http://www.laprensa-sandiego.org/archieve/june27-03/paletas.htm
Paletas en un Rollercoaster
Presentación del libro “Lejos del Noise” de Rafa Saavedra
Por Mariana Martinez
Pon un disco de Blondie, prende la televisión -y no la veas-, chatea con tu ex-novia que está lejos, abraza a un freak, Baja MP3 masticando palomitas; empieza a leer Lejos del Noise.
Lejos del Noise es el nuevo libro publicado por Moho, del escritor Rafa Saavedra (1967) que consiste en dieciséis relatos cortos escritos desde 1997 a la fecha, en un proceso muy largo en el que se ven varios períodos, el último de ellos marcado porque el autor regresó a la Universidad en el año 2000.
El título, calificado de nostálgico puede ser interpretado como una referencia al budismo o al título de una canción de los Ramones, o como una referencia a la manera en la que fue escrito, con mucha interferencia, mientras el autor hacía varias cosas a la vez y donde la letra de las canciones y las noticias se mezclan con su tren pensamiento creando ese caos con que se leen sus textos.
La presentación del libro, en el Centro Cultural Tijuana (CECUT) estuvo llena de adolescentes, paletas de caramelo y cd’s que quemó el autor para regalar en la compra de sus libros. Lo presentaron Ejival -dj y personalidad de la radio tijuanense- y Javier Fernández, escritor de la región quién fue también su corrector. Javier alaba que Rafa no espera a ver quien lo va a publicar, el escribe como quién despacha tacos, le dice “no te consideras escritor sino una especie de impostor mediático con el cerebro en shuffle”.
Sobre sus dos amores, las letras y la música opina: “Yo los utilizo más como aliados que como adversarios. Entre lo que me gusta, en uno de los relatos se manifiesta esto; cuatro canciones sonando aparentemente dentro del texto y están entrando y saliendo y yo como platicando con ellas, diciendo “esto pasa” una reflexión sobre estas cuatro posturas”.
Pero ¿quién es Rafa Saavedra? Rafa Dro, como se le conoce, es dj, tiene un programa de radio llamado Selector de frecuencias, en radio Universidad 1630 AM (lunes 8 a 10 PM); es maestro de preparatoria y escritor de “Esto no es una salida. Postcards de ocio y odio”, de Editorial La espina dorsal (1996) y “Buten Smileys”, Editoral Yoremito (1997).
Es además partysón observador, trasnochado y mordelón sin remedio, adicto a la tecnología, a los discos ochenteros y a Blogear.
Blogear = Utilizar una página de Internet como una especie de cuaderno personal a la luz pública, en el que el autor va poniendo pensamientos, ideas, pedazos de lo que será un cuento, fotos o lo que se le ocurra. (http://www.rafadro.blogspot.com/).
Junto con sus dos libros anteriores, Lejos del Noise, originalmente subtitulado “Amigi drinks and loops”sigue practicando malabares con la vida, la fiesta y la ciudad como temáticas recurrentes, en un mix de imágenes presentado al lector en plural de tercera persona; inclu-yéndolo así en un viaje con múltiples retornos y loops que parecen no tener rumbo. En él mezcla constantemente el inglés, el español, el italiano y cualquier otro lenguaje, hasta inventado que parezca el adecuado para decirnos “eso” que le es necesario.
Muchos de sus textos no desarrollan una historia, ni tienen personajes, y muchas veces ni siquiera sucesos, ¿por qué se les cataloga como cuentos? “Yo no sé… es un poco estirar el concepto y contradecirlo. –explica el autor. Es un reflejo, es una parodia y es a la vez un argumento en contra de esas estructuras. Hay un texto en Lejos del noise que está puesto como si fuera una columna de varios tópicos y es un relato y juego mucho con eso. Hay 3 que son como “formales” con un principio y la presentación de los personajes y todo lo demás... igual, no me atrae ahorita, y como me dejaron publicarlo cuando empecé a escribirlo de esa manera pues ya, me brinqué esas reglas”.
Durante la lectura pude observar al público, en su mayoría jóvenes de preparatoria disfrutando de las chupacups de cajeta y durazno. Me intriga la idea de que lo que escribe Rafa sea una literatura que entusiasma a una generación a quienes se acusa de analfabetas, Rafa me aclara que, aunque esta sea una generación acusada de “dispersa y analfabeta” si lee pero “no lee lo que quieren que se lea o lo que es obligatorio que lean. Hay muchos cambios de paradigmas, y uno de ellos es que ya no está este rollo canónico de “estas son las lecturas que tienes que hacer”.
Por ejemplo para escribir -explica- Algunos pueden decir que para que yo escriba debí leer a todos los cuentistas mexicanos pero no, a mi me gusta otro tipo de lecturas, lecturas mucho más teóricas y más de comunicación, sociología y otras cuestiones que no tienen nada que ver con la literatura pero que al mismo tiempo tienen mucho que ver en cuanto a estas nuevas construcciones narrativas y este tipo de cosas que se le escapó ya a la literatura”.
También confiesa que las críticas lo confunden y que considera a sus textos un simple ejercicio intelectual. Aclara que Lejos del Noise no es autobiográfico y que a pesar del tono pesimista no lo es del todo. Algunas críticas consideran que el eje del libro es “como hacer para ser feliz” pero no fue esa la intención.
El hilo conductor de los dieciséis relatos según el propio autor es “el rollo del fracaso como algo positivo, que lo integré al libro como un loop que se repite”.
Durante la presentación Rafa mencionó que Esto no es una salida. Postcards de ocio y odio, Buten smileys y ahora Lejos del Noise, son parte de un ciclo que se cierra ¿qué parte de éste ciclo sobrevive al siguiente? “El humor – responde Rafa–. Algunas bases teóricas que se establecen sobre todo en Lejos del Noise y una de las tantas líneas que abrió. Cierra en cuanto a temática de clubs y todo ese tipo de cosas pero se abre en cuanto a posibilidades del lenguaje y estas cuestiones dialógicas conmigo y todos los medios.
Si te das cuenta al final, hay una frase que me gusta mucho: “estaré aquí disfrutando el tiempo que me queda por vivir” disfrutando, no dice sufriendo, yo disfruto mucho lo que hago”.
El ciclo que empieza, ¿para donde va? “Empieza con una “Blognovela” y tengo la idea de escribir en un mes una noveleta y que sea una entrada diaria –como un ejercicio- y a partir de ella crear otra cosa.
Eso es un paréntesis”.
miércoles, 1 de junio de 2005
lunes, 14 de febrero de 2005
database
database (en construcción)
Este post se irá actualizando y estará referenciado en la lista de enlaces.
Artículos on-line
*Lejos del Noise: Manual de Procedimientospor Gabriel Trujillo @ Bitacora
*Generacion de los novÃsimos @ S.D.S.U. web site
*El mito del escritor fronterizopor Heriberto Yepez @ clubdebrian.com (septiembre 2003)*Paletas en un Rollercoasterde Mariana Martinez @ La Prensa de San Diego, (june 27 2003
*Lejos del Noise. o 899 palabrasque no dicen nada.de Ejival, texto presentacion @ CECUT (Junio 12 del 2003)
*Las nuevas ciudades americanasPor Karla Lizette Gerardo Dancil @ el nido del escorpion (mayo, 2003)
*Literatura weblog de Heriberto Yepez en literatura.com (febrero, 2003)
* Tijuana Bloguita Front: A New Way to Publish Literature by Pablo Sainz @ La Prensa de San Diego (enero 2003)
*Navigating Ideologies in "In-Between" ... de Alejandro L. Madrid (necesitas registrarte para consultarlo)
*Esteticas en el borde/Borderline aesthetics de Giovanni Troconi @ La Jornada Semanal (27 de mayo del 2001)*Rafa Saavedra, Writing is Like Making Tacos!de Pablo De Sainz @ La Prensa de San Diego (9 de noviembre, 2001)
*El Cuento Urbanopor Dr. Mario Martin @ S.D.S.U.
*Frontera impresa y literaria por Eve Gil @ Etcetera
*Una nota en el sitio de Ciencia Ficcion Mexicana
DATOS BIOGRAFICOS
Pequeña biografía en la página web de U.C.S.B.
BUY BOOKS!Haz clic aqui si deseas comprar el Buten Smileys (no sé si realmente libros tengan en existencia)
TEXTOS DIVERSOS
*Tijuana en San Franciscotexto presentacion de la exposicion Tijuana S.A. de B.C julio 2003 @ Bitacora
*¡M A N I F I E S T O! CAMPAÑA PERMANENTE PRO DESTRUCCION DEL LENGUAJE escrito con Gerardo Yépiz @ acamonchi.com (1995?)
Este post se irá actualizando y estará referenciado en la lista de enlaces.
Artículos on-line
*Lejos del Noise: Manual de Procedimientospor Gabriel Trujillo @ Bitacora
*Generacion de los novÃsimos @ S.D.S.U. web site
*El mito del escritor fronterizopor Heriberto Yepez @ clubdebrian.com (septiembre 2003)*Paletas en un Rollercoasterde Mariana Martinez @ La Prensa de San Diego, (june 27 2003
*Lejos del Noise. o 899 palabrasque no dicen nada.de Ejival, texto presentacion @ CECUT (Junio 12 del 2003)
*Las nuevas ciudades americanasPor Karla Lizette Gerardo Dancil @ el nido del escorpion (mayo, 2003)
*Literatura weblog de Heriberto Yepez en literatura.com (febrero, 2003)
* Tijuana Bloguita Front: A New Way to Publish Literature by Pablo Sainz @ La Prensa de San Diego (enero 2003)
*Navigating Ideologies in "In-Between" ... de Alejandro L. Madrid (necesitas registrarte para consultarlo)
*Esteticas en el borde/Borderline aesthetics de Giovanni Troconi @ La Jornada Semanal (27 de mayo del 2001)*Rafa Saavedra, Writing is Like Making Tacos!de Pablo De Sainz @ La Prensa de San Diego (9 de noviembre, 2001)
*El Cuento Urbanopor Dr. Mario Martin @ S.D.S.U.
*Frontera impresa y literaria por Eve Gil @ Etcetera
*Una nota en el sitio de Ciencia Ficcion Mexicana
DATOS BIOGRAFICOS
Pequeña biografía en la página web de U.C.S.B.
BUY BOOKS!Haz clic aqui si deseas comprar el Buten Smileys (no sé si realmente libros tengan en existencia)
TEXTOS DIVERSOS
*Tijuana en San Franciscotexto presentacion de la exposicion Tijuana S.A. de B.C julio 2003 @ Bitacora
*¡M A N I F I E S T O! CAMPAÑA PERMANENTE PRO DESTRUCCION DEL LENGUAJE escrito con Gerardo Yépiz @ acamonchi.com (1995?)
viernes, 31 de diciembre de 2004
Lejos del noise
Lejos del noise (amici, trips & loops)
01. Übertrip
02. la canción disco
03. planeta infierno
04. ultrapop
05. pánico en iketa
06. christina on my mind
07. the problem with us
08. nada(s)
09. you can’t win
10. got.no.time
11. fade in, fade out
12. lejos del noise
13. goodbye, superdrogas
14. todos mis amigos
15. paraké
16. rollercoaster
Moho, 2003
01. Übertrip
02. la canción disco
03. planeta infierno
04. ultrapop
05. pánico en iketa
06. christina on my mind
07. the problem with us
08. nada(s)
09. you can’t win
10. got.no.time
11. fade in, fade out
12. lejos del noise
13. goodbye, superdrogas
14. todos mis amigos
15. paraké
16. rollercoaster
Moho, 2003
lunes, 27 de diciembre de 2004
01. ubertrip
Agradecimiento, no confusión. Ese fue el mensaje central para resumir lo que vino después. Filling in the blanks, hoy por hoy excitados ante el peligro. Todo caótico exilio y perdición [nadadora] [ur fascista] [color caramelo]. Enrejados, traspapelados, olvidando cifras para no pensar en ello, crucificado time off, relajada tensión, tomando café, en terapia de alarma, repasando el video tape de estimulación mental.
Absurdo reclamo en fa, en typo emigré, pavement rubio y deshecho por las lluvias. Indisciplina como fix. Es que sí, that person, it’s me; tú eres aquella otra. En este Hall of Mirrors se ve tan claro. Todo lo rojo es negro, todo es Microsoft, todo es melodinámica en transición. Mentira, no ha dejado de ser una posibilidad grogui inspirada por agujas, Technics, beats grasosos, E’s y muchísimas caritas sonrientes. Respirar. Tú, yo, él, ella, nosotros lo compartimos todo: el desparpajo del estilo, friends de la sopa instantánea y el récord mular de speed garage que nos vio crecer en intentos. Tras esa fiesta inolvidable, a perfect choice: un rayo de sol para la última tentación de paseo y madrugada. Totalmente cierto, ayer lo confirmaron sistemas de sonido y videocámaras de seguridad en un correo de treinta mil bytes que ya impreso paso de mano en mano.
So, wanna a hit? Un verano feliz, el montaje de la primera retrospectiva del Club de la Apatía, colgados de la novedad, observando desde el viejo minarete una procesión logofilica de la juventud triste de los suburbios, la caída de la economía y sus esquemas de reducción, intuir la complejidad de las cosas que dentro de poco vendrán. Come on, let’s do it. Again and again and again and again. Juntos tú, yo, él, ella, nosotros en una nueva dimensión que promete ser de lo mejor, picos de esperanza precipitada y euforia sin justificar. Dulce tentación.
Ahí nos encontramos los que escupimos y cupimos, los que dejan abierta la puerta y sonríen como farolitos. What’s happen now? [sic] Alguien tenía que poner on-line el cruel circo de anuncios fortuitos. Detonar la bomba, porque sí y porque ya no hay tiempo para agobiarse, la pena ajena nunca fue un pretexto, tan sólo un yield de liga intertextual. Una falsa esperanza. Cómplices, cercados, envueltos en celofán y cristal, arropados por la inconsciencia, bendecidos por el alcohol y esa cosa siniestra [voluntad propia]. ¿Vamos a explotar o qué? Necesitamos algo más que inseguridad, necesitamos dinamitar la ciudad.
EQUAL is not a small word. Si todo fuera tan sencillo, tan relajante como programa de auto ayuda en doce pasos o, por lo menos, tan distante como una forzada cita al filósofo post-desencanto que nunca entendimos. ¿Importan o no los susurros de mil adictos al karoake pop, los escándalos de superstars en potencia, las dulces lágrimas de las mujeres malas de matar, el impulso caníbal de maffia ware? En ocasiones como ésta, la miseria es un buen cómplice.
El fracaso es positivo, al menos para ellos que llevan las gafas negras de moda, desayunan fruta con stickers y sueñan con el hip hop de escalera. It’s so droid to kill our emoTVity, my little underground, cuando las cosas son claras por primera vez: catalizadores de revoluciones de lo que debiera ser y nunca es, un estado general de entusiasmo, una simple manera de sobrevivir en la nada. Toma aérea del lado oscuro y un disfraz para todas las fiestas futuras. Vivir para morir o volver a ser. Decir “yeah, yeah” como clave de acceso a un ruidismo selecto para intereses subterráneos y singles de importación. Danos tiempo y derribaremos todo lo que motiva seguridad [a-n-y-t-h-i-n-g]. En contra, el resultado: un emotional crash con swing de rabioso compromiso, gente abollada y corazones oxidados. Brete será un buen nombre para lo que salga de aquí.
Sad besarkada para un hombre sick de consumo interno. Avienta tú la primera piedra, yo jamás pondré la otra mejilla y all of us, what a fuck, grabaremos nuestro nombre en el santo cadáver de sus miedos. Él vendrá a jalar el gatillo y ella también, con una sonrisa de amiga. Esa será la primera muerte en Viva Familia. Ahí estaremos respetando por un instante nuestro presente, beyond(eados) en una situación construida, mandando subverfaxes and drinking vietnamitas como siempre. Daté prisa, take a polaroid que momentos felices como este no duran. [click]
Absurdo reclamo en fa, en typo emigré, pavement rubio y deshecho por las lluvias. Indisciplina como fix. Es que sí, that person, it’s me; tú eres aquella otra. En este Hall of Mirrors se ve tan claro. Todo lo rojo es negro, todo es Microsoft, todo es melodinámica en transición. Mentira, no ha dejado de ser una posibilidad grogui inspirada por agujas, Technics, beats grasosos, E’s y muchísimas caritas sonrientes. Respirar. Tú, yo, él, ella, nosotros lo compartimos todo: el desparpajo del estilo, friends de la sopa instantánea y el récord mular de speed garage que nos vio crecer en intentos. Tras esa fiesta inolvidable, a perfect choice: un rayo de sol para la última tentación de paseo y madrugada. Totalmente cierto, ayer lo confirmaron sistemas de sonido y videocámaras de seguridad en un correo de treinta mil bytes que ya impreso paso de mano en mano.
So, wanna a hit? Un verano feliz, el montaje de la primera retrospectiva del Club de la Apatía, colgados de la novedad, observando desde el viejo minarete una procesión logofilica de la juventud triste de los suburbios, la caída de la economía y sus esquemas de reducción, intuir la complejidad de las cosas que dentro de poco vendrán. Come on, let’s do it. Again and again and again and again. Juntos tú, yo, él, ella, nosotros en una nueva dimensión que promete ser de lo mejor, picos de esperanza precipitada y euforia sin justificar. Dulce tentación.
Ahí nos encontramos los que escupimos y cupimos, los que dejan abierta la puerta y sonríen como farolitos. What’s happen now? [sic] Alguien tenía que poner on-line el cruel circo de anuncios fortuitos. Detonar la bomba, porque sí y porque ya no hay tiempo para agobiarse, la pena ajena nunca fue un pretexto, tan sólo un yield de liga intertextual. Una falsa esperanza. Cómplices, cercados, envueltos en celofán y cristal, arropados por la inconsciencia, bendecidos por el alcohol y esa cosa siniestra [voluntad propia]. ¿Vamos a explotar o qué? Necesitamos algo más que inseguridad, necesitamos dinamitar la ciudad.
EQUAL is not a small word. Si todo fuera tan sencillo, tan relajante como programa de auto ayuda en doce pasos o, por lo menos, tan distante como una forzada cita al filósofo post-desencanto que nunca entendimos. ¿Importan o no los susurros de mil adictos al karoake pop, los escándalos de superstars en potencia, las dulces lágrimas de las mujeres malas de matar, el impulso caníbal de maffia ware? En ocasiones como ésta, la miseria es un buen cómplice.
El fracaso es positivo, al menos para ellos que llevan las gafas negras de moda, desayunan fruta con stickers y sueñan con el hip hop de escalera. It’s so droid to kill our emoTVity, my little underground, cuando las cosas son claras por primera vez: catalizadores de revoluciones de lo que debiera ser y nunca es, un estado general de entusiasmo, una simple manera de sobrevivir en la nada. Toma aérea del lado oscuro y un disfraz para todas las fiestas futuras. Vivir para morir o volver a ser. Decir “yeah, yeah” como clave de acceso a un ruidismo selecto para intereses subterráneos y singles de importación. Danos tiempo y derribaremos todo lo que motiva seguridad [a-n-y-t-h-i-n-g]. En contra, el resultado: un emotional crash con swing de rabioso compromiso, gente abollada y corazones oxidados. Brete será un buen nombre para lo que salga de aquí.
Sad besarkada para un hombre sick de consumo interno. Avienta tú la primera piedra, yo jamás pondré la otra mejilla y all of us, what a fuck, grabaremos nuestro nombre en el santo cadáver de sus miedos. Él vendrá a jalar el gatillo y ella también, con una sonrisa de amiga. Esa será la primera muerte en Viva Familia. Ahí estaremos respetando por un instante nuestro presente, beyond(eados) en una situación construida, mandando subverfaxes and drinking vietnamitas como siempre. Daté prisa, take a polaroid que momentos felices como este no duran. [click]
jueves, 23 de diciembre de 2004
02. la cancion disco
La city brillaba por la oferta eterna de las luces de neón. Los Happy Children de la Revolución tomaban la calle principal para confundirse con los turistas, eludiendo a las chicas fantasma que amenazan con destruir tu reputación y un etcétera de gente en vértigo por la implacable búsqueda de felicidad. Todos caminábamos distraídos, con cierto miedo, sin seguir el punto en el que dicen hay que estar. Como death trip psychos que nadan por primera vez. Sabiendo de antemano que todo puede pasar cuando tienes la fe guardada en esa ánfora llena de anfetas y mensajes urgentes; cuando la frase de “Come on, baby. Get down and dirty” es sólo el inicio, un proyecto de noche.
Johnny encontró a Sara en la pose clásica para ligar: los labios mojados, entreabiertos y la cabeza apoyada ligeramente en el respaldo de la silla, atontada por el esplendor sicodélico de los estrobos. Esperando inquieta, con el cuello impregnado por el reflejo fluorescente de un letrero, con una sed anterior a la tardanza de hoy. Sara, estrenando moderno corte de cabello, llevaba de regalo unos EP’s de rare grooves, idm y techno pop que compró en su última excursión por Europa en un amable intento por hacer las paces. Johnny, en franco desdén y estocada, le contó de la repentina muerte de su hermano y del importe de sus estúpidas llamadas telefónicas por cobrar.
Hasta ese día no hubo nada que celebrar. Irredentismo puro, teenagers in black clothes, dolor fuerte y ecos del mejor Bowie. En esos términos, empezó la charla. Sara y Johnny hablaron por un momento de libertad condicional, de flores muertas y esa práctica continúa de sexo público como si fueran simples ensayos didácticos de orquesta. Entre tanto, Miki —con su habitual camiseta de Mogwai— saludaba a William en desfase total y todos los demás —qué curioso, ¿no?— bebíamos cerveza lager. Parte del crowd de gringos estúpidos coreaba drunkie el “Vive le rock” mientras otros igual de estúpidos miraban al conjunto de blondies enfundadas en ajustadísimos trajes lycra y camisetas de «Freak out tonite». Dos a.m. Apenas.
Diez o quince minutos después, el DJ anuncia eufórico el tradicional concurso de tetas teniendo como fondo esa canción de hip hop que sólo a él le gusta. Sara, tan complaciente cuando está borracha, no deja de sonreír al ver a Johnny besar en los labios a todas sus amigas —Katerine, Sadie, Cindy, Angélica, Munki— reunidas por el simple efecto de aburrimiento. Por un instante, pensamos todos —que enfermos, ¿no?— en aquella chica con el rostro de niebla que escapó de la masacre, esa que vimos bellísima con su t-shirt de «Inside Me» la madrugada de ayer en la televisión por cable. Un estado general de entusiasmo.
Inicia el concurso. Desde la terraza, sólo escuchamos los aplausos y los gritos. Sara y Johnny coinciden en que nunca se habían puesto límites; antes él la golpeaba a cada rato y Sara, riéndose con todo el cuerpo, le pedía más cosas buenas. P-u-s-h-i-t, it’s really good. Los excesos eran gustos compartidos entre notas secretas y archivos de fotos, entre la rutina de la tele video y esas cenas tontas en las que se hablaba de un peculiar gusto por la kultcha tedesca. Ahora Sara confiesa, con lágrimas que casi traspasan sus divinos lentes Optical Affairs, que tiene las heridas de Cristo y Johnny se sonroja. De verdad, le dice, tengo hambre, tengo un STD en cuentas por pagar, tengo miles de anuncios por vender.
Oye chica, le contesta Johnny en un tono que recuerda ligeramente a Bryan Ferry en su mejor época, “No me vengas con historias. Remember: el caos es una palabra de cuatro letras y el escudo del Capitán América forever me protege”.
U-n-b-e-l-i-e-v-a-b-l-e
Viene la descarga de insultos y luego, la pelea. Ella le dice que se haga una prueba, que fue su culpa. “Fuck you, I always use a condom. You know that, Sara”. Alrededor no entendemos lo que sucede; sin embargo, nos parece hermoso ver como cae el remedo de falsa espiritualidad tras los susurros de un proyecto de interés social. Ahí va toda la filosofía de primera fila y ese feeling so weird de estar instalados en el spotligth de un asunto menor. El talento doblega al orden como gato al sol. Despejadas las variables, ella repite como loca aquello de “Quiero vivir mi vida, quiero divertirme, quiero ser feliz”. Jump, jump, jump around. Sus gritos, de rigor extranjero, nos provocan un ataque de risa cuando, cinco o diez minutos después, la vemos agitar ligeramente sus tetitas que Johnny muerde con gusto y dedicación, sin importarle que alguien, uno de los gringos hornys, tome una polaroid en plena faena. Enferma o no, Sara se da cuenta que Johnny y ella son uno mismo.
Sh-sh-sh-sh-sh-shake it!
Serge, recién llegado de otro bar, ve sorprendido como una concursante muestra, con increíble desparpajo, lo clásico del calendario. La vida es un placer, “Take it off, baby” es el grito que une en un esfuerzo a gringos macarras con el contingente de local kids. “Take it off, bitch”. Miki, como siempre, pelea por un palco de honor y, en el intento, empuja sin querer a un trolo cuya cerveza moja a William. “Take it off, bitch” es la respuesta de libido y persuasión ante el estímulo visual de pechos bronceados y traseros de acero. “Take it off, bitch”.
We want some pussy.
Es inevitable, sucede todas las noches [no se vale el olvido sobre ecos de censura]. Un golpe seco rompe la calma e inicia la contracción de la parte por el todo. Otra disputa a ritmo del último remix de un éxito electro de los ochenta. “Take it off, bitch”. Miki es too smart, street smart a tope, esquiva el derechazo del trolo, suelta una patada killer directo a los testículos que levanta al pobre tipo que luego se dobla del dolor, lo que aprovecha Miki para ensañarse con la percusión. William, que no sabe bailar, se pone esquizo al ver los pezones rosados —erectos por el frío— de Irina que juega, contagiada en espíritu, a intercambiar saliva con Sadie en una de las esquinas. “Take it off, bitch” es el reclamo que se repite una y otra vez. La concursante número seis juega a complacer a la audiencia para ganarse cien dólares y una botella de tequila. Another round of beers!, gritamos entusiasmados al mesero bilingüe. Miki gana la pelea y, al trolo, un nobody con el uniforme oficial de Nueva York manchado de sangre, los primates de seguridad, amigos nuestros, lo echan del club.
En la terraza, el match entre Sara y Johnny termina. Risueños, miran acercarse a un tipo muerto de sed, quien recita de corridito:
“Hey brothers and sisters / la última canción disco me jode sin cesar / es una remezcla de esquina peligrosa / muertos los poetas del noventa y ocho / todas las putas cervezas / las reviento con mis jodidos dientes / soy un perro en brama / soy la Wonder Woman / soy el scratch maldito en la sinfonola / la canción disco que nunca termina.”
Sara y Johnny, borrachos por completo, caen al piso. El poeta, con mucho toque y una cierta indiferencia a los sistemas de control, se abalanza rápidamente sobre las bebidas. Incursiona sin medir el peligro, neutralizando la ansiedad, logrando concretar al instante. La música suena tan apabullante que minutos después, cuando Sara y Johnny logran incorporarse, todo vuelve a ser exactamente lo mismo.
Johnny encontró a Sara en la pose clásica para ligar: los labios mojados, entreabiertos y la cabeza apoyada ligeramente en el respaldo de la silla, atontada por el esplendor sicodélico de los estrobos. Esperando inquieta, con el cuello impregnado por el reflejo fluorescente de un letrero, con una sed anterior a la tardanza de hoy. Sara, estrenando moderno corte de cabello, llevaba de regalo unos EP’s de rare grooves, idm y techno pop que compró en su última excursión por Europa en un amable intento por hacer las paces. Johnny, en franco desdén y estocada, le contó de la repentina muerte de su hermano y del importe de sus estúpidas llamadas telefónicas por cobrar.
Hasta ese día no hubo nada que celebrar. Irredentismo puro, teenagers in black clothes, dolor fuerte y ecos del mejor Bowie. En esos términos, empezó la charla. Sara y Johnny hablaron por un momento de libertad condicional, de flores muertas y esa práctica continúa de sexo público como si fueran simples ensayos didácticos de orquesta. Entre tanto, Miki —con su habitual camiseta de Mogwai— saludaba a William en desfase total y todos los demás —qué curioso, ¿no?— bebíamos cerveza lager. Parte del crowd de gringos estúpidos coreaba drunkie el “Vive le rock” mientras otros igual de estúpidos miraban al conjunto de blondies enfundadas en ajustadísimos trajes lycra y camisetas de «Freak out tonite». Dos a.m. Apenas.
Diez o quince minutos después, el DJ anuncia eufórico el tradicional concurso de tetas teniendo como fondo esa canción de hip hop que sólo a él le gusta. Sara, tan complaciente cuando está borracha, no deja de sonreír al ver a Johnny besar en los labios a todas sus amigas —Katerine, Sadie, Cindy, Angélica, Munki— reunidas por el simple efecto de aburrimiento. Por un instante, pensamos todos —que enfermos, ¿no?— en aquella chica con el rostro de niebla que escapó de la masacre, esa que vimos bellísima con su t-shirt de «Inside Me» la madrugada de ayer en la televisión por cable. Un estado general de entusiasmo.
Inicia el concurso. Desde la terraza, sólo escuchamos los aplausos y los gritos. Sara y Johnny coinciden en que nunca se habían puesto límites; antes él la golpeaba a cada rato y Sara, riéndose con todo el cuerpo, le pedía más cosas buenas. P-u-s-h-i-t, it’s really good. Los excesos eran gustos compartidos entre notas secretas y archivos de fotos, entre la rutina de la tele video y esas cenas tontas en las que se hablaba de un peculiar gusto por la kultcha tedesca. Ahora Sara confiesa, con lágrimas que casi traspasan sus divinos lentes Optical Affairs, que tiene las heridas de Cristo y Johnny se sonroja. De verdad, le dice, tengo hambre, tengo un STD en cuentas por pagar, tengo miles de anuncios por vender.
Oye chica, le contesta Johnny en un tono que recuerda ligeramente a Bryan Ferry en su mejor época, “No me vengas con historias. Remember: el caos es una palabra de cuatro letras y el escudo del Capitán América forever me protege”.
U-n-b-e-l-i-e-v-a-b-l-e
Viene la descarga de insultos y luego, la pelea. Ella le dice que se haga una prueba, que fue su culpa. “Fuck you, I always use a condom. You know that, Sara”. Alrededor no entendemos lo que sucede; sin embargo, nos parece hermoso ver como cae el remedo de falsa espiritualidad tras los susurros de un proyecto de interés social. Ahí va toda la filosofía de primera fila y ese feeling so weird de estar instalados en el spotligth de un asunto menor. El talento doblega al orden como gato al sol. Despejadas las variables, ella repite como loca aquello de “Quiero vivir mi vida, quiero divertirme, quiero ser feliz”. Jump, jump, jump around. Sus gritos, de rigor extranjero, nos provocan un ataque de risa cuando, cinco o diez minutos después, la vemos agitar ligeramente sus tetitas que Johnny muerde con gusto y dedicación, sin importarle que alguien, uno de los gringos hornys, tome una polaroid en plena faena. Enferma o no, Sara se da cuenta que Johnny y ella son uno mismo.
Sh-sh-sh-sh-sh-shake it!
Serge, recién llegado de otro bar, ve sorprendido como una concursante muestra, con increíble desparpajo, lo clásico del calendario. La vida es un placer, “Take it off, baby” es el grito que une en un esfuerzo a gringos macarras con el contingente de local kids. “Take it off, bitch”. Miki, como siempre, pelea por un palco de honor y, en el intento, empuja sin querer a un trolo cuya cerveza moja a William. “Take it off, bitch” es la respuesta de libido y persuasión ante el estímulo visual de pechos bronceados y traseros de acero. “Take it off, bitch”.
We want some pussy.
Es inevitable, sucede todas las noches [no se vale el olvido sobre ecos de censura]. Un golpe seco rompe la calma e inicia la contracción de la parte por el todo. Otra disputa a ritmo del último remix de un éxito electro de los ochenta. “Take it off, bitch”. Miki es too smart, street smart a tope, esquiva el derechazo del trolo, suelta una patada killer directo a los testículos que levanta al pobre tipo que luego se dobla del dolor, lo que aprovecha Miki para ensañarse con la percusión. William, que no sabe bailar, se pone esquizo al ver los pezones rosados —erectos por el frío— de Irina que juega, contagiada en espíritu, a intercambiar saliva con Sadie en una de las esquinas. “Take it off, bitch” es el reclamo que se repite una y otra vez. La concursante número seis juega a complacer a la audiencia para ganarse cien dólares y una botella de tequila. Another round of beers!, gritamos entusiasmados al mesero bilingüe. Miki gana la pelea y, al trolo, un nobody con el uniforme oficial de Nueva York manchado de sangre, los primates de seguridad, amigos nuestros, lo echan del club.
En la terraza, el match entre Sara y Johnny termina. Risueños, miran acercarse a un tipo muerto de sed, quien recita de corridito:
“Hey brothers and sisters / la última canción disco me jode sin cesar / es una remezcla de esquina peligrosa / muertos los poetas del noventa y ocho / todas las putas cervezas / las reviento con mis jodidos dientes / soy un perro en brama / soy la Wonder Woman / soy el scratch maldito en la sinfonola / la canción disco que nunca termina.”
Sara y Johnny, borrachos por completo, caen al piso. El poeta, con mucho toque y una cierta indiferencia a los sistemas de control, se abalanza rápidamente sobre las bebidas. Incursiona sin medir el peligro, neutralizando la ansiedad, logrando concretar al instante. La música suena tan apabullante que minutos después, cuando Sara y Johnny logran incorporarse, todo vuelve a ser exactamente lo mismo.
viernes, 17 de diciembre de 2004
03. planeta infierno
Llegamos cuando todo estaba dicho. Y nos reímos de ello, de la representación y del humor que despellejaba nuestra primera fantasía como ola de mutilación. Demasiado surf, demasiado moderna. Ya en el punto culminante de la fiesta, él no paraba de fumar cigarrillos importados, su chica bebía a traguitos una mala margarita, Miki en búsqueda desafortunada por un sustituto para el placer más íntimo, Cindy deslizándose en glücklich, tú sonriendo sin saber el por qué de mis peinados y yo, picnic en el parque de lotería y confusión.
Todos hablábamos de cosas serias, de lo bien que se vive aquí, de cómo nos jode ver a esa sarta de malditos indios sin glamur, de tomar posiciones ante lo ineludible, de las nuevas formas para viajar, de la manufactura del consumo actual y la ira del camino. ¿Qué es lo que suena?, pregunto. ¿El último disco de Mouse on Mars?, pregunto de nuevo. Mi vista se queda fija en el DJ del evento de ayer, lo captó en contorsiones propias del space-dub; luego me detengo a observar a esos dos trolos pachecos con tenis negros Nike que siempre insisten en pasarme bumpos.
Podría saltar pero prefiero seguir en el Planeta Infierno.
En el hall, me encuentro al mejor amigo que he tenido en mi vida. Le digo “Taste the floor” con el saludo babulín (agitando la mano) (como limpiando algo). No me ve, está perdido en Nua1, la nueva sensación de euforia que registra la city. No importa, he llegado a los cien mil kilómetros casi en perfecto estado, sin ajustes ni inquisiciones, haciendo un despliegue público de pensamiento independiente, una ad-free mind que comienza a andar sin tomar en cuenta la destrucción del entorno.
Podría saltar pero prefiero esperar o bailar en el Planeta Infierno.
Una pelea funciona como incidente flop, aquel que registra la intensidad up beat de las canciones felices de los Beach Boys. Veo emocionado como una botella de whisky legítimo se estrella magnífica en el rostro de Equis; su novia, superblonde, gritando histérica un “Wer ist Gott?” es la peor defensa. Es triste apreciar como su maquillaje desdibuja los colores de moda y que todos, después de la sorpresa, siguen en lo suyo mientras el cuerpo de seguridad se lleva a Equis ensangrentado lejos de aquí. La chica perfume entrelaza mi mirada y sonríe cómo acordándose de algo, ¿de qué...? I don’t know, ya no recuerdo si lo hicimos o no. Hace un mes, anteayer, hace quince minutos. Yo no conservo nada, la memoria siempre me falla. Lo único que sabía lo he regalado mientras caminaba a este sitio. Todo mi pasado y presente. Por eso estoy aquí. Agitando la reserva de ocio futuro.
Rápido paneo: Esto es personal de serie B, esto es la frecuencia del subsuelo. Sinestesia. Miki huele a pan Wonder, a gente llamando a casa tras recuperarse de la última depresión; Cindy, demasiada inquieta, intercambia anfetas y su novia bigtetasminiyplataformas me descontrola con su particular estilo de fumar que maquilla una intención reformista que insiste año tras año. Tú interrumpes, como de costumbre, el encanto al preguntar: ¿Qué hay de nuevo, peep show? Es tan estúpido, ya me siento listo para evacuar la zona de desastre, contestar el anuncio, renegar tres veces o llevarte a casa sin intentar siquiera tocarte.
Antes de llegar he regalado todo: el único mes que viví feliz, la claridad de mi mente, el feedback de los pocos días felices que recuerdo, la velocidad de un viejo modem, el arreglo de flores artificiales que nunca mande, una tía amargada al ver a Jesús trabajando de cómico en la TV, un album de fotos, el turismo barato que nos visita los veranos, mis monkey boots. Por eso estoy aquí, tomando smart drinks y sonsacando idiotas. One more night.
Los escucho hablar. Y hablan mucho, nunca se callan. Y preguntan: “¿Recuerdas el primer single de Joy Electric?”. Y contestan: “Lo que ayer hacíamos, ahora es carnaval”. Todos en inicio de resaca, conquistando elogios de ignorancia, polvo de estrella. Yo ya no quiero regresar a viejos tiempos. Sé que algunas veces los fracasos son positivos pero odio los detalles. Voy a fundar mi propia agencia de viajes, haremos un tour con nuestra alma mulata, la sencillez del verbo, nuestro Ludovic sonriente. Shut up, me dices, ¿qué no te das cuenta que todos mienten? Nada vale la pena, pal. Sí, contigo al lado hay que decirle adiós a cualquier intento de totalización y trascendencia.
“Es imposible tenerte junto a mí. Resulta paradójico que lo mismo que nos une termina por separarnos”, te digo en un vano intento por hablar en serio, mientras que veo el triste apogeo del sex for money. Pienso, al recordar un libro neoyorquino: ¡Qué extraños nos vemos al desnudo! Sí la ropa ayuda. En mucho. Yo prefiero vestir de traje, como hoy. Es lo poco que me queda, mi único reflejo. Ustedes bailan, Miki también y Cindy lo hace mucho mejor. Agitan sus cuerpos, espasmódicos, se ven bien bajo las luces. La droga ayuda. En mucho. Yo prefiero reír sentado al borde de la escalera del Planeta Infierno.
Podría saltar, pero no. Aún no es tiempo.
Seis a.m. Gente entrando y saliendo del vortex afterhours. Saludo, otro trago más, me divierto. Unos beben, otros bailan, algunos tratan de ligar, otros pocos desaparecen cabizbajos y vuelven aparecer ya armados. Cindy revisa una cartera llena de billetes y tarjetas de crédito, Miki se estremece escuchando un tema que me recuerda esa adolescencia cada vez más lejana. Tú me distraes de nuevo al reírte de algo terrible, él apunta un teléfono en una tarjeta amarilla. ¡Vaya sorpresa!, es el nuestro.
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revisión 2004:El título fue tomado de un tema del grupo Juana la loca, indie pop
Todos hablábamos de cosas serias, de lo bien que se vive aquí, de cómo nos jode ver a esa sarta de malditos indios sin glamur, de tomar posiciones ante lo ineludible, de las nuevas formas para viajar, de la manufactura del consumo actual y la ira del camino. ¿Qué es lo que suena?, pregunto. ¿El último disco de Mouse on Mars?, pregunto de nuevo. Mi vista se queda fija en el DJ del evento de ayer, lo captó en contorsiones propias del space-dub; luego me detengo a observar a esos dos trolos pachecos con tenis negros Nike que siempre insisten en pasarme bumpos.
Podría saltar pero prefiero seguir en el Planeta Infierno.
En el hall, me encuentro al mejor amigo que he tenido en mi vida. Le digo “Taste the floor” con el saludo babulín (agitando la mano) (como limpiando algo). No me ve, está perdido en Nua1, la nueva sensación de euforia que registra la city. No importa, he llegado a los cien mil kilómetros casi en perfecto estado, sin ajustes ni inquisiciones, haciendo un despliegue público de pensamiento independiente, una ad-free mind que comienza a andar sin tomar en cuenta la destrucción del entorno.
Podría saltar pero prefiero esperar o bailar en el Planeta Infierno.
Una pelea funciona como incidente flop, aquel que registra la intensidad up beat de las canciones felices de los Beach Boys. Veo emocionado como una botella de whisky legítimo se estrella magnífica en el rostro de Equis; su novia, superblonde, gritando histérica un “Wer ist Gott?” es la peor defensa. Es triste apreciar como su maquillaje desdibuja los colores de moda y que todos, después de la sorpresa, siguen en lo suyo mientras el cuerpo de seguridad se lleva a Equis ensangrentado lejos de aquí. La chica perfume entrelaza mi mirada y sonríe cómo acordándose de algo, ¿de qué...? I don’t know, ya no recuerdo si lo hicimos o no. Hace un mes, anteayer, hace quince minutos. Yo no conservo nada, la memoria siempre me falla. Lo único que sabía lo he regalado mientras caminaba a este sitio. Todo mi pasado y presente. Por eso estoy aquí. Agitando la reserva de ocio futuro.
Rápido paneo: Esto es personal de serie B, esto es la frecuencia del subsuelo. Sinestesia. Miki huele a pan Wonder, a gente llamando a casa tras recuperarse de la última depresión; Cindy, demasiada inquieta, intercambia anfetas y su novia bigtetasminiyplataformas me descontrola con su particular estilo de fumar que maquilla una intención reformista que insiste año tras año. Tú interrumpes, como de costumbre, el encanto al preguntar: ¿Qué hay de nuevo, peep show? Es tan estúpido, ya me siento listo para evacuar la zona de desastre, contestar el anuncio, renegar tres veces o llevarte a casa sin intentar siquiera tocarte.
Antes de llegar he regalado todo: el único mes que viví feliz, la claridad de mi mente, el feedback de los pocos días felices que recuerdo, la velocidad de un viejo modem, el arreglo de flores artificiales que nunca mande, una tía amargada al ver a Jesús trabajando de cómico en la TV, un album de fotos, el turismo barato que nos visita los veranos, mis monkey boots. Por eso estoy aquí, tomando smart drinks y sonsacando idiotas. One more night.
Los escucho hablar. Y hablan mucho, nunca se callan. Y preguntan: “¿Recuerdas el primer single de Joy Electric?”. Y contestan: “Lo que ayer hacíamos, ahora es carnaval”. Todos en inicio de resaca, conquistando elogios de ignorancia, polvo de estrella. Yo ya no quiero regresar a viejos tiempos. Sé que algunas veces los fracasos son positivos pero odio los detalles. Voy a fundar mi propia agencia de viajes, haremos un tour con nuestra alma mulata, la sencillez del verbo, nuestro Ludovic sonriente. Shut up, me dices, ¿qué no te das cuenta que todos mienten? Nada vale la pena, pal. Sí, contigo al lado hay que decirle adiós a cualquier intento de totalización y trascendencia.
“Es imposible tenerte junto a mí. Resulta paradójico que lo mismo que nos une termina por separarnos”, te digo en un vano intento por hablar en serio, mientras que veo el triste apogeo del sex for money. Pienso, al recordar un libro neoyorquino: ¡Qué extraños nos vemos al desnudo! Sí la ropa ayuda. En mucho. Yo prefiero vestir de traje, como hoy. Es lo poco que me queda, mi único reflejo. Ustedes bailan, Miki también y Cindy lo hace mucho mejor. Agitan sus cuerpos, espasmódicos, se ven bien bajo las luces. La droga ayuda. En mucho. Yo prefiero reír sentado al borde de la escalera del Planeta Infierno.
Podría saltar, pero no. Aún no es tiempo.
Seis a.m. Gente entrando y saliendo del vortex afterhours. Saludo, otro trago más, me divierto. Unos beben, otros bailan, algunos tratan de ligar, otros pocos desaparecen cabizbajos y vuelven aparecer ya armados. Cindy revisa una cartera llena de billetes y tarjetas de crédito, Miki se estremece escuchando un tema que me recuerda esa adolescencia cada vez más lejana. Tú me distraes de nuevo al reírte de algo terrible, él apunta un teléfono en una tarjeta amarilla. ¡Vaya sorpresa!, es el nuestro.
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revisión 2004:El título fue tomado de un tema del grupo Juana la loca, indie pop
viernes, 10 de diciembre de 2004
04. Ultrapop
Ultrapop registra con su cámara nuestro furor en carrusel. Cada vez que nos mira, habla el demoledor deseo de imprimirse big star, en decenas repetidas, colores primarios y ampliaciones bancarias. Es un héroe de ocaso y sentimiento, uniforme 501 y grandes agujeros que se reconforta en el desliz de una chica: mi chica cuya sonrisa, subrayada como fuerza de oposición, me escandaliza a las cinco en punto y que, sin exageraciones, borda en mí cicatrices antiguas.
Mi chica es toda lluvia dorada, prime choice, reportaje nickel de portada y páginas interiores, divino lustre que besa mis heridas sin demasiado artificio. Ultrapop la capta abierta, emergiendo en super slow motion con su cara de discordia; me capta en buenas vibraciones, buscando un show de talento tendido en la cama. Es ella, mi chica de calma rota; soy yo, una sierra, apenas desajustes al enchufar una armonía que hace ver el fracaso como algo positivo. Somos dos disparando vagas cenizas en dirección a un vencimiento logrado a priori. Juntos, mi chica y yo, damos vida o idea de una mentira como veleta que no deja de girar: somos un fomento de fondo diverso, el reflejo de unos cursos con diplomas y medallitas, una maniobra de 17 años que hasta ayer fue fiel a sí misma como el funk diabolum en los ochenta [Una voz en off que no reconocemos se sitúa inquieta en la escena como rayo de luz].
Ultrapop nos absuelve con movimientos rápidos y el fulgor de su flash, vitaminado hasta la última fila por nuestra dicha de sal, nos envuelve en crudo efecto celofán. Es caribe tornasol y suicida. Mi chica y yo no paramos de fornicar al lente de garage interior, mi chica moderna devora todo lo que poseo, le saca jugo a mis entrañas en un tilt up; cree que soy un ticket premiado, un disco de doce pulgadas. Yo le hago sentir desdichada, boxeo, muerdo sus pechos de bronceado veraniego y trapeo todos sus temores en víspera de terapia antes de girar en dirección a su culo ye-yé. Me enciendo, la enciendo fácilmente, soy tan violento y simple como tambor de contingencia urbana, el disparo inocente que inició nuestra plegaria en delay.
Ultrapop nos amenaza con su armada de cables y micrófonos, su aullido es la señal de corte. Al escapar del encuadre, siento la presión legal de ser protagonista con el uno por ciento de probabilidades y el escote triangular de mi chica, empapado, sudoroso, pegado como pesadilla a mi piel calamar. We’re bumpos, estamos encandilados por el último secuestro, semilla de noche vieja y triste cuarto de hotel sin estrellas. Imaginándonos, sensibles, la muerte de Poch; en el escaparate, saludando a Balthus; en Nueva York, desnudos tomando el sol; aquí, rompiendo números sin suerte.
Ultrapop sigue en marcha, el close up de nuestros periféricos lo recrea en stamina, respira profundo y grita: “¡Sois perfectos!” [La voz, cada vez más próxima, enlista sus cosas favoritas]. Mi chica se ríe, yo pongo mis cojones candado en el piso. Ultrapop quiere diálogos calientes, oraciones a María, desatinos azules. Yo quiero beber y mi chica se divierte al decir palabrejas en francés. “Don’t fuck me with your cultura de barrio fino”, le contesto. Si somos idénticos; que más dá hacerlo o no.
—Detesto el cierre de tu boca, qué pálida luz.
—Inserta esquizo, edema de Kostabi— grita mi chica pegada al estéreo.
—Pelea o finge. Give me good clean fun.
Nos separamos muertos de risa. Mi chica y yo. Ella, transgresora como ensueño, se levanta y camina segura, desnuda noticia que carcome, con destino a la mesa. Yo la sustituyo con la firmeza del puño de dios. Enfermo de monotonía, Ultrapop nos pide más. Una pelea de fondo, algo que explote en el momento justo, bofetadas o sangre, otras sonrisas que destruyan el optimismo. Ultrapop es experto en su negocio. Nada de tomas aburridas, paisajes muertos o pirotécnicos dobles de tinte fluorescente. No, Ultrapop quiere nuestra cercanía entablada en el frenopático y puesta al día. Apasionada e irritada, dolorosa y punzante, coloquial y certera como poema de Panero; lo demás, asegura, siempre serán filtros de azar que no sirven de nada.
—¿No te parece que ya fue suficiente? —inquiere mi chica.
Voy por ella. Sin tropiezos, erecto, ruidoso como libido chupa-chup. Ultrapop tira otra cinta por uno de sus agujeros. Me emociona su dirty entusiasmo. Mi chica atrapada en la mesa, en pose cautiva, se dispone a decidir su tragedia carcelera; mi chica es una diosa clavada a punta de martillo; mojada en espíritu y con mis dedos incrustrados hasta el fondo de su pubis indigente. Otra vez, soy yo el rimadero 280 en sintonía tóxica.
—¡Qué bonitas lágrimas vierten tus nalgas! —le dice Ultrapop a mi chica.
Ella responde con el timbre de fax japonés y yo, congelado underground, no sé si creérmelo o no. Un descuido placentero para decir: “Some things come from nothing”, modifica nuestra
situación.
Ahora es ella, en primer plano, el ángel que domina las esposas y juguetes de amarre esperanto. Es un feeling tan divertido ver a mi chica perturbada, deleitándose en los afeites, veloz y sensual en el propósito de malas maneras. She bangs the drums y yo, como James a los quince, pido más tensión, más smog. Una bendición industrial; soy powderkex de mi placer calabozo. [La voz desconocida aplaude primero luego, al sentirse comprimida, siente el peligro]. Ultrapop sigue diciendo: “¡Sois perfectos!”. Los golpes no ahogan mil atracos citadinos, soy un tipo sencillo con sólo un vicio: mi chica alias galore toda agujas, que persigue el bienestar social en un lugar equivocado.
—Baby, you’re the best...
Poco a poco nos hacemos viejos reciclando impulsos. Predicamos nuestra urgencia de cambio trenzados como parias. Un dolor pequeño de bolas chinas en camino al orificio. ¡Qué sorpresa!, mi chica envuelta en fuego encontró en mí su punto G y la salida de emergencia. Nada la detiene, se consume a cachitos. Ultrapop nos mira al revés por el monitor, no puede contenernos. Somos cerdos de museo interactivo, somos historia viva, somos algo más que stills hechos de frío. Ultrapop se lanza al ruedo sin idea, tartamudo e infantil. Ya nadie nos dirige, sowing seeds.
Encarnizados, perdiendo el equilibrio por las fuertes quemaduras e iluminados en el ajetreo manual de 100 dólares por hora, escribimos la nueva historia. Un plus de autoenfoque visceral que mejor nos retrata en perspectiva hardcore. Ponemos la marca, creamos un mosaico de oportunidades, anotamos al instante, un pedazo de onda.
Ultrapop no es como nosotros, es débil piel blanca, tierna y nerviosa. Alguien que nunca se había puesto en línea de combate. Ingenuo jail bait de cadencia sin sentido, un noble candidato al date rape de música disco. Ya nos cansamos de tatuarlo, de mandarlo sin lubricación por los extremos, de convertirlo en nuestra mascota y joven bidet. Exige, reclama, suplica su año sabático. [La voz se aleja, camina presurosa hacia la salida, sus ojos expresan cierto miedo y no poca repulsión]. Pero no, nosotros le administramos disciplina inglesa al 100%, reconocemos sus espacios de saliva, lo conectamos con su inner-self más deep y lo encerramos por ahí para que muerda fuerte la oscuridad. Como debería ser.
Mi chica y yo volvemos a la colección de juegos e ítems opuestos, rellenamos otra hora en referencia y agonía estética que nos muestra un poco vulnerables. Vibramos, hacemos un squish que nos sale perfecto, estrenamos servicios que reciclan viejos placeres y celebrando la diferencia que nos une, oprimimos el botón de STOP antes que el dolor llegue sin explicación. Después ya recuperados de pelear con rubios insectos, mi chica y yo nos ponemos la camiseta de Juventus Laika para tratar de resolver el crucigrama del periódico de hoy. Es tan complicado que en ello se nos va el resto del día.
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revision 2004: Este texto se publico en Yubai (la revista de la UABC) y, si no paso nada, apareció en otra el pasado mes de noviembre 2004.
Mi chica es toda lluvia dorada, prime choice, reportaje nickel de portada y páginas interiores, divino lustre que besa mis heridas sin demasiado artificio. Ultrapop la capta abierta, emergiendo en super slow motion con su cara de discordia; me capta en buenas vibraciones, buscando un show de talento tendido en la cama. Es ella, mi chica de calma rota; soy yo, una sierra, apenas desajustes al enchufar una armonía que hace ver el fracaso como algo positivo. Somos dos disparando vagas cenizas en dirección a un vencimiento logrado a priori. Juntos, mi chica y yo, damos vida o idea de una mentira como veleta que no deja de girar: somos un fomento de fondo diverso, el reflejo de unos cursos con diplomas y medallitas, una maniobra de 17 años que hasta ayer fue fiel a sí misma como el funk diabolum en los ochenta [Una voz en off que no reconocemos se sitúa inquieta en la escena como rayo de luz].
Ultrapop nos absuelve con movimientos rápidos y el fulgor de su flash, vitaminado hasta la última fila por nuestra dicha de sal, nos envuelve en crudo efecto celofán. Es caribe tornasol y suicida. Mi chica y yo no paramos de fornicar al lente de garage interior, mi chica moderna devora todo lo que poseo, le saca jugo a mis entrañas en un tilt up; cree que soy un ticket premiado, un disco de doce pulgadas. Yo le hago sentir desdichada, boxeo, muerdo sus pechos de bronceado veraniego y trapeo todos sus temores en víspera de terapia antes de girar en dirección a su culo ye-yé. Me enciendo, la enciendo fácilmente, soy tan violento y simple como tambor de contingencia urbana, el disparo inocente que inició nuestra plegaria en delay.
Ultrapop nos amenaza con su armada de cables y micrófonos, su aullido es la señal de corte. Al escapar del encuadre, siento la presión legal de ser protagonista con el uno por ciento de probabilidades y el escote triangular de mi chica, empapado, sudoroso, pegado como pesadilla a mi piel calamar. We’re bumpos, estamos encandilados por el último secuestro, semilla de noche vieja y triste cuarto de hotel sin estrellas. Imaginándonos, sensibles, la muerte de Poch; en el escaparate, saludando a Balthus; en Nueva York, desnudos tomando el sol; aquí, rompiendo números sin suerte.
Ultrapop sigue en marcha, el close up de nuestros periféricos lo recrea en stamina, respira profundo y grita: “¡Sois perfectos!” [La voz, cada vez más próxima, enlista sus cosas favoritas]. Mi chica se ríe, yo pongo mis cojones candado en el piso. Ultrapop quiere diálogos calientes, oraciones a María, desatinos azules. Yo quiero beber y mi chica se divierte al decir palabrejas en francés. “Don’t fuck me with your cultura de barrio fino”, le contesto. Si somos idénticos; que más dá hacerlo o no.
—Detesto el cierre de tu boca, qué pálida luz.
—Inserta esquizo, edema de Kostabi— grita mi chica pegada al estéreo.
—Pelea o finge. Give me good clean fun.
Nos separamos muertos de risa. Mi chica y yo. Ella, transgresora como ensueño, se levanta y camina segura, desnuda noticia que carcome, con destino a la mesa. Yo la sustituyo con la firmeza del puño de dios. Enfermo de monotonía, Ultrapop nos pide más. Una pelea de fondo, algo que explote en el momento justo, bofetadas o sangre, otras sonrisas que destruyan el optimismo. Ultrapop es experto en su negocio. Nada de tomas aburridas, paisajes muertos o pirotécnicos dobles de tinte fluorescente. No, Ultrapop quiere nuestra cercanía entablada en el frenopático y puesta al día. Apasionada e irritada, dolorosa y punzante, coloquial y certera como poema de Panero; lo demás, asegura, siempre serán filtros de azar que no sirven de nada.
—¿No te parece que ya fue suficiente? —inquiere mi chica.
Voy por ella. Sin tropiezos, erecto, ruidoso como libido chupa-chup. Ultrapop tira otra cinta por uno de sus agujeros. Me emociona su dirty entusiasmo. Mi chica atrapada en la mesa, en pose cautiva, se dispone a decidir su tragedia carcelera; mi chica es una diosa clavada a punta de martillo; mojada en espíritu y con mis dedos incrustrados hasta el fondo de su pubis indigente. Otra vez, soy yo el rimadero 280 en sintonía tóxica.
—¡Qué bonitas lágrimas vierten tus nalgas! —le dice Ultrapop a mi chica.
Ella responde con el timbre de fax japonés y yo, congelado underground, no sé si creérmelo o no. Un descuido placentero para decir: “Some things come from nothing”, modifica nuestra
situación.
Ahora es ella, en primer plano, el ángel que domina las esposas y juguetes de amarre esperanto. Es un feeling tan divertido ver a mi chica perturbada, deleitándose en los afeites, veloz y sensual en el propósito de malas maneras. She bangs the drums y yo, como James a los quince, pido más tensión, más smog. Una bendición industrial; soy powderkex de mi placer calabozo. [La voz desconocida aplaude primero luego, al sentirse comprimida, siente el peligro]. Ultrapop sigue diciendo: “¡Sois perfectos!”. Los golpes no ahogan mil atracos citadinos, soy un tipo sencillo con sólo un vicio: mi chica alias galore toda agujas, que persigue el bienestar social en un lugar equivocado.
—Baby, you’re the best...
Poco a poco nos hacemos viejos reciclando impulsos. Predicamos nuestra urgencia de cambio trenzados como parias. Un dolor pequeño de bolas chinas en camino al orificio. ¡Qué sorpresa!, mi chica envuelta en fuego encontró en mí su punto G y la salida de emergencia. Nada la detiene, se consume a cachitos. Ultrapop nos mira al revés por el monitor, no puede contenernos. Somos cerdos de museo interactivo, somos historia viva, somos algo más que stills hechos de frío. Ultrapop se lanza al ruedo sin idea, tartamudo e infantil. Ya nadie nos dirige, sowing seeds.
Encarnizados, perdiendo el equilibrio por las fuertes quemaduras e iluminados en el ajetreo manual de 100 dólares por hora, escribimos la nueva historia. Un plus de autoenfoque visceral que mejor nos retrata en perspectiva hardcore. Ponemos la marca, creamos un mosaico de oportunidades, anotamos al instante, un pedazo de onda.
Ultrapop no es como nosotros, es débil piel blanca, tierna y nerviosa. Alguien que nunca se había puesto en línea de combate. Ingenuo jail bait de cadencia sin sentido, un noble candidato al date rape de música disco. Ya nos cansamos de tatuarlo, de mandarlo sin lubricación por los extremos, de convertirlo en nuestra mascota y joven bidet. Exige, reclama, suplica su año sabático. [La voz se aleja, camina presurosa hacia la salida, sus ojos expresan cierto miedo y no poca repulsión]. Pero no, nosotros le administramos disciplina inglesa al 100%, reconocemos sus espacios de saliva, lo conectamos con su inner-self más deep y lo encerramos por ahí para que muerda fuerte la oscuridad. Como debería ser.
Mi chica y yo volvemos a la colección de juegos e ítems opuestos, rellenamos otra hora en referencia y agonía estética que nos muestra un poco vulnerables. Vibramos, hacemos un squish que nos sale perfecto, estrenamos servicios que reciclan viejos placeres y celebrando la diferencia que nos une, oprimimos el botón de STOP antes que el dolor llegue sin explicación. Después ya recuperados de pelear con rubios insectos, mi chica y yo nos ponemos la camiseta de Juventus Laika para tratar de resolver el crucigrama del periódico de hoy. Es tan complicado que en ello se nos va el resto del día.
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revision 2004: Este texto se publico en Yubai (la revista de la UABC) y, si no paso nada, apareció en otra el pasado mes de noviembre 2004.
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