATOYA JACKSON no bajo de whore & bitch a su own mother y la doña tuvo un shock tremendo que tuvieron que llevarla de inmediato del estudio al hospital y todavía aquél diciendo que era puro cuento, que a su mamá le encantaba llamar la atención. O cómo el caso del chico que quería andar en continua juerga pero insistía en que las bitches (como los negros llaman de cariño a sus viejas) fueran de estreno hasta el momento afortunado de conocerlo a él. Estuvo divertido cuando una chica gorda del público le preguntó: "Do you want a virgin? Here's my bitch" y, je je, le mostró a la casta y pura de su perra dobermán de la cual, por cierto, nunca se supo el nombre.
Veo el inicio del show de RICKI LAKE pero hoy no promete estar curado por lo que juego con el control remoto y cambio una y otra vez de canal. En el channel surfing me encuentro videos (el último de BUSH), noticias (otro atentado anti judío), comerciales (mmm, PIZZA HUT), deportes (rugby australiano), películas (una con la hortera de LIZ TAYLOR) y series (THE MOD SQUAD) que no me interesan en lo absoluto, por lo que decido conectar el ATARI que compré de segunda mano hace casi un mes.
Pongo el cartucho del PAC MAN, este juego ha sido por años uno de mis favoritos aunque, a decir verdad, nunca he podido vencer a los fantasmas y pasar del segundo nivel. Ya saben, cancan wata wata wata ¡pum! estoy acabado. Mi score final es menor de 3000 puntos; mi hermano hace 90000 sin esfuerzo y siempre se está riendo de mí. Juego una media hora y, aburrido, apago el aparato.
Hace medio año compré "caliente" una pistola BERETA .380 en $350 dólares. La tengo guardada en una caja junto a mogollón de revistas STAR y SUCESOS que me presto hace años Raúl y que nunca he leído. ¿Para qué quiere un arma alguien como yo? Sorry, aún no he tenido el tiempo suficiente para hacerme esa pregunta.
A veces pienso que sería divertido estrenarla disparándole a una gente como, por ejemplo: LIONEL RITCHIE. No sé si se acuerden de él, un negro yuppie que se la pasaba DANCING ON THE CEILING o algo así. Fue muy famoso en los ochentas y era el máximo representante del pop aséptico, vulgarmente meloso y... “That really sucks” como atinadamente dirían BEAVIS AND BUTTHEAD. Imagínense, ponerle una pistola en la sien y decirle, “¿Con qué HELLO, nigger?” Desconozco del motivo exacto pero realmente lo odiaba aunque no, lo admito, por el simple hecho de ser negro; si fuera racista entonces me iría a desmaterializar a TOMITA.
A veces caigo en que esas son falsas ilusiones así que, bueno, reviso el periódico buscando un trabajo con una miserable apatía mientras devoro mi sopa MARUCHÁN de camarones. En eso estaba cuando recordé que justo ayer me habló Pepe para proponerme un negocio. En AMWAY, el es "diamond" y claro, ya conduce un CHEVY del año. Tuvimos la misma plática de siempre, again.
—Dame un dólar –le dije– para matar el dolor de un Dios sin hogar que patina mejor que yo.
—Ay Miki, corta tu esperanza con una nueva GILLETE. Nada es como ayer.
Tiene razón, hoy no hay nada que hacer. Me cepillo los dientes, despeino mi cabello y salgo a la calle con la misma ropa que he usado las últimas dos semanas, un LEVI STRAUSS y camisa a cuadros de PERRY ELLIS. Hoy nadie va a detenerme, éste será el día de «Sonríe y Dispara».
Voy a ganar la apuesta de su juego, ya lo verán...
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revisión 2004: Escrito mucho antes de que hablar mal de los talks shows fuera cosa de todos los días. Antes de que explotara el Show de Jerry Springer in the media circus. Un cruce entre la ideología pro-sucess de ciertos grupos y la miseria reflejada en los tv shows. Una bofetada de humor proto slacker y racista, con guiños a Bukowski, Bret Easton Ellis, a Menudo, a Charles Manson, a los amigos de antaño y revistas como Details, Interview o The Face.
jueves, 17 de junio de 2004
06. TAN CUTE
A los dos nos fascinaba el basquet y a pesar de que yo no era el mejor del equipo, aplaudías emocionada cada vez que lograba encestar una canasta y a mí, estúpido naïve, me parecía increíble saber que me observabas. Después del juego, te acercaste a saludar y, sin importarte en lo absoluto mi sudor, me diste un abrazo. Me quite la camiseta y tu, sonreías y yo, en ese momento, con el torso desnudo, te devolví la sonrisa preguntando emocionado: “¿Qué tal estuve?” justo cuando sonaba el timbre de entrada a clases y empezaba a aburrirnos el tiempo y la ciencia.
Aquel era uno de esos días en que se podía hablar de melancolía, de tardes grises y lluviosas, de citas en los Patines de Plata y largas conversaciones telefónicas. Pero yo soñaba despierto que por primera vez me decías "I love you". En aquel viejo salón creí escuchar tu voz de acento sureño, pero cuando te busqué, lo único que vi fue el rostro amenazador de esa vieja maestra de zapatotes horribles inquiriéndome como una Linda Blair poseída, por el peso atómico del ¿Helio? ¿Litio? ¿Radio? No sé, ya no me acuerdo bien.
Te conocí una mañana de septiembre del ochenta y dos cuando caminabas por el patio del colegio cantando un tema de Oscar Athié, y algún amigo, Miki quizás, me pregunto: “¿Ya viste a esa chica tan rara?” Tenías una belleza que conservaba el candor infantil bajo formas incipientes de mujer y unas actitudes de chico de barrio bravo que indistintamente odiaba a Menudo tanto o más que a la Hello Kitty. Claro, entre tanta mediocridad y noñería sobresalías de inmediato: eras la tomboy de ojos verdes, una güerita tan cute en jumper azul que no pude evitar fijarme en ti.
Al principio tenía mis dudas, era algo nuevo para mi y ahora mismo pienso que tal vez no fue amor lo que sentía por ti, era algo mucho más fuerte que eso. Tú, en cambio, nunca te diste por enterada de qué iba el rollo de estar tanto tiempo juntos y me considerabas tu ‘super’ mejor amigo interesándote más por no dejar el primer lugar, por conseguir ese disco de Pedro Marín con el cover de "Te diré" y por dominar el teclado de una vieja Olivetti. I can’t stop falling in love with you.
Paso el invierno, llego la primavera y con ella, las ilusiones. Escribí en una tarjeta todo lo que se me ocurrió que sentía por ti, sin esperar nunca un rechazo tan cruel; cuando tu mejor amiga me la entregó convertida en múltiples pedacitos de papel, supe que nunca más podría de amar a otra chica. Con ese aire tan cool que se intuía en mí, fui al puesto de la esquina y ahí, para aliviar un poco mi dolor, me compre el Fantomas semanal, una Coca Cola de botella y unos churritos con mucho chile. No llore hasta que llegue a casa.
El backlash inicio al día siguiente y no fue el hecho de que mis amigos me repitieran "¿A quien le dijeron que no?" por una semana completa sino el vacío enorme que sentí a partir de ese momento. Ya no me importo la pelea por el primer lugar, los partys de 2 a 8pm, los discos de Zorro, las chapitas de Madness; lo único "bueno" que aprendí fue que la decepción golpea muy duro, que cerrar el puño en los taxis es señal de pelea en el lenguaje cifrado de los cholos y que un etcétera comprende muchas cosas. Yo de verdad intenté conformarme pero no pude porque estabas siempre en mi mente y casi sin querer aprendí a ser el voyeur, a seguir tus pasos y tus miradas; vi crecer tus tetas, no mucho, y como estas se rebelaban ante lo estrecho de tu inolvidable jumper azul.
Después hubieron otras chicas, manos sudadas y besos primerizos tras una cadena del Espíritu Santo. Pero la ilusión ya nada fue igual. Ahora yo sé que me recuerdas como aquél que escribió con un plumón rojo en tu camisa blanca colegial llena de estúpidos recuerdos de Secundaria: "Hey PUTA, nunca me olvides".
Yeah, nunca te olvides de mí.
----------------------
revisión 2004: Esta es una versión preliminar a la que aparece en el libro. El periodo high school, lleno de in-jokes, referencias a lo más cutre de los 80s, super naive y, a distancia, medio cínico. Tal vez mi relato más biográfico (aunque, releyéndolo, ya no me parece tanto). Hay por ahí una segunda parte llamada "De cuando mi hermano quería ser John Travolta" (que supuestamente iba entrar en Buten Smileys y no supe donde quedo). Este relato apareció en el suple Niagara de la revista Viceversa (seleccionado por Guillermo Fadanelli en el número de no recuerdo que aniversario del 68).
Aquel era uno de esos días en que se podía hablar de melancolía, de tardes grises y lluviosas, de citas en los Patines de Plata y largas conversaciones telefónicas. Pero yo soñaba despierto que por primera vez me decías "I love you". En aquel viejo salón creí escuchar tu voz de acento sureño, pero cuando te busqué, lo único que vi fue el rostro amenazador de esa vieja maestra de zapatotes horribles inquiriéndome como una Linda Blair poseída, por el peso atómico del ¿Helio? ¿Litio? ¿Radio? No sé, ya no me acuerdo bien.
Te conocí una mañana de septiembre del ochenta y dos cuando caminabas por el patio del colegio cantando un tema de Oscar Athié, y algún amigo, Miki quizás, me pregunto: “¿Ya viste a esa chica tan rara?” Tenías una belleza que conservaba el candor infantil bajo formas incipientes de mujer y unas actitudes de chico de barrio bravo que indistintamente odiaba a Menudo tanto o más que a la Hello Kitty. Claro, entre tanta mediocridad y noñería sobresalías de inmediato: eras la tomboy de ojos verdes, una güerita tan cute en jumper azul que no pude evitar fijarme en ti.
Al principio tenía mis dudas, era algo nuevo para mi y ahora mismo pienso que tal vez no fue amor lo que sentía por ti, era algo mucho más fuerte que eso. Tú, en cambio, nunca te diste por enterada de qué iba el rollo de estar tanto tiempo juntos y me considerabas tu ‘super’ mejor amigo interesándote más por no dejar el primer lugar, por conseguir ese disco de Pedro Marín con el cover de "Te diré" y por dominar el teclado de una vieja Olivetti. I can’t stop falling in love with you.
Paso el invierno, llego la primavera y con ella, las ilusiones. Escribí en una tarjeta todo lo que se me ocurrió que sentía por ti, sin esperar nunca un rechazo tan cruel; cuando tu mejor amiga me la entregó convertida en múltiples pedacitos de papel, supe que nunca más podría de amar a otra chica. Con ese aire tan cool que se intuía en mí, fui al puesto de la esquina y ahí, para aliviar un poco mi dolor, me compre el Fantomas semanal, una Coca Cola de botella y unos churritos con mucho chile. No llore hasta que llegue a casa.
El backlash inicio al día siguiente y no fue el hecho de que mis amigos me repitieran "¿A quien le dijeron que no?" por una semana completa sino el vacío enorme que sentí a partir de ese momento. Ya no me importo la pelea por el primer lugar, los partys de 2 a 8pm, los discos de Zorro, las chapitas de Madness; lo único "bueno" que aprendí fue que la decepción golpea muy duro, que cerrar el puño en los taxis es señal de pelea en el lenguaje cifrado de los cholos y que un etcétera comprende muchas cosas. Yo de verdad intenté conformarme pero no pude porque estabas siempre en mi mente y casi sin querer aprendí a ser el voyeur, a seguir tus pasos y tus miradas; vi crecer tus tetas, no mucho, y como estas se rebelaban ante lo estrecho de tu inolvidable jumper azul.
Después hubieron otras chicas, manos sudadas y besos primerizos tras una cadena del Espíritu Santo. Pero la ilusión ya nada fue igual. Ahora yo sé que me recuerdas como aquél que escribió con un plumón rojo en tu camisa blanca colegial llena de estúpidos recuerdos de Secundaria: "Hey PUTA, nunca me olvides".
Yeah, nunca te olvides de mí.
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revisión 2004: Esta es una versión preliminar a la que aparece en el libro. El periodo high school, lleno de in-jokes, referencias a lo más cutre de los 80s, super naive y, a distancia, medio cínico. Tal vez mi relato más biográfico (aunque, releyéndolo, ya no me parece tanto). Hay por ahí una segunda parte llamada "De cuando mi hermano quería ser John Travolta" (que supuestamente iba entrar en Buten Smileys y no supe donde quedo). Este relato apareció en el suple Niagara de la revista Viceversa (seleccionado por Guillermo Fadanelli en el número de no recuerdo que aniversario del 68).
miércoles, 16 de junio de 2004
07. DIAGRAMAS DE CULATA
Fue una procesión desgarrante de negros y olvidos, cantando viejos temores, rotos por el vendaval del SIDA; bailando desnudos, excitados entre humo cruel y anestesia.
Videando su cuerpo estrellado por la disciplina hiperdulía, hábilmente toma el licor de números nones para dispara besos con sabor a muerte en ese espejo de suerte maldita.
En el centro de la rabia, el himen intacto y la boca sucia, locos tatuados, riéndose en cuclillas, comen de otra basura; ella y sordos decibeles, puto esfínter humillado en dramas baratos.
Vanos golpes, secuestros oblongos a la pasión estéril, cojones y sus gritos, mentiras con cara de chico bonito; testigos obscenos, crucifijos risueños y videocámaras Sony.
La casa estaba ardiendo a través de huesos y sollozos, vomitando “Muchas Gracias” y billetes de dolor venenoso que rompieron la estática puerta entre infiernos y ríos de semen.
La cerda irónica escribe “Te jodí” en una servilleta de turbia belleza, pensando en azúcar y cristales rojos que limpian la prueba del deseo marchito e injertan un sádico miedo.
-------------------------
revisión 2004: Umm, de mi periodo Corcobado? Terminó siendo una canción entre industrial y dark spanish pop en las manos (y sintes) de Los Santos Oleos. Ah, tiene un guiño, super evidente, a uno de mis fanzines.
Videando su cuerpo estrellado por la disciplina hiperdulía, hábilmente toma el licor de números nones para dispara besos con sabor a muerte en ese espejo de suerte maldita.
En el centro de la rabia, el himen intacto y la boca sucia, locos tatuados, riéndose en cuclillas, comen de otra basura; ella y sordos decibeles, puto esfínter humillado en dramas baratos.
Vanos golpes, secuestros oblongos a la pasión estéril, cojones y sus gritos, mentiras con cara de chico bonito; testigos obscenos, crucifijos risueños y videocámaras Sony.
La casa estaba ardiendo a través de huesos y sollozos, vomitando “Muchas Gracias” y billetes de dolor venenoso que rompieron la estática puerta entre infiernos y ríos de semen.
La cerda irónica escribe “Te jodí” en una servilleta de turbia belleza, pensando en azúcar y cristales rojos que limpian la prueba del deseo marchito e injertan un sádico miedo.
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revisión 2004: Umm, de mi periodo Corcobado? Terminó siendo una canción entre industrial y dark spanish pop en las manos (y sintes) de Los Santos Oleos. Ah, tiene un guiño, super evidente, a uno de mis fanzines.
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