viernes, 15 de enero de 2010
Yoani says
Yoani dice que nos queda tan poco miedo a reciclar en dramas y comedias, que el fin de la ilusión ya tuvo lugar, que la blasfemia es cosa de viejos y el pedir permiso algo peligrosamente infantil cuando la realidad expropiada nos estalla en la cara.
Yoani dice que necesitamos el oxígeno de la información, que el control obsesivo no es una causa revolucionaria, que los muros impuestos han ayudado a descubrir o por lo menos a intuir una vida mejor más allá de éstos, que las intenciones añejas son fantasía en rebajas como esos ideales con grilletes perpendiculares que nunca sacian al hambriento.
Yoani dice que la suma de golpes que hemos recibido nunca es bienaventurada como tampoco lo es el resumen aportado por esos bastardos que viajan a países pequeños para satisfacer necesidades primarias y los oportunistas forajidos que rinden tributo a una mentira tan desfasada que se perpetúa en sí misma en un rollo post-nothing.
Yoani dice que los sueños son tan importantes para los jóvenes como la paciencia lo es para los viejos, la apatía apenas un suspirito que sostiene lo insostenible y que el intercambio carnal es cosa explicable y hasta redituable pero no por ello el futuro digno de una generación que enarbola el “Yo, ahora”, que hay que escribir que el pollo del arroz con pollo por fin será pollo y no una discusión académica de carácter subjetivo.
Yoani dice que entre los amigos perdidos por el destierro y el hilo nostálgico que atraviesa a todos los retornados, hay más piezas que hacen encajar todo de golpe, algo de corredor de fondo y del dolor de los adolescentes con el corazón puro. Un cuento compulsivo que ya dejo las cloacas de la desidia.
Yoani dice que aquí no hay que salvar a la porrista o cantar el mash-up de un par de canciones que tuvieron éxito en los ochenta, ni seguir una estética que viene de fuera como una suerte de continuación de una juventud estancada por la frustración y esos ciclos de silencio que ya no podemos aguantar.
Yoani dice que se cansó ya de la hipótesis del conformismo, de una inquisición con uniforme policial y el engaño de una tarjeta de racionamiento, de mítines de repudio y la paranoia heredada que ya no satisface a nadie, ni siquiera a los creyentes.
Yoani dice que espera una primavera que no sea negra, sin crispación y ese olor a miedo que nos hace preguntar a menudo un ¿por qué nos han hecho esto? Entre apagones y campañas de hostigamiento, encontraremos la manera de resolver esa extraña sensación de vaciedad, de librar el cerco amurallado que impide una comunicación libre y ciudadana que se refleja festivamente en un pancarta que exige “Compañeros: Menos odio, más ocio”.
Yoani dice que la ciudad desvencijada será nuestra una vez más, que el fin de la larga noche oscura será el resultado del naufragio y la caducidad de algo más que los víveres que atesora el Capitán Lastre mientras se hace una eterna paja en los períodos especiales que aguantamos. El brillo de la posterioridad comenzará más allá del derrumbe y la derrota.
Yoani dice que ahora mismo no hay nada que celebrar pero que, si hacemos caso al rumor social, tal vez mañana sea el día que estamos esperando. Lo demás, en ese momento, para todos nosotros será periódico viejo.
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*Este texto aparecerá en la revista El Perro (en el número dedicado al ocio).
jueves, 30 de julio de 2009
SOWEIRD
SEX
1. Dieter tenía seis años cuando recibió su primer wawis. Le ofreció un chocolate a su vecina a cambio de que le chupara “su paletita”. Habika, de cuatro años, aprendió rápidamente que nada es gratis en la vida.
2. Emmet perdió la virginidad en una orgía a los 20 años. Lo hizo, sin embargo, sólo con una teenager übertrola que lloró cuando terminó todo. Siempre recuerda que ahí, en esa misma habitación, estaba su primer mejor amigo. Sí, aquel que le gustaba morder los preservativos de las criadas.
3. Jamila tuvo, en cierta ocasión, a one night stand con un gringo, músico de artista muy famoso. Al pensar que ella era “de la vida alegre”, le pagó 400 dólares; cuando se dio cuenta del error, el gringo pedía disculpas una y otra vez. Jamila no le regresó el money.
4. Yakini era (es) lesbiana pero LE CAGA el porno lésbico (así, con mayúsculas). A veces, cuando tomaba éxtasis, le gustaba hacerlo con Johan. Decía que con las chicas lo hacía por sexo, pero con él era por amor. Johan nunca supo que Yakini aprovechó el match para robar un brasier de la recámara de su hermana menor (a la que Johan quiere y admira, aunque nunca ha podido confesarlo).
SHAME
5. Faxon es un desastre total. Se orinó en los pantalones el primer día de clases en la secundaria. Ni siquiera pudo decir “fue un accidente”. Todos en su familia sabían que era tan subnormal que no aprendió a usar cuchillo y tenedor para partir comida hasta los 13, cuando una amiga se burló de él por usar los dedos (luego le enseñó).
6. Hans podría haber sido su hermano gemelo: en preparatoria, en la clase de Literatura pidieron escribir un poema; Hans no lo hizo y apurado bajo de Internet la letra del Fade to Black de Metallica. También se chupó el dedo como un bebé hasta los 22 años, pero nada tan terrible como el haberse cagado a los 25 años en una concurrida calle del downtown.
7. Ahora Esmeril es, a los 30 y tantos, lo que nunca pensó ser: un pocho al que le da miedo cruzar la frontera y que conoce, don`t ask, el secreto de la Francomasonería críptica del rito Cork.
8. Bunmelle y su trauma por las bragas tuvo origen a los 8 años, jugando Policías y Ladrones en el recreo. Una niña mastodonte la agarró a la altura de la cintura y le jaló tan fuerte la falda y las braguitas que le rompió el tirante de sus Baby Crazy undies. En el baño logró amarrar el resorte y tan, tan. De regreso al salón, la maestra le pidió que repartiera un documento. Caminó más despacio pero la maestra presionaba… Estaba a punto de librarla cuando en el último lugar de la última fila ¡zas! braguitas abajo. Sólo el niño que estaba en ese lugar se dio cuenta. Entonces el pinche escuincle gritó con esa voz gangosa que no puede olvidar: ¡Se le cayeron los calzoneeeeeeeeees!
9. Alika tenía 15 años cuando su familia se mudó de casa. Ella se aferró a usar el baño de su nuevo cuarto a pesar de que todavía estaba en construcción. Entró a ducharse, dejo tirada la toalla y la ropa interior en el piso de cemento. Al salir, se vistió y al caminar hacia el espejo sintió algo moviéndose en sus partes íntimas. Asustada pensó que aquello era peor que la menstruación. Sentada en el retrete, se tocó y sintió una bola que caminaba: una cucaracha. No pudo ni siquiera gritar del asco.
EX LOVERS
10. A los 25, cuando Zawadi dejó la casa que compartía con su ahora ex marido sustrajo dos de sus discos favoritos: uno de los Stones y otro de Bowie. Discos acá, de colección. Lloró mucho en su presencia pero secretamente se alegró muchísimo cuando una semana después le pidió el divorcio. Tras firmarlo, él preguntó si de casualidad no se los había llevado. Ella puso la mejor cara de drama-nostalgia-sorpresa y dijo: Tú me los regalaste pero… si quieres, te los doy… Él dijo, no no, quédatelos. Zawadi regaló uno y conserva el otro.
FAMILY
11. Mauritz engañó a su novia con la mujer de su mejor amigo. Al tronar éstos, la chica se casó con su hermano. Ahora no puede explicarle a su novia porque no pueden asistir a las reuniones familiares sin temor a causar una desgracia cuasi bíblica.
12. Tabita recuerda que cuando impidió el primer intento de suicidio de su madre le dejó de hablar por casi un mes y todo ese tiempo evitó su mirada porque le daba miedo. La segunda ocasión intervino de nuevo, pero no pretendía impedir el acto. Cuando piensa en la posibilidad de un tercer intento, se ve siendo sólo una espectadora en primera fila.
13. Juji asistió toda su vida a colegios particulares y vivió una vida desahogada en lo económico. Lo que nadie sabe es que su papá nunca ha tenido un trabajo regular y quien realmente mantuvo a su familia fue la abuela, ¿cómo lo hizo? Pedía limosna. Otra cosa, el primo Egbert es su medio hermano.
14. La madre de Kasinda tuvo la casa de citas más famosa de la región. Creció rodeada de prostitutas que apenas sabían leer y escribir; mujeres sensuales, sumisas o rebeldes, pero con pleno conocimiento del poder sexual que ejercían sobre los “clientes”. Su hechizo era verlas maquillarse: abrir el neceser, las cremas, las pinturas, los labiales, los perfumes, las medias. Pasearse medio encueradas, fumando, riendo, diciendo peladeces y chistes sexuales mientras Kasinda deambulaba, de 7 u 8 años, sin malicia aparente, en las horas previas de irse a dormir. Desde entonces, cuando va salir, especialmente cuando siente la atracción sexual fuerte con un hombre, ella también deambula en tacones, semidesnuda, fumando, mientras se arregla. Su neceser es más moderno, el ritual sigue siendo el mismo.
CRIME
15. Cuando tenía 10 años Malika encerró a un gato en un tinaco. Era tan bestia como Iggy Pop que a los 13 pasó un par de meses en el tutelar de menores. Ahí le enseñaron qué era la puta vida, supo quién mató a un periodista famoso y se besó con una chica que terminaría como stripper en un bar fronterizo. Afirma que no va a dar detalles truculentos, pero que la paso bien y no se arrepiente.
16. A Aloysius lo detuvieron a los 17 años en un centro comercial de alto standing por shoplifter. Lo llevaron a la Correccional de Menores por unas horas. Ahí, cuenta, aprendió a maldecir en inglés.
17. Elwin empezó chingándose en cómics el cheque que su padre le mandaba para pagar la universidad privada a la que nunca asistió. Luego, tomó y gastó una cantidad considerable de dinero de su primer trabajo; argumentó que lo asaltaron. En otra ocasión necesitaba un trámite rápido en una dependencia municipal y pidió en la empresa una cantidad excesiva para sobornar al burócrata en turno (gastó la mitad en cervezas).
18. Elomille vandalizó el carro a un tipo que maneja un elegante auto negro. Áquel va por la vida con su PUTO! abajo de las placas. Lo hizo por ardida, porque la engañó con tres viejas mientras al mismo tiempo le calentaba la orejita.
GUILTY PLEASURES
19. A Roderick le gustan las corridas, tiene un gusto culoso por las rubias rucas pero bien rucas. Lo peor? En una zona escondida de su sala tiene más 30 discos de Erasure. Pfff, también es fan de The Veronicas.
20. Burke leyó el primer libro de un autor famoso y le pareció terrible. Sin embargo, meterse a fisgonear en su blog se la pone dura.
TEMPTATION
21. A pesar de que Finn desprecia a quienes se aprovechan de su posición como maestros para acercarse a las alumnas de forma sexual, cada vez que conoce a alguna realmente inteligente y hermosa se enamora platónicamente. Pero esto va más allá, la estudia, la observa y aprovecha cualquier ocasión para ver sus piernas, su trasero y todo lo que puedan enseñar. Su enamoramiento no es idealista, se imagina cogiéndoselas, en diversas posiciones, pensando cómo gemirán o que tan guarras podrían ser en la cama. Ha hecho esto al hablar con ellas: las ve fijamente y repite dentro para sí: “quiero acostarme contigo”, a ver qué pasa. Es casado.
(EX) FRIENDS
22. Gotzon dejó de fumar porque está entrenando para ponerle una megaputiza a un vatillo que le ha estado saboteando públicamente. Su único acto de venganza anterior fue deshacer el suéter que tejía su hermana (sospecharon de los gatos),
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*Este relato apareció en la revista literaria El Perro no. 12. Hay una traducción al inglés realizada por Matthew Bennett de Global Voices Online.
sábado, 20 de junio de 2009
space invaders
Sí, la primera vez. ¿Recuerdas? Tú y yo sentados en el sofá. La curiosa habitación roja que ahora mismo intentas olvidar. Yo recuerdo bien ese día: Tus polaroids de chica (in)feliz sobre el buró, mis trece años en un puño y una canción de Blondie que nos uniría en una mala copia de los pasitos new wave que veíamos juntos cada sábado en American Bandstand.
Your hair is beautiful tonight, dije.
Memories can´t wait, contestaste.
No hay secretos en este juego. Todo es tan sencillo, decías. Disparar a quemarropa y desplegarse hacia otra dirección con el orgullo adolescente intacto. Cuestión de apuntar el cañón y acertar. Espera, ya casi lo tengo. Tú y tu abrazo calamar. Los errores de novato y tu risa pequeñita. Sí, esto no era Lemon Popsicle.
Dos vidas, otro intento cangrejo.
Tú eres quien falla, no yo.
Amar lo extraño que parece cercano, la tensión sexual que provoca esa conexión de chico y chica en los suburbios de una city cualquiera. Woo-hah! Got them all in check! Soy un héroe, el botón que dispara tus insultos mata-marcianos. Tras un golpe de suerte, la posibilidad del hi-score por la caída exponencial de esos enemigos alienígenas que, en su concepción original, eran tan parecidos a nosotros. Matar o morir, aprender a esquivar y engañar como si viviéramos en Shibuya 1980.
Una vida, last chance to score (again).
Estéreos y alarmas, pulso infame en el sector inferior de nuestra relación. Nuestra vida monocromática ya no daba para más, yo intuía la próxima derrota, sin escudos cósmicos que nos defendieran de la rutina que arruina y que nos convierte en polvo en medio del ruido. Maldita monotonía de 8 bits y bleeps.
Adiós a la partida perfecta. Ya no éramos los mismos, en nuestras manos se podían observar los estigmas de la diversión y nuestra mente pugnaba a destiempo más concentración, horas de dedicación, algo de empeño para lograr establecer un nombre y un puntaje en el top de un corazón manipulador.
¿Transfiguración o madurez? No lo sé, si quería salvar lo nuestro tendría que cambiar de estrategia, entender la lógica de tu evolución, creer en cualquier otra cosa. No lo logré, eras tan absorbente como un pulpo que ni desmaterializar el ovni rojo me salvaría de años de depresión. Desconsolado, tras tu partida, tiré la consola.
Ahora, muchos años después, vuelvo a jugar en línea Space Invaders e intento disfrutar la experiencia con cierto abandono. Ni modo, la vída sigue siendo injusta: casi siempre obtengo como resultado un “Game over. Insert another coin”.
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Este relato apareció en la revista El Perro