anse is dead, jimmy is dead, javi is dead
Jodida coyuntura. Pégate un tiro, grita por la falta de estructura, abraza a un freak, inventa una guerra. Agita hipócrita la bandera de lo que quieras, cruza la frontera vs el fracaso, la resaca nos refrescará hoy con un poquito de dolor. ¿Un fix religioso, equis material, a good/bad relationship? Don’t choose anything, dispara, dispara. El manual del usuario no contenía soluciones, adversidad es el nombre de la puta que nos acompaña, la interface que nos dice >>>Delete yourself. El baile la poesía del vinilo el fax o las neuronas que perdimos en la ruta shoegazzer aquella que seguimos branquias bajo el agua envenenando las historias ligadas por negras sorpresas y la subcultura made of stone –ces petits riens- que juramos nunca revelar.
cathy is dead, cynthia is dead, pedro is dead
Preppie, loser, gente de éxito, the shame of the city. Soñando una fuga, el fingir indiferencia por una ausencia amistosa, eterna búsqueda y negación del valor positivo inherente en todo fracaso. Olvidar o no, las postales que recibíamos cada otoño de lugares extraños, las confesiones de “Shake the tree” y los poppers; el acoso de las buenas intenciones, las vueltas del destino y la culpa católica que nos persigue a todo sitio al que asistimos; las charlas con mamá, los consejos de papá, sus ilusiones tan brillantes como billboards del futuro. >>>Nothing ever changes.
sal is dead, adriana is dead, rosita is dead
Don’t be shy, es sólo el comienzo. Todo es tan inútil como la celebración de mediocres cumpleaños, de los ecos rebeldes en las enciclopedias de antaño y el trauma económico que se sufre sin remedio. Un mal diseño existencial o la remota posibilidad de huir, de resistencia fortuita, de vencer el drumbeat de niño interior, de sobrepasar los límites, de reírse al conseguir lo anhelado uno de estos días. De convertir la vida en algo más que un intento trasvestido que se diluye mientras suena nuestra canción favorita: People who died.
pablo is dead, max is dead, pepe is dead
El pasar de otra gente, confusión. Sin dinero, con dinero. Escuchando, viendo, sintiendo una ligera señal de triunfo. Too fuckin’ happy o embarcados en el ride de sepa Dios qué ruedas y crueles historias. Just a moment, please. Cambio de canal, chit-chat nocturno, domingos en casa, imágenes y trips que dan la nota. Somos los únicos que recordamos la peor película de la historia: la vimos en aquel verano de indecisión, tirados en nuestro interactivo pesimismo. ¿Lo recuerdan? >>> Lo drencrom ya no funciona, las risas son el reflejo acomodado en las revistas, un minidisc portable que graba nuestras más íntimas conversaciones, la penúltima moda que nos alcanzó en el bus de grito uniforme, disparates, el calor del radical house, la sensación dispersa que nos une y separa, la maldita velocidad. Everybody hurts.
rubén is dead, mario is dead, claudia is dead
Desde el acantilado everything parece frágil ansiolíticos post-consumismo exagerado relativa angustia posiblemente lo sea esquivando el golpe las parejas la vuelta social el derroche de small town la crisis el mentir como pose los envases de cervezas los e-mails que nunca se contestan pogo pendenciero los faxes la brutalidad sobre otras rutas el presupuesto de atracción el software bassifondi nuevo delicatessen el practicar del sexo inseguridad la noticia del día “Lo demás no importa” todos derrotados el abrazo final el temor a perdernos después la fantasía la comida congelada los deseos todos amarrados la euforia el volver a lo mismo moldear el compromiso despegar en las noches o conformarse con tres minutos un segundo el tiempo que pasamos juntos la tarjeta que se vence fin de mes todos on-line el oficio salvaje los años de “Obedece tu fe” lullaby neofascista una camisa de fuerza la visita inesperada Why...? era la pregunta
itzel is dead, sergio is dead, charlynne is dead
Maravillados por esto y aquello dislexia chill-out vivafamiliar las promesas porvenir incierto hip hop de marcha esos olores lujuria libertad condicional y planes que nunca se llevarán a cabo rebelión o violencia todos mensajes de frustración sueños e intenciones que masturban el miedo la familia tierra negra panorama en ruinas un reality show todos sufriendo tristes erecciones y vaginas en cólera imposible ruptura la obsesión el presente que nos ahoga modernos videogramas fotos de top models drinking & fucking camino libre velocidad ecos del hardcore inercia stop detrás de la mirada puta soledad “Jesús te ama” un anuncio glitter melancolía burguesa a fine day todos flotando en el espacio sintiéndose brand new talismán >>>don’t give it up. La felicidad es un alegre ritmo que nos dice “Ven a sentir el ruido”.
víctor is dead, gracie is dead, efrén is dead
Todos mis amigos se divierten sin sentido. Danny, gurú metálico en proceso de liquidación, decía que la droga era su vida mientras punteaba oportunidades en la pista de baile. Julio se prodigaba en la fórmula de presión para recuperar, buen toque y juego armónico como ejercicio de adoración. Bobby renunció grogui al sueño que casi conquistó, ahora pide el regreso de noches y weekends que estúpidamente dejo pasar. Todos mis amigos añoran algo que en el camino se perdió. Dee dee, maquillada para un día hermoso, intentó desesperada brincar desde el gran puente pero sólo pudo gritar con cierto desencanto: ¡Cómo duele el conformismo! Carlos apostaba por dejar en claro su ambigua sexualidad, cool waves de pura electricidad. Luis sólo borracho, o en la noche inventada, decía las cosas que realmente sentía. Todos mis amigos apuestan a ganar y esperan ansiosos que algo se queme para volver a ocupar un lugar en el pasado o estrenar posición en un presente que se nos acaba. Gerardo abandonó la city pensando que eso lo haría mejor; Diana regresó sin hope sintiéndose peor; Katerine decía que si en la pelea perdió un par de dientes, la culpa había sido suya. Todos mis amigos se preguntan: ¿Qué hacemos aquí? ¿Cuál es el sentido de todo esto?, etc.
lili es dead, junior is dead, rafa is dead
Siempre fuimos buenas personas, autoestima de rascacielo, risa y euforia en los ojos, casos difíciles que conocíamos algunas cosas y otras no, en picada por afterhours interminables y tardes de karaoke, años perdidos entre sus mentiras y nuestra ironía >>> going down. Ya no hay sitio a dónde ir, la vida se convirtió en una enorme bodega vacía y ahora, tras acabarse la penúltima fiesta, todos nos sentimos víctimas una vez más.
Sorry, my friends. We lost.
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revisión 2004: Con la muerte de Claudia Franchini cambian tantas cosas. Antes esto era una afirmación de la posibilidad de dejar atrás personas y situaciones; hoy, es un listado de personas imprescindibles en mi vida.
Este texto primero apareció en formato de flyer para una lectura a la que no asisti en la Feria del Libro; luego, se publico en la revista angelina PUB.
lunes, 27 de septiembre de 2004
lunes, 20 de septiembre de 2004
15. Paraké
Lejos de todo, sin impulsos hardcore, recreamos el presente al ritmo minimal que dicta una drum machine. Atesorando el ahora, subiéndonos al tren de la autoindulgencia, imaginando paisajes, un puzzle perfecto. Cansados de preferir la (in)seguridad del ensueño, de atestiguar esa compra-venta que no termina por efectuarse, apostando por un golpe de calor que borre nuestra estupidez al no reclamar una esperanza abandonada, eso que marca nuestra esencia. Pensar que hasta hace poco la felicidad era una pastilla, grandes líneas, marcas de agua prodigiosa que celebraban el (des)encuentro de las cosas que dejamos atrás.
Para vivir el engaño hay que creerlo.
Tenemos la sospecha que el momento actual es un cúmulo de problemas que nos atosigan, vestigios de adolescentricidad sin concesiones, la incapacidad de aceptar la falta de un diálogo interno, el catalizador revolucionario de lo que debiera ser y nunca es, un atajo para perderse en algo que se parece cada día más a nuestra vida y que finalmente nos cambia. No hay que subestimar el poder de la negación.
Los deseos del cuerpo son lágrimas.
Nadie es lo que dice ser, suceden tantas cosas a la vez. Es sólo un inútil esbozo por la búsqueda y conexión del fracaso como algo positivo. Punk rock implosion. La soledad es una asignatura que hay que aprender pronto a enfrentar; sin embargo, no se puede alejar lo que nunca estuvo cerca, ni querer volver a tener lo que nunca fue nuestro. Hay situaciones en las que es mejor –eso que aconseja el manual del usuario- meter el alma hasta el fondo para convertirla en un ejemplo de estoicismo que cruza ilusiones y paga tarifa fija. Fuck this and that.
Nuestra muerta juventud.
Una cursi historia telegénica para ser vista en grandes pantallas y sonido digital. El final de la broma que se escribe al revés, el reflejo de una maldita época que nos destruye en charlas confusas y sesiones de repeat & repeat. Hechos polvo, todas las señales que hay en el camino nos llevarán a la misma conclusión: Conocer es (des)amor. Demasiado obvio, un paso necesario pero no redituable, lo que se debe hacer y ya. Dejar de anhelar todas esas cosas que hacen mentir a Dios en contra de sí mismo, renegade fuck. En perspectiva, todo se ve mal cuando se recuerda bien, cuando hay opiniones contrarias que trascienden, cuando las personas tienen el mismo valor de las noticias.
Ey! Hay gente que nadie espera.
Sin saber a donde ir, nuestra mente es un frágil edificio cuya estructura está a punto de ceder. Un idiot savant que ve pasar los días sabiendo que todo es (ir)real y que da igual. Atrapados en una especie de confinamiento dócil y aburrido, perdidos ante el close-up de papel tradicional. Sedados, esperando que alguien comparta la caída y extienda la mano al pobre asesino que llevamos dentro o que nos proporcione un poco de valor para enfrentar sueños y hallazgos antes del desastre.
Somos muñecos de cuerda, complejos de diversión, electroseducción, ansiedad on-line. Podemos cambiar de ideas sin un asomo de asco o pudor, pero el feeling desesperanzador permanece. ¿Tú temor es el mismo que el nuestro? Lo imposible es lo que se reclama, captar más cosas y hacer algo con ellas. Subversión, confort, velocidad, confusión, tics de burguesía, sexo, necesidades construidas, influencias y diferencias, seguridad, invención de juegos y sonrisas, ¿qué más da? Nuestro pequeño argumento, dudas cíclicas y angulares, nula posibilidad de recuperar el tiempo que se pierde odiando aquello que no siempre dura lo pertinente. Objetivo y significado, teorías sobre el desencanto, lo que importa. Sin aviso, llega la verdad.
La vida es así: un disparo y punto final.
¿Qué va a cambiar entre el día de hoy y mañana? Algo, todo, nada. Nevermind, las cosas pasan por una razón. A veces no pasan por la misma razón. Estamos hartos de ser razonables. Si no te haces preguntas, no te decepcionas. La mayoría de las veces todo nos decepciona. ¿Darnos cuenta! Fuck, ni siquiera lo entendemos.
Whatever.
Para qué queremos preguntas, para qué queremos respuestas, si ya sabemos que de lo que pasa no tenemos ni puta idea.
Game over!
Game over!
Game over!
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revisión 2004: Mi acercamiento al campo de batalla. Too many samples para anotarlos (desde Luis Arcaraz a Baudrillard, de los tv shows a Houllebecq)
Para vivir el engaño hay que creerlo.
Tenemos la sospecha que el momento actual es un cúmulo de problemas que nos atosigan, vestigios de adolescentricidad sin concesiones, la incapacidad de aceptar la falta de un diálogo interno, el catalizador revolucionario de lo que debiera ser y nunca es, un atajo para perderse en algo que se parece cada día más a nuestra vida y que finalmente nos cambia. No hay que subestimar el poder de la negación.
Los deseos del cuerpo son lágrimas.
Nadie es lo que dice ser, suceden tantas cosas a la vez. Es sólo un inútil esbozo por la búsqueda y conexión del fracaso como algo positivo. Punk rock implosion. La soledad es una asignatura que hay que aprender pronto a enfrentar; sin embargo, no se puede alejar lo que nunca estuvo cerca, ni querer volver a tener lo que nunca fue nuestro. Hay situaciones en las que es mejor –eso que aconseja el manual del usuario- meter el alma hasta el fondo para convertirla en un ejemplo de estoicismo que cruza ilusiones y paga tarifa fija. Fuck this and that.
Nuestra muerta juventud.
Una cursi historia telegénica para ser vista en grandes pantallas y sonido digital. El final de la broma que se escribe al revés, el reflejo de una maldita época que nos destruye en charlas confusas y sesiones de repeat & repeat. Hechos polvo, todas las señales que hay en el camino nos llevarán a la misma conclusión: Conocer es (des)amor. Demasiado obvio, un paso necesario pero no redituable, lo que se debe hacer y ya. Dejar de anhelar todas esas cosas que hacen mentir a Dios en contra de sí mismo, renegade fuck. En perspectiva, todo se ve mal cuando se recuerda bien, cuando hay opiniones contrarias que trascienden, cuando las personas tienen el mismo valor de las noticias.
Ey! Hay gente que nadie espera.
Sin saber a donde ir, nuestra mente es un frágil edificio cuya estructura está a punto de ceder. Un idiot savant que ve pasar los días sabiendo que todo es (ir)real y que da igual. Atrapados en una especie de confinamiento dócil y aburrido, perdidos ante el close-up de papel tradicional. Sedados, esperando que alguien comparta la caída y extienda la mano al pobre asesino que llevamos dentro o que nos proporcione un poco de valor para enfrentar sueños y hallazgos antes del desastre.
Somos muñecos de cuerda, complejos de diversión, electroseducción, ansiedad on-line. Podemos cambiar de ideas sin un asomo de asco o pudor, pero el feeling desesperanzador permanece. ¿Tú temor es el mismo que el nuestro? Lo imposible es lo que se reclama, captar más cosas y hacer algo con ellas. Subversión, confort, velocidad, confusión, tics de burguesía, sexo, necesidades construidas, influencias y diferencias, seguridad, invención de juegos y sonrisas, ¿qué más da? Nuestro pequeño argumento, dudas cíclicas y angulares, nula posibilidad de recuperar el tiempo que se pierde odiando aquello que no siempre dura lo pertinente. Objetivo y significado, teorías sobre el desencanto, lo que importa. Sin aviso, llega la verdad.
La vida es así: un disparo y punto final.
¿Qué va a cambiar entre el día de hoy y mañana? Algo, todo, nada. Nevermind, las cosas pasan por una razón. A veces no pasan por la misma razón. Estamos hartos de ser razonables. Si no te haces preguntas, no te decepcionas. La mayoría de las veces todo nos decepciona. ¿Darnos cuenta! Fuck, ni siquiera lo entendemos.
Whatever.
Para qué queremos preguntas, para qué queremos respuestas, si ya sabemos que de lo que pasa no tenemos ni puta idea.
Game over!
Game over!
Game over!
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revisión 2004: Mi acercamiento al campo de batalla. Too many samples para anotarlos (desde Luis Arcaraz a Baudrillard, de los tv shows a Houllebecq)
viernes, 17 de septiembre de 2004
16. rollercoaster
las cosas no iban bien.
A veces sucede así, otras no. Cansados de esperar a que algo pase, dispuestos a todo sin saber a que, pensando cuando fue que nos equivocamos de dirección, en que esquina de la city perdimos todo eso —metas, ideales, sonrisas, ejercicios de amabilidad, viejos amigos— que guardábamos para un día de paz. Los acontecimientos ocurren a cierta velocidad, son cosa del azar o infortunios del deseo de agitar y provocar a cinco tipos de cuidado. Subir y caer se convierte en algo habitual, como si fuera parte de un ciclo a seguir por obligación e innata convicción, la propuesta que se repite y repite ad infinitum como la nota gancho en la promoción de los infomerciales que tanto nos aburren de madrugada. Una sensación que nos divide y explora sin cesar.
¿por qué cuesta tanto tomar una decisión?
En un instante de claridad todos queremos respuestas justas para preguntas mal planteadas. Sin importar lo que hagamos o a donde vayamos, la idea de estar en un atasco emocional nos persigue, la maldición de la que hablaba Chomsky se vuelve contra nosotros. Buscando un núcleo de esperanza, conocer que un loft no es la ampliación de vida genuina, constatar que todo es apariencia: miseria urbana, cambio de look, llamadas en espera, libros de auto-ayuda, portales de antagonismo progresivo, listas de popularidad, tardes de encuentros fortuitos, balas de conformidad para cinco tipos de cuidado. Antes tuvimos la sospecha que nunca nada valió la pena, ahora lo sabemos de primera fuente. Whatever.
¿qué le pasó a los finales felices?
Hay cosas que nos hacen sentir culpables sin saber por qué; hay otras que, tras perderlas, se empeñan en recordarnos, no sin cierta timidez y a veces con algo de inútil gedogen, que tan importantes fueron para nosotros. El juego es simplemente hacer lo nuestro, dominar el rebote de los actos espontáneos y el driblar de las horas, cuestionar las estrategias determinadas por una temporada atroz, hacer las transferencias adecuadas y acercarnos cada momento a la mejor ocasión, llegar a ella sin retardos ni excusas. Es difícil hacerlo sin aceptar esos pequeños errores de cálculo que acortan las ventajas antes logradas, sin tomar nunca en cuenta las ocasiones en que nos deslizamos en el borde del perímetro, cuando se buscaba una salida de emergencia para cinco tipos de cuidado porque sí y porque qué más da buscar el impacto —lo inesperado suele ser mejor—, una posible colisión que acabe con todo y con todos. El fracaso, a veces, nos deja algo positivo.
¿alguna vez te has sentido atrapado?
Una caída con los ojos cerrados. El grito es un pretexto, tan sólo eso. Una fiesta, apoyos o fondos de retiro, una grieta por donde escapar. Días y noches enteras pensando que se puede encontrar la forma de decir las cosas que debemos decir, eso que realmente nos importa, sin lastimar ni implicar a nadie más. Algo inútil: nos olvidamos que lo que uno dice puede, en determinado momento, ser el arma con la cual el destino nos disparará. Conceptos elevados a los cuales no podemos corresponder, falsas esperanzas, mapas conceptuales, proyectos de vida distantes, bifurcación de caminos, cinco tipos de cuidado, deseos que sólo son eso, melancolía y frustración. Plegarias sin atender, un hueco interior, voces que no se callan como los dedos de la mano de aquel pobre tipo —gringo, veterano de alguna guerra química, paranoico y sonriente— que se acercaba éstos al rostro para implorar su silencio con un nervioso murmullo. Podemos entenderlo: en nuestra cabeza también hay demasiado ruido para intentar comprender de manera racional lo que ocurre [la desesperación no es, por lo visto, en estos casos una buena idea].
Up & down very fast
Hay quien dice, no sin justa razón, que es bueno que nos duela el cuerpo, eso indica que podemos pensar en otras cosas; quizás, pero el desconsuelo, al igual que la calma o esos cinco tipos de cuidado que nos mortifican sin cesar, es una cita a ciegas que tarde o temprano sabemos tendremos que cumplir. Sin embargo, nos equivocamos por completo al creer que iba a ser fácil cortar de tajo una historia —breve, si se quiere— en común. Se nos esfumaron las decisiones. Aquello se desperdigo sin autorización, creció sin control, sin fecha de caducidad. Desafiante e intransigente, sin escuchar palabras ni entender razones, tiro ancla y echó a rodar los dados que nos permitieron llenar de emociones intensas una vida aparentemente vacía, lidiar con el dolor de todos los días y someternos a la repentina cantidad de risas que nos hicieron sospechar que un futuro próximo ya nada sería así. Se nos esfumaron las opciones. No podemos evadir nuestra responsabilidad como tampoco creer el dogma ese de que lo que posees terminará por poseerte aunque sabemos que es una verdad tan cierta como nickel.
Casi en bancarrota, apenas nos queda aliento.
Conversaciones interrumpidas por el ir y venir de la multitud; por la incapacidad para entender que la vida no es simplemente un espectáculo en circuito cerrado que se transmite en directo; por los gritos irritantes de un manic street preacher cuyo mensaje es un punto muerto en nuestra tormenta diaria. Algo irónico si tomamos en cuenta esas noches dedicadas a ver nuestro look de pelea en los cristales de los autos, platicando a la deriva, en camino a ninguna parte o con la esperanza de que la lluvia, fiel compañera de soledad requerida, sirviera de algo y que arreciara con furia dentro de nosotros para no tener que taparnos el rostro. Es obvio que todos encontramos algún motivo adecuado para rendirnos cuando lo creemos necesario, algo normal que puede significar la oportunidad para dar un paso atrás y volver a empezar. Podría ser lo mejor, lo que aconsejan cinco tipos de cuidado ante el peligro de inminente desastre pero, sin saber a ciencia cierta el porqué, no queremos alejarnos, no podemos hacerlo. Tenemos miedo de perder algo en el camino o simplemente, perderlo todo. ¿Es esto lo más cercano a matar nuestras ilusiones? Si tan sólo pudiéramos después recordar esto y reírnos como antes.
Advertencia: No intentes cambiar el curso de la montaña rusa.
Subimos juntos al ride, freaks de categoría especial por el simple hecho de ser quienes somos: chispazos de felicidad, preocupación eterna, melodías para noches sin sueño, el reclamo del triste payaso solisiano, cinco tipos de cuidado, un sample que nos recuerda continuamente “This is your life”, el lugar donde ocurren las cosas, personas interesantes que aparecen en la soledad y cuya proximidad es todo lo que se necesita. Las gafas que usamos son solamente un guiño, un seguir de rutas impuestas por casualidad o la forma de evitar los designios de un Dios con pésimo sentido del humor, una forma clara de decir: “Nadie supo ganar” Nuestra visión de las cosas es otra, decidimos no decidir o, al menos, eso parece.
parar es algo que ya no podemos hacer.
Las gafas sirven para aparentar que se mantiene el ideal de bienestar y orden por seguir; relativistas ad-hoc, guardamos la distancia necesaria que se indica en el manual del usuario. Lo nuestro es imperfección, un querer darse el lujo de vivir y dejar que el tiempo nos cure las heridas sin tener que hacerse la pregunta: ¿Quién diablos nos quitará las jodidas banderillas? Nuestra conciencia está en un Post it color amarillo, nuestra identidad está ligada a un juke-box personal que repite tanto los temas que cantamos en los momentos felices como aquellos otros que reflejan nuestra fase más low. Entre el futuro y la calle, la contradicción como signo: el no saber que hacer es algo muy recurrente por aquí, rechazar los cinco tipos de cuidado, una despedida que no quiere ser, un click constante a la oferta interactiva de la frivolidad o un desafortunado brincar oportunidades, recostadas en la calle, como si fueran parte de aquel juego infantil de tiza y papel mojado. Algo tan engañoso que ni la más firme voluntad puede evitar.
Sólo queremos seguir, dar vueltas y volver al espacio.
Hay que señalar que somos exactamente todo lo contrario a lo que dice la gente que somos o fuimos. Cinco tipos de cuidado. Can you understand that? En última instancia, puede que lo que ocurre no sea más un cutrieslogan para rematar, la faribolesca idea del paraíso perdido o simplemente el hecho de que esta mañana, al despertar, la tristeza nos mostró su espalda malsoñante, reflejo insólito del “Tú no hubieras podido”. Así son las cosas y no de otro modo. Nos falta tiempo, nos sobra tiempo para las interminables pláticas que acaban siempre con aquello de “ya no quiero hablar”. Al parecer se ha dicho todo y, sin embargo, no se ha dicho nada. A veces nos damos cuenta que las palabras no sirven, que éstas no logran atrapar ese einfeuhlung extraviado. ¿Hueles el peligro? We have explosive. No decepcionaremos a nadie cuando lleguen los malos tiempos. Suponemos que, después de todo lo expresado, ya no hay nada más que decir. [Lo mejor de nuestra vida aún está por ocurrir]
by the way, it’s not unusual to think about it.
---------------
revisión 2004: Demasiado personal, demasiado visceral. A good friendship yéndose al carajo. Sin poder evitarlo, casi sin darse cuenta. Me sigue pareciendo genial la cita de Chomsky. Viajes a USA, películas en VHS, largas pláticas para tratar de entender lo que ya se fue, mp3s. Uno de mis textos favoritos.
A veces sucede así, otras no. Cansados de esperar a que algo pase, dispuestos a todo sin saber a que, pensando cuando fue que nos equivocamos de dirección, en que esquina de la city perdimos todo eso —metas, ideales, sonrisas, ejercicios de amabilidad, viejos amigos— que guardábamos para un día de paz. Los acontecimientos ocurren a cierta velocidad, son cosa del azar o infortunios del deseo de agitar y provocar a cinco tipos de cuidado. Subir y caer se convierte en algo habitual, como si fuera parte de un ciclo a seguir por obligación e innata convicción, la propuesta que se repite y repite ad infinitum como la nota gancho en la promoción de los infomerciales que tanto nos aburren de madrugada. Una sensación que nos divide y explora sin cesar.
¿por qué cuesta tanto tomar una decisión?
En un instante de claridad todos queremos respuestas justas para preguntas mal planteadas. Sin importar lo que hagamos o a donde vayamos, la idea de estar en un atasco emocional nos persigue, la maldición de la que hablaba Chomsky se vuelve contra nosotros. Buscando un núcleo de esperanza, conocer que un loft no es la ampliación de vida genuina, constatar que todo es apariencia: miseria urbana, cambio de look, llamadas en espera, libros de auto-ayuda, portales de antagonismo progresivo, listas de popularidad, tardes de encuentros fortuitos, balas de conformidad para cinco tipos de cuidado. Antes tuvimos la sospecha que nunca nada valió la pena, ahora lo sabemos de primera fuente. Whatever.
¿qué le pasó a los finales felices?
Hay cosas que nos hacen sentir culpables sin saber por qué; hay otras que, tras perderlas, se empeñan en recordarnos, no sin cierta timidez y a veces con algo de inútil gedogen, que tan importantes fueron para nosotros. El juego es simplemente hacer lo nuestro, dominar el rebote de los actos espontáneos y el driblar de las horas, cuestionar las estrategias determinadas por una temporada atroz, hacer las transferencias adecuadas y acercarnos cada momento a la mejor ocasión, llegar a ella sin retardos ni excusas. Es difícil hacerlo sin aceptar esos pequeños errores de cálculo que acortan las ventajas antes logradas, sin tomar nunca en cuenta las ocasiones en que nos deslizamos en el borde del perímetro, cuando se buscaba una salida de emergencia para cinco tipos de cuidado porque sí y porque qué más da buscar el impacto —lo inesperado suele ser mejor—, una posible colisión que acabe con todo y con todos. El fracaso, a veces, nos deja algo positivo.
¿alguna vez te has sentido atrapado?
Una caída con los ojos cerrados. El grito es un pretexto, tan sólo eso. Una fiesta, apoyos o fondos de retiro, una grieta por donde escapar. Días y noches enteras pensando que se puede encontrar la forma de decir las cosas que debemos decir, eso que realmente nos importa, sin lastimar ni implicar a nadie más. Algo inútil: nos olvidamos que lo que uno dice puede, en determinado momento, ser el arma con la cual el destino nos disparará. Conceptos elevados a los cuales no podemos corresponder, falsas esperanzas, mapas conceptuales, proyectos de vida distantes, bifurcación de caminos, cinco tipos de cuidado, deseos que sólo son eso, melancolía y frustración. Plegarias sin atender, un hueco interior, voces que no se callan como los dedos de la mano de aquel pobre tipo —gringo, veterano de alguna guerra química, paranoico y sonriente— que se acercaba éstos al rostro para implorar su silencio con un nervioso murmullo. Podemos entenderlo: en nuestra cabeza también hay demasiado ruido para intentar comprender de manera racional lo que ocurre [la desesperación no es, por lo visto, en estos casos una buena idea].
Up & down very fast
Hay quien dice, no sin justa razón, que es bueno que nos duela el cuerpo, eso indica que podemos pensar en otras cosas; quizás, pero el desconsuelo, al igual que la calma o esos cinco tipos de cuidado que nos mortifican sin cesar, es una cita a ciegas que tarde o temprano sabemos tendremos que cumplir. Sin embargo, nos equivocamos por completo al creer que iba a ser fácil cortar de tajo una historia —breve, si se quiere— en común. Se nos esfumaron las decisiones. Aquello se desperdigo sin autorización, creció sin control, sin fecha de caducidad. Desafiante e intransigente, sin escuchar palabras ni entender razones, tiro ancla y echó a rodar los dados que nos permitieron llenar de emociones intensas una vida aparentemente vacía, lidiar con el dolor de todos los días y someternos a la repentina cantidad de risas que nos hicieron sospechar que un futuro próximo ya nada sería así. Se nos esfumaron las opciones. No podemos evadir nuestra responsabilidad como tampoco creer el dogma ese de que lo que posees terminará por poseerte aunque sabemos que es una verdad tan cierta como nickel.
Casi en bancarrota, apenas nos queda aliento.
Conversaciones interrumpidas por el ir y venir de la multitud; por la incapacidad para entender que la vida no es simplemente un espectáculo en circuito cerrado que se transmite en directo; por los gritos irritantes de un manic street preacher cuyo mensaje es un punto muerto en nuestra tormenta diaria. Algo irónico si tomamos en cuenta esas noches dedicadas a ver nuestro look de pelea en los cristales de los autos, platicando a la deriva, en camino a ninguna parte o con la esperanza de que la lluvia, fiel compañera de soledad requerida, sirviera de algo y que arreciara con furia dentro de nosotros para no tener que taparnos el rostro. Es obvio que todos encontramos algún motivo adecuado para rendirnos cuando lo creemos necesario, algo normal que puede significar la oportunidad para dar un paso atrás y volver a empezar. Podría ser lo mejor, lo que aconsejan cinco tipos de cuidado ante el peligro de inminente desastre pero, sin saber a ciencia cierta el porqué, no queremos alejarnos, no podemos hacerlo. Tenemos miedo de perder algo en el camino o simplemente, perderlo todo. ¿Es esto lo más cercano a matar nuestras ilusiones? Si tan sólo pudiéramos después recordar esto y reírnos como antes.
Advertencia: No intentes cambiar el curso de la montaña rusa.
Subimos juntos al ride, freaks de categoría especial por el simple hecho de ser quienes somos: chispazos de felicidad, preocupación eterna, melodías para noches sin sueño, el reclamo del triste payaso solisiano, cinco tipos de cuidado, un sample que nos recuerda continuamente “This is your life”, el lugar donde ocurren las cosas, personas interesantes que aparecen en la soledad y cuya proximidad es todo lo que se necesita. Las gafas que usamos son solamente un guiño, un seguir de rutas impuestas por casualidad o la forma de evitar los designios de un Dios con pésimo sentido del humor, una forma clara de decir: “Nadie supo ganar” Nuestra visión de las cosas es otra, decidimos no decidir o, al menos, eso parece.
parar es algo que ya no podemos hacer.
Las gafas sirven para aparentar que se mantiene el ideal de bienestar y orden por seguir; relativistas ad-hoc, guardamos la distancia necesaria que se indica en el manual del usuario. Lo nuestro es imperfección, un querer darse el lujo de vivir y dejar que el tiempo nos cure las heridas sin tener que hacerse la pregunta: ¿Quién diablos nos quitará las jodidas banderillas? Nuestra conciencia está en un Post it color amarillo, nuestra identidad está ligada a un juke-box personal que repite tanto los temas que cantamos en los momentos felices como aquellos otros que reflejan nuestra fase más low. Entre el futuro y la calle, la contradicción como signo: el no saber que hacer es algo muy recurrente por aquí, rechazar los cinco tipos de cuidado, una despedida que no quiere ser, un click constante a la oferta interactiva de la frivolidad o un desafortunado brincar oportunidades, recostadas en la calle, como si fueran parte de aquel juego infantil de tiza y papel mojado. Algo tan engañoso que ni la más firme voluntad puede evitar.
Sólo queremos seguir, dar vueltas y volver al espacio.
Hay que señalar que somos exactamente todo lo contrario a lo que dice la gente que somos o fuimos. Cinco tipos de cuidado. Can you understand that? En última instancia, puede que lo que ocurre no sea más un cutrieslogan para rematar, la faribolesca idea del paraíso perdido o simplemente el hecho de que esta mañana, al despertar, la tristeza nos mostró su espalda malsoñante, reflejo insólito del “Tú no hubieras podido”. Así son las cosas y no de otro modo. Nos falta tiempo, nos sobra tiempo para las interminables pláticas que acaban siempre con aquello de “ya no quiero hablar”. Al parecer se ha dicho todo y, sin embargo, no se ha dicho nada. A veces nos damos cuenta que las palabras no sirven, que éstas no logran atrapar ese einfeuhlung extraviado. ¿Hueles el peligro? We have explosive. No decepcionaremos a nadie cuando lleguen los malos tiempos. Suponemos que, después de todo lo expresado, ya no hay nada más que decir. [Lo mejor de nuestra vida aún está por ocurrir]
by the way, it’s not unusual to think about it.
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revisión 2004: Demasiado personal, demasiado visceral. A good friendship yéndose al carajo. Sin poder evitarlo, casi sin darse cuenta. Me sigue pareciendo genial la cita de Chomsky. Viajes a USA, películas en VHS, largas pláticas para tratar de entender lo que ya se fue, mp3s. Uno de mis textos favoritos.
lunes, 9 de agosto de 2004
sábado, 7 de agosto de 2004
01. WHERE'S THE DONKEY SHOW, MR. MARIACHI?
"Tijuana fue la causa por la que James Dean tuvo unos cuernos de toro en su departamento neoyorquino." Details Magazine.
Les confirmaron que era el lugar más feliz del mundo. Les hablaron de chicas caminando semi desnudas por la eterna e interminable acera principal. Les contaron sobre el surfing pendenciero en los clubes y cantinas, de borracheras míticas con sabor a blue hawaiians, margaritas, long islands, tequila y cerveza. Les susurraron en los oídos aquella vieja leyenda atrapa-stupid-gringos del donkey show y ellos como buenos hijos de la Middle America —jar heads, navy guys, white trash in cutoffs—, se creyeron todo y emocionados llegaron a la city tras haber ensayado cómo pedir "one cerveza".
Al cruzar la línea, Robert y Danny —un par de marines con el weekend libre— sienten, como muchos otros turistas, que les restriegan en la cara ese olor de tan característico de las fritangas. Welcome to Mécsico. "Don't let the cabbies sucker you. Downtown it's too easy to reach, walk and follow the other turists", les informaron unos veteranos de la Guerra Tijuana y ellos siguieron el consejo. Caminaron, subieron y bajaron el puente México, caminaron unos cuantos pasos más y arriban a su destino. Justo al llegar al downtown, un taxista le preguntó a Robert, "Hey gringo, ¿Quieres puta?" Danny suelta un inmediato "Huh?" y Robert intenta pronunciar bien "No graciash". Aunque sus padres son mexicanos, Robert casi no habla español. El taxista insiste en ello, "I know where is the best mexican pussy". "Yeah, show us some" suena casi a reclamo. Es la voz de Danny, todo hormonas a los veinte años. "Chill, maaan!" le dice Robert y lo jala en dirección al semáforo. Cruzan la calle y otro taxista menciona algo del Donkey Show, pero pasan de ello.
En la terraza de una disco beben las primeras cervezas al ritmo del imperativo coro de "We will rock you" y Robert se fija que esto parece Norteamérica: todos los clientes son gringos y los únicos mexicanos que hay son los meseros que quieren propina de a dólar cada vez que sirven otra ronda de cerveza dos equis lager. Danny está mirando fijamente a ese dream team en el Club de Aerobics "California": esculturales gringas de busto firme y traseros de acero apenas cubiertos por una minifalda o un short de mezclilla. Chicas envueltas en licra que ya borrachas se dejan meter mano y que bailan sensuales el "me so horny, me so horny" mientras las acarician lascivamente negros gigantescos en medio de la pista; todas ellas son bitchs blanquitas a las que les encanta levantarse al legendario macho negrito. Danny, el chico de Ohio todo acné y compulsión, sabe que no puede competir con la fuerza de los mitos y angry le da otro trago a su cerveza.
Lager, lager, lager. Es el grito eufórico en todos los bares que visitan. Lager, lager, lager. Siempre igual mientras suena "Born, born to be alive". Lager, lager, lager. I wanna fuck!, I told you that, Robert. Lager, lager, lager. "Yes, I wanna lick some hot pussy too", contesta eufórico aquél. Lager, lager, lager. Sonidos de sirena, ¡qué alguien pague las cervezas! Lager, lager, lager. Do you speak english? le inquiere Danny a una chica bonita en una disco repleta de gente mexicana. No obtiene respuesta y hace otro intento. Uno de los veteranos de la Guerra Tijuana le dijo que esta frase no fallaba y el tonto cayó. ¿Chupas verga? pregunta con juvenil candor y la chica indignada le dice ¡No, get lost cabrón! El tono y los ademanes son harto efusivos, el desprecio traspasa la frontera de idioma y Danny vuelve angry a su cerveza. Por su parte, Robert si logra bailar y, por unos cuantos minutos, se adueña de una cintura breve al ritmo de un rock en español y él trata de besarla furtivamente y le compra una bebida y la zorrita local, después de tomar un especial de tres cincuenta de dólar y darle baje con los cigarros, le dice que tiene que buscar a una amiga y no vuelve más.
Ya borrachos, Robert y Danny se meten a un antro de putas y el mesero trácala los hace pagar dos veces las minicervezas. Cuatro dólares por cada botellita. No protestan, saben de antemano que no tiene sentido hacerlo. Se sientan cerca de la plataforma y, a esa distancia, le ven las múltiples estrías a la stripper en turno y al sacar Robert un billete de diez dólares, la puta se acerca; Robert quiere agarrarle las tetas, la puta le hace un guiño familiar aceptando el dinero y Roberto le toca ligeramente las tetas. La puta se retira sonriendo y Danny, otra vez horny, se acuerda del Donkey Show, Robert no le hace caso. Danny insiste: "Holy shit!, I saw it in a movie". "Yeah, I remember that one", le contesta Robert fingiendo interés, "Bachelor Party with Tom Hanks". Danny deja su botella en la mesa para decirle all drunkie: "Wrong mofo, the movie was Losing it with that fucking faggot...". Una pelea entre marines pochos y trolos mexicanos detiene la discusión, los veteranos de la Guerra Tijuana les advirtieron sobre los peligros de esto y salen de inmediato. Es obvio, a los gringos son a los primeros que se madrean los de seguridad y también los meseros; además, para ambos la cárcel de Tijuana no tiene gracia aunque sí un poco de leyenda que no llega a ser mayor que la del donkey show, aquel acto increíble que une a una bailarina exótica con un burro en una jornada de bestialismo pre-war.
Recorren una y otra vez la avenida, otros bares y otras cervezas. Los Village People y "Here we are now, entertain us...", AC-DC y "0ne, two, three, four... sumpin' new", Grandmaster Flash y "Oh, oh, tainted love". En la madrugada, no sex no score, totalmente borrachos paran a comer unos hot-dogs que Danny vomitará dos cuadras después. La boca de Danny es un grifo que no para y Robert asustado le avisa "Fuck you! the Tijuana Hit Squad!" pero, ¡qué suerte!, los del Grupo Táctico no se fijan en ellos. Hora de emprender el camino a casa, otra vez el lidiar con los taxistas que insisten en llevarlos hasta la línea fronteriza y ellos, borrachos, empeñados en caminar y caminar.
En la esquina de la Plaza Santa Cecilia, decenas de charros negros esperan desesperados a un hombre enamorado que quiera llevar serenata a esa astuta mujer que no quiere dar el sí o a ese borracho loser que quiere olvidar sus penas en plan nacionalista cantando "pero sigo siendo el rey". Robert se anima, se acerca a uno de ellos, el tipo sonríe pensando en dólares. Ante la sonrisa, Robert se relaja y por fin, confiado, pregunta: "Where's the donkey show, Mr. Mariachi?"
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revision 2004: Uno de mis textos mas citados en los estudios sobre la literatura fronteriza. Por un tiempo fue material de lectura obligatoria en algunas universidades. Casi nadie ha entendido la ironía atrapada en este relato y por ello, sobran las acusaciones de xenófobo, misógino y etc. Una mirada a los que vienen a mirar a lo exótico. O algo asi.
jueves, 5 de agosto de 2004
02. NO TODOS PODEMOS SER JUNIORS
Ella, siempre dispuesta a escuchar mis diatribas, acostumbraba a llamarme diariamente por teléfono. A mí me encantaba esa terapia sin costo. Por años me había sentido derrotado y sin una respuesta. “¿Cuál es el camino correcto?”, me preguntaba a mí mismo a cada instante. Ella me daba algunas pistas, pero la situación era vaga, apenas bosquejo de emociones inciertas sobre conexiones que no se daban. Habría que ver si eran genuinas o no.
(1. El eterno inconforme es un líder de derechas
y sale casi a diario en los periódicos.)
A dónde diablos, le pregunte a ella, se llevaron nuestras sonrisas y bromas juveniles, en dónde torcimos el rumbo y en qué segundo de indecisión se fueron nuestras ilusiones al carajo. (¿Por qué siempre me pasa esto a mí? hay quien dice que es cuestión de karma pero yo lo dudo). El verano de nuestra vida se empieza a marchitar, ya somos adultos y no sé porque eso me rompe el corazón. (¿Cuál era la política del aburrimiento y aquella otra de la buenaventura? A ver, quién puede explicármelo). Ahora todo lo que escucho es "Ten cuidado con lo que pides que puede que se te cumpla".
(2. Esa chica rara tuvo una época atroz, un aborto
y un intento de suicidio; ahora se pasea arrogante y nunca responde a nuestro saludo.)
Y ella me contesto, con su peculiar tono pausado, diciéndome esto: "Si quieres vivir Fer, tienes que eliminar los placeres pasajeros y reemplazarlos con lecciones divinas más duraderas. Explorar el potencial de la conciencia humana, eso es lo mejor y chance que sea tú única opción". (Como si eso fuera fácil, cosa de ir al supermarket a comprar un manual por cien pesos y ya...)
3. Los pequeños idiotas e indeseables del salón van por la vida de cuello blanco y corbata para disfrutar tangiblemente el escurridizo éxito.)
¿Y ahora qué?, le pregunte una noche al salir juntos de una fiesta. (Creo que fue una buena pregunta ¿no?). Ella, al verme totalmente ebrio, me quito las llaves del auto y se ofreció a llevarme en el suyo a casa. En el camino le confesé lo que mis buenos amigos me habían dicho: "No te preocupes, estamos chamacos y todo va a salir bien". (¡Qué risa nos dio! que estúpidos fuimos, somos y seremos). Y proseguí: "¿Puedes ver el estado de situación? Los maestros y nuestros padres nos decían, nos prometían, nos mentían: el futuro es de ustedes. Ahora me pregunto ¿es qué acaso no lo sabían?, es que no se enteran que la vida te enseña, la vida se ensaña y nunca conoces el por qué". (Suena desolador pero no era así, hasta entonces todo marchaba bien, se los juro). No sé quién empezó la discusión, ella o yo, pero al llegar a mi casa me baje furioso del auto y le estrelle en el vidrio delantero la botella de whiskey que me había robado de la fiesta; ella no me hizo ningún reclamo tan sólo se marchó y, más enojada por mi estupidez que por el cristal roto, dejo de hablarme por teléfono casi seis meses.
(4. Mi mejor amiga antes bailaba y reía mucho, ahora
triste no acepta, como tantos otros, el fracaso de su matrimonio. Rueda mi mente pensando en que nuestros
posibles hijos hubieran sido más bellos y divertidos.)
Recuerdo que, por esa y otras tantas razones difíciles de admitir, un día triste de agosto de mil nueve noventa y dos me fui de aquí porque quería olvidar, pero al mes volví a mi casa. A mi ciudad. No podía escapar de mi historia y de mi vida en paralelo con ella. Y ella siempre me lo advirtió: todos nos podemos equivocar, la vida te atrapa y a veces, sin merecerlo, te da una segunda oportunidad. (Para eso, yo ya estaba a punto de alcanzar mi revólver, harto de proteger mi humanidad ante una multitud de falsos sueños). En ese instante de confrontación y crisis existencial comprendí que no todos nacimos para ser juniors y que yo apenas estaba aprendiendo a vivir la vida de trabajo y sufrimiento, una tarea larga y aburrida que mutila algo más que ilusiones.
(5. La chica tímida, que nunca supo en donde tenía el clítoris,
se cambió de religión y se perdió dos años en rumbos extraños;
en su equipaje llevaba nuestra amistad
y hasta la fecha, ella no sabe en que sitio la perdió.)
Casi diez años después, en nuestras reuniones todos mis amigos de escuela hablan de sus hijos, de sus coches, de terrenos y vacaciones, de aventuras y divorcios, de mil cosas. Pero ninguno habla de sus sueños más personales, esos sueños que creo se perdieron con el paso del tiempo, entre las opciones y los deberes con los que nos tantea y distrae la vida. (¿Qué es eso de sentar cabeza, carajo? una nueva táctica experimental o el asunto ese de la madurez). Todos corren tras el dinero y yo... ya no me atrevo: se me acabaron las ganas, me quede sin speed. Justo ahí, en una de esas fiestas, me entere que...
(6. Ese chico tan hablantín se canso representar ante
nuestros ojos una insípida mentira: ahora, para sorpresa de todos, vive feliz con su simpático novio y le importa un comino si lo aceptamos o no.
Mis mejores amigos, mis compañeros de escuela y cómplices de aventura son más que extraños. Muchos de ellos, aspirantes de viajes autónomos, escogieron reintegrarse y formar parte del rebaño y ya no quieren acordarse de las fiestas en las que disfrazados nos reímos tanto. Yo ya no entiendo su lenguaje, ni ellos el mío. (Por cierto, nunca ha sido una cosa que me preocupe mucho). Los únicos que parecen entender de qué va el rollo son esa pareja -ella en eterna dieta y él experto en computadoras y música heavy de los ochentas- que adopto a un niño mongolo; ellos, divertidos y muy viscerales, son los únicos que siguen en la misma sintonía de furor adolescente, videando películas porno y pidiendo por teléfono pizza a domicilio.
(7. Aquel otro murió de forma chistosa -no preguntes como- luego de enterarse por celular que su padre en bancarrota se había volado los sesos.
Yo no me explico en qué fallamos, el trato era no ser iguales a nuestros padres, pero esa noche al salir del último party se rompieron los lazos. (Tengo el momento justo grabado en video). Es triste admitirlo, pero no hay amigos para siempre. Es inevitable, sucede y, ahora sólo quedamos ella y yo hablando por teléfono, riéndonos al recordar que, en esa última reunión, alguien me preguntó: "Y ahora Fer, ¿cuáles son tus planes?". Yo, sin un dejo de ironía en mi voz, dije: "Este año sí quiero aprender a manejar correctamente" y me eché a reír otra vez.
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revision 2004: Un texto para responder al "Oye, ¿tú qué has hecho con tu vida? ". El motivo por el cual no me invitan ya a las fiestas de generacion de mi primera carrera.
lunes, 2 de agosto de 2004
03. FEK!
Aturdida me escribes, en mi cuaderno de notas, casi sin quererlo: "¿En dónde está ese amigo con él que nunca me he sentido juzgada?" y agregas propositiva entre manchones de tinta negra un "quiero volver a reír contigo en alcohol". Y sí, claro que puedo emborracharme contigo, compartir la jeringa o pasarnos en un momento de euforia o desesperación. Recuerda que yo soy la droga perfecta, la imagen perfecta, el momento perfecto pero vamos, tú también lo eres. Ya aburridos, ya cansados, ya en pleno viaje, ya de vuelta, ya muriéndonos en el sexo y abarrotados de basura cantaremos esa canción que tanto te gusta. Por favor, entiende mis razones: de verdad, puedo escupirte en el rostro y besártelo después sin ningún asomo de asco o pudor. Una y otra vez, si eso te sienta bien. O mejor aún, ofrecerte como suripanta en cualquier esquina de estas calles de Dios y sonrojarme al ver los dólares que me ofreces desde el auto.
En una de esas calles de Dios aprendí que todos tenemos un precio. Y si pagas lo correcto puedo ser amante de tu amante, la ocasión de probar y la posibilidad de olvidar quien jodidos eres. Puedo golpearte y tranquilamente sentarme en el retrete para hacer minucias mientras devoras tu histeria y te veo hacerlo con quien quieras. Tuya es la decisión y yo estaré ahí, para escupirte el rostro y besártelo después sin ningún asomo de asco o pudor. Recuerda que yo puedo ser tu única alternativa, tu deseo maldito y tu pasión escondida. Todo quedará en el olvido o en nuestro retrete hecho minucias: la humillación del deshonor, la vergüenza del ayer y esa oportunidad que niegas a ese ser menor que llevas muy escondido dentro de ti. Yo jalare la correa porque... para eso estoy, ¿no?
Aviso de ocasión, cariño. Búsqueda de trabajo sin oportunidad y calles desiertas y nosotros solos en un bar de puta madre. Agita tus tetas, me dices, que yo agitaré las mías que son mejores. Yo, sentado en el retrete, haré minucias para ti y tú sonreirás con la boca recién pintada y dirás que te sientes discriminada y que ¡por Dios!, alguien venga a sacarnos de este fango. Y yo callaré, pensando en cómo disfrutar una pelea próxima y decir lo que pienso y decidir si sentarme o no en el retrete para hacer minucias para ti.
Y qué más da si ya no hay más de esa droga llamada vida. Y qué importa, dirán ellos sentados en otro bar de puta madre o bebiendo frapuccino sin azúcar en raras tacitas de porcelana china, mirando entusiasmados por el ventanal a mogollón de gente en vértigo por la alta tasa de criminalidad. Tocándose el culo en afán equilibrista, flipando en éxtasis con música a tope y hablando del futuro y del auto nuevo y de cómo guardar la línea sin morirse de hambre. Y en ese momento de deleite mortal, los chicos y las chicas felices entraran decididos al círculo de iniciados y todos, inclusive nosotros, perderemos en exquisitos fariboles y nos emborracharemos pegándonos insultos y llantos de electro en una perorata que resulta inacabable y que resume toda nuestra euforia y desesperación.
¡Qué felices somos, de verdad! Esto es una maravilla: te pegó otra vez y tú, ¡toda risas! Y yo seré tu esclavo y beberé tu sangre mientras cantamos tu canción favorita. Agitare mis tetas y te perforare ese ser menor que llevas muy escondido dentro de ti y te recitare "tyger, tyger" para hacerte reír y pensaré que todo acaba al iniciar, lo demás es bisutería que aprendí en la calle en donde cada cosa tiene su precio. Y qué importan los etcéteras, ahora nuestros quejidos son tatuajes al alimón que reciclan el odio y esa felicidad de pegarte y ser esclavo tuyo o el estar sentado en el retrete haciendo minucias para ti.
Recuerda que puedo ayudarte a vomitar en la resaca sin ningún asomo de asco o pudor, a luchar en contra del desprestigio promulgado por la voz de tus vecinos y pegarme de tiros en un bar de puta madre o bebiendo capuccino sin azúcar en raras tacitas de porcelana china. Si quieres llorar te prestare por un momento mi atención y seré testigo en todos tus delitos, pero no participare en ellos porque sin duda estaré aburrido y cansado de mirar a mogollón de gente en vértigo por la alta tasa de criminalidad. Si algún día quieres flipar, seré un compañero de viajes ideal porque yo soy el momento perfecto y recitare, una y otra vez, "tyger, tyger" para hacerte reír. Pon la fecha y ahí estaré agitando mis tetas o sentado en el retrete haciendo minucias mientras tú sonríes con los labios recién pintados. Claro, puedes contarme todas las mentiras que quieras y yo haré un nudo con ellas, cerrare mi pico y culo por ti mientras que tú, en una de esas calles de Dios, devoras tu histeria o te lo haces con quien quieras.
Al final, si eso te sienta bien, ambos podemos sentarnos en el retrete para convertir todo esto en minucias mientras recitamos "tyger, tyger" o cantamos, una y otra vez, tu canción favorita.
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revision 2004: De una nota dejada por una amiga en mi libreta universitaria salio la idea de este texto circular. Agregenle citas a William Blake, el ritmo de "Perfect drug" de Nine Inch Nails y una perspectiva post machista. Uno de mis favoritos. BTW, cuando lo lei en Ensenada, un very old man se acerco a decirme que ese texto era su poema favorito.
En una de esas calles de Dios aprendí que todos tenemos un precio. Y si pagas lo correcto puedo ser amante de tu amante, la ocasión de probar y la posibilidad de olvidar quien jodidos eres. Puedo golpearte y tranquilamente sentarme en el retrete para hacer minucias mientras devoras tu histeria y te veo hacerlo con quien quieras. Tuya es la decisión y yo estaré ahí, para escupirte el rostro y besártelo después sin ningún asomo de asco o pudor. Recuerda que yo puedo ser tu única alternativa, tu deseo maldito y tu pasión escondida. Todo quedará en el olvido o en nuestro retrete hecho minucias: la humillación del deshonor, la vergüenza del ayer y esa oportunidad que niegas a ese ser menor que llevas muy escondido dentro de ti. Yo jalare la correa porque... para eso estoy, ¿no?
Aviso de ocasión, cariño. Búsqueda de trabajo sin oportunidad y calles desiertas y nosotros solos en un bar de puta madre. Agita tus tetas, me dices, que yo agitaré las mías que son mejores. Yo, sentado en el retrete, haré minucias para ti y tú sonreirás con la boca recién pintada y dirás que te sientes discriminada y que ¡por Dios!, alguien venga a sacarnos de este fango. Y yo callaré, pensando en cómo disfrutar una pelea próxima y decir lo que pienso y decidir si sentarme o no en el retrete para hacer minucias para ti.
Y qué más da si ya no hay más de esa droga llamada vida. Y qué importa, dirán ellos sentados en otro bar de puta madre o bebiendo frapuccino sin azúcar en raras tacitas de porcelana china, mirando entusiasmados por el ventanal a mogollón de gente en vértigo por la alta tasa de criminalidad. Tocándose el culo en afán equilibrista, flipando en éxtasis con música a tope y hablando del futuro y del auto nuevo y de cómo guardar la línea sin morirse de hambre. Y en ese momento de deleite mortal, los chicos y las chicas felices entraran decididos al círculo de iniciados y todos, inclusive nosotros, perderemos en exquisitos fariboles y nos emborracharemos pegándonos insultos y llantos de electro en una perorata que resulta inacabable y que resume toda nuestra euforia y desesperación.
¡Qué felices somos, de verdad! Esto es una maravilla: te pegó otra vez y tú, ¡toda risas! Y yo seré tu esclavo y beberé tu sangre mientras cantamos tu canción favorita. Agitare mis tetas y te perforare ese ser menor que llevas muy escondido dentro de ti y te recitare "tyger, tyger" para hacerte reír y pensaré que todo acaba al iniciar, lo demás es bisutería que aprendí en la calle en donde cada cosa tiene su precio. Y qué importan los etcéteras, ahora nuestros quejidos son tatuajes al alimón que reciclan el odio y esa felicidad de pegarte y ser esclavo tuyo o el estar sentado en el retrete haciendo minucias para ti.
Recuerda que puedo ayudarte a vomitar en la resaca sin ningún asomo de asco o pudor, a luchar en contra del desprestigio promulgado por la voz de tus vecinos y pegarme de tiros en un bar de puta madre o bebiendo capuccino sin azúcar en raras tacitas de porcelana china. Si quieres llorar te prestare por un momento mi atención y seré testigo en todos tus delitos, pero no participare en ellos porque sin duda estaré aburrido y cansado de mirar a mogollón de gente en vértigo por la alta tasa de criminalidad. Si algún día quieres flipar, seré un compañero de viajes ideal porque yo soy el momento perfecto y recitare, una y otra vez, "tyger, tyger" para hacerte reír. Pon la fecha y ahí estaré agitando mis tetas o sentado en el retrete haciendo minucias mientras tú sonríes con los labios recién pintados. Claro, puedes contarme todas las mentiras que quieras y yo haré un nudo con ellas, cerrare mi pico y culo por ti mientras que tú, en una de esas calles de Dios, devoras tu histeria o te lo haces con quien quieras.
Al final, si eso te sienta bien, ambos podemos sentarnos en el retrete para convertir todo esto en minucias mientras recitamos "tyger, tyger" o cantamos, una y otra vez, tu canción favorita.
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revision 2004: De una nota dejada por una amiga en mi libreta universitaria salio la idea de este texto circular. Agregenle citas a William Blake, el ritmo de "Perfect drug" de Nine Inch Nails y una perspectiva post machista. Uno de mis favoritos. BTW, cuando lo lei en Ensenada, un very old man se acerco a decirme que ese texto era su poema favorito.
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