lunes, 9 de agosto de 2004
sábado, 7 de agosto de 2004
01. WHERE'S THE DONKEY SHOW, MR. MARIACHI?
"Tijuana fue la causa por la que James Dean tuvo unos cuernos de toro en su departamento neoyorquino." Details Magazine.
Les confirmaron que era el lugar más feliz del mundo. Les hablaron de chicas caminando semi desnudas por la eterna e interminable acera principal. Les contaron sobre el surfing pendenciero en los clubes y cantinas, de borracheras míticas con sabor a blue hawaiians, margaritas, long islands, tequila y cerveza. Les susurraron en los oídos aquella vieja leyenda atrapa-stupid-gringos del donkey show y ellos como buenos hijos de la Middle America —jar heads, navy guys, white trash in cutoffs—, se creyeron todo y emocionados llegaron a la city tras haber ensayado cómo pedir "one cerveza".
Al cruzar la línea, Robert y Danny —un par de marines con el weekend libre— sienten, como muchos otros turistas, que les restriegan en la cara ese olor de tan característico de las fritangas. Welcome to Mécsico. "Don't let the cabbies sucker you. Downtown it's too easy to reach, walk and follow the other turists", les informaron unos veteranos de la Guerra Tijuana y ellos siguieron el consejo. Caminaron, subieron y bajaron el puente México, caminaron unos cuantos pasos más y arriban a su destino. Justo al llegar al downtown, un taxista le preguntó a Robert, "Hey gringo, ¿Quieres puta?" Danny suelta un inmediato "Huh?" y Robert intenta pronunciar bien "No graciash". Aunque sus padres son mexicanos, Robert casi no habla español. El taxista insiste en ello, "I know where is the best mexican pussy". "Yeah, show us some" suena casi a reclamo. Es la voz de Danny, todo hormonas a los veinte años. "Chill, maaan!" le dice Robert y lo jala en dirección al semáforo. Cruzan la calle y otro taxista menciona algo del Donkey Show, pero pasan de ello.
En la terraza de una disco beben las primeras cervezas al ritmo del imperativo coro de "We will rock you" y Robert se fija que esto parece Norteamérica: todos los clientes son gringos y los únicos mexicanos que hay son los meseros que quieren propina de a dólar cada vez que sirven otra ronda de cerveza dos equis lager. Danny está mirando fijamente a ese dream team en el Club de Aerobics "California": esculturales gringas de busto firme y traseros de acero apenas cubiertos por una minifalda o un short de mezclilla. Chicas envueltas en licra que ya borrachas se dejan meter mano y que bailan sensuales el "me so horny, me so horny" mientras las acarician lascivamente negros gigantescos en medio de la pista; todas ellas son bitchs blanquitas a las que les encanta levantarse al legendario macho negrito. Danny, el chico de Ohio todo acné y compulsión, sabe que no puede competir con la fuerza de los mitos y angry le da otro trago a su cerveza.
Lager, lager, lager. Es el grito eufórico en todos los bares que visitan. Lager, lager, lager. Siempre igual mientras suena "Born, born to be alive". Lager, lager, lager. I wanna fuck!, I told you that, Robert. Lager, lager, lager. "Yes, I wanna lick some hot pussy too", contesta eufórico aquél. Lager, lager, lager. Sonidos de sirena, ¡qué alguien pague las cervezas! Lager, lager, lager. Do you speak english? le inquiere Danny a una chica bonita en una disco repleta de gente mexicana. No obtiene respuesta y hace otro intento. Uno de los veteranos de la Guerra Tijuana le dijo que esta frase no fallaba y el tonto cayó. ¿Chupas verga? pregunta con juvenil candor y la chica indignada le dice ¡No, get lost cabrón! El tono y los ademanes son harto efusivos, el desprecio traspasa la frontera de idioma y Danny vuelve angry a su cerveza. Por su parte, Robert si logra bailar y, por unos cuantos minutos, se adueña de una cintura breve al ritmo de un rock en español y él trata de besarla furtivamente y le compra una bebida y la zorrita local, después de tomar un especial de tres cincuenta de dólar y darle baje con los cigarros, le dice que tiene que buscar a una amiga y no vuelve más.
Ya borrachos, Robert y Danny se meten a un antro de putas y el mesero trácala los hace pagar dos veces las minicervezas. Cuatro dólares por cada botellita. No protestan, saben de antemano que no tiene sentido hacerlo. Se sientan cerca de la plataforma y, a esa distancia, le ven las múltiples estrías a la stripper en turno y al sacar Robert un billete de diez dólares, la puta se acerca; Robert quiere agarrarle las tetas, la puta le hace un guiño familiar aceptando el dinero y Roberto le toca ligeramente las tetas. La puta se retira sonriendo y Danny, otra vez horny, se acuerda del Donkey Show, Robert no le hace caso. Danny insiste: "Holy shit!, I saw it in a movie". "Yeah, I remember that one", le contesta Robert fingiendo interés, "Bachelor Party with Tom Hanks". Danny deja su botella en la mesa para decirle all drunkie: "Wrong mofo, the movie was Losing it with that fucking faggot...". Una pelea entre marines pochos y trolos mexicanos detiene la discusión, los veteranos de la Guerra Tijuana les advirtieron sobre los peligros de esto y salen de inmediato. Es obvio, a los gringos son a los primeros que se madrean los de seguridad y también los meseros; además, para ambos la cárcel de Tijuana no tiene gracia aunque sí un poco de leyenda que no llega a ser mayor que la del donkey show, aquel acto increíble que une a una bailarina exótica con un burro en una jornada de bestialismo pre-war.
Recorren una y otra vez la avenida, otros bares y otras cervezas. Los Village People y "Here we are now, entertain us...", AC-DC y "0ne, two, three, four... sumpin' new", Grandmaster Flash y "Oh, oh, tainted love". En la madrugada, no sex no score, totalmente borrachos paran a comer unos hot-dogs que Danny vomitará dos cuadras después. La boca de Danny es un grifo que no para y Robert asustado le avisa "Fuck you! the Tijuana Hit Squad!" pero, ¡qué suerte!, los del Grupo Táctico no se fijan en ellos. Hora de emprender el camino a casa, otra vez el lidiar con los taxistas que insisten en llevarlos hasta la línea fronteriza y ellos, borrachos, empeñados en caminar y caminar.
En la esquina de la Plaza Santa Cecilia, decenas de charros negros esperan desesperados a un hombre enamorado que quiera llevar serenata a esa astuta mujer que no quiere dar el sí o a ese borracho loser que quiere olvidar sus penas en plan nacionalista cantando "pero sigo siendo el rey". Robert se anima, se acerca a uno de ellos, el tipo sonríe pensando en dólares. Ante la sonrisa, Robert se relaja y por fin, confiado, pregunta: "Where's the donkey show, Mr. Mariachi?"
--------------------------------
revision 2004: Uno de mis textos mas citados en los estudios sobre la literatura fronteriza. Por un tiempo fue material de lectura obligatoria en algunas universidades. Casi nadie ha entendido la ironía atrapada en este relato y por ello, sobran las acusaciones de xenófobo, misógino y etc. Una mirada a los que vienen a mirar a lo exótico. O algo asi.
jueves, 5 de agosto de 2004
02. NO TODOS PODEMOS SER JUNIORS
Ella, siempre dispuesta a escuchar mis diatribas, acostumbraba a llamarme diariamente por teléfono. A mí me encantaba esa terapia sin costo. Por años me había sentido derrotado y sin una respuesta. “¿Cuál es el camino correcto?”, me preguntaba a mí mismo a cada instante. Ella me daba algunas pistas, pero la situación era vaga, apenas bosquejo de emociones inciertas sobre conexiones que no se daban. Habría que ver si eran genuinas o no.
(1. El eterno inconforme es un líder de derechas
y sale casi a diario en los periódicos.)
A dónde diablos, le pregunte a ella, se llevaron nuestras sonrisas y bromas juveniles, en dónde torcimos el rumbo y en qué segundo de indecisión se fueron nuestras ilusiones al carajo. (¿Por qué siempre me pasa esto a mí? hay quien dice que es cuestión de karma pero yo lo dudo). El verano de nuestra vida se empieza a marchitar, ya somos adultos y no sé porque eso me rompe el corazón. (¿Cuál era la política del aburrimiento y aquella otra de la buenaventura? A ver, quién puede explicármelo). Ahora todo lo que escucho es "Ten cuidado con lo que pides que puede que se te cumpla".
(2. Esa chica rara tuvo una época atroz, un aborto
y un intento de suicidio; ahora se pasea arrogante y nunca responde a nuestro saludo.)
Y ella me contesto, con su peculiar tono pausado, diciéndome esto: "Si quieres vivir Fer, tienes que eliminar los placeres pasajeros y reemplazarlos con lecciones divinas más duraderas. Explorar el potencial de la conciencia humana, eso es lo mejor y chance que sea tú única opción". (Como si eso fuera fácil, cosa de ir al supermarket a comprar un manual por cien pesos y ya...)
3. Los pequeños idiotas e indeseables del salón van por la vida de cuello blanco y corbata para disfrutar tangiblemente el escurridizo éxito.)
¿Y ahora qué?, le pregunte una noche al salir juntos de una fiesta. (Creo que fue una buena pregunta ¿no?). Ella, al verme totalmente ebrio, me quito las llaves del auto y se ofreció a llevarme en el suyo a casa. En el camino le confesé lo que mis buenos amigos me habían dicho: "No te preocupes, estamos chamacos y todo va a salir bien". (¡Qué risa nos dio! que estúpidos fuimos, somos y seremos). Y proseguí: "¿Puedes ver el estado de situación? Los maestros y nuestros padres nos decían, nos prometían, nos mentían: el futuro es de ustedes. Ahora me pregunto ¿es qué acaso no lo sabían?, es que no se enteran que la vida te enseña, la vida se ensaña y nunca conoces el por qué". (Suena desolador pero no era así, hasta entonces todo marchaba bien, se los juro). No sé quién empezó la discusión, ella o yo, pero al llegar a mi casa me baje furioso del auto y le estrelle en el vidrio delantero la botella de whiskey que me había robado de la fiesta; ella no me hizo ningún reclamo tan sólo se marchó y, más enojada por mi estupidez que por el cristal roto, dejo de hablarme por teléfono casi seis meses.
(4. Mi mejor amiga antes bailaba y reía mucho, ahora
triste no acepta, como tantos otros, el fracaso de su matrimonio. Rueda mi mente pensando en que nuestros
posibles hijos hubieran sido más bellos y divertidos.)
Recuerdo que, por esa y otras tantas razones difíciles de admitir, un día triste de agosto de mil nueve noventa y dos me fui de aquí porque quería olvidar, pero al mes volví a mi casa. A mi ciudad. No podía escapar de mi historia y de mi vida en paralelo con ella. Y ella siempre me lo advirtió: todos nos podemos equivocar, la vida te atrapa y a veces, sin merecerlo, te da una segunda oportunidad. (Para eso, yo ya estaba a punto de alcanzar mi revólver, harto de proteger mi humanidad ante una multitud de falsos sueños). En ese instante de confrontación y crisis existencial comprendí que no todos nacimos para ser juniors y que yo apenas estaba aprendiendo a vivir la vida de trabajo y sufrimiento, una tarea larga y aburrida que mutila algo más que ilusiones.
(5. La chica tímida, que nunca supo en donde tenía el clítoris,
se cambió de religión y se perdió dos años en rumbos extraños;
en su equipaje llevaba nuestra amistad
y hasta la fecha, ella no sabe en que sitio la perdió.)
Casi diez años después, en nuestras reuniones todos mis amigos de escuela hablan de sus hijos, de sus coches, de terrenos y vacaciones, de aventuras y divorcios, de mil cosas. Pero ninguno habla de sus sueños más personales, esos sueños que creo se perdieron con el paso del tiempo, entre las opciones y los deberes con los que nos tantea y distrae la vida. (¿Qué es eso de sentar cabeza, carajo? una nueva táctica experimental o el asunto ese de la madurez). Todos corren tras el dinero y yo... ya no me atrevo: se me acabaron las ganas, me quede sin speed. Justo ahí, en una de esas fiestas, me entere que...
(6. Ese chico tan hablantín se canso representar ante
nuestros ojos una insípida mentira: ahora, para sorpresa de todos, vive feliz con su simpático novio y le importa un comino si lo aceptamos o no.
Mis mejores amigos, mis compañeros de escuela y cómplices de aventura son más que extraños. Muchos de ellos, aspirantes de viajes autónomos, escogieron reintegrarse y formar parte del rebaño y ya no quieren acordarse de las fiestas en las que disfrazados nos reímos tanto. Yo ya no entiendo su lenguaje, ni ellos el mío. (Por cierto, nunca ha sido una cosa que me preocupe mucho). Los únicos que parecen entender de qué va el rollo son esa pareja -ella en eterna dieta y él experto en computadoras y música heavy de los ochentas- que adopto a un niño mongolo; ellos, divertidos y muy viscerales, son los únicos que siguen en la misma sintonía de furor adolescente, videando películas porno y pidiendo por teléfono pizza a domicilio.
(7. Aquel otro murió de forma chistosa -no preguntes como- luego de enterarse por celular que su padre en bancarrota se había volado los sesos.
Yo no me explico en qué fallamos, el trato era no ser iguales a nuestros padres, pero esa noche al salir del último party se rompieron los lazos. (Tengo el momento justo grabado en video). Es triste admitirlo, pero no hay amigos para siempre. Es inevitable, sucede y, ahora sólo quedamos ella y yo hablando por teléfono, riéndonos al recordar que, en esa última reunión, alguien me preguntó: "Y ahora Fer, ¿cuáles son tus planes?". Yo, sin un dejo de ironía en mi voz, dije: "Este año sí quiero aprender a manejar correctamente" y me eché a reír otra vez.
---------------------------------------------------
revision 2004: Un texto para responder al "Oye, ¿tú qué has hecho con tu vida? ". El motivo por el cual no me invitan ya a las fiestas de generacion de mi primera carrera.
lunes, 2 de agosto de 2004
03. FEK!
Aturdida me escribes, en mi cuaderno de notas, casi sin quererlo: "¿En dónde está ese amigo con él que nunca me he sentido juzgada?" y agregas propositiva entre manchones de tinta negra un "quiero volver a reír contigo en alcohol". Y sí, claro que puedo emborracharme contigo, compartir la jeringa o pasarnos en un momento de euforia o desesperación. Recuerda que yo soy la droga perfecta, la imagen perfecta, el momento perfecto pero vamos, tú también lo eres. Ya aburridos, ya cansados, ya en pleno viaje, ya de vuelta, ya muriéndonos en el sexo y abarrotados de basura cantaremos esa canción que tanto te gusta. Por favor, entiende mis razones: de verdad, puedo escupirte en el rostro y besártelo después sin ningún asomo de asco o pudor. Una y otra vez, si eso te sienta bien. O mejor aún, ofrecerte como suripanta en cualquier esquina de estas calles de Dios y sonrojarme al ver los dólares que me ofreces desde el auto.
En una de esas calles de Dios aprendí que todos tenemos un precio. Y si pagas lo correcto puedo ser amante de tu amante, la ocasión de probar y la posibilidad de olvidar quien jodidos eres. Puedo golpearte y tranquilamente sentarme en el retrete para hacer minucias mientras devoras tu histeria y te veo hacerlo con quien quieras. Tuya es la decisión y yo estaré ahí, para escupirte el rostro y besártelo después sin ningún asomo de asco o pudor. Recuerda que yo puedo ser tu única alternativa, tu deseo maldito y tu pasión escondida. Todo quedará en el olvido o en nuestro retrete hecho minucias: la humillación del deshonor, la vergüenza del ayer y esa oportunidad que niegas a ese ser menor que llevas muy escondido dentro de ti. Yo jalare la correa porque... para eso estoy, ¿no?
Aviso de ocasión, cariño. Búsqueda de trabajo sin oportunidad y calles desiertas y nosotros solos en un bar de puta madre. Agita tus tetas, me dices, que yo agitaré las mías que son mejores. Yo, sentado en el retrete, haré minucias para ti y tú sonreirás con la boca recién pintada y dirás que te sientes discriminada y que ¡por Dios!, alguien venga a sacarnos de este fango. Y yo callaré, pensando en cómo disfrutar una pelea próxima y decir lo que pienso y decidir si sentarme o no en el retrete para hacer minucias para ti.
Y qué más da si ya no hay más de esa droga llamada vida. Y qué importa, dirán ellos sentados en otro bar de puta madre o bebiendo frapuccino sin azúcar en raras tacitas de porcelana china, mirando entusiasmados por el ventanal a mogollón de gente en vértigo por la alta tasa de criminalidad. Tocándose el culo en afán equilibrista, flipando en éxtasis con música a tope y hablando del futuro y del auto nuevo y de cómo guardar la línea sin morirse de hambre. Y en ese momento de deleite mortal, los chicos y las chicas felices entraran decididos al círculo de iniciados y todos, inclusive nosotros, perderemos en exquisitos fariboles y nos emborracharemos pegándonos insultos y llantos de electro en una perorata que resulta inacabable y que resume toda nuestra euforia y desesperación.
¡Qué felices somos, de verdad! Esto es una maravilla: te pegó otra vez y tú, ¡toda risas! Y yo seré tu esclavo y beberé tu sangre mientras cantamos tu canción favorita. Agitare mis tetas y te perforare ese ser menor que llevas muy escondido dentro de ti y te recitare "tyger, tyger" para hacerte reír y pensaré que todo acaba al iniciar, lo demás es bisutería que aprendí en la calle en donde cada cosa tiene su precio. Y qué importan los etcéteras, ahora nuestros quejidos son tatuajes al alimón que reciclan el odio y esa felicidad de pegarte y ser esclavo tuyo o el estar sentado en el retrete haciendo minucias para ti.
Recuerda que puedo ayudarte a vomitar en la resaca sin ningún asomo de asco o pudor, a luchar en contra del desprestigio promulgado por la voz de tus vecinos y pegarme de tiros en un bar de puta madre o bebiendo capuccino sin azúcar en raras tacitas de porcelana china. Si quieres llorar te prestare por un momento mi atención y seré testigo en todos tus delitos, pero no participare en ellos porque sin duda estaré aburrido y cansado de mirar a mogollón de gente en vértigo por la alta tasa de criminalidad. Si algún día quieres flipar, seré un compañero de viajes ideal porque yo soy el momento perfecto y recitare, una y otra vez, "tyger, tyger" para hacerte reír. Pon la fecha y ahí estaré agitando mis tetas o sentado en el retrete haciendo minucias mientras tú sonríes con los labios recién pintados. Claro, puedes contarme todas las mentiras que quieras y yo haré un nudo con ellas, cerrare mi pico y culo por ti mientras que tú, en una de esas calles de Dios, devoras tu histeria o te lo haces con quien quieras.
Al final, si eso te sienta bien, ambos podemos sentarnos en el retrete para convertir todo esto en minucias mientras recitamos "tyger, tyger" o cantamos, una y otra vez, tu canción favorita.
--------------------------
revision 2004: De una nota dejada por una amiga en mi libreta universitaria salio la idea de este texto circular. Agregenle citas a William Blake, el ritmo de "Perfect drug" de Nine Inch Nails y una perspectiva post machista. Uno de mis favoritos. BTW, cuando lo lei en Ensenada, un very old man se acerco a decirme que ese texto era su poema favorito.
En una de esas calles de Dios aprendí que todos tenemos un precio. Y si pagas lo correcto puedo ser amante de tu amante, la ocasión de probar y la posibilidad de olvidar quien jodidos eres. Puedo golpearte y tranquilamente sentarme en el retrete para hacer minucias mientras devoras tu histeria y te veo hacerlo con quien quieras. Tuya es la decisión y yo estaré ahí, para escupirte el rostro y besártelo después sin ningún asomo de asco o pudor. Recuerda que yo puedo ser tu única alternativa, tu deseo maldito y tu pasión escondida. Todo quedará en el olvido o en nuestro retrete hecho minucias: la humillación del deshonor, la vergüenza del ayer y esa oportunidad que niegas a ese ser menor que llevas muy escondido dentro de ti. Yo jalare la correa porque... para eso estoy, ¿no?
Aviso de ocasión, cariño. Búsqueda de trabajo sin oportunidad y calles desiertas y nosotros solos en un bar de puta madre. Agita tus tetas, me dices, que yo agitaré las mías que son mejores. Yo, sentado en el retrete, haré minucias para ti y tú sonreirás con la boca recién pintada y dirás que te sientes discriminada y que ¡por Dios!, alguien venga a sacarnos de este fango. Y yo callaré, pensando en cómo disfrutar una pelea próxima y decir lo que pienso y decidir si sentarme o no en el retrete para hacer minucias para ti.
Y qué más da si ya no hay más de esa droga llamada vida. Y qué importa, dirán ellos sentados en otro bar de puta madre o bebiendo frapuccino sin azúcar en raras tacitas de porcelana china, mirando entusiasmados por el ventanal a mogollón de gente en vértigo por la alta tasa de criminalidad. Tocándose el culo en afán equilibrista, flipando en éxtasis con música a tope y hablando del futuro y del auto nuevo y de cómo guardar la línea sin morirse de hambre. Y en ese momento de deleite mortal, los chicos y las chicas felices entraran decididos al círculo de iniciados y todos, inclusive nosotros, perderemos en exquisitos fariboles y nos emborracharemos pegándonos insultos y llantos de electro en una perorata que resulta inacabable y que resume toda nuestra euforia y desesperación.
¡Qué felices somos, de verdad! Esto es una maravilla: te pegó otra vez y tú, ¡toda risas! Y yo seré tu esclavo y beberé tu sangre mientras cantamos tu canción favorita. Agitare mis tetas y te perforare ese ser menor que llevas muy escondido dentro de ti y te recitare "tyger, tyger" para hacerte reír y pensaré que todo acaba al iniciar, lo demás es bisutería que aprendí en la calle en donde cada cosa tiene su precio. Y qué importan los etcéteras, ahora nuestros quejidos son tatuajes al alimón que reciclan el odio y esa felicidad de pegarte y ser esclavo tuyo o el estar sentado en el retrete haciendo minucias para ti.
Recuerda que puedo ayudarte a vomitar en la resaca sin ningún asomo de asco o pudor, a luchar en contra del desprestigio promulgado por la voz de tus vecinos y pegarme de tiros en un bar de puta madre o bebiendo capuccino sin azúcar en raras tacitas de porcelana china. Si quieres llorar te prestare por un momento mi atención y seré testigo en todos tus delitos, pero no participare en ellos porque sin duda estaré aburrido y cansado de mirar a mogollón de gente en vértigo por la alta tasa de criminalidad. Si algún día quieres flipar, seré un compañero de viajes ideal porque yo soy el momento perfecto y recitare, una y otra vez, "tyger, tyger" para hacerte reír. Pon la fecha y ahí estaré agitando mis tetas o sentado en el retrete haciendo minucias mientras tú sonríes con los labios recién pintados. Claro, puedes contarme todas las mentiras que quieras y yo haré un nudo con ellas, cerrare mi pico y culo por ti mientras que tú, en una de esas calles de Dios, devoras tu histeria o te lo haces con quien quieras.
Al final, si eso te sienta bien, ambos podemos sentarnos en el retrete para convertir todo esto en minucias mientras recitamos "tyger, tyger" o cantamos, una y otra vez, tu canción favorita.
--------------------------
revision 2004: De una nota dejada por una amiga en mi libreta universitaria salio la idea de este texto circular. Agregenle citas a William Blake, el ritmo de "Perfect drug" de Nine Inch Nails y una perspectiva post machista. Uno de mis favoritos. BTW, cuando lo lei en Ensenada, un very old man se acerco a decirme que ese texto era su poema favorito.
martes, 20 de julio de 2004
04. GOING UP TO PASADENA, CALIFORNIA
¡Esta ciudad apesta! fue lo que paso por tu mente y sin duda así era. Otro crimen más sale en la nota roja de los diarios, el encabezado es harto reconocible y te trae un ligero flashback: "Otro ejecutado al estilo mafia". Esas eran las noticias de ayer.
“Es divertido ¿no?”, piensas al insertar el compacto en el cd player, “constatar que tan sangrientamente nos matamos los unos a los otros. Los matamos o nos matan, la apuesta parece ser quién quedará al final.”
Ahora, pensándolo bien, te parece tan estúpido verte en esta situación: cargando un cristo jorobado sin saber el porque, pero es mejor no hablar de ciertas cosas. Mejor aún no preguntar ni saber de más; en este negocio, los soplones y curiosos son a los primeros que se carga la chingada. Esa fue la primera ley que aprendiste de ese código invisible. La ley, te ríes y tu risa desemboca en una sonora carcajada al pronunciar esa palabra. La ley.
Por el momento, sorteas como un experto los baches del camino y frente a ti, la frontera se abre de piernas y te das cuenta que los soldados americanos con sus perros droga-entrenados no tienen ni puta idea de quien eres. "EL GATILLERO MÁS BUSCADO DE LA REGION" según una nota publicada en otro diario y "un tipo malo de lo más cabal" según un corrido prohibido en la radio. Eres un fugitivo famoso, un fugitivo de esa maldita ley que unas veces camina a tu lado y otras veces, intenta chingarte por los mismos motivos.
Esnifaste unas habituales líneas justo antes de cruzar. Recuerdas, entre risa y risa, como conectaste una dosis extra de merca por si acaso necesitabas un aliviane al momento de pisar el acelerador para dejar atrás la ciudad. Eso te da siempre gran seguridad pero no, hoy no y nervioso tomas el freeway en ruta a Pasadena. Tú lo sabes, en el camino todo está en juego. Hay que escaparse del destino para llegar primero. Esa es la eterna lucha por la vida que tanto gozas poniendo en peligro.
La mirada fija en la carretera y en los letreros que señalan el límite de velocidad. En un momento todo se bifurca y se hace gris; el mapa indicando salida a la derecha y otro freeway que seguir, otros letreros que leer y tú con esa impaciente prisa que no puede vencer al límite de velocidad. “Chingados”, piensas, “¿qué voy a hacer allá?” Nadie te espera, eso ya lo sabes. La música de Miguel y Miguel deja de sonar, veinte millas recorridas y un repentino chipi-chipi empieza a llenar de agua el cristal del carro. Desde ayer no has dormido. Agotado e impaciente, paras a comer en un Burger King.
A esas horas, los únicos clientes del restaurante son ancianos homeless, viejos desencantados bebiendo el café de Reagan y deseas, si lo deseas, que no existiesen los viejos. Te recuerdan a... ¿cómo se llama tu padre? Carlos E. Suárez, El Hombre Que Toda Su Vida Tranzó Por Conseguir Esa Maldita Seguridad Que Da El Dinero. Cuando la obtuvo, lo primero que hizo fue conseguirse una putita veinteañera con la cual hacer las cochinadas que no aceptaba practicar tu madre. Riendo te acuerdas que a los 18 años tuviste la *pelea definitiva* con él, le tumbaste dos dientes; ese fue el único gesto tuyo que agradeció eternamente tu madre. Después de propinarle esa madriza, estás en la calle sobreviviendo a punta de la debilidad ajena. Tu risa se convierte otra vez en carcajadas cuando recuerdas que en ocasiones lo llamas por teléfono para decirle "Chinga tu madre, viejo cabrón". Él sabe que eres tú.
Impaciente estás pidiendo a una coreana inmunda y desnutrida que no habla bien inglés dos hamburguesas, unas papas fritas grandes y una soda LARGE. Le extiendes un billete de veinte dólares, no esperas el cambio. Un ligero hormigueo en la nariz y unas ganas por explotar. Impaciente, devoras todo ante los desorbitados ojos de un viejo homeless de mal olor y dientes podridos, veterano en sabe dios que guerra.
Matar, droga, poder, dinero, hijos ilegítimos, corridos, botas de piel de cocodrilo, botellas de whiskey, putas de 200 dólares, policías corruptos, luces de carros, periódicos... estás pensando en todo ello. ¡Oh, carajo! ¡Yaaa...! No aguantas, en un par de segundos matarías a ese pinche viejo hambriento que no deja de mirarte pero no, impaciente vas al baño, esnifas el resto y te arrepientes por no haber pedido más.
Fue un error, Pasadena todavía está muy lejos
--------------------------------------------------
revisión 2004: Otro relato inspirado en el newspaper.
“Es divertido ¿no?”, piensas al insertar el compacto en el cd player, “constatar que tan sangrientamente nos matamos los unos a los otros. Los matamos o nos matan, la apuesta parece ser quién quedará al final.”
Ahora, pensándolo bien, te parece tan estúpido verte en esta situación: cargando un cristo jorobado sin saber el porque, pero es mejor no hablar de ciertas cosas. Mejor aún no preguntar ni saber de más; en este negocio, los soplones y curiosos son a los primeros que se carga la chingada. Esa fue la primera ley que aprendiste de ese código invisible. La ley, te ríes y tu risa desemboca en una sonora carcajada al pronunciar esa palabra. La ley.
Por el momento, sorteas como un experto los baches del camino y frente a ti, la frontera se abre de piernas y te das cuenta que los soldados americanos con sus perros droga-entrenados no tienen ni puta idea de quien eres. "EL GATILLERO MÁS BUSCADO DE LA REGION" según una nota publicada en otro diario y "un tipo malo de lo más cabal" según un corrido prohibido en la radio. Eres un fugitivo famoso, un fugitivo de esa maldita ley que unas veces camina a tu lado y otras veces, intenta chingarte por los mismos motivos.
Esnifaste unas habituales líneas justo antes de cruzar. Recuerdas, entre risa y risa, como conectaste una dosis extra de merca por si acaso necesitabas un aliviane al momento de pisar el acelerador para dejar atrás la ciudad. Eso te da siempre gran seguridad pero no, hoy no y nervioso tomas el freeway en ruta a Pasadena. Tú lo sabes, en el camino todo está en juego. Hay que escaparse del destino para llegar primero. Esa es la eterna lucha por la vida que tanto gozas poniendo en peligro.
La mirada fija en la carretera y en los letreros que señalan el límite de velocidad. En un momento todo se bifurca y se hace gris; el mapa indicando salida a la derecha y otro freeway que seguir, otros letreros que leer y tú con esa impaciente prisa que no puede vencer al límite de velocidad. “Chingados”, piensas, “¿qué voy a hacer allá?” Nadie te espera, eso ya lo sabes. La música de Miguel y Miguel deja de sonar, veinte millas recorridas y un repentino chipi-chipi empieza a llenar de agua el cristal del carro. Desde ayer no has dormido. Agotado e impaciente, paras a comer en un Burger King.
A esas horas, los únicos clientes del restaurante son ancianos homeless, viejos desencantados bebiendo el café de Reagan y deseas, si lo deseas, que no existiesen los viejos. Te recuerdan a... ¿cómo se llama tu padre? Carlos E. Suárez, El Hombre Que Toda Su Vida Tranzó Por Conseguir Esa Maldita Seguridad Que Da El Dinero. Cuando la obtuvo, lo primero que hizo fue conseguirse una putita veinteañera con la cual hacer las cochinadas que no aceptaba practicar tu madre. Riendo te acuerdas que a los 18 años tuviste la *pelea definitiva* con él, le tumbaste dos dientes; ese fue el único gesto tuyo que agradeció eternamente tu madre. Después de propinarle esa madriza, estás en la calle sobreviviendo a punta de la debilidad ajena. Tu risa se convierte otra vez en carcajadas cuando recuerdas que en ocasiones lo llamas por teléfono para decirle "Chinga tu madre, viejo cabrón". Él sabe que eres tú.
Impaciente estás pidiendo a una coreana inmunda y desnutrida que no habla bien inglés dos hamburguesas, unas papas fritas grandes y una soda LARGE. Le extiendes un billete de veinte dólares, no esperas el cambio. Un ligero hormigueo en la nariz y unas ganas por explotar. Impaciente, devoras todo ante los desorbitados ojos de un viejo homeless de mal olor y dientes podridos, veterano en sabe dios que guerra.
Matar, droga, poder, dinero, hijos ilegítimos, corridos, botas de piel de cocodrilo, botellas de whiskey, putas de 200 dólares, policías corruptos, luces de carros, periódicos... estás pensando en todo ello. ¡Oh, carajo! ¡Yaaa...! No aguantas, en un par de segundos matarías a ese pinche viejo hambriento que no deja de mirarte pero no, impaciente vas al baño, esnifas el resto y te arrepientes por no haber pedido más.
Fue un error, Pasadena todavía está muy lejos
--------------------------------------------------
revisión 2004: Otro relato inspirado en el newspaper.
05. @
Miércoles. Todos nosotros y todas nosotras que vivimos aquí y somos jóvenes víctimas del moderno ocio hacemos fila para entrar a los clubes y sonreímos si tenemos un pase que garantice la entrada libre y sino pagamos el cover de tantos dólares y entramos felices y saludamos a los meseros que son nuestros amigos y a nuestros amigos que vienen detrás de nosotros y nosotras los esperamos en la barra en donde pedimos doble ración de cerveza o tequila o margaritas de fresa que siempre tienen mucho hielo y saben poco o nada a fresa y todos tratamos de evitar los especiales porque son combustible que nos fulmina rápidamente en la segunda tanda y nos deja a todos una horrible resaca a la mañana siguiente. Algunos resistimos y pasamos al tercer piso en donde se encuentran todos los conocidos bailando las canciones que todos conocemos y que todos estamos cansados de bailar y conocer pero que el dj insiste en poner porque todos las bailamos y conocemos y la pista siempre esta llena y el gerente observa eso y le dice al dj que siga igual y el sigue su consejo y todo sigue igual. Los que no bailamos platicamos entre nosotros y nosotras sobre el último grupo inglés que vimos en concierto o contamos nuestras aventuras en los chat rooms más weirdos en Internet y decimos ¡qué curado es todo! y observamos que las chicas se besan a veces con chicos y otras veces con chicas y a todos nos da igual por que si y por que no mientras bailamos y mientras platicamos acerca del último o el próximo party observamos que los chicos les tocan el trasero a veces a las chicas y otras veces a los chicos y a todos nos da igual por que si y por que no mientras bajamos a pedir otra tanda de licor y vamos al baño a mojarnos el pelo con cerveza y le pedimos al dj que ponga canciones de Pulp o de los Chemical Brothers y a veces queremos escuchar a The Human League y canciones disco y rolas ska e instrumentales jungle y onda house que sudamos y sudamos mientras pensamos que hay mucha gente y que ojalá que no tengan prejuicios estúpidos y que no sean de universidades católicas o de ranchos urbanos y que se sepan vestir cool y que sepan platicar acerca de la filosofía de Jung o el bienestar tecnológico aplicado y que sean polvo de estrella esparcido por la pista y que puedan manejar borrachos si nos dan ride a casa y que no les de pena bailar hip hop y que no se asusten con nuestros peinados raros y camisetas de "Disaster" ajustadas y esa imaginación que desborda libremente nuestra sensualidad y que abran la puerta y las ventanas que están cerradas porque hace calor y los vidrios se empañan y esta gente suda mucho y a veces huele mal. Salimos a la terraza a mirar un cielo vacío y todos nosotros y todas nosotras nos preguntamos porque no hay estrellas y confundidos vamos por más cerveza y en la barra conocemos a más gente y luego en una mesa nosotros y esa gente ya totalmente borrachos y borrachas platicamos sobre nuestra vida y nuestra maldita o bendita familia y de cómo intentamos ligarnos a esa chica o ese chico que nos gusta y todos nosotros y todas nosotras lo hacemos y nos paramos a bailar y sudamos mucho y a nadie importa si aquel chico baila "Heart of glass" con una chica u otro chico o con ambos montando una escena como de video de Madonna o si una pareja de chicas gringas cachondas se besan en la pista o si a alguien le va mejor bailar solo y todos nos reímos mucho y a veces vomitamos en el baño y volvemos por más alcohol y volvemos a sudar bailando éxitos viejos de Deee-lite y hablamos de política internacional y hacemos trivia sobre las Hong Kong movies que hemos visto y de cómo nos sorprendieron a todos y a todas fumando un joint en la terraza y el gerente nos regaño levemente y todos nosotros sólo seguimos el juego mientras alguien gritaba que olía a pot y el gerente estaba viendo que todos y todas estábamos bebiendo y fumando mientras nosotros y nosotras intentábamos callar a esos macarras estúpidos y a esos maricones horteras que nos desagradan porque a veces se pasan de intolerantes y después a todos nosotros y a todas nosotras nos dio risa al ver a esos chicos y chicas de universidades católicas que se asustan cuando salimos todos y todas a bailar lujuriosamente un tema de Nine Inch Nails mientras que nosotros y nosotras pensamos en que ya estaremos pronto en Amsterdam y que todo será mejor para todos los que disfrutamos bailando hasta el amanecer cuando otros y otras de nosotros encaramados en una silla damos show gratis cuando otros y otras nos besamos en el suelo mientras que otros y otras caemos de las escaleras y nos golpeamos en la cabeza o en otras partes del cuerpo y luego nos sentamos a platicar de una novia mucho mayor que nosotros y de un padre que pago la seño que nos hizo el favor o una madre que nos pega de cachetadas y que nos dice "¡Haz de andar ya de puta!" cuando nos ve salir o llegar a casa y del dinero que nosotros tenemos y del dinero que a nosotros nos hace falta y de cuanto nos jode el P.M.S. y de una carrera elegida que no nos gusta y de que a veces nos importa un céntimo que inventen situaciones que sólo nos interesan a todos nosotros y a todas nosotras y qué si abortamos y qué si nos tiene sin cuidado con quien nos acostamos y qué si todos somos borrachos y adictos a los sueños más estúpidos y qué si somos estudiantes clase @ y fáciles amas de casa y modelos en plan ejemplar y qué si somos amantes en turno del profesor o si somos el músico más famoso de la city o si nos sorprendieron robando chingaderitas en un supermercado y qué si somos Testigos de Jehova y mormones desmadrosos y judíos heterodoxos y qué si somos pansexuales sin cortapisa y punkies sin crestas y morros universitarios con la cartera llena de condoms y ninfetas desdichadas de pechos gigantescos y neorománticos de lipstick negro y trolas en búsqueda de emociones fuertes y trogloditas con pinta de modernos y qué si a todos nos gusta lo nuevo y el glamur y los excesos y estar borrachos y caernos de la escalera y flirtear y pelearnos y hacer todo eso que asusta a la common people adicta a estúpidos rumores. Todos nosotros y todas nosotras somos parte de un batallón platónico de antihumanistas rebeldes en eterno día festivo una armada de amantes en terapia intensiva átomos y nanotecnicismos que forjan un millón de sueños que se prodigan en escuelas y en diferencias marcadas por la inutilidad de los estereotipos y moldes caducos todos estamos desprovistos de ese margen de culpa impuesto por la tradición y la gran familia mexicana una equis un vacío la miseria y el fulgor de la city el orgullo de unos padres que jamás han sospechado en donde se meten todos sus hijos y que los premios que todos y todas hemos ganado son sólo discursos de baile para nuestros amigos los happy children of the revolution catatónicos perdidos entre el humo y los estrobos entre gringos y chicanos y negros y orientales y europeos nosotros seguimos siendo nosotros slackpies con ropa importada y de segunda con trusas Calvin Klein y eslogans de Brillo en nuestros cuerpos y wonder bras aplaudiendo con silbatos los aciertos del dj borrachos con tequila criminal y agitando inquietos los brazos en el aire y meneando las caderas y todo el cuerpo sudando la borrachera de felicidad y flipando en algún rincón para ahogar los problemas de nuestra vida isolada fuera de los clubes. Todos nosotros y todas nosotras criticamos al mundo que no es como el nuestro pero tan sólo un poco porque reconocemos que tenemos muchas virtudes pero también muchos defectos y que los aliviamos en alcohol y en drogas y en amigos y en amigas y en malditas o benditas familias y en trabajo y en sexo y en el sudor del baile con canciones de Inner City que repite el dj a mogollón. Ya lo dijo alguien antes: todos somos unos perdedores a los ojos de esos que ven con desprecio nuestra risa constante y que se asustan al verse reflejados en nuestros abrazos y nuestras pláticas y nuestros bailes y nuestras borracheras y nuestras peleas e insisten en criticar pero que nunca se atreven a sacar lo que muy dentro de sí esconden ellos de su sociedad ideal y ellos son peores y eso lo sabe cualquiera pero eso a todos nosotros y a todas nosotras no nos importa. Todos nosotros y todas nosotras no queremos escoger entre televisores y unos jodidos electrodomésticos que nunca usaremos como tampoco nos perturba el no pertenecer a una pinche familia feliz ni siquiera nos mortifica el conseguir o no un trabajo chingón en realidad no nos interesa y lo único que finalmente nos importa aquí y ahora es bailar y por eso y porque si y porque no asistimos libremente a los clubes de la city cada miércoles.
--------------------------------
--------------------------------
miércoles, 14 de julio de 2004
06. LA MUERTE DE PAUL
I.
El teléfono repiqueteo insistentemente, yo no tenia el mínimo deseo de contestar. Ayer, una borrachera killer y una noche de sexo público con Silvania, la chica de los pezones rosados y esa sonrisa de maniática que tanto me cautiva. El resultado era el de rigor: una agria resaca y una nausea incipiente. De reojo vi la hora en el reloj digital, 8:25 a.m., antes de hundir el rostro en la almohada para volver a formar una unidad con la cama. "No, no voy a contestar ni voy a ir hoy a trabajar". Por fin dejo de sonar. “¡Por fin!”, dije y aquello fue una maldición. Volvió a sonar al instante.
II.
Cogí soñoliento el teléfono. Si, soy yo. ¿Qué demonios quieres? ¿No mames, estás hablando en serio? Sólo escuche la voz de mi hermano Raúl, entrecortada casi a punto de llorar, contarme lo sucedido: "....fue brutal, César. Yo presentía que le había pasado algo a Paul, no sé porque pero lo intuía. Paul no se merecía esta suerte. Los cabrones que lo hicieron, puta, no se tocaron el corazón. Lo encontraron anoche, tirado en un baldío como si fuera una mugre bolsa de basura."
La voz de mi hermano se pierde, yo intento bloquearme pensando en no sé que tantas cosas para no escucharlo aunque se que él sigue hablando: "Lo dejaron irreconocible, convertido en una piltrafa humana. Tenía un tiro en la cabeza y decenas de cuchilladas. Le quemaron casi todo el cuerpo con cigarrillos: la cara, las manos, el pecho, los pies.... Tenía los ojos hinchados, desfigurados con unas marcas bien horribles. Lo torturaron peor que a una bestia, no te puedes imaginar que tal crueles fueron con Paul. Le arrancaron las uñas de las manos, lo molieron a golpes; le pegaron tanto que le quebraron no sé cuantas costillas y ... es tan difícil decirlo...". Raúl hace una pausa, una maldita pausa que nerviosamente se alargo más al escuchar nuestras respiraciones en vilo, como esperando un desenlace aún más trágico. "Espera, lo violaron y le cortaron los guevos, los hijos de la chingada lo castraron. Lo castraron y le pusieron el pito en la boca."
III.
Todavía acostado en la cama me imagino a mamá intentando pensar que no es cierto que Paul esta muerto, que únicamente se ha quedado dormido o que aquello era una pesadilla suya provocada por el hábito a los sedantes americanos. Me imagino a Papá, ese señor de rostro tan impasible, mordiéndose los labios pensando en no sé que cosas y hurgándose furtivamente la nariz para desviar nuestra atención antes de decir ¡Puño contigo, Paul!. Me imagino a mi hermano Raúl pasando el amargo trago de reconocer a Paul en la plancha de la morgue, de decir "Sí, sí, es él" al ver el cadáver inerte y luego, sin ningún control, soltarse a llorar.
Por un instante, me imagino a mi mismo, desesperado intentando recordar algo bueno de Paul. Oh sí, aquel día de mi cumpleaños que me regalo el avión para armar que por tantos meses desee pero no, me acuerdo más de esa noche en que lo vi furioso, por no sé que razón, estrellar mi avión contra la pared. Por más que trató no puedo encontrar algún recuerdo feliz, tengo que admitir que nunca existió una buena relación entre mi hermano mayor y nosotros. Lo suyo fue siempre abusar de Raúl y de mí; golpes para que hiciéramos su trabajo casero, golpes por tomar sus cosas y golpes por que sí. La naturaleza de Paul siempre fue pendenciera y, en los últimos años se había convertido en un abogado prominente con justificada fama de playboy, antipático y vorazmente accesible a defender casos controversiales y harto publicitados. Paul era un tipo corrupto o, al menos, eso decían implícitamente en las columnas locales de comentarios políticos. Mejor me imagino que me acerco lentamente al ataúd cerrado que me impide mirar su rostro inerte tras el vidrio. No puedo evitar abrirlo para decirle sin ningún tipo de remordimiento: "Paul, te lo merecías por cabrón".
IV.
Un silencio total, yo no sé que decir y Raúl sigue hablando, con la voz aun más agitada y mucho menos entendible ... "¿Sabes en que pensé? En salir a buscar a esos hijos de puta y matarlos pero ¿quién diablos son? Sospecho que nuestro hermano tenía relaciones con narcos, los judiciales comentaron que su asesinato lleva el sello y firma de la mafia. Ya ves como era Paul, a lo mejor quiso darle gane a los de arriba y aquellos no se anduvieron con rodeos. Chingado, César lamento que te enteres de esta manera pero...."
V.
No pude aguantar más. Colgué el teléfono y cerré los ojos pensando en que necesitaré un traje negro. Un maldito traje negro.
--------------------------------
revisión 2004: A brief narco junior story.
El teléfono repiqueteo insistentemente, yo no tenia el mínimo deseo de contestar. Ayer, una borrachera killer y una noche de sexo público con Silvania, la chica de los pezones rosados y esa sonrisa de maniática que tanto me cautiva. El resultado era el de rigor: una agria resaca y una nausea incipiente. De reojo vi la hora en el reloj digital, 8:25 a.m., antes de hundir el rostro en la almohada para volver a formar una unidad con la cama. "No, no voy a contestar ni voy a ir hoy a trabajar". Por fin dejo de sonar. “¡Por fin!”, dije y aquello fue una maldición. Volvió a sonar al instante.
II.
Cogí soñoliento el teléfono. Si, soy yo. ¿Qué demonios quieres? ¿No mames, estás hablando en serio? Sólo escuche la voz de mi hermano Raúl, entrecortada casi a punto de llorar, contarme lo sucedido: "....fue brutal, César. Yo presentía que le había pasado algo a Paul, no sé porque pero lo intuía. Paul no se merecía esta suerte. Los cabrones que lo hicieron, puta, no se tocaron el corazón. Lo encontraron anoche, tirado en un baldío como si fuera una mugre bolsa de basura."
La voz de mi hermano se pierde, yo intento bloquearme pensando en no sé que tantas cosas para no escucharlo aunque se que él sigue hablando: "Lo dejaron irreconocible, convertido en una piltrafa humana. Tenía un tiro en la cabeza y decenas de cuchilladas. Le quemaron casi todo el cuerpo con cigarrillos: la cara, las manos, el pecho, los pies.... Tenía los ojos hinchados, desfigurados con unas marcas bien horribles. Lo torturaron peor que a una bestia, no te puedes imaginar que tal crueles fueron con Paul. Le arrancaron las uñas de las manos, lo molieron a golpes; le pegaron tanto que le quebraron no sé cuantas costillas y ... es tan difícil decirlo...". Raúl hace una pausa, una maldita pausa que nerviosamente se alargo más al escuchar nuestras respiraciones en vilo, como esperando un desenlace aún más trágico. "Espera, lo violaron y le cortaron los guevos, los hijos de la chingada lo castraron. Lo castraron y le pusieron el pito en la boca."
III.
Todavía acostado en la cama me imagino a mamá intentando pensar que no es cierto que Paul esta muerto, que únicamente se ha quedado dormido o que aquello era una pesadilla suya provocada por el hábito a los sedantes americanos. Me imagino a Papá, ese señor de rostro tan impasible, mordiéndose los labios pensando en no sé que cosas y hurgándose furtivamente la nariz para desviar nuestra atención antes de decir ¡Puño contigo, Paul!. Me imagino a mi hermano Raúl pasando el amargo trago de reconocer a Paul en la plancha de la morgue, de decir "Sí, sí, es él" al ver el cadáver inerte y luego, sin ningún control, soltarse a llorar.
Por un instante, me imagino a mi mismo, desesperado intentando recordar algo bueno de Paul. Oh sí, aquel día de mi cumpleaños que me regalo el avión para armar que por tantos meses desee pero no, me acuerdo más de esa noche en que lo vi furioso, por no sé que razón, estrellar mi avión contra la pared. Por más que trató no puedo encontrar algún recuerdo feliz, tengo que admitir que nunca existió una buena relación entre mi hermano mayor y nosotros. Lo suyo fue siempre abusar de Raúl y de mí; golpes para que hiciéramos su trabajo casero, golpes por tomar sus cosas y golpes por que sí. La naturaleza de Paul siempre fue pendenciera y, en los últimos años se había convertido en un abogado prominente con justificada fama de playboy, antipático y vorazmente accesible a defender casos controversiales y harto publicitados. Paul era un tipo corrupto o, al menos, eso decían implícitamente en las columnas locales de comentarios políticos. Mejor me imagino que me acerco lentamente al ataúd cerrado que me impide mirar su rostro inerte tras el vidrio. No puedo evitar abrirlo para decirle sin ningún tipo de remordimiento: "Paul, te lo merecías por cabrón".
IV.
Un silencio total, yo no sé que decir y Raúl sigue hablando, con la voz aun más agitada y mucho menos entendible ... "¿Sabes en que pensé? En salir a buscar a esos hijos de puta y matarlos pero ¿quién diablos son? Sospecho que nuestro hermano tenía relaciones con narcos, los judiciales comentaron que su asesinato lleva el sello y firma de la mafia. Ya ves como era Paul, a lo mejor quiso darle gane a los de arriba y aquellos no se anduvieron con rodeos. Chingado, César lamento que te enteres de esta manera pero...."
V.
No pude aguantar más. Colgué el teléfono y cerré los ojos pensando en que necesitaré un traje negro. Un maldito traje negro.
--------------------------------
revisión 2004: A brief narco junior story.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)