lunes, 15 de noviembre de 2004
10. got.no.time
voy a mil. no tengo tiempo para detener el auto y preguntarte que broncas tienes. no tengo tiempo para arruinar mi mejor noche en años al escuchar quejas y lamentos que incitan al «as if». no tengo tiempo para ser el letrero de sold out! no tengo tiempo para ser tu mejor amigo, parte de tu familia extendida o tu amante en turno. no tengo tiempo para problemas sociales o crisis de feeling extranjero. no tengo tiempo para resolver tus dudas y conflictos emocionales tan arraigados. no tengo tiempo para ir siempre de fiesta o quedarme varado en una calle de un solo sentido. no tengo tiempo para correcciones y desalojos impertinentes. no tengo tiempo para conocer si lo que hago o dejo de hacer ocasiona algún disgusto. no tengo tiempo para aceptar ser parte de la common people de la city. no tengo tiempo para un día típico y familiar. no tengo tiempo para competir por algo que inevitablemente sé que perderé. no tengo tiempo para revelar secretos ampliamente difundidos. no tengo tiempo para emprender una acción cuando la novedad o mi interés en something es cosa del pasado. no tengo tiempo para hacer fila o esperar en off side. no tengo tiempo para fingir que siempre me interesa una noche de sexo gratuito. no tengo tiempo para un enlace de manos ante sonrisas cortadas. no tengo tiempo ni el propósito hipócrita de ponerme en situación de peligro. no tengo tiempo para pobres cristos y corazones rotos que no saben que hacer con su vida. no tengo tiempo para evitar una respuesta primitiva ante el ordenador de penúltima generación. no tengo tiempo para ver programas estúpidos y sonreír porque íÃ. no tengo tiempo para discutir acerca de la inercia masiva que se adhiere al intelecto clasemediero. no tengo tiempo para seleccionar un lugar a donde marcharme como desertor en ciernes. no tengo tiempo para asumir el compromiso de todos. no tengo tiempo para ofrecer disculpas por vicios que no tengo o hacer una apología al delito que nunca he cometido. no tengo tiempo para encender la cebada mecha de nihilismo juvenil. no tengo tiempo para patrias y banderas. no tengo tiempo para soportar otra crisis y arrestos de bienestar económico. no tengo tiempo para mostrar mi lado débil y religioso. no tengo tiempo para negarme la posibilidad del suicidio. no tengo tiempo para decir it's my fucking life! no tengo tiempo para justificar ante nadie mis prejuicios. no tengo tiempo para corregir defectos de fábrica. no tengo tiempo para ser polÃticamente (in)correcto. no tengo tiempo para luchar contra ideas estúpidas. no tengo tiempo para failures y días de triunfo. no tengo tiempo para la tristeza propia ni para la felicidad ajena. no tengo tiempo para esclavizarme a un mundo color miseria. no tengo tiempo para elegir el camino más safe a un éxito incierto. no tengo tiempo para equivocarme, para aceptar o dejar pasar oportunidades. no tengo tiempo para una dosis de small talk. no tengo tiempo para tomar las cosas en serio o reír con la broma que ya no entiendo. no tengo tiempo para creerme todo lo que me dicen ni para dudar de todo lo que veo. no tengo tiempo para debates, cartas de apoyo o ataques sin sentido. no tengo tiempo para preguntarme: ¿en dónde diablos has estado toda mi vida? no tengo tiempo para esperar todo, algo o nada. no tengo tiempo para ver la vida correr por la ventana mientras me froto los ojos. no tengo tiempo para sorpresas y regalos de cumpleaños. no tengo tiempo para romper definitivamente con el pasado que ya no quiero recordar. no tengo tiempo para soportar el ritmo y las secuencias de un mal dj. no tengo tiempo para héroes ni para jugar al escondite. no tengo tiempo para surfear entre archivos, menús y teclas de ayuda. no tengo tiempo para confrontarme ante el espejo. no tengo tiempo para sentir miedo. no tengo tiempo para estar listo el día de mi muerte. no tengo tiempo para imaginarme en el futuro. no tengo tiempo para decir un adiós que ya carece de importancia. no tengo tiempo para contarte lo que siempre has intuido al escucharme. no tengo tiempo para aguardar por respuestas que nunca valdrán la espera. no tengo tiempo para ser tan cínico y volver hacer lo que ya hice. no tengo tiempo para pensar en un tour que nos lleve del cielo al infierno o viceversa. no tengo tiempo para pensar si esos lugares realmente existen. no tengo tiempo para observar como se viene todo abajo. no tengo tiempo para esperar a que cambie la suerte. no tengo tiempo para entender la (r)evolución interna que ocurre justo en este momento. no tengo tiempo para explicarte cosas que nunca entenderás. no tengo tiempo para nada ni para nadie. no tengo tiempo, voy a mil.
lunes, 1 de noviembre de 2004
11. Fade in, fade out
“Oye chica, sigue así y terminarás por enloquecerme”, le dije a Sadie en la madrugada y agregué: “Está es mi verdad, ahora dime la tuya...” Ella podría haber dicho “Quememos el trailer park de nuestra memoria”, “Las marchas matan al pensamiento” o “Valió la pena luchar a tu lado, William”, pero no pronunció palabra alguna. Hubiera podido aceptar cualquier cosa, cualquier insulto o sus típicos arranques de angustia y dolor post-desencanto, pero faltaron las palabras y las imágenes que me proporcionaba no eran mejores. Ni siquiera estábamos lo suficientemente borrachos para olvidarnos del gusto por los aplausos y de predicar por el desarraigo. Nuestra discusión era el preludio, una fuerte patada en el culo de las despedidas o el sentir carioca tras el carnaval. No supe en que bar la deje deslumbrada, sin una oportunidad cercana de anotar, pensando que nada ni nadie puede salvarnos. No hay ninguna duda: fracasamos en todo.
Soy un jugador espléndido de desasosiego contemporáneo. Por eso recorro las calles con la ligera sospecha de que algo sucede bajo esa superficie de normalidad. Tras el peregrinaje de irresistible persistencia, parte de mí nunca se detiene. En deriva, sabiendo que el mensaje siempre ha sido el mismo: la devastación de nuestra vida como espíritu de juego. Camino, se distorsionan las señales, me confundo. Presiento que una equivocación de sentido mestizo va bordando el personaje que alucino en mis pesadillas. Me desplazo por las calles con esa sensación de urgencia, en eterna pasión por la geometría y la sincronización. Me pierdo al recordar aquellas películas que me han hecho llorar, una melancolía en conserva como ajuste de cuentas en un mundo de horizontes estrechos. A pesar de eso, todo en mí es un festival masivo, una lluvia citadina que hace línea mientras otras gentes emigran.
Empiezo a sentirme realmente perdido, sigo buscando respuestas o algún signo, naúfrago sin un objetivo específico, traspasando ambientes en los que nunca nadie está satisfecho. Veo en un aparador las obsesiones de tanta gente (cuadros de Elvis en terciopelo negro, ropa de diseñador, lociones importadas, palm pilots, navajas suizas, relojes de última generación) y, al pensar que todo esto no significa nada en nuestra vida, siento un escalofrío que, venciendo mi habitual paranoia, fumo un spliff. Cerca de ahí, escasos diez metros, las Brigadas Antivicio detienen a un par de sujetos con tupés obscuros y no muy claras intenciones. En la calle que sigue hay una multitud de chicas gordas con mentalidad haiku. Me emociona lo triste que puede ser la city, su capacidad para generar imperfección y condiciones de tragedia que me reconfortan un poco.
Hoy no tengo ganas de comprar nada o de consumir algo; sin embargo, no resisto la tentación. Es uno de esos días en que me siento súper marciano que, sin pensarlo detenidamente, aterrizo en una pizzería. Una chica —veinteañera, muy zafting, con un corte de cabello de tres dólares— me atiende. Mientras decido que comer, imagino su llegada a una casa habitación de interés social, diciéndole a su madre que tuvo un día terrible, que no tiene hambre. Puedo ver cómo ambas, casi estoy seguro, se pondrán ilusionadas a ver esas bad sitcoms que ofrece la televisión abierta. La chica tiene toda la apariencia de una puta colegiala y, de cierto modo, eso la hace parecer cute a secas. Esa es la razón por la que, amable como nunca, le pido una pizza grande de peperonni con doble queso. “Ah, y una Coca Cola hiper fría, que estoy muy triste”, agrego guiñando el ojo derecho.
Casi nunca lo hago, me parece molesto y ridículo. Hoy, sin embargo, hay algo que me obliga a hacerlo. Una forma permanente de tibia depresión. Levanto la mirada, me fijo en la gente que está sentada a mí alrededor. Irremediablemente me invade una sensación de asco y vacío. Lo que veo es un ejemplo de la tragedia que nos agobia: una pareja de recién casados sonríen tontamente al compartir el spaghetti; una mujer joven sigue al pie de la letra los caprichos de un mocoso de seis o siete años que carga un muñeco de Sesame Street; una señora de edad vigila preocupada los modales delatores de su hijo que, por el evidente amaneramiento, encaja en el estereotipo de homosexual pasivo; tres hermanos pelean en otra mesa por el último pedazo de pizza en la charola; un tipo de aspecto miserable lee el diario deportivo buscando con ansiedad los resultados del Pro-Gol.
Hay algo dentro de mí que me hace preguntar: ¿Qué es la vida? ¿Es un relato aburrido contado por un idiota? “No lo sé”, me escucho decir entre murmullos y melodías de música maquila que sale de las bocinas JLB. Aquí no hay nada que celebrar. La felicidad es un producto de calidad, un rápido alivio que casi nunca se consigue a buen precio. Alguien me dijo —Miki, creo—, que la vida es lo que tú haces de ella [el amor no sirve si lo que queremos es estar solos]. Estoy tan harto de todo esto que podría sacar mi revolver. Disparar y matar a algunos de ellos o, mejor opción, a todos. A veces es mejor así, desaparecer y ya. No más vidas mediocres, no más sueños estúpidos, no más días amargos sin final. Ese es mi punto de vista.
Puedo oler el aroma de cada uno de sus temores, de cada una de sus obsesiones. El miedo no se ve, se vive ciertas mañanas. Almuerzan rápido, dicen «Perdón» después de un imprudente eructo o piden más servilletas, por si luego se les ofrece ir al baño. Todos evitan el contacto visual, deciden —sin pensarlo— ser una víctima de bajo perfil, sienten la amenaza que podría hacer distinta su existencia. Soy extranjero en tierra extraña, el pensador de ocasión que busca una coartada en la violencia de horas. Disfruto al pensar en la ley de probabilidades, el azar siempre ha sido mi aliado. Imagino la posibilidad de salir ileso, de escapar. Sería divertido, sería casi un servicio a la comunidad. Sé que alguno de ellos me lo agradecería. De cierta forma, la violencia equivale a prestar un poco de atención, a ofrecer algo de amor.
Afortunadamente, decido que no vale la pena sacrificarme por ellos. Ni siquiera por ver tendido en el suelo el trasero de la mesera. Pienso en voz alta: “Beware of boredom, jerks”. Al sentir las miradas sobre mí, lo único que hago es dar otro trago a mi Coca Cola hiper fría y, después de hacerlo, casi en silencio digo: ¡Qué refrescante puede llegar a ser la vida!”.
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revisión 2004: Anti ad, la ruta de la (in) felicidad, el devenir situacionista, la sociedad de consumo, la ironía post desencanto, la violencia cotidiana, la vida ordinaria, el deseo.
Soy un jugador espléndido de desasosiego contemporáneo. Por eso recorro las calles con la ligera sospecha de que algo sucede bajo esa superficie de normalidad. Tras el peregrinaje de irresistible persistencia, parte de mí nunca se detiene. En deriva, sabiendo que el mensaje siempre ha sido el mismo: la devastación de nuestra vida como espíritu de juego. Camino, se distorsionan las señales, me confundo. Presiento que una equivocación de sentido mestizo va bordando el personaje que alucino en mis pesadillas. Me desplazo por las calles con esa sensación de urgencia, en eterna pasión por la geometría y la sincronización. Me pierdo al recordar aquellas películas que me han hecho llorar, una melancolía en conserva como ajuste de cuentas en un mundo de horizontes estrechos. A pesar de eso, todo en mí es un festival masivo, una lluvia citadina que hace línea mientras otras gentes emigran.
Empiezo a sentirme realmente perdido, sigo buscando respuestas o algún signo, naúfrago sin un objetivo específico, traspasando ambientes en los que nunca nadie está satisfecho. Veo en un aparador las obsesiones de tanta gente (cuadros de Elvis en terciopelo negro, ropa de diseñador, lociones importadas, palm pilots, navajas suizas, relojes de última generación) y, al pensar que todo esto no significa nada en nuestra vida, siento un escalofrío que, venciendo mi habitual paranoia, fumo un spliff. Cerca de ahí, escasos diez metros, las Brigadas Antivicio detienen a un par de sujetos con tupés obscuros y no muy claras intenciones. En la calle que sigue hay una multitud de chicas gordas con mentalidad haiku. Me emociona lo triste que puede ser la city, su capacidad para generar imperfección y condiciones de tragedia que me reconfortan un poco.
Hoy no tengo ganas de comprar nada o de consumir algo; sin embargo, no resisto la tentación. Es uno de esos días en que me siento súper marciano que, sin pensarlo detenidamente, aterrizo en una pizzería. Una chica —veinteañera, muy zafting, con un corte de cabello de tres dólares— me atiende. Mientras decido que comer, imagino su llegada a una casa habitación de interés social, diciéndole a su madre que tuvo un día terrible, que no tiene hambre. Puedo ver cómo ambas, casi estoy seguro, se pondrán ilusionadas a ver esas bad sitcoms que ofrece la televisión abierta. La chica tiene toda la apariencia de una puta colegiala y, de cierto modo, eso la hace parecer cute a secas. Esa es la razón por la que, amable como nunca, le pido una pizza grande de peperonni con doble queso. “Ah, y una Coca Cola hiper fría, que estoy muy triste”, agrego guiñando el ojo derecho.
Casi nunca lo hago, me parece molesto y ridículo. Hoy, sin embargo, hay algo que me obliga a hacerlo. Una forma permanente de tibia depresión. Levanto la mirada, me fijo en la gente que está sentada a mí alrededor. Irremediablemente me invade una sensación de asco y vacío. Lo que veo es un ejemplo de la tragedia que nos agobia: una pareja de recién casados sonríen tontamente al compartir el spaghetti; una mujer joven sigue al pie de la letra los caprichos de un mocoso de seis o siete años que carga un muñeco de Sesame Street; una señora de edad vigila preocupada los modales delatores de su hijo que, por el evidente amaneramiento, encaja en el estereotipo de homosexual pasivo; tres hermanos pelean en otra mesa por el último pedazo de pizza en la charola; un tipo de aspecto miserable lee el diario deportivo buscando con ansiedad los resultados del Pro-Gol.
Hay algo dentro de mí que me hace preguntar: ¿Qué es la vida? ¿Es un relato aburrido contado por un idiota? “No lo sé”, me escucho decir entre murmullos y melodías de música maquila que sale de las bocinas JLB. Aquí no hay nada que celebrar. La felicidad es un producto de calidad, un rápido alivio que casi nunca se consigue a buen precio. Alguien me dijo —Miki, creo—, que la vida es lo que tú haces de ella [el amor no sirve si lo que queremos es estar solos]. Estoy tan harto de todo esto que podría sacar mi revolver. Disparar y matar a algunos de ellos o, mejor opción, a todos. A veces es mejor así, desaparecer y ya. No más vidas mediocres, no más sueños estúpidos, no más días amargos sin final. Ese es mi punto de vista.
Puedo oler el aroma de cada uno de sus temores, de cada una de sus obsesiones. El miedo no se ve, se vive ciertas mañanas. Almuerzan rápido, dicen «Perdón» después de un imprudente eructo o piden más servilletas, por si luego se les ofrece ir al baño. Todos evitan el contacto visual, deciden —sin pensarlo— ser una víctima de bajo perfil, sienten la amenaza que podría hacer distinta su existencia. Soy extranjero en tierra extraña, el pensador de ocasión que busca una coartada en la violencia de horas. Disfruto al pensar en la ley de probabilidades, el azar siempre ha sido mi aliado. Imagino la posibilidad de salir ileso, de escapar. Sería divertido, sería casi un servicio a la comunidad. Sé que alguno de ellos me lo agradecería. De cierta forma, la violencia equivale a prestar un poco de atención, a ofrecer algo de amor.
Afortunadamente, decido que no vale la pena sacrificarme por ellos. Ni siquiera por ver tendido en el suelo el trasero de la mesera. Pienso en voz alta: “Beware of boredom, jerks”. Al sentir las miradas sobre mí, lo único que hago es dar otro trago a mi Coca Cola hiper fría y, después de hacerlo, casi en silencio digo: ¡Qué refrescante puede llegar a ser la vida!”.
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revisión 2004: Anti ad, la ruta de la (in) felicidad, el devenir situacionista, la sociedad de consumo, la ironía post desencanto, la violencia cotidiana, la vida ordinaria, el deseo.
jueves, 7 de octubre de 2004
12. Lejos del noise
Estoy viviendo una época de progreso,
estoy a punto de marcharme a conquistar la suburbia de ensueño,
estoy viendo mi cara en la tele,
estoy abstraído por los comerciales populuxe;
estoy casi en brama,
estoy dispuesto a todo por conservar mis privilegios,
estoy desmaterializando a un opositor con una descarga de ideas nuevas,
estoy sonriendo como proto slackpie;
estoy mandando un e-mail de rigor académico,
estoy casi seguro que aún estaré vivo el día de mañana,
estoy cuchiplanchando en un club pop de vacaciones imperfectas,
estoy imaginándome un cómic de porno ficción;
estoy tranquilo escuchando los grandes éxitos de los Ramones,
estoy superdrunkie en una sesión de Amigos Agresivos,
estoy peleándome con medio mundo por el remoto,
estoy haciendo pesas para sacarme una foto desnudo bien cachas.
Estoy buscando otras experiencias que me sorprendan un poco.
La vida es bella, soy feliz.
Estoy tan lejos, tan lejos del noise.
----
revisión 2004: Es el tipo de textos que sacan de onda a quienes leen el libro. Es un cuento? No, por supuesto. Citas y guiños a grupos de spanish pop (Vacaciones, La Mode, Los Vengadores), Charles Manson, los fanzines, a la VivaFamilia, a revistas como la mítica STAR y, claro, a los nunca bien ponderados Ramones. Apareció publicado en la muy criticada antología El Margen Reversible que edito el Instituto de Arte y Cultura en Tijuana en el 2004 . Btw, es el texto que le da título al libro.
estoy a punto de marcharme a conquistar la suburbia de ensueño,
estoy viendo mi cara en la tele,
estoy abstraído por los comerciales populuxe;
estoy casi en brama,
estoy dispuesto a todo por conservar mis privilegios,
estoy desmaterializando a un opositor con una descarga de ideas nuevas,
estoy sonriendo como proto slackpie;
estoy mandando un e-mail de rigor académico,
estoy casi seguro que aún estaré vivo el día de mañana,
estoy cuchiplanchando en un club pop de vacaciones imperfectas,
estoy imaginándome un cómic de porno ficción;
estoy tranquilo escuchando los grandes éxitos de los Ramones,
estoy superdrunkie en una sesión de Amigos Agresivos,
estoy peleándome con medio mundo por el remoto,
estoy haciendo pesas para sacarme una foto desnudo bien cachas.
Estoy buscando otras experiencias que me sorprendan un poco.
La vida es bella, soy feliz.
Estoy tan lejos, tan lejos del noise.
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revisión 2004: Es el tipo de textos que sacan de onda a quienes leen el libro. Es un cuento? No, por supuesto. Citas y guiños a grupos de spanish pop (Vacaciones, La Mode, Los Vengadores), Charles Manson, los fanzines, a la VivaFamilia, a revistas como la mítica STAR y, claro, a los nunca bien ponderados Ramones. Apareció publicado en la muy criticada antología El Margen Reversible que edito el Instituto de Arte y Cultura en Tijuana en el 2004 . Btw, es el texto que le da título al libro.
lunes, 4 de octubre de 2004
13. goodbye, superdrogas
Lo reconozco, it’s so fuckin’ true: life is an inevitable plastic scene. Y no lo digo riendo con esa cínica mueca de polivoz que tanto me criticas. Lo digo como cryptic unabomber, con la desilusión de un anarco-progre en Madrid, con la inercia de un siniestro replicante de Benneton. Del modo, la manera y en la situación que tú querías. Diletante, oneironauta, posesivo y heterodoxo. Just like honey, insertado en tu buzón como junk mail, smiling like a savater child.
“Ya no más, superdrogas”, dije con acento radial.
Lo siento, pasa que ahora estoy más antiséptico y monstarr que mis amigos muertos –históricos, estridentes, analógicos, junior clase A-, que corrieron con suerte de perro en una situación de dominio o exterminio. Sincero y desesperado, volviendo al parking electrónico, desafiando al poder infantil de los videojuegos y escuchando de nuevo aquella sintonía pop de juventud perdida.
And I say “Ciao” una vez más. Todo fue too fast hasta para mí. Demasiado complicado.
Un vano temporal, el breakbeat tan reconfortante como la necesidad de una prótesis quirúrgica y la tranquilidad otorgada por las neon ligths interactivas en aquel salón de papas fritas. Ya paso el momento en que, dependiente del servicio telefónico, estuve inscrito en el padrón de la telebasura, amarrado con fistol al club de los puercos sensibles. Puerco your father, puerca tu madre, puerco tu estigma de santidad dañada.
Por ahora I want some kind of wonderfulness. Un vocoder pacificador, agitar otras acciones sin la pastilla roja, dos t-shirts medianas de Keroppi, una nueva tipografía que conecte y rompa el monopolio. Algo que me haga olvidar tu dosis de killer friendship, el traspase de pacheca happiness en la ruta sanguínea de la inconformidad social (o de las tantas cosas que no volverán). Quiero olvidar esa sucia jeringa de mentira próxima al frenesí, tus manos temerosas como lollipop de corazón o el treinta por ciento de infosoledad que nos ha sido impuesta sin la debida reclasificación de archivos.
No puedo soportar más tu ideal de eterna temporada alta, de turismo de luxe, de abonos que son mil años más viejos que yo, de ofertas y rebajas felices, de muestras gratuitas que insisten en pregonar la visión del fracaso como algo positivo. Hoy quiero olvidar ese absurdo temor –o era confusión?, nevermind- que dejó huella en la memoria por las malas decisiones, el espejo interior convertido en depósito central del signo de los tiempos y la cosecha de estertores vía satélite.
Soy inocente, I know.
Tú eras superdrogas, yo no.
Recuerdo que los dos –vaya par de infortunio y fantasía- transitábamos por un freeway de acceso remoto con algo más que speed in the blood. Una grieta de eufórica generación, friends tan frágiles como fargo y soul. Respirando un sentido de libertad amorfo, habitando por momentos aquel universo paralelo que nos hacía parecer mucho más idiotas de lo que realmente somos.
Todo cambió tras aquel inesperado brincoteo del compacto en el Sony portable. Nunca sabré si aquel skip fue producto homicidio o una trampa que no pudo esperar la ocasión mejor para mostrarnos un nuevo punto débil de verdad y consecuencia. Ahora el panfleto que escribimos, la marcha que encabezamos en mangas cortas, nuestra furtiva promesa de que todo era nickel, el eterno fraseo de “ridicule is nothing to be scared of” es, de momento, old news.
—What a stupid life, qué truco tan barato.
—Igual. Sí, igual.
—Ok! I don’t need things so freakies. Confío buten en mí.
Sin embargo, no importó cuanto quería creer, todo se perdió en aquel segundo de choque. La espiritualidad del viaje desapareció tras el chasquido de metal en la carretera y tu cara era otra, superdrogas. Se asomó la duda y, with the shattered future, me confesaste todo y nada a la vez. Tenías que poner en equilibrio tu mal llamada shockadelic life, tu hermoso triángulo de distorsión. Sé que los extremos nunca fueron de tu agrado, te eran incómodos como un mosker fo!, atractivos como tabú pero, ¡qué curioso!, participabas como pro-destroyer en juegos extremos con aquellos hábitos negros que me di cuenta –justo a tiempo- eran prestados, alquilados en algún big outlet de los suburbios.
Bajo el amparo que dan los ansiolíticos gritaste que estaba en off, perdido en una fiesta de pueblo, que ya te limitaba el vivir en lo absoluto y que despreciabas mi facha after special. Que olvidara el reel number three, que no me lo merecía; que en lo azul resultaba obsesivo como monosynth; que la aventura conmigo era como tener de copiloto a un genio a punto de ataque masivo. Después lo peor fue el frío, el reportar rencores y sueños en vivo, los sorpresivos análisis, la teoría budista del ruido y el enganche a la cultura del “deseamos que vomites”.
Dios es igual que esto, tan niño muerto; la peor droga dura que consumimos antes de la derrota. Pero está bien, está bien: ya no hay razón para seguir jugando al junkie cuando tú eres tu propio Mental Health Center, tu propia novela in progress, tu propia duda inmersa en fuego. Vamos, que sólo eres lateral de inquieta estrategia, un par de frases incoherentes plasmadas en el portal de la tienda de la esquina. Una cabeza de radio, un placer desconocido haciendo el amor con su ego. Recuerda, yo no soy camafeo en esto de nuevos hits radiales y minutos estancados en los que no se dice nada, pero –I’m so sorry- aún no me atrevo a dispararte con afán de lucro. Si un día lo hago será porque es tan divertido como coger o tan ligero como nuestra locura por las estrellas.
What a shame! Ya nunca pondré mi fe en nada, en nadie.
Tanto despertar, a ratos inconsciente, para malsoñar el gris y repetir discursos en bares infames con tragos dobles y chicas cruzadas. Reír inflamado por tanta pasividad en alquiler o clavarse en aristas tequila techno magazines y engañar a una mitad sujeta a fibras sintéticas y sentirse mal por retomar las once curvas de infinito y dejarse caer y azotar la conciencia con gritos de celebración funk and be mocked of all emotions y alejarse ingenuamente de todo aquello que siempre nos supo mejor y sentir nostalgia por la nueva dirección de nuestra vida y esnifarse el último gramo de poder fantástico y balbucear el deseo estereofónico en nanosegundos e ignorar el terrorismo familiar al vivir un presente de bajo y batería que ellos rechazan por su fracaso personal y ponernos a llorar en fiestas tremendas y salir de ellas con toda la furia posible y besar la acera mojada con fellinis de colores ruidosos y sorprendidos fingir discretos que todos va bien y decir “Yes, I leave it!” para acercarse sincero al precipicio deseos de pequeña delgadez sombras la cadena de Jesús y María tinkertoys de infancia Commodore y enrollarnos en una pelea infernal por salir lo menos dañados y requerir los servicios de una voluntad insumisa que deambula intoxicada por los caminos del ayer. Todo por no escupir una verdad que suena a dub calidoscópico, una correa de respuestas que siempre nos pone nerviosos o esa trayectoria balística que rompió tanta inocencia.
¡Cuánto tiempo perdido, superdrogas!
Sólo queda preguntar: ¿para qué emborracharme contigo si no compartes el delirio, para qué inyectarme tanta mierda in-between days cuando quiero otra cosa nada semejante al compromiso, para qué tragarme tanto emo-core que provoca mil esfuerzos y breakdowns, para qué aspirar una felicidad convencional para adictos a la esperanza hilada por los Technics? ¿Para qué, para qué?
¡Hey! ¿era necesario tanta provocación?
You never understand anything about me.
Soy una vuelta al negro, homenaje saudade o el sonido de la multitud, la caja del diablo, una luz que nunca se apagará, el extranjero full de radioactividad, una nueva forma por venir doblemente fácil y permanente. Do you know more? Lo de antes no funcionó, y aquí, como en todo, pierdes oportunidad si no circulas y ya ves, el camino más duro lo he empezado a recorrer solo.
Hoy irradia en mi cuerpo el consejo pegamoide de romper el espejo y dejarme llevar hasta el final. Yeah, sobreviviré como chinarro la tormenta en la mañana de la vida. I’m happy when it rains, so fuck you.
Goodbye, superdrogas.
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revisión 2004: Este texto apareció publicado en la revista Complot. Es uno de mis textos más estudiados en universidades (y no, no trata de drogas). Demasiadas referencias musicales, demasiadas frases de mis amigos.
“Ya no más, superdrogas”, dije con acento radial.
Lo siento, pasa que ahora estoy más antiséptico y monstarr que mis amigos muertos –históricos, estridentes, analógicos, junior clase A-, que corrieron con suerte de perro en una situación de dominio o exterminio. Sincero y desesperado, volviendo al parking electrónico, desafiando al poder infantil de los videojuegos y escuchando de nuevo aquella sintonía pop de juventud perdida.
And I say “Ciao” una vez más. Todo fue too fast hasta para mí. Demasiado complicado.
Un vano temporal, el breakbeat tan reconfortante como la necesidad de una prótesis quirúrgica y la tranquilidad otorgada por las neon ligths interactivas en aquel salón de papas fritas. Ya paso el momento en que, dependiente del servicio telefónico, estuve inscrito en el padrón de la telebasura, amarrado con fistol al club de los puercos sensibles. Puerco your father, puerca tu madre, puerco tu estigma de santidad dañada.
Por ahora I want some kind of wonderfulness. Un vocoder pacificador, agitar otras acciones sin la pastilla roja, dos t-shirts medianas de Keroppi, una nueva tipografía que conecte y rompa el monopolio. Algo que me haga olvidar tu dosis de killer friendship, el traspase de pacheca happiness en la ruta sanguínea de la inconformidad social (o de las tantas cosas que no volverán). Quiero olvidar esa sucia jeringa de mentira próxima al frenesí, tus manos temerosas como lollipop de corazón o el treinta por ciento de infosoledad que nos ha sido impuesta sin la debida reclasificación de archivos.
No puedo soportar más tu ideal de eterna temporada alta, de turismo de luxe, de abonos que son mil años más viejos que yo, de ofertas y rebajas felices, de muestras gratuitas que insisten en pregonar la visión del fracaso como algo positivo. Hoy quiero olvidar ese absurdo temor –o era confusión?, nevermind- que dejó huella en la memoria por las malas decisiones, el espejo interior convertido en depósito central del signo de los tiempos y la cosecha de estertores vía satélite.
Soy inocente, I know.
Tú eras superdrogas, yo no.
Recuerdo que los dos –vaya par de infortunio y fantasía- transitábamos por un freeway de acceso remoto con algo más que speed in the blood. Una grieta de eufórica generación, friends tan frágiles como fargo y soul. Respirando un sentido de libertad amorfo, habitando por momentos aquel universo paralelo que nos hacía parecer mucho más idiotas de lo que realmente somos.
Todo cambió tras aquel inesperado brincoteo del compacto en el Sony portable. Nunca sabré si aquel skip fue producto homicidio o una trampa que no pudo esperar la ocasión mejor para mostrarnos un nuevo punto débil de verdad y consecuencia. Ahora el panfleto que escribimos, la marcha que encabezamos en mangas cortas, nuestra furtiva promesa de que todo era nickel, el eterno fraseo de “ridicule is nothing to be scared of” es, de momento, old news.
—What a stupid life, qué truco tan barato.
—Igual. Sí, igual.
—Ok! I don’t need things so freakies. Confío buten en mí.
Sin embargo, no importó cuanto quería creer, todo se perdió en aquel segundo de choque. La espiritualidad del viaje desapareció tras el chasquido de metal en la carretera y tu cara era otra, superdrogas. Se asomó la duda y, with the shattered future, me confesaste todo y nada a la vez. Tenías que poner en equilibrio tu mal llamada shockadelic life, tu hermoso triángulo de distorsión. Sé que los extremos nunca fueron de tu agrado, te eran incómodos como un mosker fo!, atractivos como tabú pero, ¡qué curioso!, participabas como pro-destroyer en juegos extremos con aquellos hábitos negros que me di cuenta –justo a tiempo- eran prestados, alquilados en algún big outlet de los suburbios.
Bajo el amparo que dan los ansiolíticos gritaste que estaba en off, perdido en una fiesta de pueblo, que ya te limitaba el vivir en lo absoluto y que despreciabas mi facha after special. Que olvidara el reel number three, que no me lo merecía; que en lo azul resultaba obsesivo como monosynth; que la aventura conmigo era como tener de copiloto a un genio a punto de ataque masivo. Después lo peor fue el frío, el reportar rencores y sueños en vivo, los sorpresivos análisis, la teoría budista del ruido y el enganche a la cultura del “deseamos que vomites”.
Dios es igual que esto, tan niño muerto; la peor droga dura que consumimos antes de la derrota. Pero está bien, está bien: ya no hay razón para seguir jugando al junkie cuando tú eres tu propio Mental Health Center, tu propia novela in progress, tu propia duda inmersa en fuego. Vamos, que sólo eres lateral de inquieta estrategia, un par de frases incoherentes plasmadas en el portal de la tienda de la esquina. Una cabeza de radio, un placer desconocido haciendo el amor con su ego. Recuerda, yo no soy camafeo en esto de nuevos hits radiales y minutos estancados en los que no se dice nada, pero –I’m so sorry- aún no me atrevo a dispararte con afán de lucro. Si un día lo hago será porque es tan divertido como coger o tan ligero como nuestra locura por las estrellas.
What a shame! Ya nunca pondré mi fe en nada, en nadie.
Tanto despertar, a ratos inconsciente, para malsoñar el gris y repetir discursos en bares infames con tragos dobles y chicas cruzadas. Reír inflamado por tanta pasividad en alquiler o clavarse en aristas tequila techno magazines y engañar a una mitad sujeta a fibras sintéticas y sentirse mal por retomar las once curvas de infinito y dejarse caer y azotar la conciencia con gritos de celebración funk and be mocked of all emotions y alejarse ingenuamente de todo aquello que siempre nos supo mejor y sentir nostalgia por la nueva dirección de nuestra vida y esnifarse el último gramo de poder fantástico y balbucear el deseo estereofónico en nanosegundos e ignorar el terrorismo familiar al vivir un presente de bajo y batería que ellos rechazan por su fracaso personal y ponernos a llorar en fiestas tremendas y salir de ellas con toda la furia posible y besar la acera mojada con fellinis de colores ruidosos y sorprendidos fingir discretos que todos va bien y decir “Yes, I leave it!” para acercarse sincero al precipicio deseos de pequeña delgadez sombras la cadena de Jesús y María tinkertoys de infancia Commodore y enrollarnos en una pelea infernal por salir lo menos dañados y requerir los servicios de una voluntad insumisa que deambula intoxicada por los caminos del ayer. Todo por no escupir una verdad que suena a dub calidoscópico, una correa de respuestas que siempre nos pone nerviosos o esa trayectoria balística que rompió tanta inocencia.
¡Cuánto tiempo perdido, superdrogas!
Sólo queda preguntar: ¿para qué emborracharme contigo si no compartes el delirio, para qué inyectarme tanta mierda in-between days cuando quiero otra cosa nada semejante al compromiso, para qué tragarme tanto emo-core que provoca mil esfuerzos y breakdowns, para qué aspirar una felicidad convencional para adictos a la esperanza hilada por los Technics? ¿Para qué, para qué?
¡Hey! ¿era necesario tanta provocación?
You never understand anything about me.
Soy una vuelta al negro, homenaje saudade o el sonido de la multitud, la caja del diablo, una luz que nunca se apagará, el extranjero full de radioactividad, una nueva forma por venir doblemente fácil y permanente. Do you know more? Lo de antes no funcionó, y aquí, como en todo, pierdes oportunidad si no circulas y ya ves, el camino más duro lo he empezado a recorrer solo.
Hoy irradia en mi cuerpo el consejo pegamoide de romper el espejo y dejarme llevar hasta el final. Yeah, sobreviviré como chinarro la tormenta en la mañana de la vida. I’m happy when it rains, so fuck you.
Goodbye, superdrogas.
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revisión 2004: Este texto apareció publicado en la revista Complot. Es uno de mis textos más estudiados en universidades (y no, no trata de drogas). Demasiadas referencias musicales, demasiadas frases de mis amigos.
lunes, 27 de septiembre de 2004
14. todos mis amigos
anse is dead, jimmy is dead, javi is dead
Jodida coyuntura. Pégate un tiro, grita por la falta de estructura, abraza a un freak, inventa una guerra. Agita hipócrita la bandera de lo que quieras, cruza la frontera vs el fracaso, la resaca nos refrescará hoy con un poquito de dolor. ¿Un fix religioso, equis material, a good/bad relationship? Don’t choose anything, dispara, dispara. El manual del usuario no contenía soluciones, adversidad es el nombre de la puta que nos acompaña, la interface que nos dice >>>Delete yourself. El baile la poesía del vinilo el fax o las neuronas que perdimos en la ruta shoegazzer aquella que seguimos branquias bajo el agua envenenando las historias ligadas por negras sorpresas y la subcultura made of stone –ces petits riens- que juramos nunca revelar.
cathy is dead, cynthia is dead, pedro is dead
Preppie, loser, gente de éxito, the shame of the city. Soñando una fuga, el fingir indiferencia por una ausencia amistosa, eterna búsqueda y negación del valor positivo inherente en todo fracaso. Olvidar o no, las postales que recibíamos cada otoño de lugares extraños, las confesiones de “Shake the tree” y los poppers; el acoso de las buenas intenciones, las vueltas del destino y la culpa católica que nos persigue a todo sitio al que asistimos; las charlas con mamá, los consejos de papá, sus ilusiones tan brillantes como billboards del futuro. >>>Nothing ever changes.
sal is dead, adriana is dead, rosita is dead
Don’t be shy, es sólo el comienzo. Todo es tan inútil como la celebración de mediocres cumpleaños, de los ecos rebeldes en las enciclopedias de antaño y el trauma económico que se sufre sin remedio. Un mal diseño existencial o la remota posibilidad de huir, de resistencia fortuita, de vencer el drumbeat de niño interior, de sobrepasar los límites, de reírse al conseguir lo anhelado uno de estos días. De convertir la vida en algo más que un intento trasvestido que se diluye mientras suena nuestra canción favorita: People who died.
pablo is dead, max is dead, pepe is dead
El pasar de otra gente, confusión. Sin dinero, con dinero. Escuchando, viendo, sintiendo una ligera señal de triunfo. Too fuckin’ happy o embarcados en el ride de sepa Dios qué ruedas y crueles historias. Just a moment, please. Cambio de canal, chit-chat nocturno, domingos en casa, imágenes y trips que dan la nota. Somos los únicos que recordamos la peor película de la historia: la vimos en aquel verano de indecisión, tirados en nuestro interactivo pesimismo. ¿Lo recuerdan? >>> Lo drencrom ya no funciona, las risas son el reflejo acomodado en las revistas, un minidisc portable que graba nuestras más íntimas conversaciones, la penúltima moda que nos alcanzó en el bus de grito uniforme, disparates, el calor del radical house, la sensación dispersa que nos une y separa, la maldita velocidad. Everybody hurts.
rubén is dead, mario is dead, claudia is dead
Desde el acantilado everything parece frágil ansiolíticos post-consumismo exagerado relativa angustia posiblemente lo sea esquivando el golpe las parejas la vuelta social el derroche de small town la crisis el mentir como pose los envases de cervezas los e-mails que nunca se contestan pogo pendenciero los faxes la brutalidad sobre otras rutas el presupuesto de atracción el software bassifondi nuevo delicatessen el practicar del sexo inseguridad la noticia del día “Lo demás no importa” todos derrotados el abrazo final el temor a perdernos después la fantasía la comida congelada los deseos todos amarrados la euforia el volver a lo mismo moldear el compromiso despegar en las noches o conformarse con tres minutos un segundo el tiempo que pasamos juntos la tarjeta que se vence fin de mes todos on-line el oficio salvaje los años de “Obedece tu fe” lullaby neofascista una camisa de fuerza la visita inesperada Why...? era la pregunta
itzel is dead, sergio is dead, charlynne is dead
Maravillados por esto y aquello dislexia chill-out vivafamiliar las promesas porvenir incierto hip hop de marcha esos olores lujuria libertad condicional y planes que nunca se llevarán a cabo rebelión o violencia todos mensajes de frustración sueños e intenciones que masturban el miedo la familia tierra negra panorama en ruinas un reality show todos sufriendo tristes erecciones y vaginas en cólera imposible ruptura la obsesión el presente que nos ahoga modernos videogramas fotos de top models drinking & fucking camino libre velocidad ecos del hardcore inercia stop detrás de la mirada puta soledad “Jesús te ama” un anuncio glitter melancolía burguesa a fine day todos flotando en el espacio sintiéndose brand new talismán >>>don’t give it up. La felicidad es un alegre ritmo que nos dice “Ven a sentir el ruido”.
víctor is dead, gracie is dead, efrén is dead
Todos mis amigos se divierten sin sentido. Danny, gurú metálico en proceso de liquidación, decía que la droga era su vida mientras punteaba oportunidades en la pista de baile. Julio se prodigaba en la fórmula de presión para recuperar, buen toque y juego armónico como ejercicio de adoración. Bobby renunció grogui al sueño que casi conquistó, ahora pide el regreso de noches y weekends que estúpidamente dejo pasar. Todos mis amigos añoran algo que en el camino se perdió. Dee dee, maquillada para un día hermoso, intentó desesperada brincar desde el gran puente pero sólo pudo gritar con cierto desencanto: ¡Cómo duele el conformismo! Carlos apostaba por dejar en claro su ambigua sexualidad, cool waves de pura electricidad. Luis sólo borracho, o en la noche inventada, decía las cosas que realmente sentía. Todos mis amigos apuestan a ganar y esperan ansiosos que algo se queme para volver a ocupar un lugar en el pasado o estrenar posición en un presente que se nos acaba. Gerardo abandonó la city pensando que eso lo haría mejor; Diana regresó sin hope sintiéndose peor; Katerine decía que si en la pelea perdió un par de dientes, la culpa había sido suya. Todos mis amigos se preguntan: ¿Qué hacemos aquí? ¿Cuál es el sentido de todo esto?, etc.
lili es dead, junior is dead, rafa is dead
Siempre fuimos buenas personas, autoestima de rascacielo, risa y euforia en los ojos, casos difíciles que conocíamos algunas cosas y otras no, en picada por afterhours interminables y tardes de karaoke, años perdidos entre sus mentiras y nuestra ironía >>> going down. Ya no hay sitio a dónde ir, la vida se convirtió en una enorme bodega vacía y ahora, tras acabarse la penúltima fiesta, todos nos sentimos víctimas una vez más.
Sorry, my friends. We lost.
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revisión 2004: Con la muerte de Claudia Franchini cambian tantas cosas. Antes esto era una afirmación de la posibilidad de dejar atrás personas y situaciones; hoy, es un listado de personas imprescindibles en mi vida.
Este texto primero apareció en formato de flyer para una lectura a la que no asisti en la Feria del Libro; luego, se publico en la revista angelina PUB.
Jodida coyuntura. Pégate un tiro, grita por la falta de estructura, abraza a un freak, inventa una guerra. Agita hipócrita la bandera de lo que quieras, cruza la frontera vs el fracaso, la resaca nos refrescará hoy con un poquito de dolor. ¿Un fix religioso, equis material, a good/bad relationship? Don’t choose anything, dispara, dispara. El manual del usuario no contenía soluciones, adversidad es el nombre de la puta que nos acompaña, la interface que nos dice >>>Delete yourself. El baile la poesía del vinilo el fax o las neuronas que perdimos en la ruta shoegazzer aquella que seguimos branquias bajo el agua envenenando las historias ligadas por negras sorpresas y la subcultura made of stone –ces petits riens- que juramos nunca revelar.
cathy is dead, cynthia is dead, pedro is dead
Preppie, loser, gente de éxito, the shame of the city. Soñando una fuga, el fingir indiferencia por una ausencia amistosa, eterna búsqueda y negación del valor positivo inherente en todo fracaso. Olvidar o no, las postales que recibíamos cada otoño de lugares extraños, las confesiones de “Shake the tree” y los poppers; el acoso de las buenas intenciones, las vueltas del destino y la culpa católica que nos persigue a todo sitio al que asistimos; las charlas con mamá, los consejos de papá, sus ilusiones tan brillantes como billboards del futuro. >>>Nothing ever changes.
sal is dead, adriana is dead, rosita is dead
Don’t be shy, es sólo el comienzo. Todo es tan inútil como la celebración de mediocres cumpleaños, de los ecos rebeldes en las enciclopedias de antaño y el trauma económico que se sufre sin remedio. Un mal diseño existencial o la remota posibilidad de huir, de resistencia fortuita, de vencer el drumbeat de niño interior, de sobrepasar los límites, de reírse al conseguir lo anhelado uno de estos días. De convertir la vida en algo más que un intento trasvestido que se diluye mientras suena nuestra canción favorita: People who died.
pablo is dead, max is dead, pepe is dead
El pasar de otra gente, confusión. Sin dinero, con dinero. Escuchando, viendo, sintiendo una ligera señal de triunfo. Too fuckin’ happy o embarcados en el ride de sepa Dios qué ruedas y crueles historias. Just a moment, please. Cambio de canal, chit-chat nocturno, domingos en casa, imágenes y trips que dan la nota. Somos los únicos que recordamos la peor película de la historia: la vimos en aquel verano de indecisión, tirados en nuestro interactivo pesimismo. ¿Lo recuerdan? >>> Lo drencrom ya no funciona, las risas son el reflejo acomodado en las revistas, un minidisc portable que graba nuestras más íntimas conversaciones, la penúltima moda que nos alcanzó en el bus de grito uniforme, disparates, el calor del radical house, la sensación dispersa que nos une y separa, la maldita velocidad. Everybody hurts.
rubén is dead, mario is dead, claudia is dead
Desde el acantilado everything parece frágil ansiolíticos post-consumismo exagerado relativa angustia posiblemente lo sea esquivando el golpe las parejas la vuelta social el derroche de small town la crisis el mentir como pose los envases de cervezas los e-mails que nunca se contestan pogo pendenciero los faxes la brutalidad sobre otras rutas el presupuesto de atracción el software bassifondi nuevo delicatessen el practicar del sexo inseguridad la noticia del día “Lo demás no importa” todos derrotados el abrazo final el temor a perdernos después la fantasía la comida congelada los deseos todos amarrados la euforia el volver a lo mismo moldear el compromiso despegar en las noches o conformarse con tres minutos un segundo el tiempo que pasamos juntos la tarjeta que se vence fin de mes todos on-line el oficio salvaje los años de “Obedece tu fe” lullaby neofascista una camisa de fuerza la visita inesperada Why...? era la pregunta
itzel is dead, sergio is dead, charlynne is dead
Maravillados por esto y aquello dislexia chill-out vivafamiliar las promesas porvenir incierto hip hop de marcha esos olores lujuria libertad condicional y planes que nunca se llevarán a cabo rebelión o violencia todos mensajes de frustración sueños e intenciones que masturban el miedo la familia tierra negra panorama en ruinas un reality show todos sufriendo tristes erecciones y vaginas en cólera imposible ruptura la obsesión el presente que nos ahoga modernos videogramas fotos de top models drinking & fucking camino libre velocidad ecos del hardcore inercia stop detrás de la mirada puta soledad “Jesús te ama” un anuncio glitter melancolía burguesa a fine day todos flotando en el espacio sintiéndose brand new talismán >>>don’t give it up. La felicidad es un alegre ritmo que nos dice “Ven a sentir el ruido”.
víctor is dead, gracie is dead, efrén is dead
Todos mis amigos se divierten sin sentido. Danny, gurú metálico en proceso de liquidación, decía que la droga era su vida mientras punteaba oportunidades en la pista de baile. Julio se prodigaba en la fórmula de presión para recuperar, buen toque y juego armónico como ejercicio de adoración. Bobby renunció grogui al sueño que casi conquistó, ahora pide el regreso de noches y weekends que estúpidamente dejo pasar. Todos mis amigos añoran algo que en el camino se perdió. Dee dee, maquillada para un día hermoso, intentó desesperada brincar desde el gran puente pero sólo pudo gritar con cierto desencanto: ¡Cómo duele el conformismo! Carlos apostaba por dejar en claro su ambigua sexualidad, cool waves de pura electricidad. Luis sólo borracho, o en la noche inventada, decía las cosas que realmente sentía. Todos mis amigos apuestan a ganar y esperan ansiosos que algo se queme para volver a ocupar un lugar en el pasado o estrenar posición en un presente que se nos acaba. Gerardo abandonó la city pensando que eso lo haría mejor; Diana regresó sin hope sintiéndose peor; Katerine decía que si en la pelea perdió un par de dientes, la culpa había sido suya. Todos mis amigos se preguntan: ¿Qué hacemos aquí? ¿Cuál es el sentido de todo esto?, etc.
lili es dead, junior is dead, rafa is dead
Siempre fuimos buenas personas, autoestima de rascacielo, risa y euforia en los ojos, casos difíciles que conocíamos algunas cosas y otras no, en picada por afterhours interminables y tardes de karaoke, años perdidos entre sus mentiras y nuestra ironía >>> going down. Ya no hay sitio a dónde ir, la vida se convirtió en una enorme bodega vacía y ahora, tras acabarse la penúltima fiesta, todos nos sentimos víctimas una vez más.
Sorry, my friends. We lost.
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revisión 2004: Con la muerte de Claudia Franchini cambian tantas cosas. Antes esto era una afirmación de la posibilidad de dejar atrás personas y situaciones; hoy, es un listado de personas imprescindibles en mi vida.
Este texto primero apareció en formato de flyer para una lectura a la que no asisti en la Feria del Libro; luego, se publico en la revista angelina PUB.
lunes, 20 de septiembre de 2004
15. Paraké
Lejos de todo, sin impulsos hardcore, recreamos el presente al ritmo minimal que dicta una drum machine. Atesorando el ahora, subiéndonos al tren de la autoindulgencia, imaginando paisajes, un puzzle perfecto. Cansados de preferir la (in)seguridad del ensueño, de atestiguar esa compra-venta que no termina por efectuarse, apostando por un golpe de calor que borre nuestra estupidez al no reclamar una esperanza abandonada, eso que marca nuestra esencia. Pensar que hasta hace poco la felicidad era una pastilla, grandes líneas, marcas de agua prodigiosa que celebraban el (des)encuentro de las cosas que dejamos atrás.
Para vivir el engaño hay que creerlo.
Tenemos la sospecha que el momento actual es un cúmulo de problemas que nos atosigan, vestigios de adolescentricidad sin concesiones, la incapacidad de aceptar la falta de un diálogo interno, el catalizador revolucionario de lo que debiera ser y nunca es, un atajo para perderse en algo que se parece cada día más a nuestra vida y que finalmente nos cambia. No hay que subestimar el poder de la negación.
Los deseos del cuerpo son lágrimas.
Nadie es lo que dice ser, suceden tantas cosas a la vez. Es sólo un inútil esbozo por la búsqueda y conexión del fracaso como algo positivo. Punk rock implosion. La soledad es una asignatura que hay que aprender pronto a enfrentar; sin embargo, no se puede alejar lo que nunca estuvo cerca, ni querer volver a tener lo que nunca fue nuestro. Hay situaciones en las que es mejor –eso que aconseja el manual del usuario- meter el alma hasta el fondo para convertirla en un ejemplo de estoicismo que cruza ilusiones y paga tarifa fija. Fuck this and that.
Nuestra muerta juventud.
Una cursi historia telegénica para ser vista en grandes pantallas y sonido digital. El final de la broma que se escribe al revés, el reflejo de una maldita época que nos destruye en charlas confusas y sesiones de repeat & repeat. Hechos polvo, todas las señales que hay en el camino nos llevarán a la misma conclusión: Conocer es (des)amor. Demasiado obvio, un paso necesario pero no redituable, lo que se debe hacer y ya. Dejar de anhelar todas esas cosas que hacen mentir a Dios en contra de sí mismo, renegade fuck. En perspectiva, todo se ve mal cuando se recuerda bien, cuando hay opiniones contrarias que trascienden, cuando las personas tienen el mismo valor de las noticias.
Ey! Hay gente que nadie espera.
Sin saber a donde ir, nuestra mente es un frágil edificio cuya estructura está a punto de ceder. Un idiot savant que ve pasar los días sabiendo que todo es (ir)real y que da igual. Atrapados en una especie de confinamiento dócil y aburrido, perdidos ante el close-up de papel tradicional. Sedados, esperando que alguien comparta la caída y extienda la mano al pobre asesino que llevamos dentro o que nos proporcione un poco de valor para enfrentar sueños y hallazgos antes del desastre.
Somos muñecos de cuerda, complejos de diversión, electroseducción, ansiedad on-line. Podemos cambiar de ideas sin un asomo de asco o pudor, pero el feeling desesperanzador permanece. ¿Tú temor es el mismo que el nuestro? Lo imposible es lo que se reclama, captar más cosas y hacer algo con ellas. Subversión, confort, velocidad, confusión, tics de burguesía, sexo, necesidades construidas, influencias y diferencias, seguridad, invención de juegos y sonrisas, ¿qué más da? Nuestro pequeño argumento, dudas cíclicas y angulares, nula posibilidad de recuperar el tiempo que se pierde odiando aquello que no siempre dura lo pertinente. Objetivo y significado, teorías sobre el desencanto, lo que importa. Sin aviso, llega la verdad.
La vida es así: un disparo y punto final.
¿Qué va a cambiar entre el día de hoy y mañana? Algo, todo, nada. Nevermind, las cosas pasan por una razón. A veces no pasan por la misma razón. Estamos hartos de ser razonables. Si no te haces preguntas, no te decepcionas. La mayoría de las veces todo nos decepciona. ¿Darnos cuenta! Fuck, ni siquiera lo entendemos.
Whatever.
Para qué queremos preguntas, para qué queremos respuestas, si ya sabemos que de lo que pasa no tenemos ni puta idea.
Game over!
Game over!
Game over!
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revisión 2004: Mi acercamiento al campo de batalla. Too many samples para anotarlos (desde Luis Arcaraz a Baudrillard, de los tv shows a Houllebecq)
Para vivir el engaño hay que creerlo.
Tenemos la sospecha que el momento actual es un cúmulo de problemas que nos atosigan, vestigios de adolescentricidad sin concesiones, la incapacidad de aceptar la falta de un diálogo interno, el catalizador revolucionario de lo que debiera ser y nunca es, un atajo para perderse en algo que se parece cada día más a nuestra vida y que finalmente nos cambia. No hay que subestimar el poder de la negación.
Los deseos del cuerpo son lágrimas.
Nadie es lo que dice ser, suceden tantas cosas a la vez. Es sólo un inútil esbozo por la búsqueda y conexión del fracaso como algo positivo. Punk rock implosion. La soledad es una asignatura que hay que aprender pronto a enfrentar; sin embargo, no se puede alejar lo que nunca estuvo cerca, ni querer volver a tener lo que nunca fue nuestro. Hay situaciones en las que es mejor –eso que aconseja el manual del usuario- meter el alma hasta el fondo para convertirla en un ejemplo de estoicismo que cruza ilusiones y paga tarifa fija. Fuck this and that.
Nuestra muerta juventud.
Una cursi historia telegénica para ser vista en grandes pantallas y sonido digital. El final de la broma que se escribe al revés, el reflejo de una maldita época que nos destruye en charlas confusas y sesiones de repeat & repeat. Hechos polvo, todas las señales que hay en el camino nos llevarán a la misma conclusión: Conocer es (des)amor. Demasiado obvio, un paso necesario pero no redituable, lo que se debe hacer y ya. Dejar de anhelar todas esas cosas que hacen mentir a Dios en contra de sí mismo, renegade fuck. En perspectiva, todo se ve mal cuando se recuerda bien, cuando hay opiniones contrarias que trascienden, cuando las personas tienen el mismo valor de las noticias.
Ey! Hay gente que nadie espera.
Sin saber a donde ir, nuestra mente es un frágil edificio cuya estructura está a punto de ceder. Un idiot savant que ve pasar los días sabiendo que todo es (ir)real y que da igual. Atrapados en una especie de confinamiento dócil y aburrido, perdidos ante el close-up de papel tradicional. Sedados, esperando que alguien comparta la caída y extienda la mano al pobre asesino que llevamos dentro o que nos proporcione un poco de valor para enfrentar sueños y hallazgos antes del desastre.
Somos muñecos de cuerda, complejos de diversión, electroseducción, ansiedad on-line. Podemos cambiar de ideas sin un asomo de asco o pudor, pero el feeling desesperanzador permanece. ¿Tú temor es el mismo que el nuestro? Lo imposible es lo que se reclama, captar más cosas y hacer algo con ellas. Subversión, confort, velocidad, confusión, tics de burguesía, sexo, necesidades construidas, influencias y diferencias, seguridad, invención de juegos y sonrisas, ¿qué más da? Nuestro pequeño argumento, dudas cíclicas y angulares, nula posibilidad de recuperar el tiempo que se pierde odiando aquello que no siempre dura lo pertinente. Objetivo y significado, teorías sobre el desencanto, lo que importa. Sin aviso, llega la verdad.
La vida es así: un disparo y punto final.
¿Qué va a cambiar entre el día de hoy y mañana? Algo, todo, nada. Nevermind, las cosas pasan por una razón. A veces no pasan por la misma razón. Estamos hartos de ser razonables. Si no te haces preguntas, no te decepcionas. La mayoría de las veces todo nos decepciona. ¿Darnos cuenta! Fuck, ni siquiera lo entendemos.
Whatever.
Para qué queremos preguntas, para qué queremos respuestas, si ya sabemos que de lo que pasa no tenemos ni puta idea.
Game over!
Game over!
Game over!
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revisión 2004: Mi acercamiento al campo de batalla. Too many samples para anotarlos (desde Luis Arcaraz a Baudrillard, de los tv shows a Houllebecq)
viernes, 17 de septiembre de 2004
16. rollercoaster
las cosas no iban bien.
A veces sucede así, otras no. Cansados de esperar a que algo pase, dispuestos a todo sin saber a que, pensando cuando fue que nos equivocamos de dirección, en que esquina de la city perdimos todo eso —metas, ideales, sonrisas, ejercicios de amabilidad, viejos amigos— que guardábamos para un día de paz. Los acontecimientos ocurren a cierta velocidad, son cosa del azar o infortunios del deseo de agitar y provocar a cinco tipos de cuidado. Subir y caer se convierte en algo habitual, como si fuera parte de un ciclo a seguir por obligación e innata convicción, la propuesta que se repite y repite ad infinitum como la nota gancho en la promoción de los infomerciales que tanto nos aburren de madrugada. Una sensación que nos divide y explora sin cesar.
¿por qué cuesta tanto tomar una decisión?
En un instante de claridad todos queremos respuestas justas para preguntas mal planteadas. Sin importar lo que hagamos o a donde vayamos, la idea de estar en un atasco emocional nos persigue, la maldición de la que hablaba Chomsky se vuelve contra nosotros. Buscando un núcleo de esperanza, conocer que un loft no es la ampliación de vida genuina, constatar que todo es apariencia: miseria urbana, cambio de look, llamadas en espera, libros de auto-ayuda, portales de antagonismo progresivo, listas de popularidad, tardes de encuentros fortuitos, balas de conformidad para cinco tipos de cuidado. Antes tuvimos la sospecha que nunca nada valió la pena, ahora lo sabemos de primera fuente. Whatever.
¿qué le pasó a los finales felices?
Hay cosas que nos hacen sentir culpables sin saber por qué; hay otras que, tras perderlas, se empeñan en recordarnos, no sin cierta timidez y a veces con algo de inútil gedogen, que tan importantes fueron para nosotros. El juego es simplemente hacer lo nuestro, dominar el rebote de los actos espontáneos y el driblar de las horas, cuestionar las estrategias determinadas por una temporada atroz, hacer las transferencias adecuadas y acercarnos cada momento a la mejor ocasión, llegar a ella sin retardos ni excusas. Es difícil hacerlo sin aceptar esos pequeños errores de cálculo que acortan las ventajas antes logradas, sin tomar nunca en cuenta las ocasiones en que nos deslizamos en el borde del perímetro, cuando se buscaba una salida de emergencia para cinco tipos de cuidado porque sí y porque qué más da buscar el impacto —lo inesperado suele ser mejor—, una posible colisión que acabe con todo y con todos. El fracaso, a veces, nos deja algo positivo.
¿alguna vez te has sentido atrapado?
Una caída con los ojos cerrados. El grito es un pretexto, tan sólo eso. Una fiesta, apoyos o fondos de retiro, una grieta por donde escapar. Días y noches enteras pensando que se puede encontrar la forma de decir las cosas que debemos decir, eso que realmente nos importa, sin lastimar ni implicar a nadie más. Algo inútil: nos olvidamos que lo que uno dice puede, en determinado momento, ser el arma con la cual el destino nos disparará. Conceptos elevados a los cuales no podemos corresponder, falsas esperanzas, mapas conceptuales, proyectos de vida distantes, bifurcación de caminos, cinco tipos de cuidado, deseos que sólo son eso, melancolía y frustración. Plegarias sin atender, un hueco interior, voces que no se callan como los dedos de la mano de aquel pobre tipo —gringo, veterano de alguna guerra química, paranoico y sonriente— que se acercaba éstos al rostro para implorar su silencio con un nervioso murmullo. Podemos entenderlo: en nuestra cabeza también hay demasiado ruido para intentar comprender de manera racional lo que ocurre [la desesperación no es, por lo visto, en estos casos una buena idea].
Up & down very fast
Hay quien dice, no sin justa razón, que es bueno que nos duela el cuerpo, eso indica que podemos pensar en otras cosas; quizás, pero el desconsuelo, al igual que la calma o esos cinco tipos de cuidado que nos mortifican sin cesar, es una cita a ciegas que tarde o temprano sabemos tendremos que cumplir. Sin embargo, nos equivocamos por completo al creer que iba a ser fácil cortar de tajo una historia —breve, si se quiere— en común. Se nos esfumaron las decisiones. Aquello se desperdigo sin autorización, creció sin control, sin fecha de caducidad. Desafiante e intransigente, sin escuchar palabras ni entender razones, tiro ancla y echó a rodar los dados que nos permitieron llenar de emociones intensas una vida aparentemente vacía, lidiar con el dolor de todos los días y someternos a la repentina cantidad de risas que nos hicieron sospechar que un futuro próximo ya nada sería así. Se nos esfumaron las opciones. No podemos evadir nuestra responsabilidad como tampoco creer el dogma ese de que lo que posees terminará por poseerte aunque sabemos que es una verdad tan cierta como nickel.
Casi en bancarrota, apenas nos queda aliento.
Conversaciones interrumpidas por el ir y venir de la multitud; por la incapacidad para entender que la vida no es simplemente un espectáculo en circuito cerrado que se transmite en directo; por los gritos irritantes de un manic street preacher cuyo mensaje es un punto muerto en nuestra tormenta diaria. Algo irónico si tomamos en cuenta esas noches dedicadas a ver nuestro look de pelea en los cristales de los autos, platicando a la deriva, en camino a ninguna parte o con la esperanza de que la lluvia, fiel compañera de soledad requerida, sirviera de algo y que arreciara con furia dentro de nosotros para no tener que taparnos el rostro. Es obvio que todos encontramos algún motivo adecuado para rendirnos cuando lo creemos necesario, algo normal que puede significar la oportunidad para dar un paso atrás y volver a empezar. Podría ser lo mejor, lo que aconsejan cinco tipos de cuidado ante el peligro de inminente desastre pero, sin saber a ciencia cierta el porqué, no queremos alejarnos, no podemos hacerlo. Tenemos miedo de perder algo en el camino o simplemente, perderlo todo. ¿Es esto lo más cercano a matar nuestras ilusiones? Si tan sólo pudiéramos después recordar esto y reírnos como antes.
Advertencia: No intentes cambiar el curso de la montaña rusa.
Subimos juntos al ride, freaks de categoría especial por el simple hecho de ser quienes somos: chispazos de felicidad, preocupación eterna, melodías para noches sin sueño, el reclamo del triste payaso solisiano, cinco tipos de cuidado, un sample que nos recuerda continuamente “This is your life”, el lugar donde ocurren las cosas, personas interesantes que aparecen en la soledad y cuya proximidad es todo lo que se necesita. Las gafas que usamos son solamente un guiño, un seguir de rutas impuestas por casualidad o la forma de evitar los designios de un Dios con pésimo sentido del humor, una forma clara de decir: “Nadie supo ganar” Nuestra visión de las cosas es otra, decidimos no decidir o, al menos, eso parece.
parar es algo que ya no podemos hacer.
Las gafas sirven para aparentar que se mantiene el ideal de bienestar y orden por seguir; relativistas ad-hoc, guardamos la distancia necesaria que se indica en el manual del usuario. Lo nuestro es imperfección, un querer darse el lujo de vivir y dejar que el tiempo nos cure las heridas sin tener que hacerse la pregunta: ¿Quién diablos nos quitará las jodidas banderillas? Nuestra conciencia está en un Post it color amarillo, nuestra identidad está ligada a un juke-box personal que repite tanto los temas que cantamos en los momentos felices como aquellos otros que reflejan nuestra fase más low. Entre el futuro y la calle, la contradicción como signo: el no saber que hacer es algo muy recurrente por aquí, rechazar los cinco tipos de cuidado, una despedida que no quiere ser, un click constante a la oferta interactiva de la frivolidad o un desafortunado brincar oportunidades, recostadas en la calle, como si fueran parte de aquel juego infantil de tiza y papel mojado. Algo tan engañoso que ni la más firme voluntad puede evitar.
Sólo queremos seguir, dar vueltas y volver al espacio.
Hay que señalar que somos exactamente todo lo contrario a lo que dice la gente que somos o fuimos. Cinco tipos de cuidado. Can you understand that? En última instancia, puede que lo que ocurre no sea más un cutrieslogan para rematar, la faribolesca idea del paraíso perdido o simplemente el hecho de que esta mañana, al despertar, la tristeza nos mostró su espalda malsoñante, reflejo insólito del “Tú no hubieras podido”. Así son las cosas y no de otro modo. Nos falta tiempo, nos sobra tiempo para las interminables pláticas que acaban siempre con aquello de “ya no quiero hablar”. Al parecer se ha dicho todo y, sin embargo, no se ha dicho nada. A veces nos damos cuenta que las palabras no sirven, que éstas no logran atrapar ese einfeuhlung extraviado. ¿Hueles el peligro? We have explosive. No decepcionaremos a nadie cuando lleguen los malos tiempos. Suponemos que, después de todo lo expresado, ya no hay nada más que decir. [Lo mejor de nuestra vida aún está por ocurrir]
by the way, it’s not unusual to think about it.
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revisión 2004: Demasiado personal, demasiado visceral. A good friendship yéndose al carajo. Sin poder evitarlo, casi sin darse cuenta. Me sigue pareciendo genial la cita de Chomsky. Viajes a USA, películas en VHS, largas pláticas para tratar de entender lo que ya se fue, mp3s. Uno de mis textos favoritos.
A veces sucede así, otras no. Cansados de esperar a que algo pase, dispuestos a todo sin saber a que, pensando cuando fue que nos equivocamos de dirección, en que esquina de la city perdimos todo eso —metas, ideales, sonrisas, ejercicios de amabilidad, viejos amigos— que guardábamos para un día de paz. Los acontecimientos ocurren a cierta velocidad, son cosa del azar o infortunios del deseo de agitar y provocar a cinco tipos de cuidado. Subir y caer se convierte en algo habitual, como si fuera parte de un ciclo a seguir por obligación e innata convicción, la propuesta que se repite y repite ad infinitum como la nota gancho en la promoción de los infomerciales que tanto nos aburren de madrugada. Una sensación que nos divide y explora sin cesar.
¿por qué cuesta tanto tomar una decisión?
En un instante de claridad todos queremos respuestas justas para preguntas mal planteadas. Sin importar lo que hagamos o a donde vayamos, la idea de estar en un atasco emocional nos persigue, la maldición de la que hablaba Chomsky se vuelve contra nosotros. Buscando un núcleo de esperanza, conocer que un loft no es la ampliación de vida genuina, constatar que todo es apariencia: miseria urbana, cambio de look, llamadas en espera, libros de auto-ayuda, portales de antagonismo progresivo, listas de popularidad, tardes de encuentros fortuitos, balas de conformidad para cinco tipos de cuidado. Antes tuvimos la sospecha que nunca nada valió la pena, ahora lo sabemos de primera fuente. Whatever.
¿qué le pasó a los finales felices?
Hay cosas que nos hacen sentir culpables sin saber por qué; hay otras que, tras perderlas, se empeñan en recordarnos, no sin cierta timidez y a veces con algo de inútil gedogen, que tan importantes fueron para nosotros. El juego es simplemente hacer lo nuestro, dominar el rebote de los actos espontáneos y el driblar de las horas, cuestionar las estrategias determinadas por una temporada atroz, hacer las transferencias adecuadas y acercarnos cada momento a la mejor ocasión, llegar a ella sin retardos ni excusas. Es difícil hacerlo sin aceptar esos pequeños errores de cálculo que acortan las ventajas antes logradas, sin tomar nunca en cuenta las ocasiones en que nos deslizamos en el borde del perímetro, cuando se buscaba una salida de emergencia para cinco tipos de cuidado porque sí y porque qué más da buscar el impacto —lo inesperado suele ser mejor—, una posible colisión que acabe con todo y con todos. El fracaso, a veces, nos deja algo positivo.
¿alguna vez te has sentido atrapado?
Una caída con los ojos cerrados. El grito es un pretexto, tan sólo eso. Una fiesta, apoyos o fondos de retiro, una grieta por donde escapar. Días y noches enteras pensando que se puede encontrar la forma de decir las cosas que debemos decir, eso que realmente nos importa, sin lastimar ni implicar a nadie más. Algo inútil: nos olvidamos que lo que uno dice puede, en determinado momento, ser el arma con la cual el destino nos disparará. Conceptos elevados a los cuales no podemos corresponder, falsas esperanzas, mapas conceptuales, proyectos de vida distantes, bifurcación de caminos, cinco tipos de cuidado, deseos que sólo son eso, melancolía y frustración. Plegarias sin atender, un hueco interior, voces que no se callan como los dedos de la mano de aquel pobre tipo —gringo, veterano de alguna guerra química, paranoico y sonriente— que se acercaba éstos al rostro para implorar su silencio con un nervioso murmullo. Podemos entenderlo: en nuestra cabeza también hay demasiado ruido para intentar comprender de manera racional lo que ocurre [la desesperación no es, por lo visto, en estos casos una buena idea].
Up & down very fast
Hay quien dice, no sin justa razón, que es bueno que nos duela el cuerpo, eso indica que podemos pensar en otras cosas; quizás, pero el desconsuelo, al igual que la calma o esos cinco tipos de cuidado que nos mortifican sin cesar, es una cita a ciegas que tarde o temprano sabemos tendremos que cumplir. Sin embargo, nos equivocamos por completo al creer que iba a ser fácil cortar de tajo una historia —breve, si se quiere— en común. Se nos esfumaron las decisiones. Aquello se desperdigo sin autorización, creció sin control, sin fecha de caducidad. Desafiante e intransigente, sin escuchar palabras ni entender razones, tiro ancla y echó a rodar los dados que nos permitieron llenar de emociones intensas una vida aparentemente vacía, lidiar con el dolor de todos los días y someternos a la repentina cantidad de risas que nos hicieron sospechar que un futuro próximo ya nada sería así. Se nos esfumaron las opciones. No podemos evadir nuestra responsabilidad como tampoco creer el dogma ese de que lo que posees terminará por poseerte aunque sabemos que es una verdad tan cierta como nickel.
Casi en bancarrota, apenas nos queda aliento.
Conversaciones interrumpidas por el ir y venir de la multitud; por la incapacidad para entender que la vida no es simplemente un espectáculo en circuito cerrado que se transmite en directo; por los gritos irritantes de un manic street preacher cuyo mensaje es un punto muerto en nuestra tormenta diaria. Algo irónico si tomamos en cuenta esas noches dedicadas a ver nuestro look de pelea en los cristales de los autos, platicando a la deriva, en camino a ninguna parte o con la esperanza de que la lluvia, fiel compañera de soledad requerida, sirviera de algo y que arreciara con furia dentro de nosotros para no tener que taparnos el rostro. Es obvio que todos encontramos algún motivo adecuado para rendirnos cuando lo creemos necesario, algo normal que puede significar la oportunidad para dar un paso atrás y volver a empezar. Podría ser lo mejor, lo que aconsejan cinco tipos de cuidado ante el peligro de inminente desastre pero, sin saber a ciencia cierta el porqué, no queremos alejarnos, no podemos hacerlo. Tenemos miedo de perder algo en el camino o simplemente, perderlo todo. ¿Es esto lo más cercano a matar nuestras ilusiones? Si tan sólo pudiéramos después recordar esto y reírnos como antes.
Advertencia: No intentes cambiar el curso de la montaña rusa.
Subimos juntos al ride, freaks de categoría especial por el simple hecho de ser quienes somos: chispazos de felicidad, preocupación eterna, melodías para noches sin sueño, el reclamo del triste payaso solisiano, cinco tipos de cuidado, un sample que nos recuerda continuamente “This is your life”, el lugar donde ocurren las cosas, personas interesantes que aparecen en la soledad y cuya proximidad es todo lo que se necesita. Las gafas que usamos son solamente un guiño, un seguir de rutas impuestas por casualidad o la forma de evitar los designios de un Dios con pésimo sentido del humor, una forma clara de decir: “Nadie supo ganar” Nuestra visión de las cosas es otra, decidimos no decidir o, al menos, eso parece.
parar es algo que ya no podemos hacer.
Las gafas sirven para aparentar que se mantiene el ideal de bienestar y orden por seguir; relativistas ad-hoc, guardamos la distancia necesaria que se indica en el manual del usuario. Lo nuestro es imperfección, un querer darse el lujo de vivir y dejar que el tiempo nos cure las heridas sin tener que hacerse la pregunta: ¿Quién diablos nos quitará las jodidas banderillas? Nuestra conciencia está en un Post it color amarillo, nuestra identidad está ligada a un juke-box personal que repite tanto los temas que cantamos en los momentos felices como aquellos otros que reflejan nuestra fase más low. Entre el futuro y la calle, la contradicción como signo: el no saber que hacer es algo muy recurrente por aquí, rechazar los cinco tipos de cuidado, una despedida que no quiere ser, un click constante a la oferta interactiva de la frivolidad o un desafortunado brincar oportunidades, recostadas en la calle, como si fueran parte de aquel juego infantil de tiza y papel mojado. Algo tan engañoso que ni la más firme voluntad puede evitar.
Sólo queremos seguir, dar vueltas y volver al espacio.
Hay que señalar que somos exactamente todo lo contrario a lo que dice la gente que somos o fuimos. Cinco tipos de cuidado. Can you understand that? En última instancia, puede que lo que ocurre no sea más un cutrieslogan para rematar, la faribolesca idea del paraíso perdido o simplemente el hecho de que esta mañana, al despertar, la tristeza nos mostró su espalda malsoñante, reflejo insólito del “Tú no hubieras podido”. Así son las cosas y no de otro modo. Nos falta tiempo, nos sobra tiempo para las interminables pláticas que acaban siempre con aquello de “ya no quiero hablar”. Al parecer se ha dicho todo y, sin embargo, no se ha dicho nada. A veces nos damos cuenta que las palabras no sirven, que éstas no logran atrapar ese einfeuhlung extraviado. ¿Hueles el peligro? We have explosive. No decepcionaremos a nadie cuando lleguen los malos tiempos. Suponemos que, después de todo lo expresado, ya no hay nada más que decir. [Lo mejor de nuestra vida aún está por ocurrir]
by the way, it’s not unusual to think about it.
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revisión 2004: Demasiado personal, demasiado visceral. A good friendship yéndose al carajo. Sin poder evitarlo, casi sin darse cuenta. Me sigue pareciendo genial la cita de Chomsky. Viajes a USA, películas en VHS, largas pláticas para tratar de entender lo que ya se fue, mp3s. Uno de mis textos favoritos.
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